Una tentativa de literatura global

Boceto a lápiz de carbón

Una variación del título de mi libro sería On Books and the Cost of Living, pero creo que el prefijo sólo aportaría confusión; lo emparentaría más con el ensayo o la filosofía y lo alejaría en apariencia de la invención, cuando lo interesante es precisamente la libertad que otorga la creación literaria.

© Arnold Odermatt

A propósito de la escritura del libro Books and the Cost of Living hay ciertas consideraciones que es necesario tomar en cuenta antes de embarcarme en cualquier acción formal. Para empezar, los contornos: va del ensayo a la ficción sin previo aviso, críptico en ocasiones, escrito en inglés con los ejes principales anunciados en el título: los libros y la vida, juntos y separados, para hablar del poder que ejerce uno sobre el otro. Da pie al ensayo comentado sobre piezas literarias importantes cuyo tema puede ser también ése, hablar sobre libros dentro de los libros, y sobre escritores. Así, tengo frente a mí una obra al estilo de una caja china que guarda en su interior un número elevado aunque forzosamente limitado de textos parecidos, existentes dentro de la literatura universal o inventados. Puedo dar una opinión catedrática sobre un capítulo de Rayuela que no existe o traer a cuento los libros caballerescos mencionados en el Quijote analizándolos cabalmente, anclado en las novelas reales de hace cientos de años. Tomar al Bartleby de Vila-Matas al pasar por Barcelona o mencionar al vuelo Las mil y una noches. Un juego de espejos lleno de ecos, que fluctúa entre la verdad de obras existentes y la irrealidad de piezas fantásticas en apariencia auténticas.

Otro ángulo de interés son las librerías, ese espacio físico en el que la vida diaria y los libros se juntan para de ahí seguir a un viaje abstracto en la mente de cada lector. El personaje principal de la novela-ensayo es víctima de un miedo frenético a explorarlas porque se sabe un comprador compulsivo. Le es imposible dejar de comprar tal o cual libro que se encuentra a su paso, sensación conocida para cualquier amante de la literatura. Siendo consciente de semejante fobia, si no hay dinero en la cartera, como regla general de supervivencia no entra a una sola librería —ni siquiera se detiene a mirarlas. Si se topa con alguna se sigue de frente, a menos que esté dentro de sus planes comprar un libro en específico o, como regalo a sí mismo luego de terminar un trabajo o recibir una suma de dinero, meterse a pescar, resultando en la compra de tantos libros que por cuestión de tiempo son imposibles de leer todos. En la medida de lo posible procura andar por calles que prescindan de estos recintos de compra-venta literaria, por salud mental y economía.

En otro costado se encuentra el costo de la vida corriente en base a un trabajo medio, quizá burocrático, de ser posible en distintos países para que la comparación dé pie al discurso. No es lo mismo el costo de la vida en México, en donde la diferencia entre la economía popular y las altas esferas es abismal, que la vida en Buenos Aires, con un amplio sector de la población en condiciones similares. Ahí la clase media vive bien, pero ajustada. En otros términos, en Manhattan o Londres ese bien vivir bonaerense es inalcanzable para quien no tenga una posición laboral de altura. El personaje en cuestión tiene un trabajo equis que implica viajar por temporadas a estas ciudades, haciendo del ensayo-novela un viaje literario en varios niveles, de lo escrito en el libro Books and the Cost of Living pasando por la mitología de varios autores que cambian acorde a la geografía y hacen que el vivir cotidiano se traduzca otra vez en literatura.

En realidad lo imagino en inglés para que sea universal. Es una tentativa de literatura global, además de que el reto mismo de la escritura anglosajona se antoja estimulante. A fin de cuentas la idea del libro parte del título; en primera instancia me sonó tan familiar que hubiera jurado que existía y que era mi memoria la que lo resucitaba. A la fecha no he encontrado nada con este título. Por otra parte, Cost of Living es un rótulo común, libros de tema económico que parecen interesantes pero, claro, se alejan de la ficción. Una variación del título de mi libro sería On Books and the Cost of Living, pero creo que el prefijo sólo aportaría confusión; lo emparentaría más con el ensayo o la filosofía y lo alejaría en apariencia de la invención, cuando lo interesante es precisamente la libertad que otorga la creación literaria.

Pese al perfil novelesco la idea es hablar con base en la realidad sobre el costo de la vida en las ciudades mencionadas y otras más, lo cual puede dar como resultado que en las urbes en que la vida cuesta más la prosa se cargue hacia el comentario o la crítica. En ciudades más holgadas la novela haría hincapié en la vida citadina, social y nocturna. Tomo prestado el concepto del “sibarita sin varito” ideado por el publicista Antonio Fortuna como parte de un programa piloto para televisión que no levantó el vuelo. Mi personaje se las ingenia en cada lugar para deleitar el paladar sin gastar demasiado, en ocasiones de manera gratuita ya sea por la figura mexicanísima del gorrón o por una estratagema más vulgar, bordeando la ilegalidad o incluso, de ser posible, cruzando esa línea ilusoria. En todo caso, sabrá por experiencia o por buen investigador de campo cuáles son los mejores tacos, choripanes, hot-dogs, kebabs, baguettes y demás changarros callejeros, o llegará al fondo de la comarca para encontrar el mejor y más barato menú del día.

Será necesario buscar fondos o ver la manera de subsistir en ciudades europeas, porque aunque conozco dos o tres rincones del mundo, no son suficientes y, además, el viaje debe ser vivido antes de reflejarse en el papel. Otra línea limítrofe: el cuaderno de viaje.

Habrá que conseguir hospedaje en Londres, París, Berlín o Barcelona, y aunque fuera posible dar con un espacio confortable sin tener que pagar por ello, el costo de vida es tan alto que difícilmente sería sostenible, lo cual concuerda con la idea del libro pero al mismo tiempo me corta las piernas. Vaya paradoja… Es tal vez un proyecto de novela-ensayo-bitácora para un literato adinerado dispuesto a gastar el equivalente a un salario medio en cada ciudad, pues de lo contrario el sentido del costo queda fuera.

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Murió mi padrino, don Juan Sánchez Renero. Abandoné cualquier idea de trabajo y le di carpetazo a la escritura por unas semanas, al fin de las cuales tuve un encuentro inesperado.

Como Irena Tarlowska le regala un libro a Kapuściński, Juan Sánchez Renero me lo entrega a mí de manera póstuma. Fina transmutación. Si uno es sobre historia y otro un libro de viaje, el mío será un libro de ficción que admite lo demás: historia, ensayo, bitácora, crónica, diario. Un compendio de travesuras y de juegos.

De intachable integridad humana, jamás pensé en el viejo como un buen lector. Días después de enterrar sus cenizas debajo de un árbol que plantamos en el jardín trasero en casa de mis padres, tras una breve ceremonia luctuosa con pocos asistentes, entre otros asuntos se discutió el de la herencia, que si bien era poca, existía. Su viuda se quedaba con casi todo, pero quería deshacerse de algunos muebles, triques y traques y, para mi fortuna, de casi todos sus libros, más de seiscientos. Como su ahijado me convertí en el depositario natural de una biblioteca que según mi borroso recuerdo ya conocía. Di con varias sorpresas. La última vez que revisé esas repisas mi juventud y mi poca experiencia dejaron pasar lo esencial.

Vienen a colación Danubio de Claudio Magris, Sesenta semanas en el trópico de Antonio Escohotado y Resumen de ruta de Juan Rulfo, pero fue Viajes con Heródoto de Ryszard Kapuściński el que acaparó mi atención. Por la fecha de su edición en español, quizá fue uno de los últimos libros que compró, un hecho que acrecienta su valor sentimental. Viajes que van de la mano de las Historias de Heródoto, de ida y vuelta entre temas y lugares bajo una prosa limpia. Como homenaje y en memoria de Juan, éstos podrán ser libros que acompañen mi expedición al ser sus páginas las responsables de traer de regreso el proyecto, sepultado entre paréntesis tras la falta y el dolor. Grecia hace eco en Polonia y ambas harán lo propio en mi futuro itinerario. Como Irena Tarlowska le regala un libro a Kapuściński, Juan Sánchez Renero me lo entrega a mí de manera póstuma. Fina transmutación. Si uno es sobre historia y otro un libro de viaje, el mío será un libro de ficción que admite lo demás: historia, ensayo, bitácora, crónica, diario. Un compendio de travesuras y de juegos.

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Enmiendas: el título del libro sería efectivo si no tuviera que ver con lo que dice, si hablara sobre otras cosas y de manera tangente tocara esos temas, o ni siquiera, o sólo brevemente a mitad de un párrafo escondido en el segundo tercio, algo así. Asimismo, la estructura y el tema del libro también funcionarían a reserva de no estar acompañados de ese título que anuncia de una forma demasiado literal la trama y sus contenidos, obviando las cosas cuando se pueden sugerir. Parto la idea en dos: lo que evoca el título puede usarse en otro texto, escrito en español con el título en inglés, y retomo la temática del vivir cotidiano en distintas ciudades que atraviesen la mitología literaria de la zona con irrupciones que no tengan nada que ver con el contexto, dándole vueltas a una tuerca cuya belleza residirá en el óxido. Virajes inesperados de lugar y tiempo, esa es la atracción. De Estambul a Ciudad del Cabo a Medellín en cuestión de un par de líneas, de un párrafo a otro, para luego pasar a un pasaje largo, de varios capítulos, sobre las aventuras de la vida en, digamos, Hanoi. La estructura será heterogénea, de Perec a Chatwin, de sor Juana a Lispector y de Ginsberg a Ginzburg, profundizando en unos y rozando a otros.

De Estambul a Ciudad del Cabo a Medellín en cuestión de un par de líneas, de un párrafo a otro, para luego pasar a un pasaje largo, de varios capítulos, sobre las aventuras de la vida en, digamos, Hanoi. La estructura será heterogénea, de Perec a Chatwin, de sor Juana a Lispector y de Ginsberg a Ginzburg, profundizando en unos y rozando a otros.

Los obstáculos esculpirán el proyecto. Es insensato situar el libro en las ciudades canónicas, no sólo por las trabas económicas sino también por su popularidad en el mundo entero. El plan previo desenmascara mi ingenuidad. Para qué hablar de Manhattan, Londres o París, ¡por dios! Para empezar, huyamos de una vez de Europa y Norteamérica, con la sola excepción de México, en donde dará comienzo el recorrido. La expedición partirá de una suma monetaria que permita llegar al menos a América del Sur. El narrador será un viajero en busca de trabajo que hablará no sólo del costo de la vida sino también de los encargos laborales que realice a su paso, con el objetivo de cruzar el océano en barco hacia África o Asia, dependiendo del azar y de la suerte. En el canal de Panamá podrá hacerse útil en un buque de carga que lo lleve a Australia, o alguna embarcación en la costa brasileña puede fungir de puente entre el viajero y el continente negro. El plan queda en bosquejo para armarlo con las piezas del rompecabezas del viaje inesperado, en una constante apertura hacia lo desconocido.

Será menester encontrar esos lugares de comida barata y exquisita, y la búsqueda de autores oscuros en cada región será otro imperativo. Descubrir escritores para no hablar de los conocidos. Una pesquisa auténtica y coherente, no una figura literaria esquematizada entre modas y urbanismo.

Y por supuesto escrito en español. El título vendrá al final.

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Tengo en el banco un poco de dinero ahorrado: pienso gastarlo todo en este viaje. Junté algo más gracias a la tía Laura, que se pudre en su riqueza inerte mientras el resto de nosotros caemos en desgracia. Por suerte soy su consentido, y al ser soltera y sin hijos fue capaz de distraer su codicia al escuchar mi propósito.

Hay tres instituciones privadas interesadas en el proyecto, aunque es necesario esperar sus convocatorias anuales. Ya se fue el tiempo en que era posible disponer de apoyos directos. Ahora para todo hay un concurso, todo es una competencia, una lucha encarnizada por unos pesos. Me permitieron dejar el papeleo necesario antes de partir; de ser elegido como prospecto de su caridad nos comunicaremos a larga distancia, pues la urgencia de comenzar la andanza me invade.

El autobús con destino a Guatemala sale en tres días. Con suerte, estaré de regreso en un tiempo lejano. ®

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Publicado en: Diciembre 2011, Literatura y viaje


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