Voy a fingir mi muerte en prosa

Voy a fingir que el final de mi vida fue como en el poema de Amado Nervo: que me retiro despacio, con la conciencia tranquila y el alma llena, y al cerrar los ojos y entregarme al abismo me voy con mi sonrisa de diario. “Vida, estamos en paz.”

espectro

Voy a fingir mi muerte en prosa.

Voy a fingir que me encuentro en alguna especie de abismo, o una sombra que me cubre y me envuelve y me fenece. Aunque, si así fuera, no estaría aquí escribiendo.

Voy a fingir que mis manos van perdiendo fuerza hasta desvanecerse, y que en el ocaso de la vida desearía la fuerza de tus labios; no para seguir viviendo, pero para morir en paz.

Voy a inventarme que me compuse una melodía en el piano de la casa, aunque lo cierto es que nunca aprendí a tocarlo; pero si ya estoy fingiendo mi muerte, mejor hacerlo bien, y digamos que me compuse una melodía.

Voy a fingir que el final de mi vida fue como en el poema de Amado Nervo: que me retiro despacio, con la conciencia tranquila y el alma llena, y al cerrar los ojos y entregarme al abismo me voy con mi sonrisa de diario. “Vida, estamos en paz.”

También fingiré que lo último que te dije fue un poema improvisado de magnitudes estratosféricas que resumiera mi gratitud y mi aprecio hacia ti; sobre que te dediqué mi vida y estoy satisfecho. O quizás sólo un Te amo, y dejara a la sonrisa hablar con el silencio.

Voy a fingir que di la vida por alguna de esas causas tan prostituidas que, cuando uno las menciona, siente que va a contraer una enfermedad venérea: Por la libertad, por la justicia, por la dignidad, por los aplausos o por las sonrisas.

Voy a fingir que se me deshace el cuerpo: Que le regreso los ojos y las manos a mi padre, los labios y el pelo a mi madre, el modito de andar a mi abuelo, la paciencia a mi abuela, los dedos a Dios, a Dios a ti y a ti los besos.

Voy a hacerle como que conocí el mundo, que dormí en colchas de seda y en tierra desnuda; que viví aventuras reales e inventadas, pero más de las primeras que de las segundas; que parí un libro, escribí un árbol y planté un hijo.

Voy a fingir que hasta me escribí un epitafio:

Aquí yace Yo;

abusaba del estribillo,

y fingió su muerte en prosa.

Voy a inventarme un velorio lleno de familiares y amigos tristes de que me fui, pero sabiendo que me fui con gusto. Voy a hacer como que todos lloran, pero nomás tantito; que me acompañan a donde me fui, así sea que me fui a la nada. Y voy a fingir que me despiden todos con un adiós de respeto, salvo por algún muchacho en un sitio de Internet.

Voy a fingir que la muerte es buena, y que no le tengo tanto miedo como en realidad le tengo —por más inevitable que resulte ser.

Voy a fingir mi muerte en prosa.

Voy a fingir que tengo una mejor prosa, y que me escribí una mejor muerte. ®

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Publicado en: Julio 2013, Poesía

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