En Peores cosas han pasado Bladimir amplía el radio de acción de sus relatos con un excelente manejo del ritmo, los diálogos y las conclusiones. Si en Prueba de resistencia la exploración del deseo entre chicos era la premisa básica, esta vez el autor se aventura en otros arcos narrativos que involucran familias disfuncionales, parejas en crisis, romances prohibidos y adolescentes que hablan con muñecas.

La prosa fluye, con recursos cinemáticos, excelente manejo de la oralidad y una vocación por los finales abiertos de extraña naturaleza.
Un rasgo estilístico vale la pena destacar. En la epidemia de new weird adaptado a las circunstancias y mitologías nacionales, Ramírez se mantiene fiel a su registro realista, casi costumbrista en ciertas páginas, lo cual suma naturalidad. Las descripciones del deseo masculino son sumamente provocadoras y a menudo transmiten sensaciones intensas. Sin embargo, el efecto de contención puede más que el lenguaje explícito. Otro aspecto que merece atención es el manejo de la violencia como detonante de situaciones que van del drama a la farsa en cuestión de segundos. Las tramas mantienen buen pulso, con un virtuoso manejo del caos, y denotan oficio narrativo.
Peores cosas han pasado (UANL, 2025) sabe contar historias lo suficientemente excéntricas como para mantenerse titilando en las mentes curiosas por largo tiempo. A propósito del libro, platicamos con el autor en exclusiva para Replicante.
Cercanía
Creo que el mayor aprendizaje que me dejó Prueba de resistencia (Paraíso Perdido, 2022) fue el tipo de historias y personajes que me interesan. Si algo hermana a ambos libros es la idea de ficción cercana, es decir, la ficción que nace y se nutre de mi entorno más inmediato. Supongo que también aprendí a no rendirme tan rápidamente cuando se trata de armar un libro de cuentos.
Sí que me siento cercano a los autores que escriben sobre el deseo, la violencia, la incertidumbre, pero eso me parece que ha ocurrido en América Latina desde el principio de nuestra tradición literaria.
Sobre el proceso creativo puedo decir que el primer borrador del primer cuento lo hice en 2020 y fue uno de los primeros que escribí después de concluir todo lo relacionado con el primer libro. Años después, cuando fui becario de la Fundación para las Letras Mexicanas, trabajé muy de cerca con mi tutor, Geney Beltrán, y mis compañeros de tutoría Emiliano Cassigoli y Eugenio Ang. En ese proceso escribí otros cuentos y una plaquette de ensayos, algunas reseñas. Ya que sentí que todos los cuentos estaban terminados vino el proceso del “armado”, que es en ocasiones el más enredoso; por suerte tengo amigos, lectores y colegas muy honestos que me fueron acompañando en la edición del manuscrito. Agradezco mucho la exigencia de Alejandro von Düben, Hiram Ruvalcaba, y un paréntesis particular se merece mi buen amigo Esteban López Arciga, quien criticó muchas veces Naturaleza muerta. Y hasta ya terminado el libro tuve buena compañía, pues un extraordinario amigo y lector, Luis de Loera, me ayudó a revisar el libro antes de que se imprimiera. Además de los amigos–lectores que dicen “así ya está bien, ya mándalo, cabrón”. Mi proceso creativo tiene una etapa solitaria y luego una colaborativa.
Estilo
Me costaría trabajo nombrar las diferencias y las similitudes, ya que para eso sería necesario entrar a los detalles particulares de cada libro, más aún, de cada historia. A veces los subgéneros pueden ser un arma de doble filo, porque en ocasiones definirse es limitarse. Sí que me siento cercano a los autores que escriben sobre el deseo, la violencia, la incertidumbre, pero eso me parece que ha ocurrido en América Latina desde el principio de nuestra tradición literaria.
Me parece interesante hablar sobre las mitologías nacionales, aunque tengo más presentes las obras próximas a mi geografía. Por ejemplo, quizás Zapotlán (1940), de Guillermo Jiménez, pueda leerse desde la perspectiva del new weird, tal vez La hija del bandido o los subterráneos del Nevado (1887) pueda ser leída desde las nuevas ópticas propuestas desde la crítica feminista y los estudios de género, sí que disfruto de los conceptos del siglo XXI para hacer lecturas digamos, retrospectivas.
Homoerotismo
Ocurre que a los escritores heterosexuales históricamente no se le han hecho estos cuestionamientos, ¿cuántas historias de amor heterosexual conocemos a la perfección?, ¿cuántas películas, novelas, no existen donde el cuerpo que desea es el de un hombre heterosexual y el cuerpo deseado es una mujer heterosexual? Me pregunto cuántas obras narrativas del siglo XXI —dentro y fuera de México— no apelan explícitamente al erotismo y al punto de vista de la heterosexualidad como recurso narrativo principal. Tal vez ésa es otra razón por la que a veces llaman la atención las descripciones que están más enfocadas al homoerotismo, sencillamente porque los lectores no están tan familiarizados con ese tipo de historias, lo cual demuestra hasta qué grado la heterosexualidad ocupa un lugar central y protagónico en la cultura. No me preocupa si es o no erótico, tampoco me consideraría un autor pornográfico —aunque, claro, los lectores tendrán la mejor conclusión sobre esto asunto—. Lo que sí intento es que los personajes tengan cuerpo y que ese cuerpo viva el deseo de la manera más auténtica posible, no únicamente como una experiencia sexual/erótica, pues también busco la contemplación, el anhelo y también el fracaso. Es decir, el deseo como ese aspecto de la vida que no logra saciarse. Creo que la narrativa homosexual ha buscado profundizar en la idea del cuerpo y su contemplación. Se me ocurre por ejemplo La carne de René, de Virgilio Piñera, una novela de difícil categoría, ya que la observación del cuerpo es muy original y, como tú mencionas, provocadora y capaz de generar sensaciones intensas.
¿Cuántas historias de amor heterosexual conocemos a la perfección?, ¿cuántas películas, novelas, no existen donde el cuerpo que desea es el de un hombre heterosexual y el cuerpo deseado es una mujer heterosexual?
Entonces sí, se puede decir que dejo que las cosas fluyan, aunque a veces algunos personajes deben contener su deseo para que la historia ocurra.
Violencia
Creo que el centralismo que impera en México permea incluso en la percepción de la inseguridad y la violencia, porque para los jaliscienses que vivimos fuera de la capital este asunto de la inseguridad lleva ya varias décadas como un tema de conversación y una dinámica constante, que lamentablemente se toma en serio hasta que Guadalajara se ve también afectada. Se habla muy poco de la alta tasa de suicidio en jóvenes que hay en el distrito en el sur de Jalisco y otros rincones del estado.
La inseguridad constante tarde o temprano moldea y condiciona nuestra sensibilidad, nuestra forma de relacionarnos con la ficción.
La violencia de México influye a todos los escritores y a todos los lectores, aunque no lo incorporemos directa y explícitamente en los procesos de lecto–escritura, ¿por qué lo pienso así? Porque la inseguridad constante tarde o temprano moldea y condiciona nuestra sensibilidad, nuestra forma de relacionarnos con la ficción.
Subrayados
El cuento que mencioné que escribí en 2020 es “El silencio de Casandra”, y la última versión de “Pantalones vaqueros” debe ser de finales de 2023. Por ahora no sé cuál sea mi cuento favorito, creo que me falta un poco más de distancia y perspectiva. Sé que disfruté mucho escribiendo “Así estamos bien”, por esta idea del peligro y el deseo de forma simultánea.
Escenario
Creo que todavía no descubro cómo se atraviesa la saturación del mercado editorial, ni sé si ese camino pueda ser recorrido por todos los escritores. México en el tema editorial me parece que se enfrenta a una situación muy compleja, por un lado, hay cada vez más formas de publicar y distribuir un libro, lo cual me parece alentador, por otro lado, constantemente se habla de los bajos índices de lectura del país y el poco tiempo libre que tiene el grueso de la población para dedicarse a actividades de ocio y recreación como la lectura; incluso teniendo éxito en las ferias de libro aún hay un camino que recorrer para encontrar lectores. Me siento afortunado y agradecido porque Prueba de resistencia ha tenido actividades en ferias de libro, en secundarias, en preparatorias, en clubes de lectura y eso me ha dado la oportunidad de escuchar la opinión de los lectores.
Cinemático
Las películas me atraen muchísimo, disfruto volver a ver mis clásicos personales porque en cada visita encuentro algunos detalles que antes no había disfrutado. No sé si los videojuegos sean un arte, pero creo que alguna interferencia o aportación deben causar en esto de la escritura. Quizás cada vez sea más interesante preguntarles a los escritores si les gustan los videojuegos, y, si la respuesta es afirmativa, preguntarles también qué tipos de juegos prefieren, a cuáles nunca se han acercado. También disfruto el travestismo como forma de entretenimiento, de expresión de género y como forma de existir, Manuela de El lugar sin límites y La loca del Frente de Tengo miedo torero son dos de mis personajes favoritos, de ese tipo de artes siempre estoy interesado.

Talleres
En Zapotlán el Grande, Jalisco, estamos muy acostumbrados a la cultura del taller literario con todo lo bueno y malo que eso implica. Sé que hay personas que han tenido experiencias terribles en talleres —es más, creo que todos lo hemos pasado mal alguna vez— pero en mi caso debo admitir y celebrar que mi formación como escritor está demasiado relacionada con los talleres. Comencé a asistir al taller literario de Casa de la Cultura a los quince años, mi querida amiga Estefanía y yo nos inscribimos cuando estábamos en el bachillerato y desde entonces puedo decir que he participado en diferentes talleres hasta la fecha.
He tenido la suerte de participar con talleristas increíbles como Ricardo Castillo y Diana del Ángel, Alejandra Moffat, Eduardo Antonio Parra, Vicente Alfonso, y por fortuna estas actividades han sido premios, becas, coincidencias afortunadas, gestiones de la carrera de Letras Hispánicas —que estudié también aquí en Zapotlán—; mi opinión sobre los talleres es favorable en la mayoría de los casos, quizás es necesario encontrar un taller que se adapta a las necesidades de cada participante. No todos los talleres son formativos. No todos los talleres están destinados a durar mucho tiempo.

Sobre proyectos futuros: estoy en la etapa final de una novela que he disfrutado escribir, me parece que es un diálogo interesante entre Prueba de resistencia y Peores cosas han pasado.
Epílogo
¿Qué consejos le daría a un estudiante de Letras? Aprende a hacer algo y hacerlo lo mejor que puedas. Si eres al que le gusta la poesía mística pues haz todo lo posible para que ésa sea tu fortaleza, tu especialidad, que tú mismo seas eso que te interesa. Suena muy trillado, pero es necesario ser muy clavado en algo cuando nos dedicamos a esto… Y, bueno, ya siendo más realistas, si no tienes el dinero suficiente para ser escritor de tiempo completo —que es la realidad del 95% de estudiantes y egresados de Letras que yo conozco— pues busca sobrevivir de tal forma que los libros sigan formando parte de tu día a día lo más posible. ®
