Zhou

Trance por un reloj de péndulo

El autor comienza observando un viejo reloj, pero el movimiento hipnótico del péndulo lo lleva a una divagación fluida que podría llevarlo (y llevarnos con él) a cualquier lugar.

En mi casa hay un reloj de péndulo que es algo antiguo, pero está en buenas condiciones: nunca ha fallado. Debe tener de perdida trescientos años, o quizá más, aunque no sé con exactitud. Mi bisabuelo lo consiguió en una tienda de antigüedades. Supongo que lo heredaré cuando muera mi papá. Ésta sí que es una tradición encomiable: de mi bisabuelo a mi abuelo, de éste a mi padre… Unos desaparecen y otros aparecen, nacen.

Cuando no tengo nada que hacer, cuando estoy aniquilado, me siento frente a él y parece que surgiera luz de mi aniquilamiento, de mi pesadez. Podría decir que esto es filosofar, pero estoy más convencido de que se trata de algo, digamos, científico.

Así, entre el ir y venir del péndulo, yo… pienso en los senos de mi maestra de física. Son muy amplios, es decir, muy grandes. Y casi no se mueven, no oscilan. Son rígidos, pero si uno los tocara, estoy seguro, sí se moverían. El que no deja de moverse es el péndulo de mi reloj; debe tener un mecanismo interno. Sin embargo, no quisiera averiguarlo. Ah, pero esto obedece a que si le meto mano podría estropearlo, echarlo a perder, no a que carezca de ese espíritu científico que debo tener. Por eso mejor recurro a mi maestra de física, aunque en la imaginación.

Así, entre el ir y venir del péndulo, yo… pienso en los senos de mi maestra de física. Son muy amplios, es decir, muy grandes. Y casi no se mueven, no oscilan.

Cierro los ojos y veo unas pelotas, las de mi maestra de física. Sí, las pelotas ésas que nos presentó hoy como núcleos, átomos y moléculas. Yo me atraganté con tanta cosa. No puedo ver esos entes, pero me los imagino muy claramente: son pelotas. Sin duda, éstas también se mueven de alguna manera, quizá sencilla como el péndulo de mi reloj.

Abro los ojos y no veo mi reloj. No desapareció, no se colapsó, sino que se fue la luz. Salgo a la calle y sí veo luz en las casas de mis vecinos; la luz no se fue, ocurrió otra cosa.

La instalación eléctrica de mi casa —que quizá también herede— es muy vieja, tiene muchos desperfectos. La luz se va, la luz llega, y a veces la intensidad de los focos cambia de cierta manera. Por eso lo primero es investigar en la caja de fusibles donde está la palanca de interrupción de la energía eléctrica.

La curiosidad mató al gato, y lo veo… ¡muerto! Siempre que Zhou se subía al techo se excitaba. Estaba en chino poder entenderlo, por eso le puse ese nombre. Excitado debió caer de nivel derechito a la palanca; la bajó sin querer, y él a su vez fue dado de baja de este mundo. Esto no lo vi, pero lo infiero. Algo he aprendido con mi maestra de física.

Me voy a dormir, pero no eternamente, por lo pronto. Sé que cuando mi papá vea la luz por última vez, cuando la luz se le acabe, el reloj será mío y quizá también la casa. De mi maestra no sé gran cosa, ahí sí que todo es aproximado.

¿Y si después de Zhou sigo yo? ®

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Publicado en: Agosto 2010, Narrativa


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