SORPRESA, DESENCANTO Y UN CLÁSICO

Bachan, Guacho Nueve, Sergio Aragonés

Tres novedades del mundo del cómic: Bachan, un joven autor mexicano de maxicomic; una antología de creadores sudamericanos; un justo homenaje de MAD a Sergio Aragonés, uno de sus artistas más representativos.

El Bulbo. Maxicómic, Bachan (Producciones Balazo / Mafufo, México, 2010)

Vaya con la más reciente publicación de Ediciones Balazo. No cabe duda de que, sea en tiempos de crisis o de florecimiento de la industria del cómic, los proyectos más originales y arriesgados resultan, al final, los mejores. El formato de este maxicómic es increíble: se trata de un librito que se va desdoblando para terminar siendo un póster gigante impresionante.

El concepto parece sencillo, y de hecho la historia es simple, pero así funciona por lo general el trabajo de Bachan: hace parecer fácil lo que son viñetas de un alto grado de complejidad. Pruebe lo siguiente: despliegue un ejemplar de este maxicómic ante sus amigos y vea la reacción. No fallará: los dejará con la boca abierta. Y querrán su propia copia. Afortunadamente se trata de un producto muy barato (30 pesos) y puede ser un gran regalo. No sé si producciones así reactiven la industria, pero sí estoy seguro de que, en los odiosos términos de la publicidad, se pueden desplazar con facilidad. El maxicómic es barato y atractivo.

El concepto parece sencillo, y de hecho la historia es simple, pero así funciona por lo general el trabajo de Bachan: hace parecer fácil lo que son viñetas de un alto grado de complejidad.

La historia, como comenté arriba, es simple: a partir de un pretexto cualquiera se da pie a que varios sucesos se desarrollen en crescendo, hasta llegar al clímax, que es la presentación final, el póster con la ilustración que, comenta Bachan en su blog, “también fue un experimento para ver qué tal se porta mi máquina al hacer un dibujo de 60 x 90 cm a 300dpi”. En su blog también pueden ver el video en el que Luis Gantús muestra el maxicómic y cómo “funciona”. Den click aquí.

Guacho Nueve. ¡El libro de los países!, varios autores (Puto El Que Lee / Fanelcor Editorial, Uruguay, 2010)

Desde que reseñé en esta sección (Replicante 16, verano de 2008) el último tomo de los catálogos de ConSecuencias, las exposiciones de cómic latinoamericano que montó Felipe Hernández Cava en España para el Injuve, había quedado claro. La reseña de este otro tomo de cómic uruguayo casi se puede escribir sola. Rescato dos puntos que anoté en aquel entonces: “1) Hay, en el mundo, muchos artistas que se entusiasmaron sobremanera con el arte de Gary Baseman y en este libro abundan; b) hay, en el mundo, muchos artistas gráficos —pintores e ilustradores [y diseñadores gráficos], por ejemplo— que hacen sus pininos en el cómic porque parece fácil [y porque está de moda], pero que, aparte de su pericia gráfica, no saben contar historias”. Añadiría uno más: Hay, en el mundo, muchos artistas gráficos que han visto libros de cómic experimental y eligen ese género para tapar su carencia de talento.

Me quedó claro desde que empecé a hojear este libro que se trataba de historietas experimentales, pero la etiqueta de “experimental” parece servir como pretexto para, simple y sencillamente, dibujar puras mamadas. No puedo decirlo de otra manera. Soy un entusiasta del cómic alternativo, bizarro, abstracto y experimental, pero como comenté en la reseña de Abstract Comics, en noviembre del año pasado, “no puede uno dejar de pensar que le están tomando el pelo”. Y este libro es una tomadura de pelo absoluta. Donde debería ser desconcertante es incoherente; donde el dibujo debería ser crudo y audaz es torpe y malhecho; donde debería haber humor hay chistes fáciles, bobos; donde debería haber experimentación hay trampas. Ni siquiera el talentoso Gabriel Frugone se salva. Su cómic “El importante Señor Bic” es un copy-paste que corre sin suerte.

Hay, en el mundo, muchos artistas gráficos que han visto libros de cómic experimental y eligen ese género para tapar su carencia de talento.

Tampoco puedo decir que nada valga la pena. Los gags de Marco Lechauvon —con títulos como “La ardilla + inteligente del mundo”, “¡El dibujante que discute por teléfono con su madre acerca de sus historietas!” o “Declaraciones que tengo pensadas para…” son ácidos y certeros. Quise ver la colaboración de Jorge Alderete que, dice en alguna parte, aparece en la página 184, pero como las páginas no vienen numeradas, desistí en la labor de buscarla. Supongo que no numerarlas es parte del “chiste” (hey, yo fui fanzinero, sé cómo funciona ese tipo de trucos), pero, en fin, me quedaré con la duda, como también me quedaré con la duda de si los textos que aparecen en el libro son en serio o en broma. No le tuve paciencia a este libro. No quedará en uno de mis libreros, sino en alguna caja.

MAD’s greatest artists: Sergio Aragonés: Five decades of his finest works (Running Press, Estados Unidos, 2010)

Si uno piensa en la revista MAD automáticamente vienen a la cabeza algunas referencias obligadas: el Fold-In de Al Jaffee, la cara de Alfred E. Newman (a quien la gente suele llamarle “Mad”, pensando que el nombre de la revista es el nombre del personaje), el “lighter side of”, de Dave Berg e, inevitablemente, los marginals de Sergio Aragonés, el caricaturista más rápido del mundo. Pero la carrera de Aragonés también se nutre de otro tipo de material, del cual se da un repaso en este libro que recopila sólo una parte de la gran cantidad que ha aparecido en las páginas de la revista. Iniciando con el primer chiste gráfico que le publicaron, el que le abrió las puertas a la revista tras haber publicado en la revista mexicana Ja-Já y que le permitió permanecer allí desde el número 76 hasta la fecha, y pasando por las diferentes etapas, que más que por décadas se puede identificar por sus cambios de estilo, el cual se va depurando hasta llegar a la etapa más reciente de la revista MAD, a color, que puede no gustarnos pero que sin duda habla de la capacidad de adaptación de Aragonés, quien no perdió su lugar en nombre de ninguna clase de romanticismo.

Sus dibujos pueden parecer dibujados en el mismo estilo todo el tiempo, pero una mirada cuidadosa revela que ha sufrido cambios que han evolucionado su trabajo. Además de unos cuantos marginales que aparecen a lo largo del libro (varios, desgraciadamente, repetidos), podemos ver algunos de los artículos que ha ilustrado para MAD, uno que otro cómic a color, las pocas portadas que ha dibujado para la revista, su conocidísima sección “A MAD look at…” (en donde a partir de un eje temático desarrolla varios gags) y algunas piezas fantásticas: su mapa de los Estados Unidos y aquellos planos repletos de personajes y situaciones graciosas que reclaman la atención y una lectura relajada, sin prisas. Y para rematar: su selección personal de 500 de sus marginales favoritos, con la cual se habían celebrado los 500 números de la revista, y que aquí reaparecen en un folio desplegable.

Aunque incluye una entrevista realizada por Nick Meglin, existen entrevistas mucho más profundas e interesantes, que pueden ser un complemento a este libro, entre ellas, la siguiente (en varias partes). ®

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Publicado en: Enero 2011, Literatura gráfica

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  1. Arsenio, lo del prestigio no es ironía. Ha sucedido siempre: editoriales -prestigiosas, sin prestigio, conocidas, desconocidas, del tipo que sea-, que han publicado basura. De veras, no le encuentro la ironía ni intenté ironizar al respecto. ¿Ya ves cómo andas en otro canal? No leíste bien.
    Ya puse allá arriba que es de las pocas veces en que una publicación me gana. Y fíjate que leo fanzines, cómics alternativos, historietas publicitarias bizarras, etc. O sea que estoy acostumbrado a buscarle, ¡pero Guacho es de lo peor que he leído en mi senecta vida! Creo que tu publicación es la que me va a volver prejuicioso. Pero no se trata de mí, de todas maneras, según tú, mi gusto me anda fallando.
    Tal vez sea una oportunidad para reconsiderar: ¿vale la pena publicar algo así? ¿Es hora de hacer un alto? ¿Deberían de regresarle su dinero a los incautos que han comprado su libro-revista?
    Yo también hablo el lenguaje universal de los puños y la invitación es tentadora, pero, bleh, antes prefiero ir a Argentina a ver morochas.
    Saluditos.

  2. Ah, yo creo que la distancia de México a Montevideo le permite a Ud. utilizar palabras como «basura», referidas a nuestro arte. Muy buena la ironía del «prestigio». Lo aplaudo. Su ingenio es más saludable que su gusto. Yo me ahorraré palabras como «senil» o «vejiga». En todo caso, le pido que, al haber encontrado los números de nuestra edición, se rectifique. Si es incapaz de encontrar unos numeritos cerca de donde están siempre, es probable que también le esté errando en todo lo demás. Es una regla de tres. Es Ud. un prejuicio que camina. Es Ud. un perjuicio que no camina. ¡En mi barrio esto se arregla a las trompadas! Pero dudo que quiera bajarse hasta el Barrio Sur a que le llenen la cara de dedos. Cariñosamente, Arsenio.

    PD: ¡Es de mamaderas leer los comentarios a las notas de uno!

  3. Estimado Arsenio:
    No, no reseñé la revista equivocada. Hice un gran esfuerzo en leer la revista, le puse mucha atención no sólo al tratar de encontrar la numeración sino en general, para no escribir una reseña sesgada o prejuiciada. Es de las pocas veces en que una publicación me gana: no le tuve paciencia. Lo de los números a 2 puntos cerca del lomo debe ser una broma también, asumo.
    Yo celebro que editoriales prestigiosas editen cómic. Pero de la misma lamento que editoriales, prestigiosas o no, editen basura. En todos lados pasa.
    Saludos.

  4. He leído su nota con absoluta atención. Francamente creo que está reseñando una revista equivocada. La edad le ha de estar provocando una mala pasada, porque considero un insulto que no encuentre usted los números de las páginas. Están donde siempre, cerca del lomo. Una pena que no haya disfrutado de nuestro número en asociación con la prestigiosa RandomHouseMondadori. Suyo: Arsenio Motolko, editor de Guacho, historietas tontas.

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