SER ARTISTA Y VIVIR EN CUBA

Samuel + Alexis

No es fácil ser buen artista y vivir en Cuba, en lo que va quedando de Cuba. Son pocos los que, a pesar de todo, eligen ser reflexivos, inevitablemente autorreferenciales en sus conceptualismos, arriesgados en este atrevimiento; son pocos los que son buenos artistas y logran salir de la isla para mostrar su trabajo.

La silueta de un hombre delgado agita las manos. La proyección, que ocupa un muro completo, está acompañada por lo que parece una corona de flores, del tipo que se regalan en funerales y entierros, sólo que ésta no tiene crisantemos sino decenas de coloridas series de luces enredadas, como las que alegran árboles moribundos en navidad. La silueta en la pared sigue manoteando, de la misma forma que lo haría Fidel Castro en pleno discurso sobre la tiranía mundial.

No es fácil ser buen artista y vivir en Cuba, en lo que va quedando de Cuba. Son pocos los que, a pesar de todo, eligen ser reflexivos, inevitablemente autorreferenciales en sus conceptualismos, arriesgados en este atrevimiento; son pocos los que son buenos artistas y logran salir de la isla para mostrar su trabajo. De ese grupo, son aun menos los que lo hacen y deciden regresar, como si se tuvieran que recargar las pilas, pero en vez de añadir energía van sumando inconformidad, hartazgo y un orgullo nacional, verdadero y ciego amor a la patria, como los detractores del Bicentenario mexicano nunca podremos comprender.

De entre las cenizas de su país rescatan pedacitos requemados para convertirlos en arte, aunque cada obra implique el riesgo de ser etiquetados, tachados por siempre de la lista de los elegidos, de los afortunados que pueden viajar, de los suertudos que pueden recibir, de los autorizados para expresar.

La obra del dúo cubano Samuel+Alexis, sardónica, agridulce, iluminó la primera sala del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo en San José, Costa Rica, en 2007, mientras se exhibió como parte del proyecto Landings en su cuarta edición. En otros Landings Samuel Riera y Alexis de la O fueron acompañados por dos artistas cubanas más: Anyelmaidellín Calzadilla y Adislen Reyes. Años después, en Landings 6 y 7, en La Habana, Anyel me muestra una obra basada en la pregunta que recibe cada vez que vuelve a casa después de alguna exhibición internacional: “¡¿Regresaste?!” Ante la pregunta “Tú, ¿te irías?”, Adislen, en Belice para Landings 9, me contesta: “Tal vez la vida me obligue, pero yo siento algo tan fuerte por Cuba… quiero a Cuba, amo a mi país”.

A medio camino entre el sueño de realizarse como artista o ser un desertor. Los más eligen ser desertores. Dentro de la Revolución, todo; fuera de la Revolución, nada. Estos artistas le dan vida a lo que la palabra Cuba trae a mi mente: no sus playas, ni el Ché, Fidel, el supuesto socialismo, la exótica y desvencijada Habana Vieja, el malecón; nada más que las hojas de un viejo New York Times que Adislen convirtió en un objeto tan cubano como ella: un abanico de filigranas de papel que envejecen como los verdaderos abanicos que sobreviven en Cuba, reliquias de los años prerrevolucionarios, vestigios de una época que se desprecia y a la vez recuerda en cada residuo, otrora cotidiano.

Mientras ellos resisten, dentro de la Revolución, yo los recuerdo como la mejor parte de la Cuba militante de nacimiento: la Cuba que crea, a pesar de todo. ®

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Publicado en: Septiembre 2010, Sinecdoquier


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