VIAJE APÁTRIDA AL CORAZÓN DEL BICENTENARIO

Comiendo tortas antes del desfile

Es la historia más íntima del último gran sainete nacional: el desfile del Bicentenario. Una puesta en escena cargada de horas de ensayo, desorganización, indiferencia, expectativa y colorido. Para muchos fue una pieza dramática protagonizada por el derroche de millones de pesos que se diluyó en parafernalia y carros alegóricos que no volverán a usarse. Para otros, se convirtió en una obra cómica que mostró a un gobierno poco ilustrado e incapaz de encargar la producción del festejo a un mexicano.

BICENTENARIO COLOSAL

coloso

A León Krauze le podrá parecer una polémica “absurda e inexistente”, pero unos días después del Bicentenario es necesario cuestionarse si los millones que se invirtieron en el Coloso y demás parafernalia nacionalista no podría haberse utilizado para salvar a tabasqueños, veracruzanos y oaxaqueños que sufren las consecuencias de una inundación apocalíptica.

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