Premiar a un tramposo

La culpa es de la secretaria

Eso es lo que decidieron, el pasado 2 de septiembre, los siete “magníficos” sinodales que este año integraron el “jurado internacional” del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romaces. Y eso mismo es lo que van a hacer también, el próximo sábado 24 de noviembre, en las instalaciones de Expo Guadalajara, los organizadores de ese premio durante la inauguración de la XXVI edición de la Feria Internacional del Libro.

Alfredo Bryce Echenique

El tramposo de esta historia es el escritor peruano Alfredo Bryce Echenique, un novelista de media tabla que en los años recientes ha cobrado notoriedad internacional, pero no por haber publicado algún libro importante, sino por firmar como suyos dieciséis escritos de otros autores.

Los siete jurados que eligieron a Bryce Echenique como el ganador del Premio FIL de Literatura, antes llamado Juan Rulfo, son el escritor mexicano Jorge Volpi, su colega de Puerto Rico Mayra Santos-Febres, una periodista argentina de nombre Leila Guerriero, la editora colombiana Margarita Valencia, el profesor británico Mark Millington y el crítico literario peruano —y compatriota del galardonado— Julio Ortega.

Y las instituciones que avalaron la decisión de premiar al escritor deshonesto con la suma de 150 mil dólares (cerca de dos millones de pesos) son, entre otras, la Universidad de Guadalajara, el gobierno de Jalisco, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Fondo de Cultura Económica, es decir, instituciones y organismos públicos que operan con el dinero de los contribuyentes, un dinero que en esta ocasión va ir a parar al bolsillo de un plagiario que no sólo fue descubierto y denunciado en labores de piratería intelectual, sino que fue denunciado y sancionado por ello ante la justicia peruana —la cual, por cierto, le impuso una multa de 57 mil dólares—, y ante ello no tuvo otra salida que reconocer la falta y, ¡lo más increíble!, de echarle la culpa a su secretaria del múltiple y reiterado plagio.

Robo múltiple reiterado porque, como ya se señalaba, no fue un texto ajeno el que Bryce Echenique firmó como propio, sino ¡dieciséis artículos!, de nueve autores, para distintas revistas y publicaciones periódicas.

La justificación que trató de hace Bryce Echenique, culpando a su secretaria, no sólo parece un acto de cobardía sino que pinta al ahora flamante ganador del Premio FIL 2012 como un lerdo, pues ¿cómo es que él no se enteró, antes de que los autores plagiados lo denunciaran, de que en revistas y diarios para los que colaboraba estuvieron apareciendo, firmados con su nombre, artículos que no eran suyos, a lo largo de semanas y meses?

Alfredo Bryce Echenique, en cambio, insiste en que, como Pepe el Toro, él es inocente; que sí hubo plagio, pero no por culpa suya, sino por descuido de su secretaria, quien habría enviado “por confusión” a lo largo de varios meses dieciséis artículos de otros autores.

Ahora sí que como dice el dicho popular, ¡a otro perro con ese hueso! Y esos inocentes o taimados canes resultaron ser, nada menos, que las personas e instituciones que decidieron premiar a un escritor tramposo.

Algunos defensores de Bryce Echenique dicen que el Premio FIL no queda en entredicho al ser entregado al peruano plagiador, ya que los plagios de éste han sido en su faceta de periodista, pero no en la de narrador. Ahora sí que ¡no me ayudes, compadre! Esos defensores aceptan que Bryce Echenique es tramposo, pero únicamente en una parte de su obra, pues en la otra incluso podría pasar por modelo de probidad. Y que es justamente la faceta “buena” (la de escritor “honesto”), y no la mala (la de plagiario) la que premió el jurado y avaló el comité organizador del Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances.

En otras palabras, todo hace pensar que el escritor cleptómano será lo suficientemente caradura para venir a recoger un cheque por 150 mil dólares, una suma que en su mayor parte saldrá del dinero de los contribuyentes de Jalisco y del resto del país.

Ante ello habría que hacerle un homenaje al escritor capitalino Sealtiel Alatriste, que al ser exhibido como plagiario al menos tuvo una gota de vergüenza y ni trató de culpar a su secretaria de esa falta y renunció al Premio Xavier Villaurrutia de este año, que le había asignado el fallo de dos colegas suyos: Ignacio Solares y el recientemente fallecido Ernesto de la Peña.

Alfredo Bryce Echenique, en cambio, insiste en que, como Pepe el Toro, él es inocente; que sí hubo plagio, pero no por culpa suya, sino por descuido de su secretaria, quien habría enviado “por confusión” a lo largo de varios meses dieciséis artículos de otros autores. Y que por ello mismo no tiene por qué renunciar a un premio que él cree merecer, como lo cree el jurado y las instituciones patrocinadoras.

Triste caso, el de un premio que se entrega a un literato de mediana estética y nula ética. ®

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Publicado en: Apuntes y crónicas, Septiembre 2012


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