PSICODRAMA

La escena lúdica

Hay dramaturgos que son psicodramatistas, actores que estudiaron psicodrama y directores que utilizan técnicas psicodramáticas, pero dejemos esto claro: el psicodrama no es teatro. Si bien puede usarse como medio para muchos otros fines, para entenderlo pensemos en principio en el psicodrama en su función terapéutica.

En una sesión el grupo se reúne, siempre guiado por una figura que no pertenece enteramente al grupo, al que llamaremos coordinador (hoy prefiero esta designación a la más correcta de “director” para poder diferenciarlo del director teatral). El grupo habla sobre diferentes preocupaciones, a veces con una temática específica indicada por el coordinador. De este primer intercambio verbal se selecciona una situación que es dramatizada en un espacio lúdico, diferente al de la reunión grupal. El “autor” de la situación dramática será aquel que la vivió, la teme o la imaginó. Él señalará los roles que ocuparán dos o más de sus compañeros y la situación contextual. A veces también indicará algunas acciones primeras. En este punto podemos señalar una diferencia entre el teatro y el psicodrama, también lo primero que lo diferenció del ritual: en psicodrama no hay espectadores como son concebidos por el teatro. Todos los integrantes del grupo que permanezcan fuera de la escena dramática pueden ser incluidos en ésta reemplazando a otro o sumando roles. Por otro lado, el recuerdo de la escena surge en el ámbito grupal, muchas veces es elegida para su dramatización por el propio grupo, por lo que pertenece e involucra emocionalmente a todos sus integrantes.

Nadie puede ser mal actor en psicodrama porque lo que pone en escena, en última instancia, es a sí mismo.

Se podrá objetar que el espectador teatral ha cambiado profundamente su función, desde la pasividad de la caja italiana hasta espacios escénicos indefinidos que incluyen al espectador. Pero en el teatro los espectadores mojados, ensordecidos, insultados, manipulados, iluminados, siguen siendo espectadores, son quienes completan el objeto o la experiencia estética con su percepción. El espectáculo es para ellos, no para los actores. Por el contrario, al ser terapéutica la función del psicodrama su objetivo es el actor mismo. Y la consecuencia de esto es una segunda diferencia: no hay errores en psicodrama, al menos no pueden ser cometidos por los actores. Toda actitud es productiva: negarse a participar, entrar en el juego y hacer un rol opuesto al indicado, entrar y salir del juego indiscriminadamente, quedarse sin palabras, expresar sensaciones opuestas a las que se sienten, son ejemplos de participaciones aceptadas en psicodrama porque permiten reflexionar sobre la posibilidad de cada individuo para experimentar nuevos roles, de comunicarse con sus semejantes o de autopreservarse. Nadie puede ser mal actor en psicodrama porque lo que pone en escena, en última instancia, es a sí mismo.

Esto no significa que todo esté permitido al actor. El pilar central del psicodrama es que ninguna acción se ejecuta realmente. Desde las acciones más inocentes como preguntar o alentar hasta las más peligrosas como amar, odiar, insultar, golpear o seducir, todas deben ejecutarse en un “como si” y nunca de forma efectiva. Quien salga del “como si” en psicodrama no es un mal actor, simplemente no es un actor ni un participante, es una persona fuera de lugar que el coordinador debe extraer del ámbito lúdico para preservar ese ámbito. Ésta es otra importante diferencia con el teatro: desde hace décadas prácticas performativas se cuelan en el escenario enriqueciendo la disciplina y planteando problemas teóricos sobre la teatralidad. En psicodrama, que ciertas acciones se hagan efectivas no es enriquecedor, por el contrario, ponen en peligro la integridad de los participantes.

En psicodrama el teatro es para el actor y por eso el actor puede decidir si hay puertas que prefiere no abrir.

Lo que nos lleva a una nueva diferencia: la responsabilidad del coordinador es infinitamente mayor a la del director, ya que el primero es el garante de la continuidad del “como si” y de la seguridad del grupo. Una forma de proteger al grupo es guiarlo sólo a los lugares (situaciones, emociones, roles) que el grupo y él mismo sean capaces de enfrentar. El director teatral puede exigir a sus actores enfrentarse a situaciones emocionales que ellos prefieran evitar. Un coordinador de psicodrama incurriría en una seria falta ética e incluso moral si exigiera lo mismo. En psicodrama el teatro es para el actor y por eso el actor puede decidir si hay puertas que prefiere no abrir.

Ahora que vimos lo que no es podemos decir que el psicodrama es un conjunto de técnicas creadas por Jacob Leví Moreno y enriquecidas por otros psicodramatistas en el último siglo, cuya función original, aquella ideada por su creador, fue el entrenamiento en la espontaneidad. Ésta era concebida como la capacidad para reaccionar de manera adecuada a una situación novedosa. Es por eso que, como dijimos al principio, esta disciplina tiene tantas funciones, principalmente en el entrenamiento: de actores, docentes, médicos y, por supuesto, coordinadores de grupo. Pero no olvidemos que permite adentrarse en el mundo de lo inconsciente y que se basa en dispositivos que provocan en el participante una experiencia que puede ser percibida como verdadera, por lo que otorgan al coordinador un poder efectivo sobre los integrantes de su grupo. Por eso, el psicodrama puede ser utilizado para una gran variedad de fines y muchos de ellos muy positivos y enriquecedores, pero nunca es una práctica inocente. ®

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Publicado en: Agosto 2010, Artes escénicas

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  • Hola, muy bueno el artículo, me parece muy ilustrativo para personas que no saben nada o saben poco acerca del Psicodrama. Sin embargo en el último párrafo expresas lo siguiente: “podemos decir que el psicodrama es un conjunto de técnicas creadas por Jacob Leví Moreno” y siento la necesidad de corregir para ampliar esto, ya que el psicodrama esta muy lejos de ser solo “un conjunto de técnicas” es una cuerpo teórico, filósófico y práctico con una epistemología particular, una manera de ver al ser humano. Siendo que eres psicodramatista me extraña mucho que lo hayas reducido a eso, incluso Moreno propone una teoría de espontáneidad para el desarrollo infantil, la Teoría de los roles y la teoria de la smatrices, entre muchos otros aportes, que se encuentran en el tomo 1 de su obra “Moreno, J. L. (1993). Psicodrama. Lumen-Hormé: Buenos Aires, Argentina”.

    Por otra parte te felicito por publicar este aretículo , al parecer con pocos los psicodramatistas que les gusta escribir y publicar, debido a que siempre “queremos estar en acción psicodramática” olvidamos otras maneras de difundir tan importante como los son los medios escritos.