Un patético cambio de siglo

Lanzarote, de Michel Houellebecq

A continuación una reseña de un libro olvidado del siempre polémico Michel Houllebecq. Si acaso no será su mejor obra, su pesimismo no se dejó extrañar.

Es paradójico tratar de diseccionar un mundo impersonal usando los protagonistas de una novela; trata de usar vidas humanas para hablar de soledad y de la nada. Y es precisamente así como el polémico Houellebecq aborda una de sus olvidadas novelas, Lanzarote, publicada en España por Anagrama en 2003, que narra el viaje de un francés de clase media (en algunos puntos el alter ego del autor) a la isla de Lanzarote, viaje motivado por un patético cambio de siglo, en el que conoce a Rudi, policía belga marginado por su profesión (“lo único que tenemos en común es la humillación y el miedo…”) y a Pam y Bárbara, dos lesbianas alemanas.

Decir que es una novela más dentro de la obra de Houellebecq es cuchillo de doble filo: por una parte hablamos de la obra del calificado como enfant terrible francés, del ganador del premio Goncourt por El mapa y el territorio y del autor de grandes novelas como Las partículas elementales y Plataforma (y protagonista de un escándalo de desaparición). Por otra parte, hablamos de una novela que sigue con las mismas características que sus otros escritos (detallismo y frivolidad en el análisis de nuevas formas de sexualidad, islamofobia —aunque esa etiqueta merece estudio aparte— y nihilismo —precariedad existencial) y que por eso no sorprenderá tanto al lector con experiencia.

En Lanzarote nos encontramos con un protagonista al que el mundo le parece un lugar extraño (las fotografías seleccionadas de la isla de Lanzarote muestran un terreno desolado, lunar o marciano) al igual que sus personajes (la incapacidad de comunicarse —por usar distintas lenguas— con otros participantes del viaje aumentará ese efecto). Encontramos un mundo en que lo mismo vale la opinión de una actriz porno que la de un científico (una tertulia sobre el cambio de siglo) y en el que el desgaste y la desilusión ante la incapacidad de un proyecto humano de ser feliz y vivir en paz abre las puertas a un retorno —una huida— a formas más primitivas (pre-ilustradas) de concebir la vida. Una sexualidad sin límites, una disección tan vívida de ésta, llega a provocar rechazo: el hombre es incapaz de hacerse a sí mismo y, abandonado, decide que es más fácil mandar que ser mandado (y es así como algunos actores secundarios de la novela se cobijan en el islamismo1 o en una secta —los azraelianos2).

Una vida pesimista y fugaz (las lesbianas lo seleccionan como candidato a padre en un corto fragmento de tiempo), en la que la humanidad de nuestros congéneres merece agradecimiento,3 en la que se marchó la esperanza pero queda el miedo,4 una vida sin respuestas,5 una vida en la que la soledad es fuerza motriz; una vida en la que el hombre es incapaz de hacer algo trascendental.6 La vida escrita por Houellebecq en unas descaradas cien páginas:

se puede muy bien vivir sin esperar nada de la vida; es lo más corriente, incluso. En general, la gente se queda en casa, se alegran de que su teléfono no suene nunca, y cuando suena dejan conectado el contestador automático. No hay noticias…, buena noticia. En general la gente es así; y yo también”.7 ®

Notas
1 “Y así llegamos a situaciones humillantes, en que nos contentábamos con asistir como espectadores pasivos a las exhibiciones de auténticos monstruos sexuales, a las que no podíamos sumarnos dada nuestra edad. Probablemente fuera esto lo que empujó a mi mujer —que era un ser inteligente, sensible y muy cultivado— hacia las soluciones monstruosas y retrógradas del islam. No sé si este fracaso era inevitable; pero, cuando lo pienso —llevo años reflexionando sobre ello—, jamás veo cómo hubiera podido evitarlo”. P. 83.

2 Cumpliendo con la descripción de André Gide, otro maestro de las letras fancesas, la mayoría piensan que no obtendrán de sí mismos nada bueno si no es dominándose; sólo se gustan falseándose… cada cual se propone un modelo, después lo imita; ni siquiera escoge el modelo que imita; acepta un modelo ya existente”.

3 “Ante todo quiero darle las gracias por haberme tratado, durante unos días, como a un ser humano. A usted le parecerá lo más normal del mundo; pero no lo es para mí”. P. 82.

4 “Pero cuando uno ya no tiene nada que esperar de la vida, sigue quedándole algo que temer”. P. 92.

5 “No estuve presente en la lectura del veredicto”. P. 103.

6 “Recibí varias cartas de Pam y de Bárbara, a las que respondí; pero no encontramos la ocasión de volver a vernos”. P. 92.

7 P. 92. Las citas corresponden a Lanzarote, Houellebecq, Compactos Anagrama, Segunda Edición (octubre de 2007).

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Publicado en: Libros y autores


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