Las memorias de una ex guerrillera

Entrevista con Rosa Albina Garavito

Ex guerrillera, ex diputada por el Partido de la Revolución Democrática y ahora académica, Rosa Albina Garavito habla de su breve experiencia con la vía armada y de los distintos momentos del México de los años setenta y de ahora.

El libro de Rosa Albina Garavito es la memoria de una mujer que vuelve sobre sus pasos para narrar y pensar su experiencia personal. Recupera el ambiente, las ilusiones y los resortes de una época, pero sobre todo recrea, a través de diversas estampas, su biografía que alumbra las pulsiones de parte de una generación que creyó que había llegado el momento de saldar cuentas con el “poder” y refundar la vida desde cero: una revolución estaba en el futuro inmediato y ellos serían protagonistas. Se trata de un testimonio, de un testimonio que vale la pena. Ante tanta amnesia social, ante el olvido que resta comprensión a la vida, nunca estará de más volver al pasado, contarlo y reflexionar sobre él. Máxime tratándose de acontecimientos tan dramáticos. —José Woldenberg, Prólogo a Sueños a prueba de balas.
Rosa Albina Garavito. Foto © J. A. Monterrosas.

Rosa Albina Garavito. Foto © J. A. Monterrosas.

Rosa Albina Garavito es autora de Sueños a prueba de balas. Mi paso por la guerrilla (Ediciones Cal y Arena, 2014), una mujer franca y sonriente, sobrevivió a la masacre del 2 de octubre de 1968 y a la matanza del 10 de junio de 1971, y decidió convertirse en una guerrillera; ahora es economista y socióloga. Nació en Santa Cruz, Sonora, en 1947, se fue a vivir a Nuevo León y ahí, en agosto de 1971, tomó la decisión de sumarse al grupo armado que encabezaba Raúl Ramos Zavala, un grupo al que se conocería como Los Procesos y que sería parte fundamental en la formación de la Liga Comunista 23 de septiembre, en mayo de 1973.

“Raúl ya no estuvo presente en la fundación de la Liga, pues lo mataron el 8 de febrero de 1972”, narra Garavito, y del nacimiento de la Liga ella se enteró por los periódicos, “pues después de mi detención, el 17 de enero de 1972, quedé totalmente aislada”.

Rosa Albina Garavito es profesora e investigadora del Departamento de Economía de la Universidad Autónoma Metropolitana–Azcapotzalco, en la Ciudad de México. Fue una de las fundadoras del Partido de la Revolución Democrática (PRD), diputada y coordinadora del grupo parlamentario y senadora en ese partido. La reciente renuncia del fundador del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas, por cierto, le parece “tardía, intrascendente, irrelevante y que no contribuye en nada porque ese partido está desaparecido como partido de izquierda desde hace tanto tiempo”. Garavito renunció al PRD en abril de 2008, episodio que cuenta en otro libro, Apuntes para el camino. Memorias sobre el PRD (Eón/UAM–A, 2010).

En su reciente libro Garavito invita a los jóvenes a no volver a las armas y a pelear espacios mediante la democracia participativa; que “reflexionen sobre su momento y que nunca terminen de indignarse y siempre se sientan agentes de transformación social”, pues “uno no puede vivir impasible, impávido frente un mundo de exclusiones, de injusticias, de violencia, de falta de respeto a la misma vida. Es necesario comprometerse con tu entorno”.

—Tu libro tiene que ver con la libertad y con la memoria.

—Recupero la memoria y en esa recuperación de la memoria subrayo que ese movimiento fue un movimiento libertario dentro de un régimen autoritario, asfixiante, represivo, con un presidencialismo absolutamente verticalista; era un poco como el régimen de la Unión Soviética, hago el parangón y lo sostengo. Un país sin libertades.

”Hicimos una revolución, la de 1910, en donde se avanzó mucho en derechos sociales pero se cancelaron las libertades políticas. En 1968 emerge por primera vez, asoma la cabeza, un nuevo sujeto social que es el ciudadano, pero de manera relativamente aislada; los estudiantes reclamando libertades políticas. Luego en 1988 ya esa libertad política, como la libertad de elegir a sus gobernantes se hace masiva, ésa es otra coyuntura muy importante, pero nosotros estamos en el relato de qué es lo que surge como respuesta a la represión del 68 y del 71 en un país sin libertad de expresión, sin libertad de manifestación, de opinión.

Recupero la memoria y en esa recuperación de la memoria subrayo que ese movimiento fue un movimiento libertario dentro de un régimen autoritario, asfixiante, represivo, con un presidencialismo absolutamente verticalista; era un poco como el régimen de la Unión Soviética, hago el parangón y lo sostengo. Un país sin libertades.

”En la primera expresión de los estudiantes de manera masiva en las calles, la opción es reprimirlos cruentamente con la masacre de Tlatelolco, y esto se reitera en el 71.

”Como generación muchos estábamos muy sensibilizados en torno al tema, así que al ver que por segunda ocasión se da esta respuesta autoritaria pensamos que no hay otra vía, y lo sostengo, para entonces no había otra vía más que la lucha armada para hacer patente el reclamo de libertades.

”No lo estoy sosteniendo para este momento, quisiera que mi libro fuera un espacio y una oportunidad de reflexión para los jóvenes, para que piensen en el país que era y en el país que somos, en la juventud que fuimos y la juventud que ahora son ellos; yo los veo como jóvenes, por fortuna, indignados frente a la represión, frente a esta violencia absurda y la impunidad; frente a la colusión de los gobiernos y autoridades con el crimen organizado. En un país con una democracia maltrecha, tenemos que aceptarlo, hay canales de expresión para manifestar ideas y para manifestarse pacíficamente.

”De ahí va a surgir una alternativa, no de los partidos porque están absolutamente agotados; sostengo que no tenemos un partido de izquierda en este país, estamos huérfanos de una organización de izquierda, pero las ideas de izquierda están en la misma sociedad y que, retomando las experiencias de los zapatistas, del diálogo de Chapultepec y ahora el del Politécnico, a pesar de los pesares vamos avanzando. Cómo hacer valer esas demandas, y sobre todo cómo abrir espacios para la democracia participativa, que es lo que no tenemos.

”Tenemos democracia electoral, que hace aguas por la mercantilización de la política, pero lo que no tenemos es democracia en las organizaciones sociales, no hay libertad ni democracia sindical. Necesitamos construir y ampliar la agenda democrática y canalizar esta expresión para construir un nuevo Estado.

”No soy de la opinión de que se vayan todos, de que renuncie Peña Nieto; eso no tendría ningún significado, más bien hay que transformar este Estado democráticamente, hacia el ejercicio del poder cotidiano, a la democratización participativa.

—Muchos jóvenes piensan que el país en realidad no ha avanzado, que vivimos en una dictadura perfecta…

—Yo creo que es bueno detenerse y pensar en qué sí hemos avanzado, pero también para ver la profundidad de la crisis que estamos viviendo de descomposición de la clase política en el poder, en donde están todos los partidos, no sólo el gobierno; donde se enseñorea la impunidad y la corrupción y cómo no se resolvió. No hubo respuesta democrática al movimiento que nosotros desarrollamos en los inicios de los setenta, lo que se generalizó fue la impunidad; hubo violación masiva de derechos humanos, no se castigó a ningún responsable, no hubo una investigación seria como sí la ha habido en países de América del Sur, en torno a las guerras sucias. Lo que pasa es que se prolonga, se ensancha y se profundiza esa impunidad; es grave lo que está pasando, pero creo que dentro de esa gravedad, insisto, yo veo madurez en los jóvenes para poder aprovechar todos los canales de participación.

No hubo respuesta democrática al movimiento que nosotros desarrollamos en los inicios de los setenta, lo que se generalizó fue la impunidad; hubo violación masiva de derechos humanos, no se castigó a ningún responsable, no hubo una investigación seria como sí la ha habido en países de América del Sur, en torno a las guerras sucias.

—Enrique Krauze dijo recientemente que había que aprender a distinguir los momentos que vive la juventud de hoy y la que vivió el 68, cuando los jóvenes estaban cansados de un presidencialismo autoritario; actualmente los jóvenes piensan que estamos en una situación semejante a la de 1968…

—Yo creo que son dos momentos absolutamente distintos. Ahorita vivimos en plena globalización, en pleno uso de las redes sociales, en un país con descomposición social. En el México de los sesenta no había esa descomposición. En los sesenta e inicios de los setenta no existía esta violencia generalizada. Ahora tenemos un país con gravísimos problemas económicos que se han ido profundizando.

”En los sesenta estábamos viviendo todavía la última etapa del milagro económico, que quiere decir: el empleo crecía, el salario crecía, el gasto social era muy importante, y ahora tenemos una economía absolutamente concentradora, excluyente, una fábrica de pobres. Se acabó el Estado de bienestar de aquella época, ahora tenemos un Estado excluyente y una política excluyente.

—¿Qué significa haber sido una guerrillera?

—Es una decisión que implica un compromiso muy fuerte porque estás arriesgando la vida de manera consciente; uno la arriesga todos los días, pero tomarlo como una opción de vida hace una diferencia grande. En el libro digo que mi participación fue efímera, yo inicié mi participación en agosto del 71 y para enero ya me habían dado un balazo cuando me detienen.

”Las consecuencias fueron bastante profundas para mí, no sólo para mí sino para toda la generación; eso dejó una huella indeleble, absolutamente. Yo nací dos veces, para empezar, porque fue gracias a la excelente atención de los médicos del hospital universitario, de la Universidad de Nuevo León, como me salvé. Es como vivir dos veces, y cuando uno tiene esa oportunidad la responsabilidad continúa. Es necesario no perder la congruencia, seguir comprometida con las causas de la transformación democrática de este país a fondo.

”Todo eso me ayudó mucho para entenderlo. Escribí el libro en el 2002 y lo dejé arrumbado porque me dio pena promover su publicación, me dije: “A quién le puede interesar la historia de esta mujer que tomó esa decisión entonces, más allá de mí misma”. Con el paso del tiempo lo retomé, no le hice ningún cambio, lo escribí de un tirón.

—Escribiste la introducción en enero de 2014. En septiembre sucedió lo de Ayotzinapa…

—Aunque ya estábamos inmersos en la violencia. Ahí hablo de la violencia que se está viviendo. Hablo de la funcionalidad de esa violencia; el gravísimo hecho de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa constituye un parteaguas, por varias razones: primero, por a quiénes están reprimiendo. Son jóvenes, son estudiantes, son pobres, son indígenas, es una parte muy sensible de la sociedad. Tú escuchas a esos jóvenes ahora y ves que son jóvenes ilustrados. Ahí también lo que se está reprimiendo son las ideas, a los afanes de ser protagonistas de su entorno, como son esos jóvenes normalistas. Otro elemento es el hecho de que se desnuda frente al mundo y la sociedad la colusión entre gobiernos, partidos y la delincuencia organizada, son muchos los elementos que están ahí confluyendo, por eso no es extraño ver las calles llenas y que el mundo se horrorice ante lo que ahí sucedió: un crimen de Estado, o sea, un Estado con todo lo que esto implica, no sólo como aparato burocrático sino como una relación social, una relación de poder en donde están imbricados todos los poderes, toda la clase política que fue penetrada por la delincuencia organizada.

Tanto los críticos que venimos de entonces, de los sesenta y los setenta, como los jóvenes de ahora, ejercemos la crítica contra una izquierda podrida y descompuesta que es la izquierda partidaria; hay ideas de izquierda que están en la sociedad pero que no las están abanderando los partidos.

”Cuando tú ves la constitución y ves cuáles son las responsabilidades del Estado, y ves la distancia entre esas obligaciones y lo que está haciendo, coludirse con un interés privado, que además es un interés bárbaro que aplica el horror y el terror para conseguir sus fines, pues es muy adecuado decir crimen de Estado, y cuando se dice crimen de Estado yo no entiendo que sea Peña Nieto y no el gobierno municipal, es el Estado en su conjunto. El Estado en su conjunto tendría que estar haciendo esa autocrítica; los tres poderes y los partidos lo que están haciendo es tirarse la bolita, que fue lo que hizo de manera penosísima el PRD al día siguiente de la noticia: “Es que así está todo el país”, en lugar de asumir su responsabilidad y llamar a que cada quien asuma su responsabilidad, y que entonces se tomen las decisiones.

—Ahí está la renuncia del propio Cuauhtémoc Cárdenas…

—Absolutamente tardía la renuncia de Cárdenas, yo la veo intrascendente, irrelevante, no contribuye a nada porque ese partido está desaparecido como partido de izquierda desde hace tanto tiempo. Por omisión fue cómplice.

”Tanto los críticos que venimos de entonces, de los sesenta y los setenta, como los jóvenes de ahora, ejercemos la crítica contra una izquierda podrida y descompuesta que es la izquierda partidaria; hay ideas de izquierda que están en la sociedad pero que no las están abanderando los partidos.

—En los sesenta la sociedad era más cerrada, y que una mujer decidiera ser guerrillera…

—Eran los sesenta, principios de los setenta, y por primera vez la figura del estudiante fue una figura masiva; a la universidad generada por el Estado de bienestar social los jóvenes asisten masivamente, hay hombres y mujeres, hay un encuentro social, primero el de las aulas, pero también tenemos el encuentro cultural con otro mundo, a través de la música, del rock, absolutamente liberador, del cine, del cine cubano, del cine italiano, del cine estadounidense. Nos estábamos nutriendo de un mundo, en términos culturales, que no tenía que ver nada con la represión que se vivía en nuestras familias, en un ambiente y una sociedad tradicionales.

”Era estar rompiendo muros culturales y sociales, además de tratar de abrir puertas políticas, pero la verdad es que yo nunca me problematicé por eso, ahora que te lo digo lo hago consciente, pero no pedí permiso, yo creo que así hay que hacerlo.

—¿Con qué te gustaría que se quedara el lector de tu libro?

—Con un testimonio absolutamente honesto de alguien que, como muchos jóvenes de hace cuarenta años, no encontramos otra vía más que tomar las armas para abrir caminos de libertad y de democracia en este país; el de una mujer que no se siente derrotada, que piensa que contribuimos; que fue una experiencia dolorosa y que sigue presente esa voluntad y esa pasión por el cambio. ®

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Publicado en: Libros y autores

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