Un encuentro con el placer

La masturbación femenina, de Jesús Ramos

Tantos años de revolución sexual, tantos avances en sexología y más medios de comunicación que nunca en la historia de la humanidad y la masturbación femenina sigue siendo un tabú. El psiquiatra y sexólogo clínico español Jesús Ramos le dedica al placer autoerótico femenino un ensayo entero de más de 400 páginas. Como él se esperaba, el libro, editado en 2002, ha pasado casi inadvertido.

Tan inadvertido que esta reseña es posible gracias a que lo encontré en un puesto callejero. De saldo.

¿Qué puede saber un hombre sobre la masturbación femenina? Ésa es la pregunta que le plantearon muchas amigas y pacientes a Jesús Ramos cuando les comunicó que iba a escribir sobre el asunto. El psiquiatra lo tenía fácil: casi no hay nada escrito con rigor y extensión sobre el asunto y él tenía casi todos los medios —y la paciencia— para documentarse y realizar esta completa obra. Como explica en la introducción, Un encuentro con el placer es un libro de referencia destinado a normalizar la masturbación femenina. Ramos observó que muchas mujeres aún rehúyen el asunto y algunas incluso están traumatizadas con su autoerotismo, de la misma manera que no hace tanto tiempo los hombres estábamos aterrados por diferentes religiones y sus comparsas políticos con respecto a nuestra masturbación. Ramos quiere romper el silencio, quebrar el tabú: las mujeres se masturban con la misma frecuencia que los hombres y, como en el caso masculino, es una actividad saludable y recomendable.

La maja vestida, © Goya

En el primer capítulo se aborda lo que el autor considera “La conspiración del silencio”. Las referencias a obras literarias, películas y tratamiento en los diversos medios de comunicación son numerosos y todos constatan que la práctica del placer solitario en las mujeres es casi invisible y que ello causa una especie de bucle del que es complicado salir: “Si nadie habla de ello, yo tampoco”, es el pensamiento femenino más extendido. Es curioso el tratamiento dado en el cine a la masturbación, según sea masculina o femenina. Mientras la primera se trata de modo natural y más bien jocoso, incluso rayando el ridículo, el placer autoerótico femenino es abordado de forma incómoda y como de puntillas. Intimida. Da igual que el cineasta sea hombre o mujer. Ramos habla de sexismo, machismo y hembrismo. Los tres llevan mal la masturbación de la mujer.

El mismo lenguaje para referirse a las “pajas” de las mujeres cambia: abierto y sin complejos si es para hablar de masturbación masculina, pero reservado y tímido para referirse a la femenina. Ramos aclara en un parágrafo la extendida equivocación sobre el onanismo, que no es otra cosa que la “marcha atrás” y nada tiene que ver en su origen bíblico con la masturbación, aunque fue largamente aprovechado por las religiones del libro para clamar contra el autoerotismo como “peligro”, ya que el sexo se ve sólo como reproducción.

En el apartado “Razones para masturbarse” se especifica que esta práctica es la principal fuente de orgasmos en las mujeres, sea cual sea su edad, condición civil y experiencia sexual.

En la segunda parte del libro el autor aborda la naturaleza sexual femenina. Explica los genitales femeninos con rigor científico y se introduce incluso en algo también muy silenciado: la eyaculación femenina. Sólo los aficionados al squirting conocen bien la función de las glándulas de Skene en las féminas. En el desarrollo de esta parte Ramos responde a preguntas que podrían parecer retóricas: ¿tienen deseos sexuales las mujeres? ¿Se excitan sexualmente? ¿Existe el celo en las hembras humanas? ¿Es lenta la respuesta sexual femenina? ¿Sienten orgasmos las mujeres? Con un lenguaje asequible pero al mismo tiempo riguroso, documentado con los últimos avances en fisiología humana y sexología, Ramos va respondiendo a estas cuestiones, que todos —hombres y mujeres— deberíamos conocer.

La tercera parte se sumerge en la parte práctica: explica cómo y en qué grado se masturban las mujeres. Por supuesto, dar cifras —recordemos la gloriosa cita de Mark Twain, también atribuída a Disraeli, sobre las estadísticas, como una variante de las malditas mentiras— es complicado. Pero Ramos lo hace, basándose en diferentes fuentes y en su propia experiencia como sexólogo clínico. Los modos de masturbarse de la mujer son infinitos: cada una es un mundo y el descubrimiento de su autoplacer marcará en gran medida cómo lo haga el resto de su vida. No busquen en este libro un manual de autoayuda: “Doy por supuesto que las mujeres saben cómo hacerlo bastante mejor que yo, y que pocas necesitan instrucción al respecto”, confiesa, humilde, el autor. Relata casos de mujeres con una facilidad increíble para autosatisfacerse (simplemente cruzando las piernas y presionando) y otras que necesitan ritos complicados e incluso obsesivos para alcanzar el clímax por sí mismas. Aunque en estos tiempos se extiende el uso de vibradores y otros objetos para el placer femenino, muchas féminas no necesitan introducirse nada para llegar el orgasmo, mientras que otras lo consideran imprescindible. La mano, como en el caso del hombre, es lo más empleado en la masturbación femenina, aunque hay casos en que algunas usan —pásmense si no lo conocían— el talón. Ramos Brieva también señala las diversas circunstancias en la vida de la mujer y su repercusión en la masturbación: según la mujer esté sola o en pareja, embarazada o cuando ya alcance la ancianidad, así cambiará su posición con respecto a su autoplacer.

La maja desnuda, © Goya

En el apartado “Razones para masturbarse” se especifica que esta práctica es la principal fuente de orgasmos en las mujeres, sea cual sea su edad, condición civil y experiencia sexual. Esto es de perogrullo, aunque algunos —incluso algunas— quieran negarlo, pero también hay razones más circunstanciales, como aliviar la tensión sexual ante una fuente de estrés o incluso antes de una cita. También es un buen método para lograr el sueño en determinados episodios insomnes.

La última parte, la “Naturaleza de la masturbación”, entra en los dilemas éticos. Consideraciones como si es normal o anormal masturbarse, la historia “natural” de la masturbación y el miedo que se sigue inculcando sobre esta práctica, tanto en hombres como en mujeres, cierran el libro. Los erotómanos y los aficionados al arte erótico disfrutarán con estas páginas, en las que se describen numerosas representaciones visuales de la masturbación femenina. También los amantes de la antropología —himenología debería escribir— y la sociología tienen un buen contenido en estos últimos párrafos.

En el epílogo Ramos Brieva llega a teorizar sobre una razón económica para mantener “secuestrada socialmente” la masturbación femenina. “Los medios no pueden arriesgarse a asustar a las mujeres enfrentándolas con la realidad de sus actividades autoeróticas en público, por si les rechazan; puesto que al ser las responsables del 80 por 100 de las compras familiares, también son sus principales clientes. Por eso la masturbación femenina tiene una presencia de perfil tan bajo en la narrativa, la prensa, y en la producción cinematográfica y televisiva, abonando la impresión de que no existe”.

Menos mal que Internet ha cambiado sustancialmente este veto irracional. Que se lo digan, si no, a Susana Moo, con su erotómana.com y los numerosos blogs de mujeres sobre sexualidad donde hablan abiertamente de sus prácticas sexuales. Solitarias y no tanto. ®

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Publicado en: Libros y autores, Septiembre 2010

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  1. Ah! ya sé qué libro.

    -*-*-
    Suena muy bien.

    -*-*-
    Y respecto al talón, y no de Aquiles, conozco algunas ilsutraciones japonesas (shungas) en que se pinta a las mujeres con un dildo sujeto a la pantorrilla que manipula la protagonista tomandose del talón.

    Saludos

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