Violencia y discriminación en los medios sociales

Una forma aberrante de defender los derechos

Reclamaron un daño a la libertad de expresión en general aunque sólo fue a un grupo de personas —cuyo valor no se resta en esta argumentación— para luego abusar de esa libertad —por ende dañándola también—, y en el abuso la utilizaron para violar otra garantía.

Judeofobia.

Judeofobia.

Cuando los tonos de la razón como elemento para guiar la reflexión ciudadana parecen integrar el espectro de los medios sociales (principalmente Facebook y Twitter) en México, algo tiene que ocurrir para recordarnos lo lejos que estamos de construir una sociedad en la que el debate público se base en la argumentación y no la denostación, el insulto fácil, la explícita violencia verbal e incluso la discriminación y las amenazas.

La dinámica que hemos dado a la expresión de ideas… momento: ¿ideas?…

Replanteo, en esa dinámica referida —llamada por algunos, con justa y graciosa razón, Tren del Mame—, la discusión del estado de cosas del país en medios sociales funciona como un claro aparador del nivel que hemos alcanzado para debatir públicamente en México. Un ejemplo inequívoco son los ataques al politólogo y periodista mexicano de origen judío Ezra Shabot.

“Basura”, “cucaracha”, “oficialista”, “vendido”, “judío”, convertida esta última palabra en un insulto, como si esa característica fuese la condicionante de la supuesta poca integridad del politólogo. A todas luces una exhibición de visión anacrónica y la ausencia de la más básica capacidad para redactar un argumento.

La terrible ironía del hecho está en la principal demanda de quienes manifestaron, en forma racional o con un abierto encono, su rechazo al despido de Carmen Aristegui y la tomaron contra Shabot: la defensa de la libertad de expresión.

¿Cuál fue la osadía de Shabot para desatar el encono de usuarios?: trabajar en MVS y no sumarse a los reclamos por el despido de Carmen Aristegui de esa empresa de información y entretenimiento. Y tal postura le costó una andanada de insultos y amenazas entre usuarios de Twitter, principalmente, que terminó incluso con la pinta de una suástica en su domicilio.

La terrible ironía del hecho está en la principal demanda de quienes manifestaron, en forma racional o con un abierto encono, su rechazo al despido de Carmen Aristegui y la tomaron contra Shabot: la defensa de la libertad de expresión.

Si algo se reclama es cómo se vulneró en el caso de la periodista ese derecho establecido en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos; una garantía que parecieran ignorar es prácticamente pateada todos los días en el país que ha sido señalado como uno de los peores del mundo, de los más peligrosos para ejercer el periodismo.

Por la libertad de expresión.

Por la libertad de expresión.

Por eso es impresionante ver las reacciones de sectores de usuarios de los medios sociales que en los últimos días abusaron con toda desfachatez, desparpajo, o simplemente con una expresa incivilidad, de ese derecho a decir libremente lo que piensan.

Esa libertad de expresión que tanto acusan ha sido lesionada por el “Aristegate” es la misma que han utilizado en forma indiscriminada y pasándose por el arco del triunfo la tercera línea del Artículo 6º Constitucional para atacar a una persona por su condición étnica.

Dicho de otro modo: exigen el respeto a una garantía que ni ellos mismos han respetado. Exhiben así, guste o no que se les señale, una enorme ignorancia sobre los elementos que implica una garantía ciudadana; olvidan principalmente uno: el uso responsable y cívico de sus derechos.

Ignoran o dejan de lado con toda intención que los derechos y las responsabilidades establecidas en la Constitución mexicana o la de cualquier otro país que tenga un corpus legal como ése es propiciar el orden y la armonía en la convivencia ciudadana.

Toman las primeras líneas del Artículo 6º Constitucional que defienden en un caso para reclamar y luego las usan sin el mínimo problema para atacar. Otra vez: la incongruencia.

Reitero: o lo ignoran o abiertamente no les importa que ese derecho esté limitado incluso en su propia redacción que claramente establece que sólo puede ser objeto de inquisición judicial o administrativa “en el caso de ataque a la moral, la vida privada o los derechos de terceros”.

Las expresiones públicas, porque los medios sociales en internet eso son, públicas, realizadas contra Ezra Shabot atacan la moral, la vida privada y los derechos del periodista y politólogo.

Tú.

Tú.

Si acaso existiera duda de tal afirmación no hay más que citar el párrafo quinto del Artículo 1º también de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que prohíbe “toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto menoscabar los derechos y libertades de las personas”.

Más claramente: reclamaron un daño a la libertad de expresión en general aunque sólo fue a un grupo de personas —cuyo valor no se resta en esta argumentación— para luego abusar de esa libertad —por ende dañándola también— y en el abuso la utilizaron para violar otra garantía. ¿Cómo es eso posible? ¿Cómo se configura tal incongruencia o acto de ignorancia, o vil y descarado ataque?

Quiero creer que se trata de ignorancia del marco legal, de exabruptos irracionales, aunque desgraciadamente eso tampoco es justificable de forma alguna en el caso.

En 2006 la revista Time publicó en su portada la imagen que corresponde a una ya tradicional forma de reconocer la influencia de algún personaje público en la sociedad. La imagen tenía una computadora de escritorio en cuyo monitor se podía leer la palabra “YOU”.

“TÚ”, la persona del año eres “TÚ”, y con ese argumento la revista señalaba que ese momento, en plena irrupción de la web 2.0, de los prosumers (consumidores y también productores de contenidos en Internet), de la explosión de los medios sociales, entonces llamados aún redes sociales (social networks) que los ciudadanos con presencia en la red nos convertíamos en los personajes más influyentes del año.

Habría que añadir que a tal señalamiento no le hubiera caído mal un subtítulo específico: For the right or wrong. “Para bien o para mal”, debía haber incluido la revista en su portada.

En julio de 2011 escribí para esta misma publicación un artículo titulado “Redes sociales virtuales: democracia, democratismo y democretinismo”. En ese texto señalaba cómo los mexicanos exhibimos nuestro nivel para el debate público en el ambiente del social media: una escasa cultura política, un valemadrismo y poca capacidad para discutir racionalmente.

Recurrí a la palabra democretinismo para señalar una actitud abiertamente cretina y explícita entre usuarios de esos medios, incluso dejando claro la definición de la palabra cretino.

Lo ocurrido en los últimos días con los ataques a Ezra Shabot muestra un panorama poco distinto de 2011 a la actualidad. También motiva a pensar que ese tipo de ataques son materia de todos los días en la red, que si bien preocupa la agresión hacia un personaje público como Shabot, debe ocuparnos también cualquier otra, incluso de quien no sea un destacado actor social, porque cada uno lo somos, en su particular manera.

No sobra decirlo: también Carmen Aristegui ha sido blanco de esa misma actitud, cuestionada por la forma en la que presenta las noticias, por una supuesta pero no comprobada filia hacia los partidos de izquierda en México o simplemente la figura de Andrés Manuel López Obrador, o por su supuesta dependencia de los dictados de Carlos Slim, entre otras acusaciones e insultos cuestionando su sexualidad o su condición de género.

Lo más lamentable en ambos casos es también que esa defensa que reclama y ataca bajo un mismo marco legal defiende también lo que como mexicanos “nos merecemos”, mostrando no un conjunto de arquetipos sobre cómo somos, sino una muestra clara de en realidad cómo todavía somos. La incongruencia es mayúscula, y en ese sentido, patética.

PD: Hasta el momento de la redacción de este texto no existía ningún manifiesto público de organizaciones como Freedom House, Artículo 19, Reporteros Sin Fronteras o similares que tomara en cuenta el caso de Ezra Shabot, como sí se ha hecho con otras personas que han sido amenazadas o atacadas virtualmente a través de Internet. ®

Publicado en: Al_Medio

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