Un faro en una tormenta

La vida criminal de Kostro y los von Boilgy

A la minúscula Carolina

Lighthouses, my boy! Beacons of the future!
—Conan Doyle, The Naval Treaty

The Lighthouse was then a silvery, misty-looking tower with a yellow eye, that opened suddenly, and softly in the evening.
—Virginia Woolf, To the Lighthouse

I

Podría comenzar sacrificando el nombre baptismal de Bogousslavski a la manera del modernista tras The Burnt Dancer (1914, 1996), pero inocente soy yo del nombre de este justo: veréislo vosotros…

Cuatro meses antes de la publicación de Prufrock (1915) en Poetry, un veintisiete de febrero, nació Timour Serguei en París. De gala heredó la venturosa consanguinidad con Pierre Puget (1620-1694), el Michelangelo francés, apelativo compartido con Jean Cousin (c. 1490-1560). El patronímico eslavo (o toponímico ruso) un regalo del padre, Aron Bogousslavski, aquel cosaco proveniente de Poltava que llegó a brillar en la haute couture.

Topó con la dura orfandad materna a los nueve años y el viudo, adelantándose a la celebración de segundas nupcias (dentro de poco casaría con una mujer apellidada Pommier), lo abandonó en una martirizante escuela religiosa.

Tenía doce años cuando rotundamente reparó en un novísimo elemento de su desiderata: devenir escritor. Sin embargo, un quinquenio más tarde, al saborear Voyage au bout de la nuit (París: Denoël & Steele, 1932), la primera novela de Luis Enrique Destouches (1894-1961), percibió algo funesto, la anticipación del bienaventurado biógrafo de Ignaz Semmelweis (1818-1865): esa narración era lo que él ansiaba entramar y, estando ya en librerías, el derrotero restante implicaba renunciar al quehacer literario…

Pálido y romántico, un muchacho disimulaba su voracidad libresca detrás de una kilométrica retahíla de empleos tediosísimos: fontanero, camarero, cantinero, acomodador, retocador fotográfico, proyeccionista, periodista… Ese muchacho —de ojos hermosos— era Timour Serguei a los veinticuatro años, diletante y visitante consuetudinario de las siguientes páginas (ordenadas ridículamente por incisos):

a) Mes idées esthétiques (1939) de Léon Daudet (1867-1942),
b) Que ma joie demeure (1935) de Jean Giono (1895-1970),
c) Goethe le grand Européen (1932) de André Suarès (1868-1948),
ch) La Voix humaine (1930) de Jean Cocteau (1889-1963) y,
d) Les Fleurs du mal (1857) de Charles Baudelaire (1821-1867).

Acaso a través de Les Phares, sexta composición de Spleen et idéal —primera sección del poemario marcado recientemente con la quinta letra del abecedario español—, supo de Antoine Watteau (1684-1721): Leonardo, Michelangelo y Puget escoltan en su poético desfilar al pintor que honra más a Francia que todos los de la Revolución (Marcel Proust [1871-1922] dixit).

Metido en el oficio del pincel, Timour Serguei retrató a un amigo y produjo después una xilografía del rostro de Cristo. Si bien ya muy lejos del autor de La quinina en terapéutica (Ámsterdam: Bureau tot Bevordering van het Kinine-Gebruik, 1929), al final de la noche no conseguía arrojar fuera de sí el asentado aire de esplín…

Dieron inicio entonces las infinitas visitaciones a los museos de París, hubo un momento en que Timour Serguei dejó toda actividad remunerada y consagró sus días al Louvre, examinando y criticando el trabajo de los restauradores, a veces dibujando o reproduciendo obras ahí expuestas.

L’Indifférent de Watteau

Ayuno lo recordó en esa época Richard Desprès. Detalló asimismo el actor que considerándolo superior a ese espejo profundo y sombrío que es Leonardo, Watteau era para Timour Serguei una idea fija (idée fixe) y L’Indifférent (1717), parte de la colección donada por Louis La Caze (1798-1869) al Louvre, convirtióse en la encarnación prístina del genio de Watteau, carnaval donde tantos corazones ilustres, como las mariposas, erran en framboyán (sic).

A propósito de esta tela de Watteau, en lecturas, desfogada ha sido la tinta con demasía. Albert Samain diría Lugones dice: “Les robes de satin et les sveltes manteaux / Se mêlent” (L’Indifférent). Mientras que Edmond Pilon (1874-1945) describió así la pintura en Watteau et son école (París y Bruselas: G. Van Oest & Cie., 1912): frente a una hermosa arboleda esta un pálido personaje, quizá un extraño bailarín, con tricornio puesto. Viste una chaqueta de seda y porta cinzolina capa, con seda y satín están adornados los zapatos que calza (página ciento dos).

La enigmática postura del personaje contribuyó a su asociación con la Orden de los Indiferentes (Ordre des Indifférents), instituida en 1738 por Marie Sallé (1707–1756), rival de la Camargo (1710-1770) y momentánea protégée de François-Marie Arouet (1694-1778). No obstante, adelantándose a la impresión del libro de Pilon, los restauradores del Louvre habían descubierto un carrete de diábolo encima del tricornio, orientando —en algún grado— hacia el motivo verdadero de Watteau.

Una tarde lluviosa de domingo, el once de junio de 1939, a las cuatro menos diez, en la sala Basile de Schlichting (1857-1914), localizada en la segunda planta del pabellón de Flora (pavillon de Flore), Colette Tissier, tal vez la autora de Tendresses perdues (París: Éditions de la Revue moderne, 1946), notó la ausencia de L’Indifférent, colgado cerca de La Finette (1717).

De inmediato notificó a Charles Césari, guardián de servicio en ese sector; sorprendiéndolo: él mismo había visto el cuadro a las tres con treinta, antes de tomar su descanso reglamentario de quince minutos, cuando el flujo de feligreses en el museo era todavía voluminoso. Aun cuando en principio consideró la posibilidad de que L’Indifférent pudiera hallarse en el taller, informó a sus superiores.

Henri Verne (1880-1949), director de los museos nacionales y de la Escuela del Louvre (École du Louvre), y Jacques Jaujard (1895-1967), subdirector del Louvre, constataron el robo y llamaron a la policía. Minuciosamente revisados, algunos visitantes salieron del museo, precediendo la clausura de todas las puertas.

Una tarde lluviosa de domingo, el once de junio de 1939, a las cuatro menos diez, en la sala Basile de Schlichting (1857-1914), localizada en la segunda planta del pabellón de Flora (pavillon de Flore), Colette Tissier, tal vez la autora de Tendresses perdues (París: Éditions de la Revue moderne, 1946), notó la ausencia de L’Indifférent, colgado cerca de La Finette (1717).

El comisario André-Antonin-Paul Roches inició sus pesquisas. Pasado el anochecer terminó la estéril búsqueda en el interior del museo. Las minúsculas dimensiones de la pintura, apenas veinticinco por diecinueve centímetros, hipotéticamente habían permitido al ladrón ocultarla con facilidad en el interior del saco.

Por radio y telegrama, los puestos fronterizos, terrestres y portuarios, fueron alertados. La misma medida se aplicó en los aeropuertos privados, previniendo la huida aérea del taimado.

Deprisa Camille Chautemps (1885-1963), vicepresidente del Consejo de Ministros, concedió una conferencia de prensa. En su columna de L’Ouest-Éclair, Cadet Roussel hizo mofa del incidente: de seguro un ilusionista —cuyo virtuosismo admiraría el mismo Francesco Benevole (1864-1939)— sustrajo L’Indifférent. Obra de un maníaco (maniaque), cuchichearon en el ínterin las autoridades. Los ruidosos expertos la valuaron rápidamente para la prensa: ¡más de seis o siete veces la cantidad que utilizó Luis Buñuel (1900-1983) en la realización de L’Age d’Or (1930)!

Durante el interrogatorio, los guardias del Louvre mencionaron a un joven connoisseur —desaparecido también el día del robo— que había estado en la sala Schlichting desde el diez de junio.

A los dos días, el martes trece, en la frontera con Basilea, detuvieron a un italiano identificado como Bruno, llevaba consigo varias de reproducciones del Louvre. ¡La felicidad embargó al cuerpo policíaco en París! Pero una agria nimiedad el festejo turba: no traía ninguna de L’Indifférent.

Dentro de poco las huestes de Adolf Hitler (1889-1945) invadirían Polonia dando formal inicio a la Segunda Guerra Mundial, el Palacio de Justicia (Palais de Justice) estaba desierto, era lunes catorce de agosto, transcurría el puente más largo del año.

Una llamada anónima —discada por Desprès— había convocado a reporteros y fotógrafos en el Palacio a la una con treinta. Tarde por dos horas y quince minutos, apareció el joven profeta del malditismo cercado por un cuarteto de legistas (Joseph Python, Marcel Mouraud, Geneviève Thomas y Jean Branchu).

</i>Timour Serguei con <i>L’Indifférent

Timour Serguei confesó que por dieciocho meses había deseado hurtar L’Indifférent como protesta a la odiosa restauración de las obras de Watteau y demás maestros. Quince días destinó a separar el marco del muro. Cuando lo logró, pocos minutos después de las tres con treinta, introdujo la pintura en un periódico y metió este en su saco. Acto seguido, salió plácido por la puerta de La Trémoille rumbo a su casa, localizada en el sexto piso del número doscientos tres de la rue Saint-Honoré, cuna de Molière (1622-1673), apenas a diez minutos de Louvre.

Al otro día L’Ouest-Éclair publicó una declaración suya: “Watteau avait laissé autour de sa peinture une bordure n’ayant pas la même largeur sur chaque côté: Le Louvre mastiqua cette bordure qui fut peinte et la peinture, du bitume, déborda même sur une partie du sujet. Par ailleurs, le visage fut retouché ainsi que lei manteau et la jambe droite. J’ai nettoyé, et sous le bitume est apparu un feuillage verdâtre d’une facture aérienne” (segunda página).

Había estudiado el trabajo de Watteau y los procesos de restauración pertinentes en la Biblioteca Nacional de Francia y, como parte del propio, removió el carrete arriba del tricornio, le aplicó una veladura y luego un baño con barniz antiguo. De igual manera, le quitó el marco Luis XV, argumentando que no convenía a la tela: construyó él mismo otro más acorde.

Con la restauración consumada —y rondando la descomunal afirmación de la voluntad—, Timour Serguei redactó un manuscrito intitulado Pourquoi j’ai emprunté ‘L’Indifférent’, de Watteau y resolvió devolver el cuadro.

Una semana previa al arresto, en un pequeño restorán de la rue Mazarine, Timour Serguei le había confiado su plan a Desprès, recién llegado a París proveniente de una gira. En ese lugar el actor lo hizo entrar en razón y le habló de los abogados que lo acompañarían al Palacio.

Vendió Pourquoi j’ai emprunté ‘L’Indifférent’, de Watteau a Desprès por dos mil setecientos cincuenta francos con la única condición de que si producía regalías como libro, el actor tendría la obligación de mantener a Denise Nusia (Nuzia, Nuzillard, Muzillard o Nusillard) —enferma ex mujer de Timour Serguei y amante de Desprès— y a su hijo de dos años.

La misteriosa ex mujer de Timour Serguei

Verne, a quien un amigo de Hitler tomaría por pariente de Jules (1828-1905), y Jaujard comprobaron la autenticidad de la pintura el mismo lunes catorce a las cinco de la tarde. Ulteriormente la evaluaron con el pinacoscopio de Fernando Pérez (1863-1935), ex embajador argentino en Roma y fundador del laboratorio en el Louvre.

El domingo veinte, en la columna de Cadet Roussel, apareció una carta atribuida a Timour Serguei que tenía por destinatario a Jean Zay (1904-1944), ministro de educación nacional y de bellas artes. En esta admitía que creyó que el señor ministro estaría tan satisfecho con su labor que lo convocaría para examinar otras piezas, por ejemplo, la Venus de Milo, la Victoria de Samotracia y hasta la Mona Lisa. Agregó además que sin el incidente protagonizado por él, jamás hubieran aumentado el número de guardias y otras medidas de seguridad en el Louvre. Por lo cual, pidió atentamente la investidura de restaurador oficial del museo.

Cuando su padre, nacionalizado francés en 1914 o 1924, se enteró, tenía varios años sin ver a Timour Serguei. Reaccionando con sumo desinterés, esa amalgama de esteta parisiense y de mujik concedió una entrevista donde afirmó que su hijo nunca recibió educación artística formal.

Las autoridades solicitaron la revisión minuciosa por parte de un experto para determinar el estado de L’Indifférent. Jean-Gabriel Goulinat (1883-1972), jefe del taller de restauración de pinturas de los museos nacionales, concluyó que Timour Serguei había dañado la obra irreparablemente, devaluándola.

Otro artículo de L’Ouest-Éclair, fechado el miércoles veintitrés, involucró en el caso a la esposa de Henri Beaulieu, actor y autor de Les Théâtres du boulevard du Crime (París: Daragon, 1905), Jeanne Léonnec (1877-1969), actriz de teatro y cine, quien, años después del escándalo, representaría quizá a la Nérine de Molière —personaje de Les Fourberies de Scapin (1671)— en el Théâtre des Célestins.

Transcurrido un mes de la escena del Palacio, el viernes quince de septiembre, la vida y aventuras de Timour Serguei —junto con una alusión burlona de Pourquoi j’ai emprunté ‘L’Indifférent’, de Watteau— aparecieron también en el Mercure de France (CCXCIV, 1939).

Pierre Marchat, juez de instrucción (juge d’instruction), convocó a un par de alienistas, Georges Génil-Perrin (1882-1964) y Benjamin-Joseph Logre (1883–1963), para examinar el estado síquico del acusado, encontrándolo apto para ser juzgado.

Al poco tiempo ocurrió la desgraciada tarde del martes diez de octubre y Timour Serguei supo del veredicto: dos años de cárcel, una multa de trescientos francos y cinco años de interdicción de residencia (interdiction de séjour). Apeló y perdió, siendo recluido en la prisión de la Santé… El último mes del mismo año —momento imperante de la caridad cristiana— se duplicó la condena celular.

Pierre Marchat, juez de instrucción (juge d’instruction), convocó a un par de alienistas, Georges Génil-Perrin (1882-1964) y Benjamin-Joseph Logre (1883–1963), para examinar el estado síquico del acusado, encontrándolo apto para ser juzgado.

Francia acababa de entrar a la guerra, en pocos meses sería invadida por la Alemania del Tercer Reich, los galos dejaron de preocuparse por el extraño caso de Timour Serguei, aquel muchacho al que la belicosidad aburría.

Sólo debido a Eróstrato visita a un irresponsable, publicación de Roberto Arlt (1900-1942) en El Mundo, sabemos que el joven preso estuvo muy enfermo durante parte de su estancia en la Santé.

Por fin libre, recorrió Europa y el norte de África. Instaurada la Cuarta República, regresó en 1947 a París donde frecuentó a Louis Aragon (1897-1982), Paul Éluard (1895-1952) y Fernand Léger (1881-1955). Una baronesa de entonces presidía un salón en el octavo distrito, Timour Serguei entabló ahí una amistad muy cercana con Pablo Picasso (1881-1973) y Cocteau, amalgama nocturna de cavernas, de bosques, de pantanos, de ríos rojos (en opinión del ángel Heurtebise).

Tomó por esos días el noble oficio de falsificador de dinero y documentos legales y, quince años después del asunto de L’Indifférent, tuvo un hijo con Paulette Bélime (1922?-2008), empleada en la sección de artes plásticas de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Su inconformidad con el sistema educativo francés lo incitó a mudarse a Suiza, esa lamentable tierra de bibliófilos (pensar, por ejemplo, en Jean Paul Barbier-Mueller); haciéndolo cuando su hijo cumplió cuatro años.

Junto con Bélime, levantó una casa en Borex para criar ahí al vástago común. Nació el segundogénito y, al poco tiempo, Bélime le pidió el divorcio, un dilatado proceso que culminaría, de acuerdo con Libération, hasta 1966. Bélime se quedó con ambos hijos y Timour Serguei siguió viviendo en Borex, posteriormente volvería a matrimoniarse.

El catálogo The Bogousslavsky Collection of Pre-Columbian Art

A las dos de la tarde del viernes cuatro de diciembre de 1981, en la sede neoyorquina de Sotheby’s, inició la subasta de ciento veintinueve piezas de arte precolombino (sale number 4747Y), parte de la colección de Timour Serguei, ese encantador incrédulo de la democracia representativa. Algún interesado adquirió un cuchillo de jade olmeca (por cincuenta y ocho mil dólares), otro un pendiente de jade maya. El catálogo The Bogousslavsky Collection of Pre-Columbian Art (Nueva York: Sotheby’s, 1981) todavía es asequible vía internet.

Casi a dos décadas de la subasta, Timour Serguei publicó en la editorial parisina Arléa La morue de Brixton (1998), una gruesa novela autobiográfica donde alude y cita varias veces a Destouches. Nicolás Azalbert, crítico de los Cahiers du Cinéma, hizo una adaptación libre, el largometraje tiene por título Que ne suis-je fougère? (2005), vertido al español de la Argentina como Si fuera yo un helecho…

En vísperas de la impresión de La morue de Brixton, Timour Serguei confió al 24 Heures su creencia de que en París lo condenaron de un modo tan severo al imaginarlo un comunista ruso: L’Humanité, órgano central del Partido Comunista Francés (Parti communiste français, PCF), había cubierto meticulosamente el asunto de L’Indifférent.

Eugenia Capizzano lee un libro, quizá La morue de Brixton, en una escena en blanco y negro, muda. Tras varios minutos surge la voz en off de Timour Serguei, quien ufano nos recuerda que, a la manera de un Midas lidio, falsificó dinero por más de veinte años. Y luego, en una escena a color, vemos la tumba de Destouches en Meudon: “Je voudrais qu’on me laisse en terre, pourrir au cimetière, tranquillement, là, prêt à revivre peut-être…”.

En vísperas de la impresión de La morue de Brixton, Timour Serguei confió al 24 Heures su creencia de que en París lo condenaron de un modo tan severo al imaginarlo un comunista ruso: L’Humanité, órgano central del Partido Comunista Francés (Parti communiste français, PCF), había cubierto meticulosamente el asunto de L’Indifférent.

Si bien su nombre baptismal ha sufrido todas las transformaciones posibles a través del tiempo y las páginas (Serge, Serge-Claude, Serge-Clause, Stanislas…), Timour Serguei prefería ser llamado Bog a secas. Convencido de que durante su vida sólo delinquió por necesidad, en octubre de 2009, murió a los noventa y cuatro años de edad hundido la pobreza, vivía del seguro de vejez y supervivientes (assurance-vieillesse et survivants, AVS), primer pilar del sistema de seguridad social helvético.

La prensa francesa había ridiculizado gravemente la indiferencia ante el robo de L’Indifférent. No obstante, la deficiente seguridad del Louvre era todo, salvo novedad: el martes trece de junio de 1939 la primera plana de L’Ouest-Éclair recordó el hurto de la Mona Lisa.

II

Cuando L’Indifférent, título que justamente nos remite a otro proustiano, estaba todavía a menos de sesenta centímetros del Gilles (c. 1718-9) de Watteau, en una pared de la sala La Caze, antigua sala de las sesiones reales (salle des Séances royales), dos inspectores de la Sûreté prendieron a Kostrowitsky (sic), un ruso de apellido polaco nacido en Roma, en el número treinta y siete de la rue Gros, en el barrio de Auteuil, cuna de Proust y residencia secundaria de Molière, cerca del puente de Mirabeau, bajo el que pasa el Sena.

A bordo de un taxi y acompañado de los inspectores, Kostrowitsky llegó al muelle de los Orfebres (quai des Orfèvres), domicilio del Palacio de Justicia. Primeramente lo recibió Louis-François Jouin, subjefe de la Sûreté, y enseguida compareció ante el juez de instrucción, Henri Drioux, escogido por el mismo Joseph Caillaux (1863-1944), presidente del Consejo de Ministros, para conducir la investigación oficial.

Un anónimo esclarecería dos días después en L’Humanité el motivo de la aprehensión: las autoridades habían iniciado una averiguación instigadas por el retorno, a través del Paris-Journal, de dos estatuillas fenicias (o ibéricas) extraídas del Louvre cuatro años antes. Sospechaban de un ruso que habría sido hospedado en París por uno de sus compatriotas: ese desafortunado compatriota era supuestamente Kostrowitsky, crítico de arte que en una crónica consagrada a Jean-Honoré Fragonard (1732-1806) aludió a Watteau.

Jean de París, columnista de Le Figaro, con tino motejó como Vivien (del lat. Vivus, vivo) al incógnito ladrón del Louvre. La embajada de Rusia en Francia aseguró desconocer el nombre.

Para agravar el estado de Kostrowitsky, la proclama de Filippo Tommaso Marinetti (1876-1944) aún resonaba con vigor en los oídos de escribas y fariseos: “Nous voulons démolir les musées” (Le Figaro, primera plana, veinte de febrero de 1909).

Hasta entrada la noche continuó el interrogatorio. Drioux afirmó estar al tanto de la relación de Kostrowitsky con Vivien, el crítico de arte admitió conocerlo y, acto seguido, objetó que no existía una ley que lo obligara a revelar la identidad del manilargo.

No hicieron falta los inmaculados lapidadores que aprisa adjudicaron a Kostrowitsky blasfemias tan vastas como la de Marinetti, quizá porque, el jueves veinticuatro de agosto de 1911, a los pocos días del rapto de la Mona Lisa, él había escrito en la primera plana de L’Intransigeant: “La Joconde était si belle que sa perfection faisait partie désormais des lieux communs de l’art” (Et la garde qui veille aux barrières du Louvre… Le rapt de “La Joconde”). Y renglones más abajo: “Le Louvre est plus mal gardé qu’un musée espagnol”.

Hasta entrada la noche continuó el interrogatorio. Drioux afirmó estar al tanto de la relación de Kostrowitsky con Vivien, el crítico de arte admitió conocerlo y, acto seguido, objetó que no existía una ley que lo obligara a revelar la identidad del manilargo.

Frente a tan inoportuna objeción Drioux lo acusó de complicidad, firmando por consiguiente el auto de prisión preventiva (mandat de dépôt)… Atemorizado, Kostrowitsky soltó la lengua: Vivien era un muchacho belga, no ruso, que él había contratado por unas semanas como secretario. Añadió que cuando supo que era un delincuente lo despachó e igualmente hizo énfasis en que él lo incitó a devolver las piezas robadas del Louvre. El crítico de arte dijo mucho, mas no lo suficiente: omitió desvelar el preciado nombre del Vivien belga.

El mismo día del arresto, jueves siete de septiembre, trasladaron y depositaron a Kostrowitsky en la celda décimo quinta de la undécima sección (“je suis le quinze de la / onzième”), en el nuevo edificio de la Santé, lugar en que el recluso sólo tenía permitido un libro por semana.

Ni una carta de la musa (según el aduanero) recibió durante la estancia carcelaria, en la que alcanzó a leer dos veces una traducción al francés de The Quadroon (1856), novela de Thomas Mayne Reid (1818-1883), lo cual consta y duele en Annie.

La muse inspirant le poète (1909) de Henri Rousseau

Kostrowitsky, aquel ruso arrestado, es el mismo Guillaume Apollinaire (1880-1918) —poeta únicamente inferior a Louise Lalanne—, que en el cuarto poema del ciclo À la Santé clamó a voz en cuello: “Que deviendrai-je ô Dieu qui connais ma douleur / Toi qui me l’as donnée / Prends en pitié mes yeux sans larmes ma pâleur”.

En la prisión es el rótulo de una versión del Lord Byron de Mixcoac (1914-1998): “Antes de entrar en mi celda / tuve que mostrarme en cueros / Oí una voz ululante / ¿en qué has parado Guillermo? // Lázaro que entra en su tumba / no Lázaro redivivo / Adiós cantaban en ronda / mis años y mis amores // No me siento aquí / yo mismo / Un número soy / el quince // Atraviesa el sol / los vidrios / Sol títere sobre / mis versos // Baila el sol yo escucho / arriba / con el pie golpean / la bóveda // Como un oso voy y vengo / vueltas vueltas siempre vueltas / marco el paso bajo un cielo / color azul de cadenas / Vueltas vueltas siempre vueltas / como un oso voy y vengo // Oigo manar una fuente / en el pasillo de enfrente / Vaya o venga el carcelero / hace tintinar sus llaves / En el pasillo de enfrente / oigo manar una fuente // Qué lentas pasan las horas / pasan como los entierros / Tú llorarás esta hora / que lloras y ha de pasar / rápida como las otras // Oigo el rumor de las calles / en mi horizonte cerrado / un cielo enemigo veo / y la desnudez de un muro // Se apaga el sol y se enciende / una lámpara en la cárcel / solitaria compañera / luz hermosa razón clara” (Obras completas, segundo tomo, México: FCE, 1994, pp. 128-9).

Drioux expuso sus extrañas razones a la prensa: “J’ajoute que si j’ai ordonné l’arrestation de M. Guillaume Apollinaire, c’est qu’elle m’a paru indispensable pour poursuivre librement les recherches entreprises en vue d’arrêter la bande cosmopolite des voleurs du Louvre” (Que vlo-ve?, tercera serie, duodécimo número, 1993, p. 90). Apollinaire no está siendo investigado por las cabezas ibéricas, explicó también el juez de instrucción, sino por la estatuilla fenicia que desapareció del Louvre en mayo de 1911.

Apollinaire, que había elegido a José Théry y Arthur Fraysse como abogados, reconoció —en otro interrogatorio— que aceptó en su residencia al Vivien belga por compasión y que jamás obtuvo algún beneficio de las piezas sustraídas.

Tras el arresto, relata Ramón Gómez de la Serna (1888-1963) en Apollinerismo, primer capítulo de Ismos (Madrid: Biblioteca Nueva, 1931), sus amigos trabajaron duramente para rescatarlo.

André Billy (1882-1971), venidero autor de Apollinaire vivant (París: Éditions de la Sirène, 1923), recogió firmas y, el sábado nueve de septiembre, entregó esta carta de protesta en la redacción del Paris-Journal. De la extensa lista de abajo firmantes pueden extraerse los nombres de Octave Mirbeau (1848-1917), Élémir Bourges (1852-1925), Remy de Gourmont (1858-1915), Max Jacob (1876-1944) y Léger.

Aparecieron en papel periódico respetables declaraciones en favor de Apollinaire:

a) En primer lugar, el único profeta de la época, un dreyfusard admirable y poderoso, condenó el enjaulamiento: “J’ai lu, ce matin, dans Paris-Journal, le récit de son arrestation. C’est tout simplement ignoble”.

b) El futuro dedicatario de Le Bestiaire ou Cortège d’Orphée (París: Deplanche, 1911), augusto miembro de la Academia Goncourt, secundariamente aseveró: “Pour moi, qui connais son caractère et sa vie, je vous autorise à déclarer que je le considère comme absolument incapable de commettre la moindre indélicatesse”.

c) Por último, manifestó el crítico perfecto de The Sacred Wood (Londres: Methuen, 1920) —y cofundador del Mercure de France—: “Je le considère comme un parfait honnête homme, un probe écrivain, un vrai gentilhomme de lettres”.

Picasso, ese otro personaje de Le testament d’Orphée (1960), al interrogatorio negó, no sé si tres veces, al poeta. Según Peter Read, profesor de literatura francesa en St Andrews, en Picasso et Apollinaire: Les métamorphoses de la mémoire, 1905-1973 (París: Jean-Michel Place, 1995), en su lecho mortuorio el malagueño a menudo hablaba de Apollinaire.

Théry solicitó la libertad provisional (liberté provisoire) en favor de su cliente y, el martes doce de septiembre, Apollinaire abandonó la Santé a las siete de la noche. Sus compinches tenían dos horas esperándolo a la puerta de la prisión, entre ellos su pobre hermano, Albert Kostrowitzky (1882-1919), predestinado a ocupar el puesto de director del Boletín Financiero y Minero de México.

El Vivien belga era en realidad Honoré-Joseph Géry Pieret (1884-?), un ex pugilista nacido en Merchtem, cuya historia —como sucede, en general, con la del pillaje del Louvre— es difusa: las distintas fuentes se contradicen.

Ambos se habían conocido en Le Guide du rentier, publicación financiera para la que Apollinaire entrevistó al tesorero de Abd al-Aziz (1878–1943), sultán de Marruecos. Géry Pieret había desertado del ejército belga antes de adquirir este empleo y, en una visita ulterior al país natal, fue puesto en prisión, acusado de robo, durante veintiocho días.

Sabiendo que pernoctaba en los asilos del Ejército de Salvación, Apollinaire lo hospedó en su residencia en marzo de 1907. Ese mismo mes, Géry Pieret vendió, por cincuenta francos, dos cabezas ibéricas afanadas del Louvre al pintor de Les Demoiselles d’Avignon (1907).

El Vivien belga era en realidad Honoré-Joseph Géry Pieret (1884-?), un ex pugilista nacido en Merchtem, cuya historia —como sucede, en general, con la del pillaje del Louvre— es difusa: las distintas fuentes se contradicen.

Habiendo probado (des)ventura en América, en abril de 1911 reapareció en París y Apollinaire volvió a hospedarlo, empleándolo esta vez como secretario particular. Al llegar mayo, aprovechando su estadía parisina, Géry Pieret sacó una tercera pieza del Louvre, una estatuilla fenicia.

En el momento menos conveniente, algunos días después del sacrílego hurto de la Mona Lisa, el lunes veintiocho de agosto, Géry Pieret la vendió al Paris-Journal por doscientos cincuenta francos. Étienne Chichet, redactor en jefe del periódico, encontró entonces la ocasión idónea para un magnífico artículo.

Sobre todo entre los franchutes xenófobos (vide supra, vide infra), empezó a difundirse el rumor de una banda internacional concentrada en el robo de arte ¡en Francia! Naturalmente el nerviosismo poseyó al poeta y al pintor… Apollinaire condujo a Géry Pieret hasta la estación de Lyon el domingo tres de septiembre, ahí le compró un boleto hacia Marsella, sitio de la estatua que Henri Lombard (1855-1929) hizo de Puget, y le entregó asimismo ciento sesenta francos.

El sábado nueve de septiembre, con dos días de retraso, Géry Pieret se enteró del prendimiento de Apollinaire. Ante la conminación de Fernand Fleuret (1883-1945), mandó presto una misiva al Paris-Journal —fechada mentirosamente en Fráncfort y con rúbrica del barón Ignace d’Ormesan—, donde desligó por completo al poeta de las sustracciones.

El primer amanecer liberto, en una entrevista concedida a Le Matin, Apollinaire opinó que el raptor de la Mona Lisa no era Géry Pieret y, al día siguiente, publicó “Mes prisons” en el Paris-Journal… En poco menos de un mes aparecería Hands up!, novela corta de Géry Pieret, en Les Marges.

Para ahondar en las historias y aventuras de Géry Pieret, revisar L’Amphion faux messie, parte de L’Hérésiarque et Cie (París: P.-V. Stock, 1910), un libro extraordinario que no obtuvo, quizá injustamente, el premio de la Academia Goncourt: injusticia que por cierto se repetiría con la primera novela de Destouches.

El panfletista y preclaro difusor en Francia de Los protocolos de los sabios de Sion, Urbain Gohier (1862-1951), escribió en L’Œuvre sobre Géry Pieret (¡y Apollinaire!): “Le secrétaire du juif ou Polonais pornographe —l’un des brigands du Louvre— est un Belge. Quand on connaîtra toute la bande on n’y trouvera que des étrangers et des métèques”. Atento, Jehan Loques (1879-1932), jurista amigo de Apollinaire desde el liceo Masséna en Niza, apuró a corregir: el poeta no es judío, sino católico.

Si bien increíble en apariencia, la misma rectificación salió impresa en L’Action française, periódico prefascista cuyo redactor en jefe era Léon Daudet, enemigo personal de Monsieur Charcot de la Salpêtrière.

La mofa sagaz hinchió los rotativos. Pasado un mes de la captura y excarcelación de Apollinaire, un anónimo en Les Marges aplaudía la proeza de Drioux, quien, lejos de atapar al ladrón de la Mona Lisa, prendió a Apollinaire: la tela de Leonardo hallóse hasta 1913, el año previo al magnicidio de Franz Ferdinand (1863-1914) en Sarajevo, el responsable había sido otro, un tal Vincenzo Peruggia (1881-1925).

Viernes diecinueve de enero de 1912, peninos del año consecuente, y dictó el auto de sobreseimiento (ordonnance de non-lieu) el juez de instrucción, cuya temible efigie —indeleble en la retentiva de Apollinaire— afloraría en Zone, poema inaugural de Alcools (París: Mercure de France, 1913) musicalizado parcialmente por el dúo belga Vive la Fête: “Tu es à Paris chez le juge d’instruction / Comme un criminel on te met en état d’arrestation”.

Tras dos días del sobreseimiento, Apollinaire remitió a Théry una composición intitulada Gratitude: “Sans vous j’eusse péri, / Vous sauvâtes ma vie”. Los versos restantes pueden disfrutarse en Il y a (París: Albert Messein, 1925), obra prologada por Gómez de la Serna —en la traducción de Jean Cassou (1897-1986)—, prologuista también de la traslación que Rafael Cansinos-Assens (1882-1964) hizo de Le Poète assassiné (Madrid: Biblioteca Nueva, 1924).

Rematado el viacrucis judicial, de la musa sólo quedaría el puente de Mirabeau, bajo el que pasa el Sena: “Sais-je où s’en iront tes cheveux / Crépus comme mer qui moutonne” (Marie).

Franck Balandier destinó un libro entero, Les Prisons d’Apollinaire (París: L’Harmattan, 2001), al asunto de la Santé. Por su parte, en octubre de 1927, César Vallejo (1892-1938) propuso una conclusión más incendiaria, bajo el título de La Gioconda y Guillaume Apollinaire, en Variedades de Lima: “El hecho de que la tela preciosa no haya sido hallada en las propias manos del hechor, no significa que éste no la haya robado”.

Portrait prémonitoire de Guillaume Apollinaire de De Chirico

Si Violette Deroy había augurado la estancia de Apollinaire en la Santé, Giorgio de Chirico (1888-1978) en un retrato premonitorio (portrait prémonitoire) pintado en 1914, anunció —con un error de lateralidad— el cruento trance de las trincheras: “Y luego nos empeñamos tanto en ser nuestros propios sepultureros” (Océan de terre, traducido por Cansinos-Assens en 1919).

Apollinaire había solicitado la ciudadanía francesa, aconsejado por Loques, con dos años de antelación. Pero, de manera ruin, concediósele hasta el mes que, atrincherado —¡se había enlistado como voluntario!—, recibió un tiro en el bacinete, cerca de Verdún, mientras hojeaba el Mercure de France.

El icor derramado le valió la Cruz de Guerra (Croix de guerre): emulando a Gómez de la Serna con los neumonectomizados, Jorge Luis Borges (1899-1986) pintó la sicología de Apollinaire como subteniente en La paradoja de Apollinaire (Los Anales de Buenos Aires, primer año, octavo número, agosto de 1946, pp. 48-51).

Para el cincuentenario luctuoso de Baudelaire, punto en que Les Fleurs du mal pasó al dominio público, Apollinaire —el antibaudelaireano— presentó su edición anotada (París: Bibliothèque des curieux, 1917). Un año lo separaba del infausto disparo y alguno leyó estos píticos: “Bien qu’on ait du cœur à l’ouvrage, / L’Art est long et le Temps est court” (Le Guignon).

Apollinaire había solicitado la ciudadanía francesa, aconsejado por Loques, con dos años de antelación. Pero, de manera ruin, concediósele hasta el mes que, atrincherado —¡se había enlistado como voluntario!—, recibió un tiro en el bacinete, cerca de Verdún, mientras hojeaba el Mercure de France.

Dentro de poco Apollinaire moriría de gripe española, sin embargo, ese precoz deceso tiene que ser leído —por fuerza— de la venerable pluma del Abate de Mendoza (1893-1967), quien, apoyado principalmente en Billy, redactó Guillaume Apollinaire, el nonagésimo primero de los Ensayos selectos (México: FCE, 1970).

Algún complemento narrativo puede hallarse en A Moveable Feast (Nueva York: Scribner’s, 1964) de Ernest Hemingway (1899-1961), pese a que el pasaje de interés descansa en el descrito por Gertrude Stein (1874-1946) en The Autobiography of Alice B. Toklas (Nueva York: The Literary Guild, 1933): “À bas Guillaume, à bas Guillaume!”

Ignoro si sucedió antes o después de conocer a Destouches, pero Allen Ginsberg (1926-1997) visitó a Apollinaire en el Cementerio del Père-Lachaise, confesor del Rey Sol…

Un erudito contemporáneo en la cuestión de Apollinaire vulnerado es el hijo de Timour Serguei, autor que publicó L’amour perdu de Gui et Madeleine: Le syndrome émotionnel et comportemental temporal de Guillaume Apollinaire (2003; 159 [2]: 171-9) en la Revue neurologique de París, revista en la que por primera vez imprimióse el término freudiano «psycho-analyse» (1896; 4 [6]: 161-9), según cuentan Didier Anzieu (1923-1999) y Juan Manuel de Garrabé y Lara.

Como sexta y última referencia de Guillaume Apollinaire, the Lover Assassinated, capítulo inaugural de la primera parte de Neurological Disorders in Famous Artists (Basilea: S. Karger AG, 2005), empleó el artículo precedente luego de dos años. A las veinticinco páginas, en The One-Man Band of Pain, el capítulo acerca del sifilítico genitor de Léon Daudet, el hijo de Timour Serguei nombra al señor de Montaña (1533-1592), aquel que en los Essais (1595) expresó: “Il y a quelque apparence de faire jugement d’un homme, par les plus communs traicts de sa vie ; mais veu la naturelle instabilité de nos moeurs et opinions, il m’a semblé souvent que les bons autheurs mesmes ont tort de s’opiniastrer à former de nous une constante et solide contexture” (II, 1).

III

Un año y cuatro días antes de la pronunciación de Goethe as the Sage (1955) en la Universidad de Hamburgo (Universität Hamburg), un primero de mayo, nació Julien Bogousslavsky (sic). Aunque natural de París, a los cuatro años llegó con su familia a Borex y tiene la ciudadanía helvecia.

Por esa época seguía siendo miembro del Consejo Ejecutivo de la UNESCO un tío abuelo suyo que Georges Canguilhem (1904-1995) había citado en el Essai sur quelques problèmes concernant le normal et le pathologique (Clermont-Ferrand: Imprimerie La Montagne, 1943), el ecléctico Henri Achel (1888-1973), justo merecedor del calificativo: lector adolescente de Claude Bernard (1813-1878), profesor de fisiología general en la Sorbona, primer director del Centro Nacional de la Investigación Científica (Centre national de la recherche scientifique, CNRS), secretario general adjunto de la ONU para Asuntos Sociales…

El tío Henri, en otro ensayo de eclecticismo, donó en 1963 una esplendida selección de obras de Picasso al Museo de Arte Moderno de París. Para entonces, Julien ya conocía al malagueño, su padre se lo había presentado a los cinco o seis años.

Recuerda como muy estricta la educación que recibió por parte de su madre, una alta funcionaria de la Oficina de la Organización de las Naciones Unidas en Ginebra (United Nations Office at Geneva, UNOG). Imposible es adivinar si este modo educativo es anterior o posterior al divorcio de los padres.

Tenía diez años cuando recorría una biblioteca del Barrio Latino de París, el oasis libresco de André Coeuroy, nom de guerre de su abuelo materno, Jean Bélime (1891-1976), musicólogo y cofundador de la Revue Musicale, a quien dirigirá su libro intitulado Long-term Effects of Stroke (Nueva York: Marcel Dekker, 2002).

A la mujer de Coeuroy, su abuela materna, Lucie Bélime-Laugier (née Laugier), directora de la revista L’Organisation ménagère y profesora de la Escuela Hotelera de París, dedicará otro, la segunda edición de Stroke Syndromes (Cambridge: Cambridge University Press, 2001).

El tío Henri, en otro ensayo de eclecticismo, donó en 1963 una esplendida selección de obras de Picasso al Museo de Arte Moderno de París. Para entonces, Julien ya conocía al malagueño, su padre se lo había presentado a los cinco o seis años.

Para elucidar el origen de los rarísimos títulos previos es necesario añadir que Julien estudió medicina en la Universidad de Ginebra (Université de Genève) y, con veintitrés años cumplidos (corría 1978), se graduó como médico de la Confederación Helvética. Asimismo es menester especificar que en 1983, atraído por los aspectos mentales y el funcionamiento cerebral, obtuvo el grado de especialista de la Federación de Médicos Suizos (Fédération des médecins suisses, FMS) en neurología, finiquitado su entrenamiento en la Salpêtrière (París) y en tres universidades helvecias: Ginebra, Zúrich y Lausana.

En esta última sede estuvo bajo la tutela de Franco Regli, neurólogo del Centro Hospitalario Universitario Valdense (Centre hospitalier universitaire vaudois, CHUV), a quien posteriormente dedicó Clinical Trials in Neurologic Practice (Boston: Butterworth-Heinemann, 2001). Al año siguiente continuó su preparación médica, en la Universidad de Ontario Occidental (University of Western Ontario), con Henry J. M. Barnett, pionero en el uso neurológico de la aspirina.

Julien, neurólogo vascular y teniente coronel (lieutenant-colonel) del Ejercito Suizo (Armée suisse), en 1996 se convirtió en profesor ordinario de neurología y jefe del Departamento de Neurología de la Universidad de Lausana (Université de Lausanne, UNIL), así como en jefe del Servicio de Neurología del CHUV.

En el marco de la Undécima Conferencia Europea de Enfermedad Vascular Cerebral, celebrada a finales de mayo de 2002 en Ginebra, Julien confesó su pasión por las artes y los libros raros, como figura en Neurology (58 [4]: 29A-30A), revista científica oficial de la Academia Estadounidense de Neurología (American Academy of Neurology, AAN). Calló, empero, la manera en que complementa su semana laboral —de setenta horas— con la práctica griega del maratón.

La quietud dorada, la belle époque, cesó, el lunes veintiocho de noviembre de 2005, por una factura que Julien entregó al servicio de contabilidad: ciento treinta mil francos suizos era la cantidad que el CHUV tenía que pagar a la empresa parisina Lortic Société Anonyme (SA), nombre que conmemora el de un par de encuadernadores, padre e hijo, Pierre-Marcelin (1822-1892) y Marcelin Lortic (1852-1928).

La inexistencia física y jurídica de Lortic SA motivó una investigación administrativa, ulteriormente la firma PricewaterhouseCoopers identificó más irregularidades, rastreando las inaugurales hasta 2001. En conferencia de prensa, Pierre-Yves Maillard, consejero de Estado encargado de salud, estimó la malversación en un millón de francos, si bien advirtió que podría ser de hasta dos millones. Sabemos hogaño que el monto terminó cifrado en cinco punto tres millones.

Para la Televisión Suiza Romanda (Télévision suisse romande, TSR), Dominique Arlettaz, rector de la UNIL, indicó que los culpables serían sancionados. Consta en un comunicado del Consejo de Estado Valdense que, el miércoles veintiséis de abril de 2006, Julien festejó el décimo aniversario de su nombramiento como profesor ordinario con la pérdida de sus cargos universitarios.

Admitió haber malversado alrededor de un millón de francos, accedió a reembolsarlo y restituyó entonces trescientos mil. Amén de lo precedente, explicó el desliz como fruto de su fascinación por las ediciones especiales de Charles-Ferdinand Ramuz (1878-1947) y los libros de medicina antiguos.

Fue recluido preventivamente en la prisión del Bois-Mermet, muy próxima al Estadio Olímpico de La Pontaise, desde el viernes veintiocho de abril. Pese a que la autoridad no solicitó una evaluación siquiátrica, la prensa masculló diagnósticos: bibliopatía, por ejemplo. La defensa, suministrada por el estudio Freymond, Tschumy & Associés, demandó la libertad de su cliente, pero Jacques Antenen, juez de instrucción y actual comandante de la policía valdense, la negó.

A las cuatro de la tarde del martes veintitrés de mayo, en el número nueve de la avenida Matignon, ubicación de la Christie’s parisina, principió una subasta dirigida por el mismísimo François Curiel: la mentada “bibliothèque d’un grand amateur européen” (vente 5443) que comprendía ciento treinta y cuatro piezas, entre las que destacaba uno de los ocho ejemplares impresos en papel Whatman de los Calligrammes (París: Gallimard, 1930), ilustrado con sesenta y seis litografías de De Chirico y numerado como el segundo del reducido tiraje.

Desde el domingo primero de enero, cuando quedó acordada la subasta con Christie’s, los bibliófilos y bibliómanos, selectísimo y discreto círculo, sabían de cierto la identidad del “amateur européen”… No obstante, el secreto se diluyó en el momento que una reportera del 24 Heures, Florence Perret, lo puso en tinta de periódico.

Christie’s contactó deprisa al gobierno suizo y Jean Treccani, juez de instrucción de Vaud, autorizó la subasta… Las voces estimadoras habían vaticinado un precio en conjunto de cinco punto cinco a siete punto siete millones de francos. Al cabo se obtuvieron cinco punto cuatro millones, vendiéndose ciento diecisiete del total de las piezas. Christie’s obtuvo el cinco por ciento de comisión.

Enviados por Treccani, inspectores de policía estuvieron presentes en el nueve de la avenida Matignon. En tanto que Luc Pittet, uno de sus dos abogados, representó a Julien. A decir de Pittet, la cantidad obtenida “est suffisant pour tranquilliser tout le monde”. La justicia suiza decomisó el dinero —el cual podría ser utilizado para rembolsar el malversado—, depositándolo en una cuenta bancaria controlada por un juez valdense.

Entre otras piezas subastadas de Apollinaire estaban Le Bestiaire ou Cortège d’Orphée y Le Poète assassiné (París: Au Sans-Pareil, 1926), ambos ilustrados por Raoul Dufy (1877-1953). El primero es un ejemplar de las pruebas que contiene una dedicatoria para Odette Thornhill y tres poemas (La Carpe, L’Écrevisse y La Méduse) de propio puño del autor. De este ejemplar tienen noción en Que vlo-ve? desde abril de 1981 (primera serie, número veintiocho, pp. 16-8). En tanto que el segundo, numerado como el octavo del tiraje, incluye un manuscrito del ilustrador y su mujer para Fleuret, intermediario a través del que Dufy conoció a Apollinaire e ilustró Le Bestiaire ou Cortège d’Orphée.

La identificada con el número nueve era la única carta de Apollinaire a André Breton (1896-1966) que pertenece a un particular, ya que las otras son propiedad de la Biblioteca Nacional o de la Biblioteca literaria Jacques Doucet. Tiene fecha del miércoles seis de febrero de 1918 y por el remite es patente que Apollinaire la escribió en la villa Molière —hospital complementario del Val-de-Grâce—, su lugar de internamiento desde el primero de enero, cuando ingresó a causa de una congestión pulmonar.

Mas no era su primera vez ahí. Hacía dos años, un jueves cuatro de mayo, había sido transportado a ese mismo sitio desde el hospital del gobierno italiano, localizado en el número cuarenta y uno del muelle de Orsay (quai d’Orsay), para ser trepanado el martes nueve por Raoul Baudet (1864-?), cirujano en jefe del Hospital Saint-Louis.

En la carta —que consta de cuatro páginas— le pide al carabinero que cuando lo visite, lleve consigo un ejemplar de Die Traumdeutung (Viena: Franz Deuticke, 1900) de Sigismund Freud (1856-1939), en el momento de la petición Ignace Meyerson (1888-1983) aún no había comenzado su traducción que sería la primera francesa, La science des rêves (París: Alcan, 1926).

Alude asimismo a Les mamelles de Tirésias (1917), drama caracterizado por Apollinaire con un neologismo que el carabinero popularizará, “l’adjectif surréaliste”.

A decir de Pittet, la cantidad obtenida “est suffisant pour tranquilliser tout le monde”. La justicia suiza decomisó el dinero —el cual podría ser utilizado para rembolsar el malversado—, depositándolo en una cuenta bancaria controlada por un juez valdense.

El retrato reproducido en la portada de la primera parte de Neurological Disorders in Famous Artists era también parte de la “bibliothèque”. Pintado al óleo por Irène Lagut (1893-1994) —mujer muy hermosa bajada de las montañas con el deseo de vivir libremente (Stein dixit)— dos años antes de la mortífera gripe española, presenta al retratado de uniforme, con la cabeza vendada y portando la Cruz de Guerra: “Une étoile de sang me couronne à jamais” (Tristesse d’une étoile).

No hubo ejemplar de Les Fleurs du mal en la subasta, pero sí uno de Poèmes (Paris: Gonin frères, 1933), colección que reúne dieciocho composiciones baudelaireanas sobre la mujer, ilustrada deliciosamente por el Donatello francés, Charles Despiau (1874-1946), asistente por un tiempo de Auguste Rodin (1840-1917). Tratándose del ejemplar que perteneció al ilustrador, numerado como el primero del limitado tiraje, contiene dos dibujos adicionales.

Curiosamente la tercera figura de Birth of Modern Psychiatry and the Death of Alienism, capítulo primero de Following Charcot: A Forgotten History of Neurology and Psychiatry (Basilea: S. Karger AG, 2011), es la portada de un ejemplar dedicado de Les Fleurs du mal que perteneció a Ernest-Charles Lasègue (1816-1883), maestro de Baudelaire, amigo de Bernard y médico provisional de la Salpêtrière. Viene al pie la graciosa puntualización que sigue: “Courtesy of the Bogousslavsky Foundation Library”…

(A una docena de capítulos de la figura referida en el párrafo anterior, en Neurology outside Paris following Charcot, hay una coincidencia: Henri Gastaut [1915-1995], erudito de la enfermedad sagrada que estudió medicina muy cerca del Mont Puget, nació el mismo año que Timour Serguei).

Portaba el número ciento dieciséis un ejemplar de la edición príncipe de Les Plaisirs et les Jours (París: Calmann-Lévy, 1896) con el ex libris de Charles Hayoit (1901-1984). Esta fastuosa edición encierra ilustraciones de Madame Verdurin (1845-1928), un prólogo de Anatole France (1844-1924) y cuatro piezas para piano de Reynaldo Hahn (1874-1947), una de éstas —marcada como andantino quasi allegretto—, la musicalización del poema Watteau.

Un poemario de Paul Éluard (1895-1952), La Vie immédiate (París: Éditions des Cahiers Libres, 1932), en príncipe, era la número treinta y ocho. El ejemplar perteneció a Charles Ratton, amigo de Timour Serguei, y trae adicionalmente un aguafuerte original de Yves Tanguy (1900-1955), una carta de Tanguy a Ratton, y otra de Ratton a Julien (con fecha del miércoles doce de agosto de 1964): “Guardé falsos tesoros en armarios vacíos” (De tout ce que j’ai dit de moi, traslado del Byron de Mixcoac, 1974).

Carta de Charles Ratton a Julien Bogousslavsky

Dos obras de Cocteau tenían asignados números consecutivos, veinticuatro y veinticinco. La primera es un ejemplar de Mythologie (París: Éditions des Quatre Chemins, 1934) ilustrado por De Chirico con diez litografías. Incluye además un dibujo original del ilustrador. La segunda es una rarísima plaquette intitulada Énigme (París: Les Éditions des Réverbères, 1939).

Hubo una tríade de Picasso a partir de la ciento once. El primer elemento es un preparatorio que dibujó a lápiz durante la ilustración de Les Métamorphoses (Lausana: Albert Skira, 1931), versión de Georges Lafaye. Amén de la firma del pintor, el dibujo contiene el siguiente remarque: “Numa suivant les cours de Pythagore” (XV, 479). El segundo, la treintena de aguafuertes que no aparecieron en la edición de Skira del poema de Ovidio. Y el tercero, el pequeño Le Tricorne: Ballet d’après les dessins en couleurs de Picasso (París: Éditions Paul Rosenberg, 1920), prueba del paso del malagueño por los Ballets Russes de Serge Diáguilev (1872-1929). Esta última pieza incluye allende una carta del pintor a Coeuroy (con fecha del jueves veintinueve de diciembre de 1921).

La número ochenta y uno era una carta que Léger escribió a Adolphe Basler (1878-1949) el veintiocho de mayo de 1915 en el bosque de Argonne, “la terre a faim et voici son festin de Balthasar cannibale” (Merveille de la Guerre). Más de sesenta piezas antes yacía la príncipe de un libro de Blaise Cendrars (1887-1961), La Fin du monde filmée par l’ange Notre-Dame (París: Éditions de la Sirène, 1919), ilustrado lógicamente por Léger.

Consagrado a Claude Debussy (1862-1918), el primer número especial de la revista de Coeuroy (primer año, segundo número, diciembre de 1920) integraba la “bibliothèque” como la noventa y ocho. Al ser parte del tiraje de lujo, la litografía de Dufy esta autografiada.

El catálogo de la subasta ya lo citó Herbert Molderings en Kunst als Experiment. Marcel Duchamps „3 Kunststopf-Normalmaße” (Múnich: Deutscher Kunstverlag, 2006), traducido hace poco por John Brogden como Duchamp and the Aesthetics of Chance: Art as Experiment (Nueva York: Columbia University Press, 2010).

Al cabo de ocho semanas, la mañana del viernes veintitrés de junio, Julien salió de Bois-Mermet. Ese mismo día pidió disculpas públicamente en un comunicado.

Cuenta Philippe Maspoli en un artículo del 24 Heures (viernes dieciséis de junio) que, en vísperas de la liberación de Julien, los reporteros preguntaron a Pittet: ¿A dónde irá su cliente al salir de Bois-Mermet? No servirá de gran cosa buscarlo en su domicilio de la comuna de Plagneise, contestó Pittet.

Vecino de Plagneise (como Georges Simenon [1903-1989] en otra época), Julien reside en un chalé de dos plantas, afuera del cual estaciona su Bentley. El interior del hogar resguarda una hermosa biblioteca, valuada en un millón de euros, con ediciones originales de novelistas valdenses (v. gr., Ramuz) y libros de neurología del siglo XIX y comienzos del XX.

Cuenta Philippe Maspoli en un artículo del 24 Heures (viernes dieciséis de junio) que, en vísperas de la liberación de Julien, los reporteros preguntaron a Pittet: ¿A dónde irá su cliente al salir de Bois-Mermet? No servirá de gran cosa buscarlo en su domicilio de la comuna de Plagneise, contestó Pittet.

Si descontamos el Bentley y la biblioteca, Julien no vive con ostentación. De su trabajo en el CHUV obtenía medio millón de francos anuales, más quizá el doble como conferencista. La prensa —campeona de la privacidad— señaló igualmente los ciento veinte mil francos anuales que percibe la esposa de Julien, una siquiatra y sicoterapeuta, dedicataria de Uncommon Causes of Stroke (Cambridge: Cambridge University Press, 2001).

Acometieron de nueva cuenta los reporteros: ¿se refugiará acaso en Francia? Si hubiera creído posible una huida al extranjero, Pittet respondió, el juez le hubiera confiscado su pasaporte.

Esta artera y última interrogante surgió porque si la residencia secundaria de Molière estaba en Auteuil (cerca del puente de Mirabeau, bajo el que pasa el Sena), la de Julien está en la comuna de Simiane-la-Rotonde, situada en los Alpes de Alta Provenza (Alpes-de-Haute-Provence). Sin embargo, no es una adquisición propia, sino que la heredó —junto con su hermano— a través de su madre: su bisabuelo materno, Albert Laugier (1861-1935), inspector honorario de Enseñanza Primaria (inspecteur honoraire de l’Enseignement primaire), heredó en primara instancia esta antigua propiedad, valuada al presente en medio millón de francos.

Pronto (en agosto de 2006) lo contrataron como jefe del Servicio de Neurología y Neurorehabilitación de la clinique Valmont, donde falleció Rainer Maria Rilke (1875-1926). Fundada por Henri-Auguste Widmer (1853-1939) en Glion hace más de un siglo (1905), la clinique Valmont cuenta entre sus pacientes a Vladimir (1899-1977) y Véra Nabokov (1902-1991), Simenon, Proust, entre muchos otros. En la actualidad (y desde 2006) forma parte de la Red Médica Suiza Genolier (Genolier Swiss Medical Network, GSMN).

Antoine Hubert, director de la GSMN, comentó su decisión con el 24 Heures el martes veintinueve de agosto: “Tapez Julien Bogousslavsky sur Google, vous trouverez 37 000 références sur la neurologie, et quelques-unes seulement sur l’affaire. Ses compétences médicales sont reconnues”.

La Universidad de Franche-Comté (Université de Franche-Comté) lo nombró en 2007 profesor invitado del Máster de Fisiología, Neurociencias y Comportamiento impartido en el Laboratorio de Neurociencias de Besanzón. Cuatro años después, Thierry Moulin, docente investigador del Laboratorio, participaría como coautor en dos capítulos de Following Charcot (vide supra), libro prologado por Barnett que comprende de igual forma Pierre Janet, Sigmund Freud and Charcot’s Psychological and Psychiatric Legacy, un capítulo de Héctor Pérez-Rincón, chevalier des Arts et des Lettres.

Se asignó la tremebunda fecha y Julien compareció ante el Tribunal correccional (Tribunal correctionnel), en el Palacio de Justicia de Montbenon, el lunes veinticinco de enero de 2010. Los funerales paternos frescos en tiempo, Timour Serguei no pudo conocer el desenlace del proceso de su hijo. Menos todavía Paulette Bélime, finada en Ginebra el viernes seis de junio de 2008 y velada en Nyon.

De acuerdo con un artículo del 24 Heures publicado el mismo lunes veinticinco por Georges-Marie Bécherraz, especialista en la vida privada de los médicos helvecios que en septiembre de 2011 cubriría también el caso del siquiatra G. F., Julien manifestó acerca de su padre: “Je ne savais pas trop ce que mon père faisait, mais grâce à lui j’ai pu rencontrer à l’âge de 5 ou 6 ans des gens comme Picasso”. Recordó asimismo, quizá con añoranza, que de chico su abuela materna le permitía tomar cualquier ejemplar de su inmenso oasis libresco.

Una decena de pacientes y profesionales de la salud suizos crearon un comité para apoyar moralmente a Julien. Uno de sus miembros, Mabrouk Mehrez, sexólogo y sexoterapeuta del Centro de Sicosexoterapia (Centre de Psychosexothérapie) de Lausana, comentó para 24 Heures: “Ce serait une vraie perte pour la société s’il n’exerçait plus sa discipline”. Para el miércoles veintisiete de enero, día del reportaje, el comité había reunido doscientas firmas de simpatizantes en Inglaterra, Serbia, Bélgica, Rusia…

A Eric Cottier, procurador general del cantón de Vaud, sólo faltó vestir a Julien de una ropa de grana cuando en la audiencia lo denominó “prince des professeurs”.

Julien prometió, ante una sugerencia del procurador, que pasado el proceso cedería parte de su colección, cuarenta y cinco de sus libros, a la Biblioteca Cantonal y Universitaria (Bibliothèque cantonale et universitaire, BCU) de Lausana. Amén de donar cien mil francos a la caridad.

El martes dos de febrero, último día de la audiencia, Olivier Freymond, el otro abogado defensor, demandó clemencia al Tribunal, arguyendo que el estatus social de su cliente había sido gravemente lastimado en el proceso. Antes de compararlo con míster Hyde, Cottier acusó a Julien de la manera siguiente: “Ce n’est pas un sportif qui dérape, c’est [Roger] Federer qui devient terroriste!”

Ahí mismo, parafraseando a Albert Camus (1913-1960) en La Peste (París: Gallimard, 1947), declaró Freymond: “Il y a plus de choses à admirer que de choses à mépriser chez ce grand professeur de neurologie et amateur de libres”. En conclusión, el acusado solamente pidió “pardon à tous et toutes”.

Moulin, venido a Lausana desde Besanzón, insistió, en entrevista con Le Temps, en el gran aporte realizado por Julien a la neurología.

La mañana del viernes diecinueve de febrero el Tribunal encontró a Julien culpable de malversar más de cinco millones de francos entre 2000 y 2006 de los fondos del CHUV y lo condenó a dos años de cárcel y a ciento ochenta días-multa a mil francos por día. Bien que —con base en su historial y cooperación durante el proceso— la Corte correccional (Cour correctionnelle) suspendió la ejecución de ambas penas y fijó un plazo de prueba de tres años, figura contemplada en el Código Penal Suizo.

De súbito, el domingo veintisiete de junio, la Corte de Casación (Cour de Cassation) anuló la suspensión de la pena pecuniaria, al calificarla como un error en la aplicación de la legislación federal.

Según consta en un comunicado de la GSMN, el martes cinco de abril de 2011 se inauguró el Centro de Enfermedades del Cerebro y del Sistema Nervioso (Neurocenter) y Julien fue designado médico responsable y miembro del comité de coordinación. El Neurocenter cuenta también con un consejo científico conformado por dos integrantes, uno de estos es Moulin.

Julien, quien al día de hoy tiene quinientas sesenta y un publicaciones en revistas médicas o científicas de acuerdo con el recuento de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, sigue siendo el editor en jefe de la revista European Neurology —impresa en sus albores como Monatsschrift für Psychiatrie und Neurologie—, instaurada es 1897 por Carl Wernicke (1848-1905) y Theodor Ziehen (1862-1950), mitólogo del cerebro (Karl Jaspers [1883-1969] dixit) y médico de Friedrich Nietzsche (1844-1900), respectivamente.

Si bien ignorado por la mayoría, igual que Timour Serguei y Kostro, Julien cayó alguna vez en la Santé… pero en la Organización Mundial de la Salud (Organisation mondiale de la santé) como representante de la Federación Mundial de Neurología (World Federation of Neurology, WFN).

Esta organización de neurólogos consideró tomar acciones legales en su contra, desistió, sin embargo, después de alcanzado un acuerdo, el miércoles veinticuatro de agosto de 2011. De cualquier manera, Julien había dimitido de su puesto de síndico (trustee) el sábado diez de junio de 2006.

David Spring, periodista de L’Hebdo, reportó, el jueves once de mayo de 2006, el descubrimiento de un ejemplar del catálogo secreto de libros raros o preciosos de Julien en la BCU. Esas cuatrocientas cincuenta y tres páginas se terminaron de imprimir en septiembre de 2005 y ostentan por título De Parallèlement à Chanson Complète: Peintres, poètes et livres, un âge d’or, 1900-1939. Lukas Jesus von Boilgy (simbólico anagrama de Julien Bogousslavsky) de la Amitiés France-Helvétie, ubicada en Plagneise-Maneise (anagrama de Épalinges-Amnésie), estuvo a cargo de la edición.

Julien empleó el catálogo como referencia bibliográfica en The Last Myth of Giorgio de Chirico: Neurological Art, capítulo tercero de la tercera parte de Neurological Disorders in Famous Artists (Basilea: S. Karger AG, 2010). Años atrás había escrito una editorial en European Neurology titulada “The Neurology of Art-The Example of Giorgio de Chirico” (2003; 50 [4]: 189-90).

Doce capítulos más adelante, en el décimo quinto, ‘The Adventure’: Charles-Ferdinand Ramuz’s extraordinary Stroke Diary, otro trabajo de Julien difundido con anterioridad en la misma revista (Eur Neurol. 2009; 61 [3]: 138-42).

Esta organización de neurólogos consideró tomar acciones legales en su contra, desistió, sin embargo, después de alcanzado un acuerdo, el miércoles veinticuatro de agosto de 2011. De cualquier manera, Julien había dimitido de su puesto de síndico (trustee) el sábado diez de junio de 2006.

El sábado trece de febrero de 2010, Édouard Launet, enviado especial en Lausana, publicó en Libération, el periódico de Jean-Paul Sartre (1905-1980), un exquisito artículo ilustrado, acerca del caso de Julien, cuyo título conmemora inmediatamente una comedia de Molière, Le Médecin malgré lui (1666).

Algún sector de la angloesfera supo del escándalo por Laura Spinney, quien en Intelligent Life magazín bimestral de The Economist, le destinó un artículo (primavera de 2010). Aunque de forma sucinta, Neurology Today, órgano oficial de la AAN, cubrió la noticia (2006; 6 [13]: 26) para este lado del Atlántico.

En la fastidiosa mención (y descripción), entre el encierro y la libertad de Julien, de dieciséis piezas de la “bibliothèque” concurrió la maliciosa intencionalidad. Quería infundir al lector el tufo lento del séptimo capítulo de los Números, del catálogo de las naves de Homero (II), del donoso y grande escrutinio en la biblioteca de Alonso Quijano (I, VI), del intermedio jocoso de Angosta (Barcelona: Seix Barral, 2004). Largas letras que simulan el acaecer de nada, misma sensación que padeció Apollinaire en la Santé: “Qué lentas pasan las horas / pasan como los entierros”.

A los dos años de la publicación de La morue de Brixton, apareció Médecin-chef à la prison de la Santé (París: Le Cherche-Midi, 2000) de Véronique Vasseur, espejo de la peligrosa problemática carcelaria, paráfrasis explícita y contemporánea de los siguientes versos: “A la prison de la Santé / J’habite une pauvre cellule / Nous sommes encore en été / Une chaleur de canicule / Un prisonnier bien embêté” (Mercure de France, jueves quince de febrero de 1934, p. 186).

En cuanto a las virtudes y deleites de Bois-Mermet, pueden consultarse en el Rapport du Comité des visiteurs de prisons et des lieux de privation de liberté (junio de 2011) de la Liga Suiza de los Derechos Humanos (Ligue suisse des droits de l’Homme, LSDH).

Por si la tenue memoria del marqués de Beccaria (1738-1794) hemos custodiado: la idea del aprisionamiento es mucho más poderosa que la de la muerte… Bien sospechamos todos que la prisión es una nueva tormenta de la que Juan Ruteno nunca se podrá fugar. ®

—Barrio del Ojo de Agua del Niño Jesús Tlapixca, Frimaire 2011.

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Publicado en: Febrero 2012, Narrativa


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