Trece lecciones políticas

Ningún político es tan poderoso como cree

“El que tiene el poder y la función, no por ello tiene la razón”. Cito las memorias de uno de los peores presidentes de México, José López Portillo… y otras lecciones de la ciencia política.

Uneasy lies the head that wears a crown.
—William Shakespeare

O se trabaja para la Historia o se navega con bandera de pendejo.
—Jesús Reyes Heroles

Los últimos seis presidentes mexicanos.

Los últimos seis presidentes mexicanos.

Game of Thrones es una buena serie de televisión. Acaso tan buena que con ella pasa lo que pasa con Maquiavelo y el famoso Príncipe: le gusta a los analistas y pensadores políticos y también a los que en política y sobre política son cínicos. A estos dizque politólogos y políticos chafas —tan verdaderos como chafas— hoy les pasa ante la tele eso que les pasó ante la página: ignoran la Historia, no ponen contextos. Al pobre y genial Maquiavelo siguen mentándole la madre porque muy pocos saben contextualizarlo, colocarlo históricamente —¡escribió hace casi medio milenio!—, y traerlo respetuosa y correctamente al presente. Tan pocos que casi nadie. Ahora me está quedando la impresión de un aumento exponencial de quienes llegan a una conclusión “lógica”, mágica y sobrada: “la política es así”, es decir, exactamente así como la están viendo en HBO, y por eso, se sigue concluyendo, todos los políticos, y más los mejores políticos, siempre necesitan hacer y deben poder hacer lo que vemos en el show. Pero no exactamente. No es que no pase nada de eso, es que no es lo único que pasa ni pasa sistemáticamente ni con la misma frecuencia. Es un problema entre esencia y manifestación, desarrollos y efectos, motivos y presentación. Y de multidireccionales malos manejos entre los ser y los deber ser. El problema no es de la inteligente Game of Thrones sino de ellos, ciertos fanáticos–fanáticos. Esos entre los que los peores son estos: quienes entienden menos de lo que creen, los que no saben que no saben tanto, y exhiben a su modo su banalidad y enfermedad políticas tomando como Biblia la literalidad del libro maquiavélico —el único que han leído, y mal, del republicano florentino del que nada saben— y de la célebre producción televisiva. Esa gente desagradable vive, y como no es posible ni debido exterminarla al estilo Lannister, saco unas cuantas lecciones políticas, desde una Ciencia Política histórica, que bien les vendría conocer:

1) Ningún político es tan poderoso como cree. Prácticamente todos los políticos llegan a creer que tienen más poder del que efectivamente tienen. Pero siempre son menos poderosos de lo que ellos mismos suponen, imaginan o calculan. Y siempre, o casi siempre, es algo que aprenden a la mala.

2) Existen las consecuencias no deseadas, es decir, no buscadas, no intencionadas, no controladas, no sólo negativas —y no sólo no unidimensionales.

3) Los políticos y gobernantes, en general, saben menos de lo que creen, de lo que podrían saber y de lo que deberían saber. Es un caso como el del cáncer: quien lo conoce y entiende, más y mejor, suele ser el médico, un especialista clínico, no el paciente, no quien lo padece. Bueno, el político suele ser el enfermo de cáncer. Un canceroso en medio de un huracán de intereses, coyunturas, inercias, decisiones, creencias, pleitos e ideas del que forma parte, al que no puede detener y del que no puede distanciarse. Así como el politólogo no es el que decide —ni el Filósofo que debe gobernar a los demás—, el político no es en sí el que Comprende. Un Churchill no es normal.

4) Nunca hay información completa y perfecta. Ser algún tipo de insider no resuelve este problema. Nunca lo resolverá.

5) La Historia está ahí e importa para explicar y entender, también para llegar a mejores decisiones. Y para poder evitar algunos errores.

6) “El que tiene el poder y la función, no por ello tiene la razón”. Cito las memorias de uno de los peores presidentes de México, José López Portillo, porque la cita es buena y el ejemplo mejor: su presidencia es en buena medida lo que pasa o puede pasar cuando se ignora o se olvida esa línea.

Cinismo no es el sinónimo de realismo. Ni siquiera son “equivalentes funcionales”. Puesto corto: hay que aprender de suicidios políticos como el de Mario Marín: aprender del fracaso del cinismo “precioso”, y del cinismo de su fracaso.

7) Realista pero no cínicamente, lo mejor que se puede hacer frente al intelectual y el experto no es ignorarlo, atacarlo, corromperlo… es, sí, escucharlo. Escuchar…

8) Cinismo no es el sinónimo de realismo. Ni siquiera son “equivalentes funcionales”. Puesto corto: hay que aprender de suicidios políticos como el de Mario Marín: aprender del fracaso del cinismo “precioso”, y del cinismo de su fracaso.

9) Tener un “asesor” para que no te asesore (te elogie, te aplauda, motive, llene de pretextos y excusas) es una de las “inversiones” más costosas. “Gatos”, “gatos–burros”, “bueyes”, “bueyes” con vocación de “gato”, como “víboras”, “burros–burros” y “aves” pero “avestruces”, todos ellos son más cómodos como “colaboradores” pero más caros y más costosos que cualquier auténtico asesor o colaborador.

10) La violencia es incontrolable por quienes quieren ejercerla sin controles. Esto es, ellos mismos no pueden controlarla a cabalidad, aunque lo quieran. También es incontrolable por quienes la ejercen “controladamente” pero indebidamente (y no, no cualquier cosa puede ser válidamente dada como debida; no todo da igual). Cualquier grado de descontrol, que siempre hay, costará: la violencia siempre lleva un bumerán para lanzar.

11) Los regímenes políticos realmente existen como sistemas institucionales diferenciados. El conjunto político práctico no es idéntico de las democracias —poliarquías variables— a los autoritarismos —de dictaduras a priatos—. La política democrática es democrática y es política. No deja de ser política por ser democrática ni deja de ser democrática por ser política. Simple y sencillamente no es ni un altruismo ni otra guerra civil.

12) No hay resultados de gobierno positivos y duraderos, defendibles y reconocibles, sin suficiente gente, suficiente dinero ni suficiente tiempo de por medio.

13) Todos los políticos, como todo poderoso, como todos nosotros, puede morir en cualquier momento. En cualquiera. Y al final de su carrera, que más temprano que tarde llegará, sólo queda fijado algo: el nombre. Su nombre. Con su dividendo familiar.

Trece lecciones. No están todas las que son pero son todas las que están. Trece, no son pocas para reflexionar. ®

Publicado en: Política y sociedad

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