Racismo fotográfico

Las fotografías de la masacre de Utøya

No hay un solo día sin que diversos medios de comunicación alrededor del mundo incluyan en sus publicaciones imágenes de víctimas de guerra, hambre, violencia y desastres naturales. Así es como se ve el mundo y, a decir verdad, esto ya pocas veces nos conmociona.

© Niclas Hammarström

El 22 de julio de 2011 Anders Behring Breivik asesinó a 69 jóvenes en la isla noruega de Utøya. Tras el suceso, un manto de indignación y dolor cubrió al país escandinavo. El impacto tras la tragedia sigue suscitando diversos debates. Uno de ellos —quizá el más reciente— emana de las fotografías con las que el sueco Niclas Hammarström ha obtenido el segundo lugar en la categoría de Historias del Mundo, del prestigioso premio que otorga la World Press Photo anualmente. El revuelo ha sido originado, particularmente, por tres de las doce fotografías en las que la proximidad deja ver algunos rostros, permitiendo así que las víctimas retratadas pudieran ser reconocidas por sus allegados. Las fotografías están disponibles de manera gratuita en el sitio de WPP.

Rápidamente el premio ha levantado la ira en algunos sectores de la prensa noruega. Terje Bringedal, el presidente de la Asociación Noruega de Fotógrafos de Prensa (quien de manera indirecta también está a cargo de la censura), ha tildado el hecho de “cínico, antiético e innesesario”. En diversas publicaciones Bringedal ha manifestado estar totalmente en contra de que un conjunto de fotografías censuradas en la prensa escandinava sea consagrado con un reconocimiento. Es de llamar la atención que incluso en el tabloide para el cual Hammarström trabaja como fotógrafo se tomó, en su momento, la decisión de publicar las fotografías con los rostros de los cadáveres difuminados.. Tal parece que la prudencia vikinga ha provocado que muchos de los medios locales se hayan negado a publicar imágenes de la masacre, las hayan vetado o, en su defecto, muestren sólo perspectivas lejanas que sirven para ilustrar, pero que impiden ver la crudeza de los hechos.

Sin embargo, en términos generales, el espectáculo mortuorio representado a través de imágenes, desde hace ya décadas, no resulta especialmente novedoso. Los fotógrafos de prensa han venido documentando la guerra y la miseria humanas prácticamente desde los primeros daguerrotipos. Actualmente no pasa un solo día sin que diversos medios de comunicación alrededor del mundo incluyan en sus publicaciones imágenes de víctimas de guerra, hambre, violencia y desastres naturales. Así es como se ve el mundo y, a decir verdad, esto ya pocas veces nos conmociona. Mientras tanto, las fotos premiadas de Hammerström levantan indignación y convocan al debate a lo largo y ancho de Noruega; algo que bien podría ser visto como una expresión discriminatoria germinada al interior del propio código de ética no sólo del país de marras, sino de los medios escandinavos en general.

Son, precisamente, los medios de comunicación los que exhiben una doble moral al publicar fotografías de extrema crueldad y, simultáneamente, con un criterio a todas luces dispar, suprimir las que, en teoría, están relacionadas directamente con sus lectores por cuestiones de cercanía geográfica y racial, bajo el supuesto de que éstos podrían ofenderse o reaccionar con indignación.

Si un periódico muestra el cuerpo inerte de una niña haitiana recién ejecutada por la policía no hay gran alharaca. Pareciera que en la imaginación nórdica existe un puente tendido entre ser del tercer mundo y morir miserablemente. Las historias, prácticamente, se redactan solas: el asunto es fácil de tratar y, huelga decirlo, el tema no es semillero de controversia alguna. No, el problema sobreviene cuando las imágenes emergen de hechos catastróficos al interior de la idílica Escandinavia; entonces, hay sobresalto.

Las explicaciones podrían surgir al cuestionar qué tanto se puede identificar el lector —o la audiencia en general— con la fisonomía de las víctimas o qué tan probable es que aquello que se observa suceda en el entorno social de ese mismo individuo que tiene el periódico ‒o la pantalla‒ frente a sí. No obstante, el problema subyacente radica en que no son los consumidores de medios quienes en última instancia deciden qué se publica y qué no. Son, precisamente, los medios de comunicación los que exhiben una doble moral al publicar fotografías de extrema crueldad y, simultáneamente, con un criterio a todas luces dispar, suprimir las que, en teoría, están relacionadas directamente con sus lectores por cuestiones de cercanía geográfica y racial, bajo el supuesto de que éstos podrían ofenderse o reaccionar con indignación. En este sentido, son los medios y su línea editorial los primeros causantes de que las imágenes de niños con los vientres inflados y moscas en los ojos no sean más un motivo de disgusto para sus audiencias. Después de todo, ésa es la imagen que con diligencia se ha vendido desde hace ya varias décadas: hambrunas, guerras civiles, piratería, narcotráfico y
demás lastres tercermundistas.

El grueso del material fotográfico relacionado con la masacre de Utøya publicado en los medios nórdicos y filtrado a los internacionales consiste en tomas posteriores a ésta: reuniones públicas, paisajes con intenciones melancólicas, funerales, etcétera. Es decir, las imágenes de Hammarström son históricamente únicas, puesto que es lo más cercano al momento en que Breivik aterrorizó a la isla. Desnudan el suceso. En la reacción de los medios escandinavos hay una confusión entre la expresión periodística-documental y las emociones paternalistas. Aquí lo que queda al descubierto no es sólo el lado más escrupuloso y censor, sino también un trasfondo idiosincráticamente racista. ®

Archivado en Fotografía, Marzo 2012

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Comentarios

1 Respuesta a “Racismo fotográfico”
  1. LAIBACH NSK MEX dice:

    Totalmente de acuerdo ! Sin embargo en México dejando a un lado el “fotoperiodismo” que se alimenta de moronga como La Prensa y rediseñado por Metro-Reforma; existe el “documentalismo” fotográfico por “artistas” que retratan la marginación de los pueblos indígenas y luego nos venden un carisimo libro de “arte” que hicieron con sus jugosas becas, para ilustrarnos, sacando provecho otra vez del desposeido, el indio, sus desgracias y su manera de vivir; eso podria llamarse Racismo Fotográfico ???

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