Periodistas que se ponen a tuitear

En bata y pantuflas, nuestra aportación al spam

El chisme. El rumor. La injuria. La alarma. El dato no chequeado. La mala fe. El dardo envenenado. La mala intención. La mentira. El engaño. Crecen, mutan y se agigantan. Viven, mueren y renacen en las redes sociales.

El territorio digital es fértil. En plena era de la comunicación, los periodistas nos arrojamos al espacio público en bata y pantuflas y nos ponemos a tuitear. El pedestal del cuarto poder es sólo nostalgia de otro siglo y codo a codo (o a los codazos) con los usuarios, procuramos que nuestro mensaje se distinga. En el vértigo de un “vivo-directo” eterno, el no filtro produce ruido, interferencia, cortocircuito. Cualquiera dice cualquier cosa: escritores de aforismos que fallecen y resucitan, bombas que jamás explotan y sospechas de homosexualidad de celebridades son moneda corriente todos los días. Todos somos spam.

¿Cuáles son las responsabilidades de la prensa en las redes sociales? La verdad de Perogrullo es: las mismas que en cualquier medio de comunicación. Pero qué hace que periodistas formados, tan pulcros y recatados como profesionales, desembarquen en las redes con total impunidad y una malicia inédita. ¿Por qué se olvidan de las reglas básicas del oficio? ¿Podemos mantener una bipolaridad ciudadana? Somos Fulanos en los medios y Menganos en las redes.

En la década de los noventa comenzó a imponerse una moda en los diarios impresos de Argentina. Las notas firmadas aparecían acompañadas con una pequeña foto del redactor. La vanidad, propiedad exclusiva del periodismo televisivo, invadió al gráfico. ¿Quién habla? ¿El medio? ¿Los periodistas? Firmar una nota era cuestión de deseo. Un escalón jerárquico. La autoridad y el saber en función de una foto. La veracidad de un análisis a partir de la validación de un medio. Hoy, que todos publicamos, dilapidamos la construcción de una identidad digital en pos del chisme.

El rumor sobre una posible relación homosexual entre dos jugadores del fútbol rosarino es sólo un detalle de muy mal gusto que circuló en las redes con una viralidad asombrosa. El rumor de los pasillos de los medios, tan detestable por cierto, rebotó en las redes y salpicó a los involucrados. Desde que leí los tuits pensé en una oscura maniobra fogoneada por la OCAL, la Organización Canalla Anti Leprosa literariamente célebre gracias al genial Roberto Fontanarrosa. Del rumor, replicado por periodistas, a las banderas en el estadio de Rosario Central. Foros y webs ardieron. ¿Cuál es la noticia que tanto disfrutaron distribuir los periodistas en las redes? Los medios no fueron ajenos, algunos suplementos deportivos titularon con signos de interrogación y sin ningún tipo de corroboración de datos. Bienvenidos al periodismo berreta.

En Argentina se desató una fuerte polémica luego del despido de un periodista de la señal televisiva Todo Noticias (TN). El motivo aparente, la publicación de un tuit con tinte racista. Juan Pablo Romero, que hasta entonces se desempeñaba como productor, publicó en su cuenta personal de Twitter el siguiente mensaje: “Muy cargada la Av Gral Paz desde Cabildo sentido Riachuelo y a paso de hombre a la altura de Negropolis”. Romero hacía referencia a la muestra de ciencia Tecnópolis, que se presenta en Buenos Aires.

Argentina racista

Desde el portal Crónica Z la periodista Lucía Lalli lanzó una encuesta entre referentes argentinos de medios e institutos de enseñanza periodística. Las dudas, las de siempre: ¿Cuáles son los límites de nuestra identidad en las redes? ¿Somos nosotros, o somos también el medio al que pertenecemos? ¿Podemos decir todo cuanto queremos? ¿Cuáles son los límites?. Los comunicadores respondieron sobre estos dos ejes:

—¿Qué pensás sobre el productor de TN que realizó un tuit calificado como racista? ¿Qué conducta deberían tener lo comunicadores en las redes?

Gastón Roitberg

Gastón Roitberg [Lic. en Comunicación, periodista y especialista en gestión y planificación del periodismo. Secretario de Redacción Multimedia de La Nación]

—Pienso que se equivocó. Por su condición de periodista profesional tiene una responsabilidad social adicional. Cuando un periodista que tiene un perfil en redes sociales identificado con el medio para el que trabaja emite una opinión no lo está haciendo sólo a título personal, es también de alguna manera la voz del medio. No fue un único tuit, fueron muchos más con ese contenido reprochable y repudiable. Es fundamental que los periodistas —y la gente de otras profesiones— se manejen con responsabilidad, educación y sentido común también en las redes sociales. Nada justifica que lo que no se dice cara a cara en el mundo off-line se diga detrás de un usuario en redes.

”Debería estar regulada por ciertas reglas, como en la mayoría de los medios de comunicación del mundo. Si las empresas en general tienen guidelines de utilización de redes sociales para sus empleados no veo por qué no deban tenerlas los medios. En las redes hay que ser muy cuidadosos porque se trata de comunicación electrónica que puede dar lugar a malos entendidos, cortocircuitos y otras inconsistencias. Muchos hacen de ese espacio una suerte de ring del vale todo y se pierden la principal riqueza del espacio colectivo: la construcción de conocimiento sobre la base de experiencias y visiones diversas.

Juan Pablo Molfino

Juan Pablo Molfino [Lic. en Periodismo. Director de TEA Rosario, de RosarioNoticias.info y RadioSI]

—La verdad es que no me sorprendió ni un poco. Creo que es más noticia el despido inmediato por parte de TN que el comentario que hizo en Twitter. Cualquier persona (ya sea periodista o no) que tenga contacto habitual con diversos círculos, puede notar que hay un sentimiento generalizado en muchos sectores de nuestra sociedad que roza el odio, para con las clases bajas o media-bajas. Mucho menos sorprendente es si esto además lo enmarcamos dentro de un contexto donde se trata de un periodista del grupo Clarín refiriéndose a una actividad organizada y muy vinculada al gobierno nacional.

”A uno lo primero que le brota es decir que el comunicador debe mantener una conducta en las redes sociales, debido al alcance y las repercusiones que éstas tienen o pueden tener, como en este caso. Pero como en muchos otros aspectos, el desarrollo de estas redes ha revolucionado este aspecto también. Desde mi punto de vista, hace algunos años un periodista tenía una exposición menor frente a la audiencia, y podía “medirse” en ese tiempo. Este momento de exposición constante hace que los comunicadores se muestren casi constantemente como son. Y evidentemente más allá de sus disculpas posteriores, Romero expresó lo que piensa. Si con las llegadas de las redes sociales se bajó del pedestal al periodista y se terminó con el concepto emisor-receptor, no hay que sorprenderse de que los periodistas a veces pierdan de vista que tienen una responsabilidad y que deben manejar algunos parámetros que exceden al “doñarrosismo” de quienes opinan por deporte.

Claudio de Luca

Claudio de Luca [Periodista. Miembro fundador de Aire Libre, Radio Comunitaria, de Rosario. Corresponsal de ALER Satelital. Autor del blog Señales]

—Vi ese tuit… Y otros anteriores (cuando trabajaba como productor en Radio10). Creo que en el caso de Romero ganó trascendencia porque trabajaba en TN. No pasaba lo mismo cuando estaba en Radio10. No comparto y repudio ese tipo de comentarios. El otro día un “prensa” de una concejala de la aldea publica en su Facebook una imagen, remera en primer plano que decía “No seas villero, usa auriculares!” Estas publicaciones, lamentablemente, aparecen como algo habitual en muchos. Hoy un colega reflexionaba en Twitter cómo cayó el nivel del debate. Ahora ante una publicación que no se comparte no se responde con otras ideas, solo insultos.

”Ante todo debemos hacer un uso responsable de las redes. Nosotros somos “el medio” en el que trabajamos. Es difícil escapar de eso. Y en algunas oportunidades hay que aclarar que es una opinión personal lo que uno publica. En mi caso en varias oportunidades me criticaron preguntando: ¿Aire Libre, Radio Comunitaria piensa eso?

Dardo Ceballos

Dardo Ceballos [Comunicador. Coordinador web en la Universidad Nacional de Rosario. Socio de Club de Fun. Editor de Los Anillos de Saturno]

—Pienso que afortunadamente cada día más gente condena socialmente las actitudes discriminatorias como el racismo, la homofobia, y muchas otras prácticas que contribuyen a naturalizar una segregación social inaceptable. También afortunadamente vivimos en un país con plena libertad de pensamiento y expresión, donde se puede pensar y decir cualquier cosa, incluso estas barbaridades y muchas otras que leemos y escuchamos a diario en los medios digitales, radios, y en la televisión y de la que nadie se hace cargo.

”Creo que los tuits de este pobre muchacho ni siquiera son racistas, más bien se trata de un tipo de segregación social que desprecia a personas con menos recursos económicos. En los espacios de comentarios de los medios digitales se puede leer esos discursos todo el tiempo, en los espacios destinados a “los oyentes” de las radios también. ¿Esos editores de medios digitales o los productores de radio que deciden publicar esos discursos excusándose en que son “la voz de la gente” no contribuyen más a la discriminación que el productor de TV que utiliza su cuenta personal para difundir este tipo de ideas? Son preguntas que me surgen.

”Claro que sin la excusa de la voz de “la gente” queda la opinión del comunicador profesional, pero detrás de cada comunicador profesional hay un sujeto, y como ya lo dije en el análisis del caso #yobancoapablojavkin para Crónica Z, yo no creo que en comunicadores profesionales que puedan prescindir de su subjetividad. La conducta de un comunicador en las redes debe ser la de hacerse cargo de sus ideas, expresar desde qué lugar —incluso desde qué incertezas— se dicen las cosas y nunca perder de vista que una red social es un medio de comunicación, donde la ética y el rigor periodístico no pueden dejarse de lado.

Casos extremos del 2011

La ola de rumores de periodistas en las redes llegó a su máximo extremo en México, donde detuvieron a dos comunicadores por difundir posibles atentados narcos en colegios de Veracruz. El hecho ocurrió en agosto cuando se reportó a través de Twitter —con la utilización de la etiqueta #verfollow— que algunas escuelas suspendieron sus clases debido a que recibieron amenazas. Según El Economista, de México: “Esto provocó una ‘psicosis’ colectiva, información que fue desmentida posteriormente por el gobernador Javier Duarte a través de su cuenta de Twitter”.

El conflicto de los supuestos atentados fue de escala. Sigue El Economista: “El titular la Procuraduría General de Justicia de Veracruz, Reynaldo Escobar Pérez, anunció el acorralamiento de los tuiteros. Luego detuvieron a Gilberto Martínez Vera, (@gilius_22) y María de Jesús Bravo Pagola (@maruchibravo), periodista y exdirectora de Actividades Artísticas y Culturales de la Secretaría de Educación de Veracruz. La acusación: terrorismo”. Se invocó el artículo 311 del Código Penal para el Estado de Veracruz:

El territorio digital es fértil. En plena era de la comunicación, los periodistas nos arrojamos al espacio público en bata y pantuflas y nos ponemos a tuitear. El pedestal del cuarto poder es sólo nostalgia de otro siglo y codo a codo (o a los codazos) con los usuarios, procuramos que nuestro mensaje se distinga.

A quien utilizando explosivos, sustancias tóxicas, armas de fuego o por incendio, inundación o por cualquier otro medio realice actos en contra de las personas, las cosas o servicios al público, que produzcan alarma, temor, terror en la población o en un grupo o sector de ella, para perturbar la paz pública o tratar de menoscabar la autoridad del Estado o presionar a ésta para que tome una determinación, se le impondrán de tres a 30 años de prisión, multa hasta de 750 días de salario y suspensión de derechos políticos hasta por cinco años.

La reacción no tardó en llegar. Usuarios de las redes sociales crearon el movimiento “Yo Soy TwitTerrorista”, criticando ferozmente al gobierno de Veracruz por censurar la información. Luego de la detención, Bravo Pagola denunció que su declaración “le fue arrancada mediante coacción” y tortura. El contexto social en México es hiperviolento. La acusación, ante los ojos de especialistas es desmedida. ¿Qué fue lo que tuitearon realmente los periodistas? ¿Qué intenciones tenían?

“URGENTE: El presidente @BarackObama ha sido asesinado, dos heridas de bala han sido demasiado para él. Es un triste día 4 para América”. El mensaje fue divulgado por los hackers en la cuenta de @foxnewspolitics de la cadena Fox. Los medios siguen anunciando la muerte de personajes que están vivos. Desde Jackie Chan hasta Obama, todos han fallecido —por lo menos una vez— en Twitter. En algunos casos se ha tratado del hackeo de una cuenta, en otros, simplemente son errores de chequeo de fuentes. La estrategia de personajes apócrifos que pretenden confundir a la prensa está a la orden del día. El caos como objetivo, la confusión y desnudar las debilidades de los medios son golpes certeros, una disputa por la propiedad pública de la red que nada tiene que ver con los chismes locales.

¿Apócrifo yo?

En otras oportunidades algunos periodistas utilizan avatares apócrifos porque no encuentran espacios en sus propios medios. Otra vez, un caso mexicano está en el extremo. El asesinato de una periodista de Nuevo Laredo es el primer crimen en represalia directa por su labor informativa en redes sociales. María Elizabeth Macías Castro moderaba con otra identidad un foro donde se denunciaba al crimen organizado y a las autoridades. Los asesinos dejaron muy cerca del cadáver el teclado de la computadora y un par de auriculares en su cabeza decapitada. El Comité de Protección a Periodistas informó que los comunicadores mexicanos están elaborando medidas para protegerse. Sostienen que deben publicar en las redes sólo con el nombre genérico del medio y prohibir a los periodistas que suban información relacionada con la delincuencia en sus cuentas personales. “El velo de anonimato en Internet ya no ofrece protección”, afirman ante un crimen plagado de saña.

Del chisme sin sentido a la violencia extrema no sólo hay miles de kilómetros de distancia sino intencionalidades distintas: la denuncia en busca de un soplo de paz o el rumor innecesario que mueve el avispero otorgando un poder efímero al propietario del mismo. Las redes están para usarlas. Reinventarlas, crear, jugar, denunciar, investigar, contar historias. Un buen espacio para ejercer la ciudadanía y dejar de llorar por la censura que imprimen las corporaciones mediáticas. Llegará la hora de sacarnos la bata y las pantuflas para ponernos los pantalones largos y salir a la calle a ver qué pasa.

Ataque virtual a una periodista española en Argentina

El periodismo digital tiene esto. Los textos están vivos. Un estudiante de periodismo me acercó este caso de tuiteo desmedido en Rosario, Argentina. Escribe Alejandro Arnoletti:

Un asesor del bloque del PRO, el partido de derecha que lidera Mauricio Macri, en el Concejo Municipal de Rosario “calentó” la tuitósfera con un mensaje discriminador hacia una periodista de origen español. Otros tuiteros expresaron su solidaridad con la cronista. El emisor borró el mensaje y se disculpó.

Un tuit xenófobo publicado por un asesor del partido político Propuesta Republicana (PRO) del Concejo Municipal de Rosario, Argentina, provocó un repudio masivo. Luciano Picardi (@luchopicardi) escribió el 4 de julio en Twitter: “porq hay una gallega en el noticiero de canal 3 de rosario??????? q mal me cae escucharla en el noticiero de ROSARIO ARGENTINA (sic)”. La expresión fue dirigida contra la periodista española Almudena Munera (@almumunera), quien es cronista en Canal 3 y columnista de información internacional en la estación de radio Fisherton CNN. Ante el desagrado generalizado, el usuario decidió borrar el tuit y esbozó un intento de defensa alegando que solo “fue un comentario a manera de chiste, el cual fue malinterpretado”.

La repercusión en la red social no se hizo esperar. Colegas de la periodista, funcionarios públicos y otros tuiteros mostraron su indignación y su respaldo a Munera. Asimismo el Sindicato de Prensa de Rosario también se manifestó en solidaridad con la cronista. En el comunicado emitido rechazan enfáticamente la expresión de Luciano Picardi considerando que “fue discriminatoria, elemental y no se le notó el tono de broma que su autor pretendió invocar a manera de excusa”. Además solicitan alguna expresión del PRO como desagravio para la periodista.

Esta situación alimentó el debate en torno al contenido de los mensajes que se pueden verter en las redes sociales. ¿Qué está permitido expresar y qué no? ¿La libertad de expresión puede transformarse en libertinaje? ¿Qué sanciones puede recibir un usuario que agravie a otro sin motivos aparentes? Argentina no cuenta con una legislación que regule los contenidos en las plataformas digitales. Esa función de veedor es entonces apropiada por los mismos navegantes, que alertan ante un desequilibrio, ante rumores infundados o un ataque a la dignidad de otro usuario. Las redes sociales, al igual que todos los medios de comunicación, exigen que los emisores asuman una posición responsable frente al teclado. El supuesto “libre albedrío” debe equilibrarse con el sentido común. Así se evitarán casos como éste.

A continuación se presenta la derivación del desafortunado tuit. Al haber sido borrado por el usuario, el mismo se presenta a través de las capturas de pantalla realizadas por los periodistas Claudio De Luca (@seniales) y Martín Boix (@martinboix).

En este link se puede seguir la secuencia de toda la historia. ®

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Publicado en: Agosto 2012, Medios


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