A partir de símiles entre la vida y obra del Bosco y un inmigrante llamado Juan Domínguez, Toda la tierra es un jardín de monstruos / The Whole Earth is a Garden of Monsters (The University of Arizona Press, 2026) indaga con imágenes nítidas en el poder de la palabra como catalizador de la belleza y el horror intrínsecos a la experiencia humana.

Toda la tierra es un jardín de monstruos / The Whole Earth is a Garden of Monsters, de Manuel Iris, dispone una serie de analogías entre el pintor flamenco Hieronymous Bosch y un inmigrante llamado Juan Domínguez. El libro obtuvo el Premio Ambroggio de Poesía 2025. La versión mexicana del libro será publicada bajo el sello Cuadrivio. En exclusiva para Replicante, platicamos con Manuel Iris sobre sus procesos de escritura, la exploración de lo espiritual y el sentido de la poesía.
Intuición
Desde ahora, y para que esto guíe la lectura de mis siguientes respuestas, debo decir que el proceso de escritura de este libro estuvo gobernado por la intuición y los descubrimientos, más que por la inteligencia o la planeación. A pesar de haber investigado mucho sobre la obra del Bosco, y de haber elaborado un proyecto y un plan de escritura (este libro se escribió con el apoyo del Sistema Nacional de Creadores de Arte de México), el libro se me salió de las manos y se fue escribiendo por sí solo, diciéndome sus necesidades. Una de esas epifanías fue la identidad de Juan Coyoc, luego llamado Domínguez.
Por varios años tuve la intención de hacer un libro sobre el Bosco en el que la trama fuera la vida de un hombre contemporáneo, un funcionario gris cuyos conflictos internos hicieran evidente la relevancia actual de la obra del pintor holandés. Según este plan, Juan Domínguez sería un hombre de oficina, un funcionario anodino con una vida rutinaria que, por las noches, soñaba imágenes de las pinturas del Bosco. Esos sueños, pensé, constituirían la parte central del libro.
Sin embargo, al empezar a escribir me di cuenta de que Juan Domínguez no era un oficinista sino un hombre que había pasado del verde de su tierra al color del desierto, y supe también que su nombre verdadero no era Juan Domínguez, sino Juan Coyoc. Esas revelaciones fueron sucediendo luego de que surgieran el tono y la estructura de espejos que terminaron siendo la arquitectura del libro.
Crisálida
El proceso de escritura estuvo lleno de etapas de crisálida: primero estuve varios años sin escribir una palabra, investigando y sensibilizándome sobre la obra del Bosco. Luego, al tener ya un tono musical, una melodía en el oído, pude empezar a escribir esos poemas, los del Bosco, sin avanzar mucho, porque se hizo muy evidente que las dos partes del libro necesitaban ser escritas casi al mismo tiempo, y yo no tenía la información necesaria para escribir desde Juan Domínguez. Tuve cierta frustración al reconocer que, luego de todo este tiempo de investigación, solo estaba listo para escribir la mitad de mi libro. Necesitaba prepararme para poder concebir la otra mitad, y entonces empezar a escribir ambas simultáneamente.

En este punto tuve claro que el libro iba a tener una estructura de ecos, de reflejos. Hice muchas notas acerca de las posibles equivalencias o puentes entre ambas realidades: el desierto, los incendios, los búhos… entendiéndolas como necesidades de la narrativa y de la música del texto. El significado de los poemas estaría precisamente en el reconocimiento de esas reiteraciones que solamente serían visibles para el lector, puesto que los dos personajes e historias no interactúan jamás ni están conscientes de sus ecos. Para los personajes del libro, como para cualquier individuo en el mundo, todo lo que les sucede es individual y primero.
El significado de los poemas estaría precisamente en el reconocimiento de esas reiteraciones que solamente serían visibles para el lector, puesto que los dos personajes e historias no interactúan jamás ni están conscientes de sus ecos.
A pesar de tener tantas cosas claras no podía escribir, porque ahora necesitaba investigar acerca de la vida de los migrantes, su paso por el desierto, el viaje a bordo de La Bestia y la vida de este lado de la frontera. Vinieron otros meses de investigación y sensibilización. No se trataba solamente de una pesquisa documental, sino de colocarme en la correcta situación tonal y emotiva para poder escribir. Esta fase investigativa fue muy distinta de la primera, ya que sobre todo estuvo hecha de conversaciones con migrantes que han hecho ese tránsito y que son ahora familia elegida mía en Cincinnati, o son familia de mis estudiantes, y también a partir de la escucha de alguna música, las visitas a ciertos sitios, y hasta la experiencia de ciertas comidas y ambientes en Estados Unidos, en los que pude y puedo ver la vida de los que han llegado. Mi propia experiencia como migrante, aunque distinta, también fue parte de este ejercicio.
Mientras te digo esto me doy cuenta de que hubo dos largos momentos de planeación e indagación, ambos muy lentos, y un solo momento de escritura febril. Luego de todo este tiempo y de prepararme como acabo de contarte, me di cuenta de que el libro ya podía ser escrito. Le dije a mi esposa que necesitaba escribir ininterrumpidamente. En enero de 2022 viajé por unos días a Washington, y me encerré en un hotel a escribir. Mi vuelo aterrizó un viernes poco después de mediodía. El domingo por la noche regresé a Cincinnati con el manuscrito entero, listo para hacerle correcciones.
Imágenes
Las imágenes del Bosco fueron la motivación inicial de la escritura. Lo otro, las notas periodísticas, apareció como parte de un proceso muy posterior que solamente pudo darse luego de que la identidad y biografía de Juan Domínguez estuvieron claras. El juego de espejos entre una cosa y otra fue una consecuencia lógica, yo creo, de mi necesidad de que ambas realidades se correspondieran para el lector.
Cronología
El proyecto entero desde su concepción hasta su traducción duró alrededor de cinco años. Muy poco de ese tiempo estuve activamente escribiendo. Casi todo fue investigar y sensibilizarme, ponerme en situación. Por supuesto, mi obsesión con el Bosco es muy anterior. Uno de los mis libros de consulta que utilicé más para la escritura de este libro es uno que compré en una librería de viejo en Yucatán durante mis años de preparatoria, y que viajó conmigo a Estados Unidos años después. En esa maleta entraron muy pocos libros. El Bosco me ha intrigado desde mi adolescencia. No me parecería exagerado considerar aquella obsesión juvenil como el primer germen de este libro. Considerar esa primera fijación le aumentaría varios años a la cronología de su escritura.
Verdad
Yo quiero siempre, antes que nada, escribir poemas. Y quiero que en esos poemas surja alguna epifanía, que digan o señalen alguna verdad. Así, en este libro se denuncian o evidencian muchas verdades humanas. Era imposible escribir sobre estas cosas sin toparse con ellas, y no me interesa ocultarme, ni ocultar esas cosas. Más que intentar denunciar, he querido perseguir la verdad de mis poemas hasta sus últimas consecuencias en lo estético y en lo ético: escribir hasta tocar fondo. Mi intención primera es crear belleza, hilvanar sonidos que digan algo permanente, verdadero. Y no hay verdad que no incluya la crudeza, el dolor.
Símiles
Esto fue quizá la parte más emocionante de mi proceso de escritura. Lo recuerdo como una emoción parecida a la de resolver un misterio o armar un rompecabezas. Aunque fue difícil imaginar, inventar esos puentes, no quiero llamar a ese momento una dificultad. Ese era mi trabajo como autor: crear.
A veces pienso que, más que inventar esas relaciones entre el Bosco y Juan Domínguez, solamente las descubrí.

Represalias
Frente a ese riesgo, que es real y del cual no seguiré hablando en esta entrevista, se enfrenta otro mayor: el de llegar al futuro habiendo guardado silencio, y por lo tanto habiendo sido partícipe de toda esta desgracia, de toda esta crueldad. El segundo riesgo me parece mayor. No estoy dispuesto a eso. Ahí están los poemas.
Espiritualidad
Yo creo que en momentos tan graves como los que vivimos y que tan bien describes es precisamente cuando urge más la exploración de la espiritualidad. Necesitamos mantener la noción de trascendencia. Es en medio de la desesperación, frente a la desesperanza, cuando hacen más falta que nunca el silencio, la lentitud y la contemplación, para seguir luchando, para insistir en la justicia y la comunidad. Para encontrar sentido.
Hace cien años exactamente, las vanguardias europeas y de otros sitios estaban dinamitándolo todo dentro del arte porque el mundo había sido, igualmente, dinamitado. Cien años después, nosotros, que somos los nietos y bisnietos de la vanguardia, tenemos la terea de frenar la velocidad de todo lo que nos ataca para darle sentido. Nos ha tomado cien años, pero entendemos que la esperanza (uso esta palabra con cuidado, no quiero que se confunda con el optimismo barato de la superación personal) y el silencio son también alternativas poéticas, humanas. Sabemos que la lentitud no es una opción solamente, sino una necesidad frente a la alienación extrema del momento actual. Nuestro trabajo es distinto al de los poetas que nos precedieron porque nuestra situación existencial es distinta, aunque nuestras circunstancias (es fácil darse cuenta) guardan muchos paralelismos. En general, mis creencias estéticas son posturas políticas.
Sabemos que la lentitud no es una opción solamente, sino una necesidad frente a la alienación extrema del momento actual. Nuestro trabajo es distinto al de los poetas que nos precedieron porque nuestra situación existencial es distinta, aunque nuestras circunstancias (es fácil darse cuenta) guardan muchos paralelismos.
Resistencia
¿Te imaginas un mundo en el que, además de todas las desgracias que ya existen, le sumáramos la de la no-existencia del arte en ninguna de sus manifestaciones? Escribir esta frase, imaginar ese tipo de mundo, me ha hecho sentir asfixia. La abdicación de los artistas sería, para mí, la señal más clara de que hemos dejado de ser humanos. Sería la victoria de la enajenación, la prueba fehaciente de nuestra íntima deshumanización. Si esa distopia llegara a ser real, si murieran el arte y la memoria del arte, ya no habría nada que pudiera rescatarnos. Frente a este mundo que degrada cada vez más la experiencia humana, el arte es una forma de resistencia, y no debe ser subestimada.

Jardín, montaña
En el Tractatus Logico–Philosophicus (1921) Wittgenstein señala que la filosofía se limita simplemente a enunciar proposiciones lógicas acerca del mundo y que, por lo tanto, la metafísica queda fuera del lenguaje. El filósofo austríaco apunta que lo más importante de su libro no está escrito en él, sino que haría falta arrojar la escalera del sentido para intuir lo inexpresable.
Así pues, lo que se muestra en silencio y carece de soporte lógico, lingüístico y mundano —como la ética y la estética— es lo místico. Dicho de otro modo: el conocimiento tiene un límite que el propio lenguaje es incapaz de superar. Sólo el silencio muestra lo que se intuye del otro lado.
Tentado por sus propias conclusiones, tras la Primera Guerra Mundial, cuando combatió como soldado en el ejército astro–húngaro, Wittgenstein renunció a su fortuna familiar, se refugió en pueblitos de montaña para ejercer la docencia como un asceta y realizar actividades de jardinero y constructor. Jamás publicó de nuevo.
Fe, razón
De forma similar, la Crítica de la razón pura (1781), de Kant, afirma que nuestro conocimiento está circunscrito al mundo de los fenómenos. Asuntos de trasfondo religioso como el origen del alma trascienden la experiencia sensible y pertenecen al terreno de la fe. La originalidad del razonamiento kantiano estriba en la eficacia de su imperativo categórico: Obra de tal manera que tu acción sea tomada por ley universal. Al ejercerlo, cada ser humano hace uso de una fe racional cimentada en la conducta ética.
Frente a ello, Scheler considera que el valor ético de las acciones se pone en práctica mediante la experiencia subjetiva y el ecosistema emocional. Propone no una ley abstracta basada en el deber sino un ejercicio empírico impulsado por la intuición. Cuando Tool, la banda estadounidense de metal progresivo, entona “Pneuma”, apela justamente al despertar de la conciencia colectiva declarando que somos un solo espíritu. “Wake up, child / We are born of one breath, one word / We are all one spark, eyes full of wonder”.
El reino y sus monstruos
Bajo el concepto de contemptus mundi (desprecio del mundo), el pintor flamenco Hieronymous Bosch crea El Jardín de las delicias (c.1490–1500) para representar el mundo terrenal como una escena plagada de placeres carnales, avaricia y locura. El tríptico se exhibe actualmente en el Museo Nacional del Prado y funge como eje central del poemario Toda la tierra es un jardín de monstruos / The Whole Earth is a Garden of Monsters (The University of Arizona Press, 2026), de Manuel Iris, cotraducido por Iris y Kevin McHugh.
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Toda vez que Iris atraviesa el tiempo y el espacio para trazar nodos de conexión entre pasado y presente, fuego y mística, sueños y pesadillas, su orfebrería minimalista crea paisajes de notable belleza.
El libro, que obtuvo el Premio Ambroggio de Poesía 2025, se construye mediante símiles entre sucesos biográficos del Bosco y viñetas ficticias de un inmigrante llamado Juan Domínguez, con un lenguaje sintético y emotivo, bordeando siempre los límites del silencio y el lenguaje. Toda vez que Iris atraviesa el tiempo y el espacio para trazar nodos de conexión entre pasado y presente, fuego y mística, sueños y pesadillas, su orfebrería minimalista crea paisajes de notable belleza. Una belleza arrasada por acontecimientos trágicos. Lo que no se dice de forma directa se muestra o se intuye en el subtexto. A través de la lectura identificamos un comentario político flotando en atmósferas de violencia, fragilidad y muerte.
Iris hilvana con el lenguaje de los símbolos todo aquello inasible a través de la lógica pura. Su voz rastrea la naturaleza del misterio, de lo que calla en el verso, de la mística descreída. El poemario mantiene una estructura sólida, de ritmo marcado a fuego vivo, empleando detalles clave de la vida de Hieronymous Bosch y Juan Domínguez para establecer analogías de sorprendente vigencia. Ciertos detalles históricos y notas periodísticas estremecen por su carácter cíclico.
Toda la tierra es un jardín de monstruos / The Whole Earth is a Garden of Monsters demuestra madurez y riesgo. Si por un lado continúa profundizando en la ars poetica del silencio, también traza las huellas de un posicionamiento axiológico. Iris construye capas de sentido en el reino incendiado de la mística y la ética, y milagrosamente sale indemne para contar lo que sus ojos captaron sobre el mundo y sus monstruos. Leerlo es otra forma de revelar lo innombrable. ®
