Rebeldes e insumisas

Una historia de las realizadoras de cine mexicano

El cine de mujeres en México surgió de la necesidad de dar voz a la mujer, sujeto silenciado en una industria dominada por varones. El abanico de los personajes asignados a las mujeres oscilaba siempre entre dos polos: la madre y la prostituta.

La actriz Mimí Derba posando en un aeroplano.

La actriz Mimí Derba posando en un aeroplano.

Además, su participación en la producción, además de los eternos papeles de diva —con suerte—, anotadora o maquillista, era casi nula. El cine de la Época de Oro está lleno de madres abnegadas y de mujeres que perdían la dignidad por un hombre, y que al final se redimían por amor. Era muy raro encontrar mujeres obreras, artesanas o campesinas. La mujer que traspasaba los límites del hogar, de lo privado, se convertía en una perdida.

Las mujeres del cine mudo

El cine nació en México de la mano de Adriana y Dolores Ehlers, que después de haber estudiado en Estados Unidos se dedicaron a la distribución de proyectores cinematográficos en México, dirigieron el Departamento de Censura Cinematográfica y el Departamento Cinematográfico, respectivamente, y fueron las realizadoras de los primeros noticieros cinematográficos (1922-1929), Revistas Ehlers, que eran proyectados al comienzo de las funciones de cine.

Las hermanas Elhers.

Las hermanas Elhers.

La “primera actriz verdaderamente popular que pudo aspirar al estatus de diva” fue Mimí Derba. Era la única mujer que figuraba entre los fundadores de las primeras productoras nacionales, Azteca Films, que produjo cinco películas, en 1917, en las que Mimí participó como productora y protagonista, y si, como se supone, dirigió una de ellas, La tigresa, entonces fue también la primera directora de cine en México.

El cine sonoro

Ya en 1931 se perfiló el destino de la mujer en la pantalla: Santa, inspirada en la novela de Federico Gamboa, no fue solamente la primera película sonora, sino que estableció el modelo cinematográfico nacional de la prostituta, obligada a ejercer ese oficio por un infortunio del destino.

Adela Sequeyro.

Adela Sequeyro.

En 1937 destacó otro nombre de mujer, Adela Sequeyro, al ser la primera mujer del cine sonoro que actuó, dirigió, escribió y dirigió una película: La mujer de nadie. Su carácter y sus propuestas transgresoras en el contexto patriarcal hicieron que sólo pudiera dirigir otras dos películas. Su trabajo fue olvidado durante cuarenta años y fue reconocido después de su muerte en 1992.

Matilde Landeta fue la primera mujer en tener una postura abiertamente feminista en sus realizaciones. Su presencia muestra claramente las dificultades para ejercer el oficio cinematográfico en una sociedad fuertemente machista al serle negado por mucho tiempo el cargo de directora dentro de la industria. Las heroínas emancipadas de su trilogía Lola Casanova (1948), La Negra Angustias (1949) y Trotacalles (1951) reivindicaron el papel de la mujer en el cine de la época. Poco después de terminar la última película fue expulsada del gremio comercial y logró dirigir su última película Nocturno a Rosario. Cuando se reconoció su importancia en el cine nacional, en 1991, tenía 78 años.

Matilde Landeta.

Matilde Landeta.

Más de veinte años después de la experiencia de Landeta apareció en el cine comercial otra mujer, Marcela Fernández Violante, con De todos modos Juan te llamas. Es egresada de la segunda generación del CUEC y, con siete producciones, es la directora mexicana que más ha filmado.

El colectivo Cine Mujer

Marcela Fernández Violante.

Marcela Fernández Violante.

Algunas mujeres de la séptima y octava generaciones del CUEC formaron durante los años setenta el colectivo Cine Mujer, comprometido con la denuncia de la condición de explotación de la mujer en el mojigato sistema capitalista de la época. Desarrollaron temas tabú para aquella época: el aborto (Cosas de mujeres, 1975-1978, de Rosa Martha Fernández), el trabajo doméstico (Vicios en la cocina, 1977, de Beatriz Mira), la violación (Rompiendo el silencio, 1979, de Rosa Martha Fernández) y la prostitución (No es por gusto, 1981, de Maricarmen de Lara y María Eugenia Tamez). El grupo se disolvió a finales de los ochenta. Maricarmen de Lara es la que más ha continuado la labor militante como documentalista.

El cine de ficheras y la India María

La India María.

La India María.

Durante los ochenta, y estrechamente ligado a las políticas culturales de José López Portillo, surgió el cine de ficheras —etapa calificada por muchos como la más penosa del cine mexicano. En esa época se exaltó enormemente el carácter de objeto sexual de la mujer con un tono picaresco y vulgar. En esos años de “cine popular” sorprende la aparición de dos actrices como directoras: María Elena Velasco, la “India María”, con Ni Chana ni Juana (1984), e Isela Vega con su producción Los amantes del señor de la noche (1986). Como directoras y actrices, ambas encarnan la polaridad de la mujer del cine mexicano de antaño: Isela Vega asume el papel de la mujer objeto de deseo, mientras que la “India María”, indígena, pobre y buena, va a la gran ciudad a probar su destino. A la discriminación, pobreza, delincuencia y corrupción opone sus cualidades de honradez, generosidad y trabajo.

Las mujeres al poder ¿Y luego?

En los últimos años, gracias a la creación de las escuelas nacionales CUEC y CCC, la producción femenina ha aumentado en gran escala: en los setenta había pocas estudiantes en el CUEC, y al comenzar los ochenta ya había ochenta. En el CCC, al principio de los noventa, las alumnas eran mayoría. Las realizadoras más conocidas son María Novaro (Lola, 1989; Danzón, 1991), Busi Cortés (Serpientes y escaleras, 1992; Hijas de su madre: Las Buenrostro, 2005), Maryse Sistach (Perfume de violetas, 1994; La niña en la piedra, 2006), Dana Rotberg (Ángel de fuego, 1992, Otilia Rauda, 2001) y Guita Schyfter (Novia que te vea, 1994; Sucesos distantes, 1996; Las caras de la luna, 2002). La temática gira en torno a personajes femeninos inmersos en la sociedad patriarcal y se cuestionan los papeles que les son asignados o que buscan su identidad en una sociedad donde los papeles tradicionales de género han sido modificados.

La inclusión de la mujer como creadora de su propio discurso ha sido decisiva para la realización de un cine que interpela a su público de manera realista. Las funciones técnicas y los cargos directivos siguen siendo realizados en su mayoría por hombres. Aún queda mucho por hacer, pero el surco está trazado y la semilla echada. ®

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Publicado en: Cine, Junio 2013

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