Televisión, internet y e-lectores

Hacia las elecciones del 2012 en México

El desacierto que tuvo Enrique Peña Nieto en la pasada Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara generó cualquier cantidad de comentarios y opiniones en las redes sociales de internet y de viva voz. Al cabo de algunos días es importante aproximarse a este suceso acompañándolo de otra información pertinente y relacionada con él, derivada de las encuestas de hábitos de lectura de los mexicanos, de las preferencias electorales y de la composición etaria del padrón electoral del Instituto Federal Electoral (IFE), principalmente.

¿Desventajas de las ventajas en campaña?

En diciembre de 2005 la encuestadora Covarrubias y Asociados ubicó a Andrés Manuel López Obrador con una ventaja de 11 por ciento sobre su más cercano perseguidor, Felipe Calderón Hinojosa.1 La fuerza del candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD) se sustentó, principalmente, en una eficiente administración política de la capital del país y, también, en la proyección nacional derivada de salir constantemente en los medios electrónicos, principalmente la televisión.

Bastaron algunos millones de pesos y contados descuidos políticos del tabasqueño en su campaña para desaparecer esa enorme ventaja de 11 puntos. Los millones fueron a las arcas de las televisoras para difundir una campaña que se basó en la exacerbación de los errores de López Obrador y, principalmente, en la difusión masiva de mentiras, que repetidas infinidad de veces, en escasos cuatro o cinco meses, terminaron por modificar la intención del voto de los mexicanos, dejando la diferencia final de la elección con un margen muy estrecho y susceptible de ser cuestionado; quedó impregnada de dudas. Esto mostró una población votante que tiende a formar su criterio con base en la información que obtiene de la televisión y la radio, como se verá más adelante.

En días recientes, la encuestadora Consulta Mitofsky dio a conocer la intención del voto al mes de noviembre.2 Es notable la ventaja de 21 por ciento que posee aún Peña Nieto sobre López Obrador. Si alguna lección puede extraerse de las elecciones de 2006 es que nada es imposible, aunque haya cosas poco probables. Es posible que el candidato del PRI pierda esta abrumadora ventaja en los siguientes meses; no parece probable que ocurra, en tanto los medios de comunicación electrónicos, en particular Televisa, sigan dándole un tratamiento diferenciado respecto a sus contrincantes.

En este sentido, la divagación de Peña Nieto en la FIL de Guadalajara puede adquirir diferentes interpretaciones. Pudiera tratarse del descuido que dé al traste con su campaña, ese descuido licenciado por la soberbia de quien se sabe inalcanzable, como en el caso de la elección de 2006.

Es posible que el candidato del PRI pierda esta abrumadora ventaja en los siguientes meses; no parece probable que ocurra, en tanto los medios de comunicación electrónicos, en particular Televisa, sigan dándole un tratamiento diferenciado respecto a sus contrincantes.

Esto dependerá de la capacidad financiera y el ingenio de los partidos opositores para utilizar mediáticamente la pifia cometida por Peña Nieto, si es que se deciden a explotarla, puesto que en las elecciones pasadas se corroboraron los datos que mostraban y muestran que en México se dedica más tiempo a ver televisión que a leer (historia o política).

Por otra parte, pudiera ocurrir que el ruido que ha generado en las redes sociales no logre trascender de forma importante a los medios electrónicos tradicionales de comunicación y únicamente el efecto se aloje en los círculos de esas redes que, muchas veces, caen en la autocomplacencia, sin salir, siquiera, a diferentes grupos de personas con distinto signo ideológico respecto de quienes han promovido la difusión del disparate cometido por el candidato del PRI.

Otro escenario pudiera ser que resulte un fenómeno similar al de Ninel Conde y los usuarios de las redes sociales se queden atorados en la crítica burlona o seria, pero sin una sola consecuencia ulterior o sin una evolución a un discurso más elaborado, que eslabone el suceso de la FIL con otros aspectos propios del discurso y signatura políticos del virtual candidato del Revolucionario Institucional a la presidencia; esto significaría un cambio cualitativo propiciado por el uso de las redes sociales en materia de participación ciudadana y de frente a las elecciones de 2012.

La televisión y la radio, indispensables aún

Si se mira el número de horas que en México se dedican a la televisión y a leer (en promedio), es abrumadora la diferencia. Basta decir que según la agencia Ibope-AGB en 2010 registró que se dedicaron cuatro horas y 45 minutos diarios a ver la televisión; además, los programas más vistos fueron las telenovelas, los reality y talk shows, películas y espectáculos deportivos.3 Por su parte, Conaculta reportó que en 2010 sólo tres de cada diez personas dijeron haber leído un libro y siete de cada diez afirmaron no haber leído un libro completo (sin relación con el trabajo o la escuela); finalmente, uno de cada diez lectores prefirió textos de política, historia o ciencias sociales.4

En este sentido, Peña Nieto es un vivo ejemplo del habitante promedio del país, pero es un candidato a la presidencia del país y es, hasta el momento, quien tiene mayor probabilidad de llegar a Los Pinos. La ignorancia no es un mal menor, Vicente Fox es un ejemplo de ello. Se dice que José López Portillo fue un gran lector, el presidente con mayor cultura general en los últimos tiempos; sin embargo, ello no impidió que durante su administración pulverizara el peso mexicano y le dejara un desastre al sucesor presidencial.

Los jóvenes podrán definir las elecciones

En 1994 el padrón electoral se integró por 47 millones 480 mil 159 personas, de los cuales 35 millones 285 mil 291 votaron, lo que significó el más bajo abstencionismo de las tres recientes elecciones (25.7%). En las de 2000 el padrón electoral ascendió a 59 millones 584 mil 542 individuos, de los cuales 37 millones 601 mil 618 votaron, lo que comportó un abstencionismo de 36.9 por ciento. Finalmente, en las de 2006 el padrón fue de 71 millones 730 mil 868 personas y votaron 41 millones 791 mil 322, esto es, un abstencionismo de 41.7 por ciento.5

Los datos anteriores permiten observar que son cada vez más los mexicanos que votan en los procesos electorales presidenciales. En los doce años que comprenden esas tres elecciones la población que ejerció el voto creció en 6.5 millones (18.4%); aunque este pequeño avance se relativiza y resulta exiguo al apreciar que el padrón electoral experimentó un crecimiento mucho mayor: 24.3 millones de individuos (51.1%), en el mismo lapso.

Ahora bien, al 2 de diciembre de 2011 el padrón electoral ascendió a 83 millones 970 mil 458 personas. La población con posibilidades de votar casi se duplicó entre 1994 y 2011, lo que implica una población joven con el mayor peso en las elecciones de 2012.

En ese sentido, las personas menores de cuarenta años representan más de la mitad del padrón (52.9%). Aunque no es posible saber las preferencias electorales y menos por grupos etarios, sí se vale hacer una serie de suposiciones que ayuden a explicar el escenario actual y prever algunos futuros, de cara a las siguientes elecciones.

Hay dos grupos etarios que parecen estar fuertemente marcados, uno de ellos por su juventud y el otro por su experiencia como ciudadanos en condiciones de votar; hay un tercer conjunto de individuos que además de ser el más numeroso, al parecer no cuenta con un signo definido y característico. Insisto, este modelo sólo pretende ilustrar las diferencias generacionales en torno al voto, en el entendido de que es una de las determinantes de los votantes en un país donde se lee poco, y aún menos de historia, política o ciencias sociales.

Así, se parte de la suposición de que los jóvenes entre dieciocho y 29 años, a pesar de tener un nivel de lectura mayor que el de las personas de edades posteriores, no vivieron en condiciones de votar, ninguno de los sexenios gobernados por el PRI, por lo que podría deducirse su escaso conocimiento respecto del periodo. De este grupo etario, los más grandes recordarán el último sexenio priista, acaso una parte de la administración de Carlos Salinas. No obstante lo anterior, la mayor parte de ellos tienen elementos de juicio para valorar a los gobiernos federales más recientes, es decir, los del PAN así como a los del PRD en la capital del país; además, en el contexto de democratización, ese grupo tiene una clara imagen de los partidos políticos, de la consolidación del PRD como contendiente a la presidencia y del PAN como partido en el poder.

El más beneficiado por parte de este grupo etario podría ser el PRI porque estos jóvenes electores responden con mayor rapidez y en función de los acontecimientos recientes, y esto está fuertemente determinado por los medios electrónicos de comunicación. Este grupo de edad significa 28.9 por ciento del total del padrón electoral.

Ahora bien, al 2 de diciembre de 2011 el padrón electoral ascendió a 83 millones 970 mil 458 personas. La población con posibilidades de votar casi se duplicó entre 1994 y 2011, lo que implica una población joven con el mayor peso en las elecciones de 2012.

Otro grupo etario, el de cincuenta y más años, también parece estar fuertemente marcado por su experiencia. Éste vivió las administraciones priistas, la alternancia partidista de 2000, y, presuntamente, cuenta con los mejores juicios de valor para emitir su voto. Puede que sea una población con menores hábitos de lectura que el grupo de los jóvenes, pero su experiencia luce como una ventaja innegable, particularmente porque, como se ha visto, la lectura de historia, política o ciencias sociales, no son las que predominan en ninguna agrupación etaria. Este grupo representa 28.1 por ciento del total.

Queda el grupo etario de treinta a 49 años, que significa 43 por ciento del padrón electoral. Es un grupo en donde los más jóvenes pudieran plegarse a la caracterización del primer grupo y los más grandes a la del segundo.

En un país de pocos lectores, y menos de temas históricos, políticos y sociales, es probable que las horas dedicadas a la televisión tengan el papel y peso fundamentales para este grupo y para el de los más jóvenes, aun así también son los grupos etarios con mayores niveles de escolarización y, por tanto, con importantes elementos para, eventualmente, cuestionar y analizar la publicidad político partidista vista en televisión.

Antes de terminar es importante apuntar que el hábito de la lectura está estrechamente relacionado con el entorno del núcleo familiar. La mayoría de los hogares urbanos son habitados por personas que dedican casi todo su tiempo a la jornada laboral y a los largos trayectos entre la vivienda y el centro laboral, los hábitos culturales, entre ellos la lectura, se reproducen. En los hogares rurales, la minoría, inciden, también, otros factores como el analfabetismo de los padres, la falta de libros y hasta de escuelas, principalmente.

Comentarios finales

Resulta difícil y temerario enunciar conclusiones derivadas de esta información organizada, pero a la vez casi inasible o volátil en su contenido. No obstante lo anterior, resulta muy interesante establecer algunas conjeturas, inferencias y razonamientos que coadyuven a integrar toda esta marea de información a la que están expuestos los miles o millones de usuarios de los medios de comunicación electrónicos, de las redes sociales de internet y del resto de medios de comunicación para intentar entender y contar con un panorama ordenado; de otra manera continuará creciendo el caos y posiblemente el abstencionismo. El ejercicio vale la pena, independientemente del resultado.

Existen por lo menos dos aspectos de los partidos políticos que pueden ser valorados respecto de las elecciones presidenciales: 1) a partir de la experiencia y 2) con base en las expectativas.

La valoración de la experiencia en la gestión gubernamental arroja resultados similares para los tres principales partidos, en donde todos han mostrado aciertos y desaciertos. La experiencia desde el punto de vista político expone importantes diferencias, teniendo mayores perjuicios el PAN y el PRI, porque son los que han detentado el poder federal y asumido el mayor desgaste. Por otra parte, la valoración de las expectativas en gestión pública parece que no perjudican ni favorecen a ningún partido en especial. Desde las expectativas políticas, se aprecia que hay una diferencia importante, por lo menos en la intención, por parte del PRD, que pretender dar un viraje hacia un capitalismo social, de orientación keynesiana, en comparación con el PAN y el PRI, que proponen continuar y hacer más eficiente la línea de capitalismo financiero-neoliberal.

Los anteriores son elementos fundamentales que no suelen estar en el “de boca en boca” de los votantes, pareciera que no hay vitrinas para este tipo de asuntos, y es la descalificación del adversario lo que ha caracterizado la mediatización de las campañas.

Desde otro ángulo, las redes sociales de internet se han presentado por primera vez, en tiempos electorales, como eficaces medios de comunicación, pero también como instrumentos de opinión pública, y es en este punto donde el asunto de las redes sociales se vuelve polémico, porque resulta casi imposible saber qué declaración, “acertada o errónea” generará cien mil o un millón de twitteos y qué efectos tendrán éstos.

Es como si empezara a generalizarse una especie de caponización de la intención del voto.6 En 2006 pareciera que el voto castigó algunos actos y dichos de López Obrador que, en primera instancia, parecían irrelevantes y adquirieron rápidamente una importancia capital, por supuesto, en función de su manejo mediático, como ya se mencionó. En 2011, por el yerro de Peña Nieto, podría ocurrir también una caponización, aunque con otro semblante e intensidad.

Desde otro ángulo, las redes sociales de internet se han presentado por primera vez, en tiempos electorales, como eficaces medios de comunicación, pero también como instrumentos de opinión pública, y es en este punto donde el asunto de las redes sociales se vuelve polémico, porque resulta casi imposible saber qué declaración, “acertada o errónea” generará cien mil o un millón de twitteos y qué efectos tendrán éstos. No es tan previsible como saber que colocar cincuenta comerciales en horario triple A de televisión, resultará más efectivo que pagar 300 comerciales en horario A, por ejemplo. Además, no hay una diferencia financiera, el twitteo puede expandirse desde una computadora rentada en un local comercial hasta la comodidad del hogar. Finalmente, también es impredecible si el mensaje difundido acentuará la reticencia o aceptación en torno al asunto difundido.

Habrá que ver qué incidencia tiene este nuevo elemento, las redes sociales de internet, en cuanto al creciente abstencionismo que se ha registrado en los dos recientes procesos electorales o si se trata de un medio de acceso privativo para ciertos estratos socioeconómicos y niveles educativos.

Queda por decir que esta aproximación al entorno de la contienda electoral, que en los hechos ya se inició, afecta a los virtuales candidatos y permite verlos como elementos radiactivos, inestables, que paulatinamente van perdiendo electrones (energía), lo que termina transformando, por ejemplo, al uranio en plomo, al cabo de un tiempo; así, también va desgastando a aquéllos y dejándolos ver con mayor claridad, cada vez que son sorprendidos. La práctica indispensable: estar atentos. ®

Notas

1 Datos obtenidos el 10 de diciembre de 2011.

2 Datos obtenidos el 8 de diciembre de 2011.

3 Datos obtenidos el 10 de diciembre de 2011 y aquí.

4 Datos obtenidos el 10 de diciembre de 2011.

5 Datos obtenidos el 9 de diciembre de 2011.

6 El término caponización se propone para caracterizar el destino que puede tener algún candidato o campaña por un error de soberbia, de exceso de confianza. Durante las décadas de 1920 y 1930 Al Capone se hizo famoso por ser un gran traficante de alcohol (época de la Ley seca en Estados Unidos) y tener una vasta red de casas de juego ilegales; aunque nunca pudieron probarle esos delitos y meterlo tras las rejas por ello. Sin embargo, un descuido en sus cuentas fiscales (un exceso de confianza) lo llevó a la cárcel por evasión de impuestos. Lo agarraron por el menos flagrante de los delitos que cometió.

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Publicado en: Diciembre 2011, Política y sociedad

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