Soñador a sueldo

© Mario Giacomelli

Grados Richter

Al ritmo de tus caderas
se mueve el mundo.
Mi país con tu silueta,
la ciudad con tu silencio,
mi casa con tu sombra
y esta pluma trémula
con cada uno de tus gestos.

Souvenir

Bajo la influencia de Kavafis

He regresado del viaje con algo para ti.
Ojalá te agrade:
es una Ítaca.
La ciudad que no existe, pedazo de sueño.
Un regalo mayor que el recuerdo.
Un obsequio para presumir.

A un costado

Ahora coloca la razón de nuestro lado
tan sólo para que sea diferente
el convivio veraniego. Para divertir
al gato que muere de aburrido en una esquina
de esta casa estrecha, que ya no cambia,
que se aterra, que aprieta, que no quiere
porque sabe que la razón está de su lado,
por eso te pido colocar la fortuna en mi bolsa,
la hueca, la vacía que grita dañada
porque la idiosincrasia de una plebe no supo
nunca valorar su verdadero peso. Justo el día
en que el grito de auxilio se quedó apagado,
al mismo tiempo en que copulaban las hormigas
en terreno adverso. Justo ahora en que he pedido
un favor casi cualquiera: que te permitas
colocar la razón de nuestro lado.

Gracias por tu visita

Para Eduardo Mateo, en Pamplona

Lo sabes. Tengo un pendiente
con la historia que llevamos a cuestas,
un recuerdo enfermo que no llega a ceniza,
y sigo en espera de que ésta sea
la promesa cumplida que tanto deseaste.

Gracias por tu visita,
ahora sé que fueron innecesarios los brindis
que a salud de un muerto propuse.

De cómo no soy

Y otra vez quería ser para ti
la palabra adecuada en los días de fiesta,
o la del discurso cuando se obtiene un galardón,
la de las compras en la agonía económica,
la del amor cuando se escabulle en el páramo
esa candidez de tu sonrisa.
Y otra vez quería ser para ti
la mañana austera, la del agotamiento
o el hartazgo, la disciplinada carente de nubes,
la que viene con ventisca, la que no sabe,
la enamorada de la noche, la perdida.
Y otra vez quería ser para ti
esa voz indecente que ya no sabe qué tono usar
cuando solicita favores carnales,
la que utiliza el niño cuando llora y tiene hambre,
la del anciano que mide sus pasos
en la profundidad de la tierra, la de la musa
que pierde belleza de tanto verla,
la del arroyo que nadie ha visitado,
la de una autoridad que no se respeta.
Y de nuevo tan sólo quería ser para ti
eso que se lleva en la mano
y se recurre a ella cuando la vida
ya no sonríe como antes.
Y tan sólo, de nuevo, quería ser para ti
esa prueba de hombría
que está en peligro de extinción. ®

Estos poemas pertenecen al libro Soñador a sueldo, de próxima aparición.
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Publicado en: Poesía


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