SEIS TRIPS DE BASSLINE

Glitchtdubstepinstrumentalhiphopfreestyle-6

Seis reseñas ácidas y poetizados con las mejores novedades del hip-hop instrumental y el dubstep: Amon Tobin, Vanilla, Gill Scott Heron, Nosaj Thing, TOKiMONSTA y Skream.

Amon Tobin, Monthly Joints Series

Amon Adonai Santos de Araújo Tobin, el amo del sampleo con placa en Río de Janeiro, trasladado a las tierras europeas, a Marruecos, Holanda, Inglaterra, en donde se sabe se afincó siendo un adolescente que tenía como compañero de cuarto un Amstrad Studio 100 4-track. Sus primeras doce pulgadas fueron firmados por Ninebar y eran drum’n’bass, la autoría era Cujo, firma onomatopéyica que el brasileño adoptara declarando raíces. Fue al firmar con Ninja Tune, entre los que se encontraban los músicos Dj Food y Funki Porcini, cuando su disco Adventures In Foam fue reeditado ya con el moniker de Amon Tobin, siete tracks del repertorio original de Cujo y arte del disco diferente. De Adventures In Foam hasta ahora hay un puente enorme que comprende exploraciones que para el breackcore, por poner ejemplo rasante, fueron como lo que las hazañas de los brasileños de la bossa nova a nuestras líneas telefónicas: una intrusión sonora que atrapa tiempo y espacio para simular la espera por comunicaciones, en el caso de Tobin, inmediatez de un diálogo perfecto entre la aceleración y los organismos, entre la pasividad y el salvajismo selvático-húmedo; entre el sample y sus autores (gracias a su uso del sample jazzístico se le ha comparado en Pitchfork con Miles Davis o Quincy Jones); la decantación del caos al afincarse entre las nieves de Montreal y absorber los nutrientes de su alrededor: el drone, el noise, la cáustica de los viejos formatos, la negación a salir a las calles no sin antes llevar la noción de que se está en tierra gélida. Tobin es un creador de soundtracks que permanecen en el aire a disposición de las vidas que requieran de su ritmo y su marca de estilo, un documental del breakbeat esencial en toda fonoteca imaginerística.

Vanilla, Chrometrails

La sinestesia como la marca del beat, el beat como trazo inocuo del color pues aquí lo que suena no se ve, y es la palpitación del bassline, y es azul… un tanto derivado de grises, bastante aglomeración de humos púrpuras. Hendrix, en el estudio, acostumbraba pedirle a su baterista que le tocara “un amarillo, un rosa…”; Ray Charles (como nos dicen esas escenas cursis de su biografía en filme) recordaba las botellas de su patio amarradas a un árbol, pero ese filme está basado en otra pieza, y esa pieza en las canciones, debe existir entonces un puente sensorial entre lo que el color nos quiere decir con su sonido hacia nosotros y viceversa, sin necesidad de tanto bla bla bla y sin la cruza infinitesimal de los rizomas, eso se llama Vanilla, se llama Chrometrails, y sigue la línea del hip-hop instrumental que ha llenado las tornamesas de los beat makers más esforzados. “Chrometrails es la culminación de meses de arduo trabajo que tomaron la forma final de trece tracks de un hip-hop instrumental enteramente producido por Hugo Harrison (a.k.a Vanilla)”. Nos lo dice la página oficial del tumblr creado para este disco que se influencia y se “dibuja” a partir de J Dilla, Madlib, Flying Lotus y Prefuse 73, todos ellos gente de beat que han llenado los charts de materiales rozantes de la vía láctea y sus cánones geométricos de melodías sincopadas, por decir algo básico de los cuatro fantásticos del nuevo hip-hop. Lo de hoy no sólo es ponerse a juntar jamones y soltarlos para su paso por los videos, no sólo es dedicarse al, a mi parecer, nefasto y poco —paso poco de ello— digerible auto tune (lo cual creo es como poner a Cher a cortar cebollas con una dentadura de plata mientras mira talk host shows baratos). Lo de ahora es tomar la música y el beat, llevarlos al plano de lo imponderable, hacer que suene como si fuera la artesanía de los orígenes, y por ende se tendrán productos nuevos de carácter hypersonoro; en Chrometrails tenemos eso, y mucho más.

Gil Scott Heron, I’m New Here

Gil Scott Heron, el antiguo Black Panter, el cuerno de la abundancia para los freestylers del eclecticismo citadino y la poesía de colillas exprimidas, el poeta que se define voz de características más urbanas que biológicas y palabrería más infernal que mundana, es nuevo aquí. Después de lanzar Spirits, un LP que había puesto a su gente a esperar en el silencio durante dieciséis años; después de pisar las rejas para luego mirar el sol (tal vez más las marquesinas) una que otra vez debido a cuestiones de posesión de droga —indebida, no comprobada pero probable, dudosamente inocente y por ende culpable—, I’m New Here, título tomado de una canción de la banda indie Smog, llega con la trilla de los barrotes en el rostro y la garganta. Es que a Scott Heron se le ha tomado demasiado en cuenta, él, como Stevie Wonder, como Curtis Mayfield, como Ray Charles o si nos vamos a los mitos Robert Johnson, de quien aquí coverea “Me And The Devil”, puede decirles a todos que se sienten a escuchar, pues se está en horario de clases, y ya se han hecho muchas caricaturas del maestro en los mesabancos. Su poesía bajo sintetizadores difiere mucho de lo que se acoplaba a bongós y choques de palmas en los setenta, aquí ya nadie se reúne a escuchar “The Revolution Will Not Be Televised” (de quien Molotov sacara un cover titulado “La revolución no será televisada”) alrededor de una fogata con los puños derechos en alto, pues ha habido filtros de técnica y aparato que hoy sitúan el trabajo de Heron en la cima del faro otra vez, pero con toda la gráfica, el color dermal y los panfletos de protesta guardados en algún sitio de la memoria viva de nuestro autor. Es bueno saber que de estar muerto, Gil Scott Heron seguirá en todo soundsystem que se precie de ser netamente revolucionario, sin caer en democracias gomosas de ritmo gratuito.

Nosaj Thing, Remixes 2010

Al abrir la página oficial de Nosaj Thing (Jason Chung) uno se percata de que es una especie de blog que refleja la persona de su creador, lo primero (hoy 8 de agosto de 2010) es una interpretación de la “Fantasía Impromptu” de Fryderyk Franciszek Chopin (Żelazowa Wola, Polonia, 22 de febrero o 1 de marzo de 1810 – París, 17 de octubre de 1849) con Valentina Igoshina al piano. Luego hay un video que muestra la utilización de un secuenciador de frecuencias que se acciona a base de fichas LEGO. Ya tenemos aquí una descripción metatextual de Nosaj Thing y su magia electrónica. Es un mago asiático que usa el reloj en la mano derecha y a la derecha del tiempo se mantiene con un sonido atemporalmente sustancial, es la materia misma del sonido hecha humano y conectada a dispositivos digitales tal y como la Igoshina que nos interpreta a Chopin se posesiona de su piano. Se dice que hay conexiones directas entre lo sensitivo y lo táctil externo; ésta es una de tantas muestras y como una entre millones puede seguir los patrones de una estrella entre su órbita gravitacional. Digitalismo que atraviesa las lindes imperantes del segundero. A la manera de gente como Venetian Snares o Diplo, el despliegue de frecuencias desde las máquinas de Nosaj nos hace ver que el músico es, en efecto, no sólo un genio sino un buscador incansable de armonías, beats, secuenciadores, osciladores, cajas de ritmo, tiempos, tempos, atmósferas, samples y más beats. En sus bios de Myspace y Last.fm se dice que el joven de origen asiático está “sin duda alguna entre los mejores moduladores musicales de L.A.” y que “sus pasajes electrónicos y tectónicas de beats salvajes juegan el rol de viñetas que afectan el cerebro del escucha a la vez que impactan su alma”. ¿Violencia contenida? Podría ser, yo creo incluso que todos los manejadores de dispositivos musicales llevan en sí un cúmulo de ira netamente humana, instintiva y previa a creaciones que por ende son estrategias de invasión de onda. Pero en el caso de Nosaj Thing la calma es la premisa, todo se modula de manera que, por ejemplo, un snare sobre una capa de bajeo profundo, a pesar de su mantenimiento en oscuridad, permita la entrada de voces en sample hecho beats de cuerda biológica saludable y llanamente audible. En un principio catalogado por muchos como un hip hop experimental, un glitcheo en downtempo con tintes de exploración, lo de Jason Chung se catapultó hacia la notoriedad internacional puesto que había uno más de entre los pocos adoradores del sonido que traían a nosotros productos semejantes a las reflexiones de un monje en el ostracismo: dígase estudio de campo. Luego de Drift, gracias al que incluso se le comparara con el difunto J Dilla (7 feb. 1974 – 10 feb. 2010), y en el que se mezclaron el hip-hop y el dance con el breakcore muy a la manera de los grandes, era natural que la obra de Chung siguiera un camino hacia la desintegración de puentes y el afincamiento de enlaces invisibles. Con estos Remixes 2010 tenemos material de altura interestelar, no en vano la imagen de portada son los dedos del músico invadidos, embarrados de cosmos, como si el tacto o las huellas digitales llevaran el destino certero en una imprecisión esotérica que se redime ante la exactitud del beat. Prueba de que el modernismo se ha acabado, de que la vida en los clubes se dispone a bailar por el infinito, y de que más vale ignorar toda ética o moral de creación si se quiere alcanzar la plenitud universal comenzando con aisladas constelaciones en cada dedo. El disco comienza con “Nice Tights”, de Jogger, y pareciera que el hip-hop ya se graba en los cráteres de la luna acuosa de Saturno, hay un bajeo con cuerdas en break y la síncope propia del crecimiento en los lagos. En “Flatlands”, de Nalepa, el remix es lo que bien se podría llamar una snarificación con diagrama de flujo. Para cuando asoma “Man On The Moon (The Antemn)”, de KiD CuDi, vuelve “Aquarium”, que apareciera en el Views/Octopus EP en una mezcla fina que no por la regresión pierde inventiva e imposición. La originalidad no es la meta de nadie hoy en día, no se necesita y sale sobrando en todos lados, la novedad más bien es hacer lo que uno prefiere, y se pensaría que Nosaj Thing es la excepción pero su trabajo cuando llega el track 7, “Wandering Star/Coat of Arms”, se asume un riesgo consabido sin accidentes, Portishead es atacado con objetividad de máquina. Por donde se le escuche, el disco Remixes 2010 de Nosaj Thing muestra placa de cohete.

TOKiMONSTA, Midnight Menu

En el menú nocturno siempre es necesaria la supresión de lo amargo, incluso bebiendo té de naranja o mondando toronjas llegaríamos a la conclusión de que llevamos a cabo uno de los instantes más dulces del día: su final alimenticio. Si además agregamos toques de jazz synth en los manteles con relieves de hip hop funky debrayado en percusiones como vajillas finísimas, tendremos algo, un esbozo nada más, del presente disco. TOKiMONSTA lleva por supuesto, como la mayoría de los productos de su tierra, una per-versión de términos (véase el sentido etimológico de la palabra). Lo que es dulzura en el menú tiene texturas filosas y lo que sabe agridulce o incomible (reflexiones de código nipón) tiene entramados crujientes rellenos de caucho masticable. Se dice que Jennifer Lee (TOKiMONSTA) es la primera mujer en sedentarizarze en Brainfeeder y que su sonido podría devolver la vista a Stevie Wonder. Después del EP Cosmic Intoxication, en el que la carta mantenía precios fijos de gourmet, por fin llega este long play en donde el MC no tiene mucha presencia pero son las partituras neuronales de Lee, mudas y sin frenos de transmisión exacta, lo que suena. “Solitary Joy” presentando a Shuanise en el micro nos pone al volante de los meseros robóticos gigantes y nos lleva a surtir las mesas del sistema nervioso en bassline al aire libre, bajo la nieve escarchada. Las fuentes de Jennifer Lee son el hip hop californiano (radica entre sus frecuencias), el jazz experimental, el pop electro japonés, el emo-wonky y las palpitaciones telescópicas de su corazón en beat cambiante: maleabilidad de su corriente sanguínea plastilinizada para producir joyas de transparencia subliminal. Ella es sin duda una genio de la teletransportación, ¿a quién se le ocurriría mezclar el hip hop de los G’s acomodados con el futurismo electrónico de los androides encasquetados? ¿Quién si no ella para hacernos saborear un LP que fue esperado por gente como Flying Lotus y Mary Anne Hobbs? TOKiMONSTA: mujer sin rostro con oídos finos, cocinera de constelaciones a domicilio.

Skream, Outside The Box

¿Es necesario parlar de Skream? El tipo no grita, modula. Oliver Jones, nacido británico… le han de haber dado mucha avena sonidificada en el desayuno. Me hubiera gustado asistir a Big Apple Records en Croydon cuando el buen Skream atendía el aparador y se saturaba de dubstep. Cambiemos con poca retórica: es uno de los iniciadores del género. Mala y Loefah dicen que en esas épocas sólo querían un cuarto oscuro, un par de bafles y actitud de baile, si no uno no tenía nada qué hacer ahí, y el tight tune comenzó a sonar. Es uno de los nuevos géneros de nuestro siglo y, para ser sincero, no habiendo pensado decir esto hace unos años, prefiero dubstep que rock & roll. Me desvío y no veo el caso. Skream es de lo que hablábamos, y es hablar palabras mayores o quizá un tanto más situadas en un código abierto. Benga fue cómplice de Jones cuando éste tenía apenas quince años y su interfase era el Fruity Loops, ahora, Skream dice tener 8000 canciones en niveles diferentes de desarrollo. Algunas de esas ocho mil canciones están por supuesto en Outside The Box. Es ese dubstep ligero cercano al grime y al 2step que ha caracterizado a su autor, una cosa más chill que los primeros trabajos y más del lado pop que con la facción enajenada de los clubes elite, y eso pareciera una contradicción pero es así. Después de todo, el pop termina siendo una especie de red sin entramado fijo, una forma de homotopía (deformación con medidas calculables) que termina por cubrir la primera capa mediática de todo sonido y logra la simbiosis… en el caso de Skream, una simbiosis electrónica perfecta… en su segundo LP desde que comenzara a gestar en 2003, junto con otros esforzados beat workers, la pinchadería más espectral de las pistas. Es que hablar de Skream es como hablar de un génesis de bolsillo que cuando se saca a la vista se escucha con los ojos del baile. Escuchar Outside The Box es sin duda uno de los mayores placeres en esta semana y las que vengan después. ®

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Publicado en: Música, Octubre 2010

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