Un fantasma recorre el mundo

El fantasma de la ultraderecha

¿Estaremos en la antesala de una tercera guerra global en la que el mundo tenga que plantearse una nueva repartición de territorios y de equilibrio de poder? ¿Un equilibrio que los Estados musulmanes extremistas están llevando al límite de manera indirecta?

Migración mortal a Europa. Cartón de Chappaté, sobre la tragedia de Lampedusa.

Migración mortal a Europa. Cartón de Chappaté, sobre la tragedia de Lampedusa.

En las últimas semanas hay una noticia que ha ido creciendo en los medios informativos. Se refiere a una situación que tiene a varios países de Europa en jaque: una oleada de migrantes procedente de varias regiones del mundo está prácticamente invadiendo sus fronteras, presionando por obtener una reacción económica, política y humanitaria positiva.

El colmo del horror sucedió hace un par de días cuando se encontró, en un camión–frigorífico abandonado en las afueras de la monumental ciudad de Viena, a 71 cadáveres de hombres, mujeres y niños procedentes de Siria, ya en estado de descomposición, lo que provocó que la noticia se esparciera como reguero de pólvora levantando un grito de indignación entre las sociedades humanitarias del globo. Y hay que decir que la noticia es alarmante porque ya se sabe de múltiples casos de barcazas que han naufragado en el mediterráneo haciendo subir la cifra de muertos a un nivel de escándalo. En los años sesenta era frecuente ver casos de familias enteras que morían en el intento de llegar de Cuba a las costas de Florida.

Pero tales escenas no son desconocidas para nosotros los mexicanos o aun nuestros vecinos centroamericanos. Nosotros sabemos lo que implica que los habitantes de un país, no teniendo la libertad de encontrar un empleo digno y seguro en la nación donde viven, tengan que arriesgar la vida propia y de familiares para cruzar una frontera no exenta de peligros varios. Claro que los incontables casos de muerte de mexicanos por ahogamiento en el río Bravo, de inanición e insolación en el desierto o de asfixia en escondrijos en autos o camiones no llegan a las primeras planas de los países europeos. Los mexicanos los guardamos en un álbum del horror que tenemos en un compartimiento de nuestro corazón y callamos.

¿Qué tiene de preocupante la situación de los refugiados e inmigrantes kurdos, libios, somalíes, sudaneses y egipcios que en número de 300 mil han llegado desesperados y arriesgando la vida, cruzando el Mediterráneo a las costas de Italia, de Grecia, de Turquía y a las fronteras de Serbia, Hungría, Austria y Alemania?

Como mencioné en el primer párrafo, esta situación está creando una presión inesperada en todos esos países no sólo en el sentido de que exigen alimentación y un lugar seguro donde quedarse, sino, a mediano plazo, incorporarse a la sociedad europea, un empleo, una vivienda y una vida digna.

Todas estas personas están huyendo de situaciones límite que están experimentando en sus países de origen: guerra, pobreza, hambre y abusos de poder del gobierno o de líderes religiosos. La mayoría de ellos provienen de la minoría étnica de los kurdos, que son musulmanes suníes que viven en zonas de guerra en Siria, Turquía, Irak y Afganistán. Tienen a los talibanes, a ISIS y a los americanos enfrascados en conflictos que parecen no tener fin. Y en Libia, la guerra civil amenaza la seguridad de todos sus ciudadanos. ¿Podemos culpar a toda esta gente, pacífica, honesta y trabajadora —como los mexicanos que cruzan la frontera norte— de querer encontrar mejores condiciones de vida, condiciones humanas?

Por supuesto que no, sólo podemos esperar que de verdad encuentren una vida mejor para ellos y para sus hijos, aunque desafortunadamente la vida en este planeta no es tan fácil ni tan linda.

La mayoría de ellos provienen de la minoría étnica de los kurdos, que son musulmanes suníes que viven en zonas de guerra en Siria, Turquía, Irak y Afganistán. Tienen a los talibanes, a ISIS y a los americanos enfrascados en conflictos que parecen no tener fin.

Las reacciones de los países europeos no se han hecho esperar. Entre la confusión, la sorpresa y el bochorno que les produce esta oleada migratoria un tanto cuanto inesperada se presenta una postura dura, poco humanitaria y racista. Ya de por sí hace algunos años los europeos habían apostado por una posición cerrada de “Europa para los europeos” y habían endurecido sus políticas migratorias hacia los no europeos, por decirlo de una manera eufemística; ahora vemos que se levantan muros de alambre en las fronteras de Hungría, Serbia, República Checa, Alemania y otros países. Y el Reino Unido clama que pondrá en marcha condenas de prisión para los inmigrantes indocumentados. ¿Es un crimen que merece la pena de estar entre rejas aspirar a una vida mejor? ¿Quién dicta que la cárcel sea la pena por huir de la guerra, el hambre y los abusos? ¿Llegar a otro país a donde vuelvan a abusar de tu debilidad, de tu precariedad y de la suerte de nacer en “un lugar equivocado”?

Ángela Merkel, que visitó hace unos días un campo de refugiados cercano a la frontera con la República Checa, se encontró con una turba de manifestantes de ultraderecha que lanzaba botellas y fuegos artificiales a la policía. Estos hechos me remiten a la profunda sorpresa que me produjo leer la trilogía Millenium, de Stieg Larsson, donde el autor, independientemente de su ingeniosa trama y personajes maravillosos, nos presenta una Suecia desconocida de la posguerra, sumergida en una vorágine conservadora con restos de un gobierno con raíces nazis y una postura innegablemente fascista, donde se discrimina a las mujeres por ser mujeres, a los extranjeros por serlo y a las minorías que son “diferentes”.

El temor que provoca enfrentarse a lo diferente a veces raya en lo demencial en algunos grupos de poder. Los nazis perseguían a los judíos, a los comunistas, a los homosexuales, a las mujeres y a cualquier otra minoría que los hiciera sentir amenazados. Los grupos de extrema derecha en Europa persiguen a los no europeos. Los persiguen porque son diferentes, la mayoría son musulmanes, son morenos, su cocina huele raro y las mujeres usan pañoletas en la cabeza. Pero cualquier detalle puede ser pretexto para perseguir a los no deseados. Tal y como lo hace Donald Trump, otro representante de la derecha extrema, que odia a los mexicanos porque son morenos, trabajadores y no se mueven en su círculo de millonarios.

Ante esta situación no veo vías fáciles de resolver el problema que se agrava día a día. Que a los países europeos les presenta una disyuntiva difícil, desde el punto de vista económico, es cierto. Que no todos tienen la misma voluntad o intención de ayudar a los refugiados, también. Que les recuerda que la Unión Europea no es tanto el cuento de hadas que todos quisieron creer hace algunos años y que no pueden sustraerse de la realidad terrible que sucede en otras partes del globo, también.

Pero el fondo que yace bajo este fenómeno es lo que me preocupa. Había que preguntarse qué estaba pasando en Europa cuando comenzó la II Guerra Mundial. Había presiones políticas y económicas que en cierto modo los hizo buscar un nuevo equilibrio en sus fronteras, pasó lo mismo después de la caída del muro, tuvieron que ajustarse políticas económicas y fronteras en Europa del Este.

¿Acaso este resurgimiento del neonazismo, de la discriminación racial y su discurso de superioridad de la raza blanca que parece extenderse no sólo por Europa sino por un Estados Unidos conservador y retrógrada está presagiando un nuevo conflicto armado en el mundo?

Entonces, ¿acaso este resurgimiento del neonazismo, de la discriminación racial y su discurso de superioridad de la raza blanca que parece extenderse no sólo por Europa sino por un Estados Unidos conservador y retrógrada está presagiando un nuevo conflicto armado en el mundo? ¿En Europa de manera particular? ¿La caída de Grecia y la crisis española no han sido ya suficientes señales de alarma para un modelo de crecimiento que parecía perfecto y que hoy en día muestra cuarteaduras? ¿Estaremos en la antesala de una tercera guerra global en la que el mundo tenga que plantearse una nueva repartición de territorios y de equilibrio de poder? ¿Un equilibrio que los Estados musulmanes extremistas están llevando al límite de manera indirecta?

Hace algunos años parecía que las guerras en Medio Oriente sólo afectaban a una región y podían contenerse. Qué suerte de no estar cerca, podía pensar uno. Pero el equilibrio del mundo y la globalización están demostrando que un desequilibrio político, religioso, armado en Libia, en Siria, en Irak nos afecta a todos, de un modo u otro.

¿Volveremos a permitir que la ultraderecha recorra el mundo? De verdad espero que no. Es un hecho que los muros se levantan, tal y como desea el minúsculo Donald Trump. Pero yo espero que la Resistencia persista, que exista el humanismo, la compasión hacia otros en una situación más desesperada que la nuestra, la solidaridad. ®

Publicado en: La búsqueda del grial

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