La realidad holográfica

¿Vivimos en una realidad simulada?

La teoría como tal parece simplificar mucho, pero si realmente da en el clavo serviría para conciliar la física tradicional y la teoría general de la relatividad con la física cuántica.

El universo como un holograma. Foto © futurism.com

El siglo XX terminó en medio de una revolución tecnológica encaminada a transformar la historia de la humanidad desde la raíz. El internet representaba esa entelequia inmaterial y ajena en la que la libertad alcanzaba un nuevo significado. Aunque, en un principio, su alcance y penetración no se vislumbraban del todo. Se alentaban las bases de una cultura mundial interconectada a partir de las nuevas tecnologías informáticas que lejos estaban de ser en lo que hoy se han convertido, pero que sí constituían en esencia una revolución colectiva en lo que a difusión del conocimiento e información se refiere.

En este contexto, y como estandarte de la generación del cambio, apareció una película que, lejos de coincidir fortuitamente con los temas del momento, se instauró como el paradigma de la paranoia tecnológica esparcida desde entonces en cuando debate bioético se ha tenido. Matrix, estrenada en 1999, es para muchos la punta de lanza de la revolución digital desde la trinchera de la cultura pop. Aunque, forzándonos a ser justos, habría que decir que la obra de los hermanos Wachowski no fue sino en realidad la conglomeración de múltiples referencias que ya desde años antes venían planteando el perfil estético, conceptual e ideológico que la caracterizó.

La idea de que la humanidad podría estar viviendo una realidad simulada condujo a muchas discusiones en las que el común denominador era la retórica, casi siempre poco fundamentada y con relativa escasez argumentativa. Más allá de la popularidad y el impacto mediático que causó la cinta, los cuestionamientos y escenarios planteados en ella no pasaban de ser meros dilemas filosóficos que no conducían a nada. Matrix, a veinte años de distancia, se ha asentado como leitmotiv de toda una generación y de un punto de inflexión en la historia que marcó a manera de bisagra el cierre de una era y el comienzo de otra. La revolución digital no tiene un registro exacto que nos ayude a marcar su inicio, pero se vale de diversos referentes culturales para construir su imagen en el colectivo.

Pero más allá de todos los matices y paralelismos que podemos encontrar en esta película, lo que pocas personas saben en torno a las teorías expuestas en pantalla es que existe en realidad una visión con cierto asomo de fundamento científico que soporta la naturaleza de esas teorías, particularmente la idea de que podríamos estar viviendo en una realidad simulada. Teoría, si es que cabe el adjetivo, que en años recientes ha ganado popularidad a partir de su difusión a través de las redes sociales. Y, por increíble que parezca, los avances y descubrimientos en las entrañas más profundas de la física contemporánea, que se han presentado últimamente, apuntalan cada vez con mayor firmeza las ideas básicas que defiende la teoría de un posible universo holográfico.

En la década de los noventa los físicos Gerardus ‘t Hooft y Leonard Susskind postularon una hipótesis que sacudió por igual a la ciencia y a la opinión pública. Se la conoce como “principio holográfico”, y defiende la idea de que el universo puede ser interpretado como un holograma.

En la década de los noventa los físicos Gerardus ‘t Hooft y Leonard Susskind postularon una hipótesis que sacudió por igual a la ciencia y a la opinión pública. Se la conoce como “principio holográfico”, y defiende la idea de que el universo puede ser interpretado como un holograma. El gran problema de tal hipótesis recae en el hecho de que se vale de un término fuertemente enraizado en el imaginario colectivo, pero con un entendimiento de éste radicalmente sesgado. Poca relación guarda con los hologramas que tratan de distraernos de la realidad. El principio holográfico, propuesto por Hooft y Susskind, aplica la idea del holograma para intentar ilustrar su hipótesis más genuinamente revolucionaria: que la estructura física tridimensional del universo puede explicarse mediante la información codificada en su frontera, y esa frontera es, por tanto, finita.

Técnicamente, la visión holográfica del universo representa en sí misma, tal y como la teoría del multiverso, el anhelado sueño de la unificación entre las diversas paradojas físicas que se mantienen hasta nuestro tiempo. La teoría como tal parece simplificar mucho, pero si realmente da en el clavo serviría para conciliar la física tradicional y la teoría general de la relatividad con la física cuántica. El principio holográfico explica con solidez la fuerza de gravedad codificándola en dos dimensiones, lo que nos permitiría llegar a un modelo universal de la física y estudiar fenómenos que actualmente no entendemos desde una perspectiva completamente nueva.

¿Están Hooft y Susskind en lo cierto? Es todavía prematuro asumir su principio como una verdad absoluta, pero un estudio realizado por otro equipo de astrofísicos en enero de 2017 ha encontrado indicios que sostienen la hipótesis del principio holográfico. Se trata del análisis de datos de una porción de la radiación de fondo de microondas y la han contrastado con un modelo holográfico que trata de predecir los cambios en esa radiación desde el momento del Big Bang. Los datos de la predicción coinciden con las observaciones, pero de ahí a que el estudio corrobore la hipótesis del principio holográfico existe un largo trecho. Sin duda, aún queda mucho por estudiar. De lo que podemos estar seguros es de que no vivimos dentro de un holograma, aunque la realidad pueda a fin de cuentas explicarse como uno. ®

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Publicado en: Ciencia y tecnología

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