Un elefante atascado en chapopote

Lulu, de Lou Reed y Metallica

Habitamos durante un corto periodo este planeta y Lulu se lleva noventa y cinco ‒sí, ¡noventa y cinco!‒ espantosamente tediosos minutos que hacen ver más productiva la misión de, por ejemplo, observar cómo avanza un caracol.

Metallica y Lou Reed

Seamos honestos, desde que Lou Reed trajo a su maestro de Tai Chi para hacer flexiones musculares durante un concierto, las alarmas comenzaron a sonar.

Todos sabemos que el fundador de The Velvet Underground ha sido siempre un tanto insurrecto, pero ver a un personaje vestido con túnica roja estirando las piernas sobre su cabeza mientras Reed rasguea “Perfect Day”en la guitarra conduce más al pitorreo que al asombro. De manera similar, la decisión del músico neoyorquino de pisotear sus clásicos “Sweet Jane” y “White Light/White Heat”con la ayuda de Metallica en el concierto del 25 aniversario del Rock and Roll Hall of Fame en el 2009 ya predisponía a la audiencia para la desgracia. Pero aun así, las cosas no se podían poner peor, ¿o sí? Sí.

Rara vez un disco provoca, simultáneamente, sentimientos de enojo y repulsión. De lo que estamos hablando aquí no es solamente de un hatajo de melodías huecas y desganadas, ni de una mezcla de los peores clichés de cada uno de los ejecutantes, de lo que se habla es del extremo autocomplaciente de dos cadáveres artísticos fusionados en un mismo nombre: Lulu. Su existencia es ofensiva. Y lo es no tanto por la sensiblería lírica del material en cuestión ­‒la plegaria de Lou Reed en “Mistress Dread”reza así: “Átame con una pañoleta y joyas/ Coloca un trapo sangrante en mis dientes/ Te ruego que me degrades/ ¿Hay algún desperdicio que pueda comer?”­‒, sino por el ingente desperdicio de lo más preciado que tenemos en la vida: el tiempo. Habitamos durante un corto periodo este planeta y Lulu se lleva noventa y cinco ‒sí, ¡noventa y cinco!‒ espantosamente tediosos minutos que hacen ver más productiva la misión de, por ejemplo, observar cómo avanza un caracol.

Por si fuera poco, en este suplicio horroroso y disonante, los protagonistas ni siquiera suenan en tándem. En largas secciones del álbum la impresión es que Lou Reed rezonga encima de un demo de Metallica que nunca fue creado para el consumo humano. En su mejor momento, el efecto es que hay dos discos reproduciéndose uno encima del otro.

De no ser por la enorme familiaridad de los ejecutantes, la conclusión más lógica sería que Lulu es una parodia cruel y despiadada, pero conforme el sonido se arrastra como un vigoroso elefante tratando de salir de un estanque de chapopote uno no tiene sino que aceptar que estos idiotas le han otorgado seriedad a su porquería.

Es probable que el delirante vejestorio Lou Reed esté ahora riéndose en su casa, mientras los de Metallica sean los que intenten encontrar una luz en el fondo de ese hoyo profundo donde llevan años adentrándose. En relación con el desastre, el buen Lou ha lucido su lado más cínico: “Ésta es la mejor cosa que jamás he hecho”.

No le crean. Lulu no es únicamente la cosa más horrible en la que cualquiera de los participantes ha estado involucrado, también es un firme candidato para uno de los peores álbumes de la historia. ®

Publicado en: Diciembre 2011, Música

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  • Ningún prejuicio, estimado Manuel; en todo caso, juicios hechos y derechos. No quisiera invitarte a perder tu tiempo escuchando este esperpento, pero ya que insistes, te reto a que lo escuches y me contradigas. Abrazo.

  • No pues sí les diste con todo, como bien decía el flyer de este mes. No lo he escuchado y ahora tendré que hacerlo, porque no me creo que dos leyendas sean tan, pero tan malas como dices. ¿No habrá ahí cierto prejuicio anti-Metallica, común a mucho metaleros conocedores, como tú? En fin, no puedo decir más hasta escucharlo.
    Saludotes.