VIVIR COMO VIDEOJUEGO

Inmanencia viral,
Fausto Alzati Fernández

En primera instancia pensé que el tema principal de Inmanencia viral (Conaculta, 2009) era el narcisismo, hasta que después de pensarlo más y mejor entendí que más bien trata sobre la relación entre el yo y el principio de la realidad. El narcisismo es, pues, una tesis, un supuesto sobre esa relación. Dicho de otro modo: el narcisismo es el tipo de relación predominante o característico de la sociedad moderna (¿o posmoderna?). La tesis no parece nueva, pero es interesante, un reto entretenido, ir constatando a lo largo de once ensayos breves, cómo Fausto Alzati Fernández va poniendo a prueba este supuesto. Así, en la omnipresencia de la publicidad, en las relaciones que establecen los admiradores de las celebridades con ellas —con sus imágenes, mejor dicho—, el vaivén entre la intimidad y la exhibición, y el simulacro magnificado en el espectáculo ficticio de la realidad. De modo que la robótica y la pornografía tienen en común lo que en primera instancia pudiera pensarse: ambas se aplican a la suplantación de otro para el placer de cada consumidor o usuario.

Según esto, el narcisismo contemporáneo, en sociedades que presentan estos fenómenos, se diferenciaría con el de otras épocas, espacios o estadios de desarrollo o civilizatorios, en que la relación del yo con el principio de realidad cruza todos los ensayos y les da unidad como un solo discurso y un solo ejercicio retórico y reflexivo.

La tesis halla una problemática: la suplantación de relaciones interpersonales por la escenificación de relaciones intrapersonales, la desvinculación con los otros. En tal caso, la robótica como la pornografía, en forma de muñeca inflable o de androide de mujer perfecta, tienen que ver con la creación de un falso otro, que a fin de cuentas no es otra cosa que la representación del deseo propio, una relación mercantilizada con uno mismo. Por eso a Alzati le parece que la pornografía es una maniobra apócrifa de intimidad, en la que el desnudo es un disfraz como cualquiera otro. Entonces el placer del espectador es saber que fingen para él, que para eso paga. Interpretado o explicado así, el porno o lo porno no es transgresor, es moralista, porque reproduce y confirma valores conservadores.

Aquí es donde entra otra tesis que está relacionada, que tampoco es nueva, pero, al parecer, Inmanencia viral participa en su actualización: que la tecnología hace a la cultura; no a la inversa. Según el marxismo, la cultura es reflejo —nivel superestructural— de las relaciones (económicas) de producción —nivel estructural—; según Alzati: la transformación tecnológica transforma la experiencia, la cual transforma la identidad. El supuesto se actualiza en que la virtualidad le da mayor complejidad a lo real.

Como todo narcisismo, éste tiene que ver con que no se quieren tener otras consecuencias de lo que se desea distintas a las exclusivas de la experiencia del placer, del gozo. Por eso, por ejemplo, el éxito de los videojuegos, como gran narrativa de la época. En ellos se transgrede toda ley se pierden “vidas” una y otra vez. Me recuerda, por cierto, a un adolescente estadounidense sentenciado por robo de auto declaró que ante el juez: “Life is a videogame, everybody has to die anytime”.

El estilo de Alzati va de lo coloquial a lo rebuscado, de lo concreto a lo abstracto, de lo personal a lo general y a lo inmanente. En la mayoría de sus ensayos parte de una imagen más o menos cotidiana, propia de una modernidad mediatizada por las industrias del entretenimiento, de los negocios del espectáculo y su cultura pop. Entonces busca significados —inmanentes— de esas imágenes, de sus sentidos o sinsentidos. Reflexiona sólo con certezas, sin dudar. Éste es un libro, por lo tanto, de puras certidumbres, del que percibo un ánimo por mejorar definiciones y descripciones, por ensayar definiciones correctas o precisas. Afirma una y otra vez de manera multipersonal, es decir, pasa de la conjugación en “yo” a “nosotros” y viceversa frecuentemente, eventualmente le escribe al “tú” y excepcionalmente lo hace de manera impersonal, inclusive en un mismo texto. Me parece que se coloca en la experiencia como observador que participa a la fuerza y es cuando escribe como “nosotros”, pero cuando se aleja del objeto, cuando marca distancia crítica respecto del objeto, entonces escribe como “yo”.

Por momentos se vuelve militante de la causa de la Verdad, atareado en exhibir a lo falso como lo que es, por descubrir su trampa o por corregir a quienes yerran al creerlo cierto. Polemiza respecto de ideas de las cuales no aparece un interlocutor con nombre o rostro que las defienda, como si pudiera ser cualquiera, eventualmente cada lector. Para ello se vale de una legión de aliados que convoca sin polemizar con ellos: Sloterdijk, Foucault, Hegel, Baudrillard, Zizek, Hakim Bay, Guattari, Lasch, Derrida, Adorno, etcétera, mayoritariamente filósofos. Y también refiere a Britney Spears, los Sex Pistols, Pinky y Cerebro, Sonic Youth o Lou Reed como narradores o fenomenólogos de este narcisismo.

Inmanencia viral constituye un reto. Es un libro para poner a prueba los supuestos que afirma, para desentrañar las relaciones que implícitamente establece y para cuestionar sus claves y las propias de interpretación de la realidad. Mejor dicho, de las imágenes y los discursos que frecuentemente suponemos como ella. ®

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Publicado en: Abril 2010, Libros y autores

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