Piel, periferia

La piel, como el orgasmo (por lo menos desde esa piel), es difusa. El sentido, sentir, es siempre periférico. La escritura es una piel.

Las migraciones, o desplazamientos de la población humana o animal desde un lugar de origen a otro destino, constituyen una de las características de la vida en el planeta. Ese desplazamiento va marcando la piel de la Tierra e imprimiendo en ella rutas que se interconectan, se mezclan y proporcionan cambios. Vivir es asimismo desplazarse, en el tiempo, en el espacio, en ambos, en identidades y también en dimensiones apenas perceptibles. Como las mariposas monarca, que llegan a México desde Canadá cada diciembre, también nosotros somos una especie migratoria.

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Dentro de pocos días salgo hacia el sur (Curitiba-Rio de Janeiro-São Paulo) y a un verano marcado por cambios bruscos de clima, horas bochornosas alternadas con otras soleadas, noches cortas y, cuando claras, estrelladísimas. Si no van al sur, pueden bajar el Stellarium, programa gratuito de código abierto, y ver las imágenes del cielo de aquellas latitudes en sus pantallas.

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A veces invito a alguien a huir. Delante de tal propuesta, que va en serio, y contradiciendo de algún modo nuestra tendencia a migrar, la mayoría se repliega. Huyen hacia la supuesta seguridad de los clichés criados para mantener a la gente en el redil. Huyen, no de mí, sino de sus muchos yos posibles.

Lo siento.

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Sentir significa estar implicado en algo. Sentir se asocia asimismo a la piel. La piel suele ser entendida como la envoltura, lo que guarda y protege nuestro interior, algo así como una frontera. Pero la piel es también, como toda frontera, una apertura, un vínculo con el mundo. La piel es permeable y receptiva a las influencias y los intercambios del entorno, y éste también se modifica por la acción de cada corporeidad. La piel es periferia, y la periferia es conexión.

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Durante mucho tiempo, la llamada tradición occidental se dedicó a lo que se ve, se oye o se siente desde algún interior, como el alma, el corazón o el cerebro, dando poca o ninguna atención al gusto y al tacto. Marcelo Malpighi (Italia, 1628-1694) fue uno de los primeros en estudiar el tacto desde la perspectiva científica y sus observaciones están sintetizadas en De externo tactus organo anatomica observatio. En su homenaje el estrato mucoso de la piel recibe el nombre de capa de Malpighi.

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SAM_0672El único libro que compré en la FIL de Guadalajara fue La soledad del lector, de David Markson (Estados Unidos, 1927-2010). Markson, nacido en diciembre, fungió como corrector de pruebas en una editorial de novela negra, periodista y profesor. Empezó escribiendo novelas policiacas, sólo para probar que podía “escribir un libro, uno cualquiera, lo que fuese”. Luego escribió novelas consideradas posmodernas, como Wittgenstein’s Mistress y This is Not a Novel. Su trabajo se caracteriza por un enfoque poco convencional de la narrativa y la trama y por la utilización de anécdotas literarias y artísticas, configurando un collage no lineal y discontinuo. Más sobre David Markson aquí y aquí.

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La literatura, al contrario de lo que tratan de hacernos creer, no es neutral, ni eterna, ni universal, tampoco absoluta o sedentaria. Como las demás actividades creativas, se construye y se lee desde lo contingente, lo mutable. Desde una migración. La escritura y la lectura son tanto actos de construcción como de destrucción de la novela, la biografía, todo género que se presente como tal y asimismo de la autoría.

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En The Pillow Book (Escrito sobre un cuerpo, 1996), de Peter Greenaway (Inglaterra, 1942), un editor japonés se hace de la dermis tatuada de su amante muerto. La historia tatuada en esa piel sería encuadernada y atesorada como único ejemplar del editor. Un libro singular, una conexión entre memoria y piel, sexualidad y literatura.

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Arqueologia de la pielSevero Sarduy (Cuba, 1937-Francia, 1993) hizo una interesante aportación al tema de la biografía. En palabras de Gustavo Guerrero, “como buen lector de Freud y de Lacan, Sarduy pensaba que nadie sabía menos de sí mismo que aquel que enunciaba su vida en función de una verdad. Siempre le inspiraron una profunda desconfianza los relatos biográficos o autobiográficos que, del modo más tradicional, van desgranando progresivamente una cronología y dan a entender que existe una trabazón necesaria entre causalidad y sucesión, es decir, que lo que ocurre después en una vida es producido, naturalmente, por lo que viene antes: post hoc, ergo propter hoc. De ahí que recurriera sistemáticamente a la parodia, al camp o a ciertas formas de narración alternativas cada vez que le pedían que consignara en unas páginas su trayectoria. La entrevista que le concedió a Mihály Dès en 1990, “Para una biografía pulverizada en el número —que espero no póstumo— de Quimera”, y, de ese mismo año, “Lady S.S.”, su autorretrato en traje de diva o de rumbera, son dos buenos ejemplos de esta postura crítica ante lo testimonial y lo íntimo. Pero la mejor y más original de sus para-autobiografías es, sin lugar a duda, la breve serie incluida en El Cristo de la rue Jacob (1987), “Arqueología de la piel”. Se trata de un conjunto de seis textos en los que, describiéndonos sus cicatrices en un orden rigurosamente descendente, de la cabeza a los pies, va recreando distintos momentos de su vida. “Sólo cuenta en la historia individual lo que ha quedado cifrado en el cuerpo y que por ello mismo sigue hablando, narrando, simulando el evento que lo inscribió”, se lee en el prólogo. Y a renglón seguido: “La totalidad es una maqueta narrativa, un modelo: cada uno podría, recorriendo sus cicatrices, escribir su arqueología, descifrar sus tatuajes en otra tinta azul”. O, dicho de otro modo: cada uno podría reescribir diversamente su propia historia, ciñéndose a un patrón que, por no ser ni más ni menos arbitrario que el del relato tradicional, pone de manifiesto el carácter contingente de toda autobiografía, trasunto, al fin y al cabo, de una existencia”.

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A David Markson le obsesionaban todo tipo de citas célebres y detalles sobre las vidas y muertes de grandes artistas.

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Desde muy cerca mi piel se ve extraña, bella, espantosa.

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Aunque la ciencia haya aportado algunas pistas, la migración de las especies animales permanece sin una respuesta clara. Algunas hipótesis señalan que existe un estado de hiperactividad en los animales conocida como “inquietud migratoria” y que es semejante a una necesidad. Otras investigaciones apuntan que estos animales detectan cambios en el campo magnético de la Tierra, ayudados por cristales de magnetita. Otras sugieren que las estrellas y el Sol guían a las aves durante sus viajes.

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This is Not a Novel de Markson se describe a sí misma, entre otras cosas, como: una novela, un poema épico, una secuencia de cantos en espera de numeración, un mural de clase, una autobiografía, un agregado de enigmas, una ópera polifónica, una disquisición sobre los males de la vida del arte, un tratado sobre la naturaleza del hombre, una variante contemporánea del libro egipcio de los muertos, una especie de fuga verbal, una tragedia clásica (en muchos sentidos), nada más ni menos que una lectura.

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“Al final la vida misma puede considerarse un viaje, o un desplazamiento que contiene otros viajes, un conjunto finito e ilimitado en que los elementos están relacionados entre sí. Y en la vida, como en esta obra, no cabe al viajero determinar sus circunstancias, aunque sí pueda elegir y crear senderos a lo largo de la jornada” (Novela souvenir).

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Las primeras migraciones humanas ocurrieron hace 70 mil años desde África. Desde entonces, por las más distintas razones, seguimos desplazándonos. Las migraciones son determinantes para la configuración del medio ambiente, la economía, la cultura, la política del planeta. En el 18 de diciembre la ONU celebra el Día Internacional del Migrante.

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David Markson era un fanático de Bajo el volcán, de Malcolm Lowry, al punto de que al leerlo experimentó algo que rozaba la locura: creía haberlo escrito él mismo. Se hizo íntimo de ese autor, se doctoró con una tesis sobre Bajo el volcán y en 1958 se mudó a México para imitar al ex cónsul alcohólico que lo protagonizaba.

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Una migración a Río de Janeiro es el tema de Cae la noche tropical de Manuel Puig (Argentina, 1932-México, 1990). Puig, que nació en diciembre, empezó estudiando cine y migró hacia la literatura y a Roma, París, Nueva York, Río de Janeiro y, como Lowry y Markson, a México.

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Yo no conocía el trabajo de Markson antes de escribir mis textos. Sin embargo, lo agrego como un precursor. La lectura, como la migración, supone un redescubrimiento de los orígenes.

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La piel, como el orgasmo (por lo menos desde esa piel), es difusa. La escritura es una piel. El sentido, sentir, es siempre periférico. Vuelvo a “casa”, este lugar tan desconocido. De allá les escribiré en enero. Feliz Baktun. ®

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Publicado en: Diciembre 2012, Jardines en casa ajena


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