“Ni una menos”, escribió Susana

“No tienes futuro como poeta”

En el año en que asesinaron a la poeta juarense Susana Chávez Castillo el Ejército se retiró de Ciudad Juárez. En 2011 tres adolescentes la asesinaron y le cortaron una mano.

Susana Chávez Castillo. Ilustración de Felipe Muhr/revista El Definido.

Susana Chávez Castillo fue una poeta nacida en Ciudad Juárez, Chihuahua, México, el 5 de noviembre de 1974. Fu asesinada el 6 de enero de 2011 por tres adolescentes: “el Balatas”, “el Pelón” y “el Pollo”, a la edad de 36.

Considero pertinente aclarar que, a pesar de haber puntos en común entre ella y yo, como la vibra generacional, la ciudad de nacimiento e intereses por la literatura y la cultura, nunca la conocí. Así que, de lo que pueda hablarles sobre ella en esta recapitulación de su vida y muerte, será única y exclusivamente apegada a una investigación periodística; enriquecida por lo que resultaron ser escuetas impresiones o testimonios proporcionados con reticencia —y con la promesa de no publicar sus nombres— por quienes sí la trataron pero que no quisieron figurar: “La verdad yo no, pero quizá alguna de mis amigas sí”. “Permíteme preguntar y te aviso con quién contactar”. “Simplemente no es correcto, si no tienes nada bueno que decir y sin réplica… difícil tema”, fueron algunas de las evasivas que recibí al decirles que preparaba una nota por el aniversario luctuoso de Susana Chávez.

Aniversario luctuoso

A once años de su asesinato, cumplidos el pasado 6 de enero, Susana Chávez se ha convertido en insignia del feminismo fronterizo. Fueron ellas, las feministas académicas, quienes le produjeron su obra post mortem con sus poemas desperdigados. Los reunieron de aquí y de allá y los publicaron bajo el título de Primera tormenta (el nombre de su blog) a cargo de la emergente Canal Press, editorial independiente del programa de posgrado de la Universidad de Houston, Texas, en el 2020.

A Susana se le atribuye la frase “Ni una menos”.1 Sin embargo, la realidad es que fue gracias a un colectivo feminista argentino como la frase se expandió a gran escala por Hispanoamérica en el 2015:

La marcha denominada Ni una menos se realizó por primera vez el 3 de junio de 2015 en ochenta ciudades de Argentina. Las manifestaciones se repitieron el 3 de junio y el 19 de octubre de 2016. En el país, hasta 2016 en promedio se cometía un femicidio cada 30 horas, en 2017 este promedio se elevó a que se cometa un femicidio cada 18 horas. También se volvieron a concentrar en el 2017, siendo el año con más concurrentes.

Sus orígenes  

En el prólogo o La vida de Susana Chávez Castillo del libro Primera tormenta, Hilda Sotelo, escritora, nos cuenta que Susana fue abandonada por sus padres. Que a su madre biológica la apodaron “la Loba”, fue alcohólica y terminó suicidándose. El prólogo no ofrece mayores pistas del padre de Susana, sólo que la hermana de éste fue quien la adoptó. Lázara Castillo,2 tía de Susana, fue quien se hizo cargo de ella hasta los últimos días de vida. No es de extrañarnos, pues, que debido a esa infancia de abandono, de familia disfuncional, de carencias económicas y afectivas se nutriera su voz poética: “El imaginario de Susana abarcaba el pantano, el abandono y el suicidio de su madre biológica; las calles de Juárez, su ciudad natal, y la justicia que ella aseguraba llegaría tarde o temprano también forman parte del imaginario”.

La leyenda dice que participó de talleres literarios impartidos por escritores “misóginos” donde “fue tratada con desprecio y displicencia”. Lapidada cruelmente por una maldición: “No tienes futuro como poeta”.

Susana empezó a escribir desde los once años. Se involucró en el ambiente cultural de Ciudad Juárez tras alcanzar la mayoría de edad durante la década de los noventa, su época más productiva tanto en el activismo social como en el de su obra literaria. La leyenda dice que participó de talleres literarios impartidos por escritores “misóginos” donde “fue tratada con desprecio y displicencia”. Lapidada cruelmente por una maldición: “No tienes futuro como poeta”. (En el presente, en la era de los escraches y del #MeToo hay quienes recurren al escarnio social publicando la identidad de aquellos hombres que osaron victimizar a una mujer con sus desconsideradas observaciones y poco tacto. Pero una servidora no pudo encontrar fecha, lugar, nombre del taller ni de los misóginos que lo impartieron.) Cursó hasta el tercer semestre de psicología y a los 23 años, ya como estudiante universitaria, participó en varias marchas acompañada de “líderes” que eran sus amigas, pero será a partir de 2005 cuando no participaría más de eventos literarios ni protestas.

Ciudad Juárez, la frontera más fabulosa y bella del mundo

Sabíamos, Susana, yo y las amigas que se nos fueron uniendo, que a pesar de que cada una buscaba algo distinto, nos formábamos juntas y paradójicamente solas. En la ciudad había apenas tres pequeñas bibliotecas —dos universitarias, una pública— y tres librerías —una de éstas, para colmo, además era nevería—. En los noventa no éramos feministas, pues si no teníamos acceso a libros medianamente buenos, mucho menos a obra feminista. Pero nos teníamos las unas a las otras. Así, con pocos libros y menos apoyos, de manera autodidacta, crecimos juntas dentro de un sistema que no valoraba la perspectiva y la escritura de las mujeres.

El prólogo de Primera tormenta nos ilustra la ciudad donde nació, vivió, creció y murió Susana Chávez como una ciudad sin opciones. Y que por no haber ofrecido opciones, información y conocimientos es que no eran feministas. ¿Para ser feminista debes conocer de feminismo? Si una feminista no nace, se hace —parodiando a De Beauvoir— peor aún. Porque esa excusa terminó de un plumazo con tres Olas del feminismo. Desapareció de los anales históricos nombres de admirables mujeres como Emilie du Châtelet, Olympe de Gouges, Mary Wollstonecraft, Harriet Taylor, Clara Zetkin, Carmen de Burgos, Clara Campoamor, Betty Friedan, Celia Amorós, Marcela Lagarde y Amelia Valcárcel, por ejemplo. (Mejor haber confesado que no eran feministas en aquella época porque vivíamos sin propaganda mediática que azuzara la lucha entre los sexos, la militancia del aborto, las cuotas de género y el empoderamiento femenino. Apenas si llegamos a ver la imagen de We can do it puesta nuevamente en circulación en 1980 y no fuimos pocos a los que esa imagen nos hizo reír.) 

Susana.

Ciudad Juárez, durante la década de los noventa del siglo XX descrita en el Prólogo de Primera tormenta, pareciera haberse inspirado en una ciudad del siglo XVIII: sin librerías, sin bibliotecas, sin lugares bohemios, sin recreación lúdica ni intelectual. Sin estudiantes, sin universitarios, sin profesores. Sin buscadores de filosofías orientales, música alternativa, meditación y calma para cultivar el espíritu y paliar la existencia en una ciudad fronteriza de tanto bullicio y movimiento. Ciudad de múltiples formas, colores y sabores de burritos, todo eso y más, nunca monótona. Donde la juventud se recreaba en discotecas y los más chavitos en las tardeadas dominicales. El cruce para el “party” a Juaritos y los inolvidables regresos a El Paso en carro o caminando, con la música en la cabeza, felicidad pura y sin medir peligros. Ése fue el triunfo de mi generación y la de Susana. No haber vivido paralizados por el miedo. Una generación que creció sin miedos infundados en exceso por los medios de comunicación. No tuvimos recelo en contra del sexo opuesto. Ellos fueron amigos, nos acompañaron y nos dejamos acompañar. Caminamos juntos. Nuestra forma de ser hoy de “chavos rucos” fue gracias a ese caminar y caminar, hacer camino. Caminábamos las calles de día y de noche y llegamos sanos y salvos a casa. No lo olvidemos. Ese sentimiento generacional, ese “beat” equilibra la sana visión de proteger a nuestros hijos y jóvenes impidiéndoles claudicar ante la distópica realidad actual. Que no fue la nuestra, recordémoslo. Este reflexionar ante la manera de plantarle cara a una época determinada me recuerda a la respuesta que el escritor Juan Manuel de Prada ofreciera en una de sus entrevistas:

Aprendí de mi maestro Chesterton que la única forma de cordura es liberarse de la degradante esclavitud de ser hijos de nuestra época. Un comienzo de salud sería no aceptar que la época en la que vivimos tiene razón. Para un escritor especialmente. Aceptar que la época en la que has nacido tiene razón te castra, te convierte en un eunuco intelectual y creativo. Hay que rebelarse contra esta degradante esclavitud. A partir de ahí uno encontrará muchas fórmulas. En una época descreída, una forma de rebeldía es creer. En una época autojustificativa, la rebeldía es aceptar tus culpas. En una época que vive de forma enloquecida y frenética, la rebeldía es parar.

El ambiente cultural de Ciudad Juárez en la década de los noventa provenía de otra época de esplendor: los ochenta. Cuando las fronteras de Juárez y El Paso intercambiaron sus mejores colores. La avenida Juárez, el paraíso turístico por excelencia. Con sus bares de tradición como el Kentucky, discotecas y centros nocturnos. La Sociedad Cultural Cervantina, precedida por la apreciable señora de La Rocha. Lugar de encuentro y tertulias. Paco Estrada, profesor de teatro de La Casa de la Asegurada, impulsor del teatro local. Había más de una peña bohemia donde compartir e intercambiar toda clase de material cultural, arte y disertaciones filosóficas: La Peña Bohemia de Bucho Camacho, donde, y además, en la planta baja estaba otra, La Peña Bohemia de Dino Mesa, que después se convirtió en El Mardinos. La peña Queso Pan y Vino, además del Chaplins y El Mesón de la Guitarra (entre Pueblito mexicano y Hermanos Escobar). El Sapo Cancionero o La Peña de Pilo Galindo, ésta en La Plaza Cervantina.

A mitad de los noventa Ciudad Juárez se fue convirtiendo en la ciudad de las desapariciones y los asesinatos. Nos convertimos en caminantes de una ciudad minada, entre rodadoras y cactus, pavimento de hormigón y sol infernal. La violencia, la impunidad y la mala prensa, también, fueron terminando con el turismo. Las bajas económicas y el quiebre de grandes y pequeñas empresas fueron convirtiendo la ciudad en un cascajo despreciable ante los ojos del mundo: “Ciudad Juárez, más peligrosa que el Bronx”, publicaron en un reconocido periódico de los Estados Unidos. Subsistían peñas, bares, cafés literarios y centros nocturnos que se negaban a desaparecer. Recuerdo con especial nostalgia los ciclos de cine de calidad que el historiador, curador y exdirector del Museo de la Revolución de la Ciudad de México, Miguel Ángel Berumen, gestionó para los juarenses.3 Otros lugares que hicieron la delicia de la década fueron Café Dalí, La Peña de Sancho Panza y el Cronopios.4

Recuerdo que en 1994 yo cursaba el primer semestre en la Escuela Superior de Psicología (fundada por el Dr. Javier Antonio Cabada Seañez), y fue a través de la Semana de Psicología, que se efectúa anualmente y en la que imparten conferencias destacados docentes y expertos, cuando escuché hablar de “el Richi” y de su enigmático diario en el que plasmaba sus crímenes. Comenzaban a desaparecer mujeres y a aparecer cuerpos femeninos en zonas que se volvieron emblemáticas, como el “campo algodonero”. Las chicas desaparecidas y asesinadas obedecían a un fenotipo específico: cabello largo y negro, delgadas y morenas. De precaria condición económica y trabajadoras de maquiladora, en su mayoría.

Jóvenes que, como yo en ese entonces, no alteraron su itinerario por esos asesinatos. Hoy, al conversar con otros compañeros de generación, coincidimos en pensar que no fue por indiferencia, sino que proveníamos de otra forma de haber vivido nuestra infancia y diario acontecer en la misma ciudad.

Fue a partir de esas circunstancias como todo lo que acontecía en Ciudad Juárez le daba la vuelta al mundo. El miedo no se instaló de manera contundente ni con rapidez en la población, y mucho menos en los jóvenes. Jóvenes que, como yo en ese entonces, no alteraron su itinerario por esos asesinatos. Hoy, al conversar con otros compañeros de generación, coincidimos en pensar que no fue por indiferencia, sino que proveníamos de otra forma de haber vivido nuestra infancia y diario acontecer en la misma ciudad. Ciudad que en ese momento nos dejaba impávidos. No sabíamos qué sucedía ni quién era el enemigo. Puedo asegurar que pasaron muchos años para que a la mayoría de mi generación le “cayera el veinte” del nivel de corrupción, violencia y peligro en el que nos desenvolvimos, y estar hoy con vida. La gracia es de Dios.

Si no había feminismo, ¿de qué autores y géneros se nutrió el intelecto?

Susana leía a los poetas malditos, a los suicidas, a los de la generación del 98, a los del 27, a los modernistas, a los románticos. A las suicidas. A Susana le gustaban Alfonsina Storni, Gabriela Mistral. Escuchaba a Chavela Vargas, a Liliana Felipe. Le gustaba la poesía de Concha Urquiza y Kira Galván.

A la pregunta que se plantean en el Epílogo de Primera tormenta: “¿Había un ejercicio literario y colectivo en la entidad?” responden:

Había talleres, sí; había mujeres en los talleres, sí, pocas. Pero ¿había un ejercicio literario y colectivo en la entidad? No el que Susana Chávez, o cualquier otra mujer, precisaba. Era normal que las instituciones las ignoraban, y que las editoriales siguieran publicando las propuestas de los hombres. Tal vez de ahí su suspicacia, o su desconfianza, por el mundo profesionalizado de la escritura; tal vez de ahí su reticencia a convertirse en una escritora publicada.

Me resulta muy atrevido asegurar que el ejercicio literario de la época no fuera el que “cualquier otra mujer precisara”. No lo sería para Susana Chávez, la poeta. Eso queda claro. Lo otro son aseveraciones que, para justificarse, requieren de pruebas, como los testimonios de las mujeres que sí estuvieron y fueron testigos de la dinámica que se hacía en los talleres literarios en Ciudad Juárez en aquel momento. También de las que ahora son escritoras o poetas reconocidas provenientes de ese momento generacional, cultural e histórico.

Que las cosas han cambiado, sí, han cambiado. Existen más colectivos, sí, pequeñas mafias que excluyen, y además, acaparan los apoyos económicos postulándose a convocatorias donde la línea a seguir está en los temas o problemáticas que dicta el momento. La literatura ha sido secuestrada por ideologías. Por cierta “literatura ombliguista” en la que ahora es más valiosa la autopercepción y el sentimentalismo que los hechos. El club de halagos mutuos. Dinámica que sigue sin hacernos felices.

Primera tormenta, libro post mortem. ¿Por dónde empezaron?

El trabajo de curaduría de los poemas reunidos de Susana Chávez corrió a cargo de Sylvia Aguilar–Zéleny, Cristina Rivera Garza, Valentina Jager y Mauricio Patrón. ¿Qué encontraron y cómo los ordenaron?

Cuando el manuscrito llegó a nuestras manos, los poemas brotaban en secuencias incompletas. Había, por ejemplo, poemas largos con partes que no estaban o estaban en otro lado. Constancias, luego desavenencias. Había, también, estrofas sueltas que encontraban su cuerpo hojas más tarde. Y no faltaron los poemas dedicados con nombre y apellido, y los poemas dedicados solo a rigurosas siglas. Misterios, pues. A esto hay que agregar el rumor de que en 2005 juró haber dejado de escribir —y, por eso mismo, es curioso que el único poema fechada sea uno del 2005. Ella, que había comenzado a escribir a los once años. Ella, que escribía a mano. Ella que a veces tecleaba, imprimía y engargolaba sus poemas. Ella, dejó de escribir. Incluso si esto fuera cierto o posible —porque la escritura era su vida, porque para Susana escribir era su sino y su frente— habría que preguntarse, y luego buscar, eso que ya, supuestamente, dejó de escribir. ¿De qué se trataban los poemas que no le podemos leer ya más? […] Hemos leído los poemas de Susana una y otra vez para seguir su pauta en cada revisión. Esta labor significó, por un lado, asegurarnos de que los tiempos verbales, las conjugaciones, las comas y los puntos, estén en el lugar en el que Susana los hubiese puesto. Quienes de uno u otro modo trabajamos en las diferentes etapas de esta edición hemos tenido que aprender a leerla para colocar sus poemas en el lugar que se merecen y reconocer las muchas fronteras desde las que Susana escribía […].5

O sea, encontraron un caos y lo pusieron bonito.

En Ciudad Juárez existen dos etapas: “Las muertas de Juárez” 1993–2003 y “La guerra contra el narco” 2008–2012

De 2008 a 2012 fue otro periodo álgido, violento y de pesadilla para los habitantes de la ciudad y para el país entero. La llamada “Guerra contra el narco”, que dejara ríos de llanto, huérfanos, viudas, viudos, madres solteras y sangre derramada. Los cuernos de chivo irrumpían a toda hora. La militarización, las desapariciones, las extorsiones y las ejecuciones nos hicieron vivir el infierno en la tierra. El fuego cruzado entre los sicarios y la población nos perturbó en demasía. Somos un pueblo de resilientes. Creo que esa palabra, “resiliente”, cobró mayor fuerza en los juarenses; palabra que fue necesario se inventara, porque lleva el rostro de nosotros. Los supervivientes. No sabíamos dónde ni en qué momento nos teníamos que “echar panza en tierra” para esquivar las balas.

Una situación que amplía el doctor Arturo Chacón Castañón en su obra Primero jóvenes y luego sicarios. Representaciones culturales y discursos de integrantes del crimen organizado en Ciudad Juárez:

Los eventos que por su naturaleza cambiaron las dinámicas de la ciudad se han establecido de manera general a partir del 27 de marzo de 2008, cuando los juarenses fueron testigos de un acontecimiento histórico: la militarización, es decir, la llegada de cinco mil elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) que dieron inicio al Operativo Conjunto Chihuahua, cuyo objetivo era desmantelar a los cárteles de la droga que disputaron lo que coloquialmente se conoce como la plaza. En otras palabras, el inicio de la “guerra contra el narco” en Ciudad Juárez), la que se extendería hasta el 2012, cuando concluyó el sexenio Felipe Calderón Hinojosa.

En 2011, año del asesinato de Susana Chávez, también se retiraron los soldados de la ciudad. Lograron partir menos de los cinco mil miembros de los que habían llegado porque muchos perdieron la vida. Bajo el mando de Genaro García Luna llegaron después a la ciudad elementos de la Policía Federal. La segunda parte del Programa Federal “Todos somos Juárez”. Como anécdota, les cuento que se acordó instalar cámaras de seguridad en toda la ciudad para disminuir la corrupción y la impunidad. Cámaras que nunca funcionaron porque al momento de ocurrir un crimen o delito, “las cámaras siempre estaban apuntando al lado equivocado”… sería cómico si no fuera trágico.

Activista asesinada. Aparece su cuerpo en el cruce de las calles Cristóbal Colón y Ramón Corona

Si uno quiere seguir creyendo la versión oficial de cada crimen perpetrado en México, ha de mostrar un gran caparazón mental para incluir tanta maraña mediática. De lo contrario, puede encontrarse en el laberinto de la locura intentando llegar a la realidad.
—Guadalupe Lizárraga, periodista

Transcurrida una semana en que se había dado a conocer que un cuerpo de mujer fue encontrado sin vida en el cruce de las calles Cristóbal Colón y Ramón Corona, en la colonia Cuauhtémoc, y se comprobase que pertenecía a la activista social y poeta Susana Chávez, el jueves 6 de enero de 2011, ya se habían publicado versiones e inconsistencias de lo sucedido, y la causa verdadera de su muerte parecía no tener razones contundentes.

Excelsior publicó que la activista se resistió a una violación y por eso la mataron. Animal Político descartó que el móvil del asesinato fuera una ejecución. Habían tomado el testimonio de la madre de Susana y élla declaró que “a las 10:30 de la noche se fue al centro, la esperé toda la noche pero ya no regresó. Entonces la busqué el jueves y no la encontré hasta que se movilizaron mis familiares y fue cuando supimos que estaba muerta, nos enseñaron las fotos y fue del modo que la reconocimos”. El portal de noticias Expansión aseguró que la activista sí fue violada, mientras que El Ágora, un espacio de libertad precisó que

Al practicarle la neurocirugía de ley a la víctima, se estableció científicamente que la causa real del deceso fue asfixia por sofocación; asimismo, en dicho certificado se estableció que no había tenido agresión de índole sexual, aunque uno de los detenidos refiere haber tenido relaciones con la víctima.

La Vanguardia, por su parte, publicó que los asesinos eran integrantes de la banda de Los Aztecas. Ella los amenazó con denunciarlos, la llevaron a la regadera y allí la asfixiaron. (Nunca se comprobó si los jóvenes fanfarroneaban al asumirse como integrantes de esa banda delictiva o si era verdad).

Dos años después del asesinato, el 4 de febrero de 2013, se hizo pública la sentencia: quince años de prisión por parte de un Tribunal Especializado en Justicia para Menores Infractores dictados a Sergio Rubén Cárdenas de la O, alias “el Balatas”, Aarón Roberto Acevedo Martínez, alias “el Pelón”, y Carlos Gibrán Ramírez Muñoz, alias “el Pollo”. Se dice que se tomó declaración a los tres por separado y no hubo inconsistencias. Aseguraron que el 5 de enero aproximadamente a las 22 horas se habían quedado sin bebidas, salieron a comprarlas a una tienda de conveniencia y fue cuando se encontraron en la calle a una mujer que ya iba pasada de alcoholes. “El Balatas” la abordó y la invitó a tomar a su casa, y ella aceptó. Estuvieron bebiendo y consumiendo bebidas alcohólicas. Repentinamente, en medio de la plática Susana los había insultado y por eso la mataron. La llevaron a la regadera y allí la asfixiaron. “El Balatas” junto con “el Pelón” decidieron amputarle una mano para hacerlo pasar como un ajuste de cuentas por el crimen organizado. Entre los tres la arrastraron fuera de la casa y arrojaron el cuerpo en el cruce de las calles Cristóbal Colón y Ramón Corona. “El Pelón” y “el Pollo” se fueron a sus casas, mientras “el Balatas” se quedó deambulando por la zona. La mano cercenada de quien escribió poemas para las muertas de Juárez se quedó olvidada en la vivienda. También sería, por la mano de Dios, la misma que los delataría.

Los asesinos no cumplieron la sentencia completa, estuvieron sólo cinco años en prisión. Fueron liberados en 2016 debido a la entrada en vigor de una nueva Ley de Adolescentes Infractores, que les redujo la sentencia.

Nota

Sé por comentarios de personas que la conocieron que Susana fue una mujer de temperamento problemático. Sabía que no muchos estarían dispuestos a hablarme de ella y no me equivoqué. Para la preparación de este recuento publiqué en Facebook un aviso:

A motivo de aniversario luctuoso de la poeta Susana Chávez, preparo un artículo de recuento. ¿Tú la conociste? ¿Cuál es tu impresión de lo ocurrido? Puedo guardar tu identidad en el artículo si así lo decides. Favor de escribirme a mi correo electrónico. Agradezco cualquier tipo de aporte al tema. Gracias.

Me contacté personalmente con algunos, pero se negaron a figurar y mucho menos a que se publicaran sus nombres. Envié un mensaje vía FB a Blanca Inés Cruz, pareja sentimental de Susana antes de su asesinato, como me habían indicado, mas no obtuve respuesta. Omití entrevistar a la poeta Arminé Arjona porque le indicó a nuestra interlocutora “Lupita” que yo debía someterme a una triangulación medio extraña en la cual la dramaturga Jissel Arrollo sería el puente de comunicación entre Arminé y yo, todo vía Facebook, porque a ella “no le interesa mucho la tecnología y no tiene teléfono”. Todo muy complicado. De todas la conversaciones e intentos guardo captura de pantalla. Hubo una persona que respondió a la publicación que hice en Facebook, aportando allí mismo la información de que había conocido a “el Balatas”, que fue puesto en libertad y al poco tiempo asesinado. Ya por mensaje privado me dijo que el día del asesinato de Susana “traían él (“el Balatas”) y el otro chavillo pegamento, mota y cerveza”. Me confirmó que sí, tenía dieciséis años cuando cometió el delito. Y prosiguió: “Yo traté al “chavillo”, era tranquilo, pero se drogaba. También fui al homenaje que le hicieron (a Susana). “El Bandido” se quitó la camisa en su honor, como una forma de homenajearla. Dijo que así le gustaba andar”.

Otros me dieron evasivas y respuestas fuertes. “Híjole. La conocí, pero no la traté más allá de una “pisteada” o un saludo casual. Mira, a pocos días antes de su muerte la vimos a una cuadra del Mercado Juárez tirada hasta atrás y maldiciendo”.

“A Susana le gustaba retar a los hombres. No la traté, coincidimos un par de ocasiones. Recuerdo que se quitó la blusa y dijo que las mujeres eran mejores que los hombres haciendo el amor a otras mujeres”.

“Susana no era una persona fácil. El alcohol la trastornaba y nuestros encuentros eran en el “Party” y le sacabas la vuelta”.

Nunca sabremos cuáles fueron los motivos de Susana para hacer lo que hacía. Tampoco podremos saber qué fue lo que hizo. La describen como una mujer abierta y confiada, que trataba a todos por igual. Lo mismo podría hablar con una prostituta que con una profesora. No fue una excepción lo que describe Hilda Sotelo en el prólogo de Primera tormenta:

La conocimos una noche de invierno, el año debió haber sido 1995. Ella y Rogelio Treviño, poeta también chihuahuense, caminaban en el cruce de Constitución e Ignacio Mejía en Ciudad Juárez. “¿A dónde van, chiquillos?”, nos preguntó Arturo Vázquez. “Estamos buscando algo de beber”, contestamos. “Nosotros, hielo y agua”, dijo él. De inmediato, Susana brincó entusiasmada y agregó: “Tenemos lo que buscan”. Nos fuimos juntos e inició así una amistad de fiestas improvisadas, alegrías, solidaridad”.

Pero no todo en la vida termina en amistad, fiestas improvisadas, alegrías y solidaridad. Susana murmura en uno de sus poemas: “Soy lo que la gente nunca sabrá”. Ese poema se llama “Introducción”, el último que escribió en 2005 y el último de su vida.

Y sí, nunca lo sabremos.      

Introducción

Susana Chávez Castillo, 1974–2011

… Y entonces un alarido de horror
sin límites brotó del inesperado testigo
de la escena terrorífica, el aliento helado de antes
ahora apestaba a licor barato
pero nada estaba logrado, aún faltaba lo más importante,
a través del espejo ella me vio, su boca se convulsionó,
sus ojos negros se desorbitaron
quiso gritar, reír, acaso llorar por mí.

Soy lo inesperado de Juárez,
soy lo que la gente nunca sabrá,
soy la medusa que duerme
y nunca quiere regresar. ®

Notas
1 Las frases “Ni una mujer menos, ni una muerte más” provienen de un poema de Susana escrito en 1995.
2 Me intriga el nombre de la poeta: Susana Chávez Castillo. Si la tía por parte de padre se apellida Castillo, ¿de dónde toma el Chávez? Como antes mencioné, el prólogo no ofrece más pistas del padre de Susana. Es como si intencionalmente se borrara toda huella de la figura paterna o mentor masculino.
3 Su experiencia como gestor cultural provenía de ser dueño de El Ángel Azul, un café–bar con música en vivo y representaciones artísticas, más los clásicos ciclos del cine de calidad. El Ángel Azul innovó la forma de ver películas por sus cabinas, cubículos pequeños cubiertos con una cortinilla para quien buscara ver alguna película o documental acompañado de aperitivos y una buena copa de vino.
4 Obviamente, en Ciudad Juárez durante los noventa tuvimos más de tres librerías. Quiero pensar que fue un exceso de apasionamiento que llevó a la autora del prólogo a escribir tales desproporciones históricas y culturales, sin contar que la biblioteca de la Universidad de Texas en El Paso (UTEP), de manera directa o indirecta, también estuvo a nuestro alcance como habitantes de ciudades hermanas, y otras librerías paseñas.
5 Blanca Inés Cruz, quien fuera compañera sentimental de Susana, recopiló el material escrito después de su asesinato. Hilda Sotelo, amiga de Susana, buscó a las personas idóneas que se interesaran en el proceso de curaduría y posterior publicación.
6 “Bandido” es el apodo por el que se le conoce a un artista local.

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Publicado en: Apuntes y crónicas

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