Nina Mahsati: Crónicas de una antifeminista

Un análisis crítico del feminismo actual

La violencia en la pareja no era algo que pudiera reconocer plenamente como negativo, porque crecí violentada por mi madre pensando que ella “me quería a su manera”. Crecí creyendo que el abuso era parte del amor.

Nina Mahsati y su libro.

Mujer resiliente, hija, madre, esposa, amiga y estudiante de la carrera de Derecho. Nina Mahsati creció en un hogar de clase media disfuncional del que parecía no haber salida ni oportunidades. Sus padres se divorcian cuando ella tiene nueve años, y queda a cargo de su madre, quien la lleva a vivir junto a su nueva pareja. Ese hombre cuidaría de Nina, pero también se convertiría en su acosador sexual. Situación que la conduce a abandonar el hogar al cumplir la mayoría de edad. En ese tiempo de incertidumbre y desamparo encuentra refugio en el cuarto de una azotea a cambio de trabajo no remunerado en una pollería. Nina reconoce que se involucró en relaciones afectivo–destructivas, en las que normalizó la violencia por ser lo único que había conocido hasta entonces. De aquellas relaciones turbulentas con su pareja queda embarazada. No obstante, sola y sin apoyo, jamás pensó en abortar por saberlo “producto de una violación”. Al contrario, aferrada a su hijo encuentra las garras, el empuje que necesita para romper con el entorno pernicioso que la ciñe.

Hasta aquí todo parece un horizonte común en los casos de abuso a mujeres perpetrados por algunas “masculinidades tóxicas”. Lo más disonante en el testimonio de la fundadora de la Organización Rescate de Infancia, y que se aleja de todo discurso oficial conocido, es el intento de asesinato que vivió a manos de su propia progenitora en un arranque de furia incontenible. El testimonio atípico e invaluable de Nina Mahsati expone el lado oscuro de la figura femenina materna, de aquella destinada a ser el “lugar seguro” en el cuidado de los hijos. Años de maltratos y de obstrucción de vínculos, Nina creció convencida de que su padre biológico no la quería porque no le daba para su pensión alimenticia, como le decía su madre.

El testimonio atípico e invaluable de Nina Mahsati expone el lado oscuro de la figura femenina materna, de aquella destinada a ser el “lugar seguro” en el cuidado de los hijos. Años de maltratos y de obstrucción de vínculos, Nina creció convencida de que su padre biológico no la quería…

Más tarde, lo que Nina descubriría de su propia historia nos revela que no todo es como dicen y no todo es como parece.  

Nina Mahsati (Ciudad de México, 1990) es redactora de investigación, mentora en combate de obstrucción de vínculos familiares, fundadora de la Organización Rescate de Infancia, escritora y conferenciante. Ha escrito su primer libro: Crónicas de una antifeminista, un análisis crítico del feminismo actual (Casa Editorial Israel, 2025). Ésta es una conversación con ella.

—¿Alguna vez pensaste que lograrías superar todas las pruebas adversas que viviste después del divorcio de tus padres? ¿Te imaginabas llegar hasta dónde has llegado?
—El divorcio de mis padres marcó mi vida de formas que no pude notar hasta años después de que sucedió. Durante muchos años me sentí completamente rebasada por las consecuencias que todo esto trajo a mi vida. Reconozco que por un momento llegué a pensar que no saldría de los apuros en los que me encontraba. He trabajado muy duro durante muchos años para recuperarme completamente de todo lo que he pasado y aún sigo en el proceso. Jamás pensé llegar al punto en el que me encuentro ahora, pero ahora sé que todo lo que he vivido me ha traído hasta aquí, hasta este punto en el que estoy muy orgullosa de mí misma y de haber convertido mis dolores y pesares en el motor de una lucha por la infancia y por la justicia.

—¿Cuánto tiempo pasó después del divorcio entre tus padres, para que tu madre estableciera relaciones con su nueva pareja?
—Mis padres se separaron cuando yo tenía nueve años. Después mi madre tuvo múltiples parejas durante los años que siguieron. Finalmente, cuando yo tenía quince años mi madre consiguió un novio serio con quien nos mudamos rápidamente. No le avisó a mi padre de esa mudanza, y así mi papá ya no supo dónde encontrarme.

—¿Cómo te llevaste con él cuando lo conociste?
—Siempre lo rechacé desde el inicio, pero entre más lo rechazaba más se esforzaba por ganar mi confianza. Me hacía montones de regalos y detalles para que dejara de tratarlo con hostilidad.

—¿En qué momento decidiste que tenías que salir de tu casa?
—Yo llevaba meses siendo abusada sexualmente por mi padrastro (el abuso comenzó cuando Nina tenía dieciséis años). Decido salir de casa cuando noto que él empieza a tratar de convencer a mi mamá de que yo era mentirosa, decir que yo mentía en situaciones cotidianas irrelevantes. Eso me preocupó, porque pensé que estaba preparando “el terreno” para que nadie me creyera si yo decidía hablar de lo que me hacía. Por lo que temí que me hiciera cosas más graves, y que, al decirlas, mi mamá pensara que era mentirosa por todo lo que él le había hecho creer de mí.

—¿Cómo fue vivir fuera de tu casa y hacerte cargo de ti misma?
—Afortunadamente conocí buenas personas que, en la medida de sus posibilidades, me brindaron todo el apoyo que pudieron, cosa que agradezco enormemente, pero estar sola fue lo más difícil para mí. Soy la mayor de cuatro hermanos, y pasar de tener compañía todo el tiempo a vivir sola fue lo que más tristeza me causó. Un par de semanas después de haberme ido de casa fui a visitar a mi madre, que me presionó para decirle las razones por las que me había ido. Finalmente, se lo dije y por un momento tuve esperanza de que hiciera algo al especto, que decidiera dejar a su pareja y que yo pudiera volver a vivir con mi familia, pero en su lugar su respuesta fue “bueno, pero ya te fuiste. Ya no pasa nada”. No podía volver a casa y creía todavía que mi padre no me quería. Nunca me sentí tan sola como en ese momento.

Un par de semanas después de haberme ido de casa fui a visitar a mi madre, que me presionó para decirle las razones por las que me había ido. Finalmente, se lo dije y por un momento tuve esperanza de que hiciera algo al especto, que decidiera dejar a su pareja y que yo pudiera volver a vivir con mi familia, pero en su lugar su respuesta fue “bueno, pero ya te fuiste. Ya no pasa nada”.

—¿Cómo inicias la relación con el padre de tu hijo?
—La soledad emocional y la baja autoestima son los peores estados para conocer pareja. Elegí relaciones abusivas buscando encontrar la familia que había perdido. La violencia en la pareja no era algo que pudiera reconocer plenamente como negativo porque crecí violentada por mi madre pensando que ella “me quería a su manera”, así que crecí creyendo que el abuso era parte del amor.

—Has mencionado que sufriste de desórdenes alimenticios debido a un episodio traumático que viviste, fue la conclusión a la que llegaron cuando tomaste terapia. ¿Podrías compartirnos más detalles al respecto?
—Así es. Durante diferentes momentos en mi vida he buscado ayuda psicológica profesional. En estas terapias descubrí que el trastorno alimenticio por atracón que desarrollé desde mi adolescencia tenía relación directa con el intento de homicidio que sufrí a manos de mi madre. Incluso notamos en terapia la razón por la que selecciono de manera particular algunos alimentos para el atracón y que tienen relación con sentirme asfixiada nuevamente, como lo intentó hacer mi mamá conmigo, y con buscar callar lo sucedido tras veinte años de mantener oculto lo que sucedió.

—¿En qué momento decides buscar a tu padre y cómo fue ese encuentro?
—Decidí buscar a mi papá cuando me di cuenta de que no podría seguir trabajando a cambio de vivienda cuando entrara a la universidad. Pensé en pedirle ayuda a mi papá, pero yo creía todavía que no me quería por lo que pensé buscarlo para ofrecerle un plan de pagos para devolverle toda la ayuda que me diera para estudiar. Así que le envíe un correo electrónico que respondió de inmediato y quedamos de vernos al día siguiente. Yo tenía un largo discurso de reproches para darle porque yo creía que él no había pagado mi manutención y que no le había importado, pero cuando lo vi no pude reprochar nada. Verlo de nuevo fue como si no hubiera pasado el tiempo.

—Platícanos de tu libro Crónicas de una antifeminista. ¿Qué vamos a encontrar en él?
—En mi libro el lector va a encontrar evidencia y argumentos sólidos que demuestran cómo el feminismo no busca la igualdad entre hombres y mujeres, sino que busca privilegios sexistas usando como estrategia la victimización de la mujer y la manipulación de los datos. La deshumanización del varón, la violencia contra las mujeres disidentes, la vulneración de la infancia y la destrucción de la familia. En mi libro encontrarán las pruebas de ello desde sus orígenes hasta nuestros días.

—¿Cuál es la función de una mentora en combate de obstrucción de vínculos familiares?
—Durante un par de años me dediqué a dar mentorías a padres y familias que no podían ver a sus hijos resultado de la obstrucción de vínculo. En ellas, trabajamos estrategias para identificar abogados abusivos, cómo hablar con sus hijos alienados y la contraparte obstructora, cómo sobrellevar el duelo por obstrucción y cómo recuperar la alegría de vivir aun cuando se atraviesa por estas dificultades. En febrero de este año cerré mi agenda de mentorías de forma permanente para dedicarme de lleno a la investigación de mi segundo libro.

—Nina, ¿cómo andamos en México en cuestión de la custodia compartida.
—Mal. En México existe un notable sesgo en favor de la maternidad sin consideraciones de idoneidad. En México vivimos un matriarcado social en el que la figura materna es venerada. Además, los jueces de lo familiar, de manera personal, siguen creyendo que los niños deben ser cuidados por la madre y, aunque se piense que esta creencia es por machismo, en realidad es promovida por el mismo feminismo que, con leyes como la de violencia vicaria y la perspectiva de género, siguen perpetuando la idea de que la madre debe tener la preferencia en la crianza.

—En días recientes se dio a conocer que Citlalli Hernández renunció a la Secretaría de las Mujeres. Desde tu trinchera, desde tu experiencia en materia penal, ¿qué errores cometió la funcionaria de Morena?
—Creo que la salida de esta funcionaria de la Secretaría obedece principalmente a motivos electorales. Citlalli es la imagen pública de la discriminación contra el varón en esta administración y desean enfriar un poco la opinión pública en contra del feminismo promovido por Sheinbaum para conseguir el voto masculino. Citlalli en diversas ocasiones pisoteó el Estado de derecho y presionó autoridades para garantizar la impunidad de mujeres agresoras en casos de peso mediático. Pero estoy segura de que éstos ni fueron errores, ni fueron su idea, ni son un problema para la agenda feminista de este gobierno. Se ejecutaron con toda la intención de mostrar el poder del feminismo en esta administración, y ahora apuestan al olvido de la opinión pública porque necesitan el voto masivo.

La falsa declaración ante la autoridad lo único que te dice es que el daño se le hace a la autoridad porque la hiciste trabajar en vano, porque se ocuparon recursos y se invisibiliza por completo que, en una falsa denuncia, hay un inocente que pierde. Pierde trabajo, patrimonio, libertad, más los riegos que sufre en prisión: violación, golpes, pierde años de su vida.

—¿Cuáles serían tus propuestas para mejorar el sistema de justicia en México?
—Se necesita limpiar, depurar tanto la normatividad como las instituciones. En este punto, poco sería lo que podríamos agregar, se trata de quitar. Quitar protocolos con perspectiva de género. Normatividad como la violencia vicaria, la ley Alina, etc. Sacar las ideologías de nuestro cuerpo normativo. Agregar legislación en contra de las denuncias falsas, porque, lo que existe en estos momentos es insuficiente. Lo único con lo que se cuenta para castigar denuncias falsas, actualmente, es la falsa declaración ante la autoridad. Pero a mí me parece insuficiente. La falsa declaración ante la autoridad lo único que te dice es que el daño se le hace a la autoridad porque la hiciste trabajar en vano, porque se ocuparon recursos y se invisibiliza por completo que, en una falsa denuncia, hay un inocente que pierde. Pierde trabajo, patrimonio, libertad, más los riegos que sufre en prisión: violación, golpes, pierde años de su vida. Entonces, la falsa declaración ante autoridad se vuelve insuficiente. Debemos comenzar a sancionar al que miente. Leyes neutras para cualquier persona. También agregaría custodia compartida en casos de divorcio y separación en materia familiar. La figura de la pensión alimenticia es obsoleta e ineficiente, lo único que hace es generar más conflictos en los divorcios. Es inútil porque todas las mujeres te van a decir que no les alcanza. Además, en una sociedad que aspira a que todos seamos iguales, la custodia compartida es eso, generar igualdad de condiciones, tanto en la manutención y la crianza. Hasta ahora, me parece impresionante que las feministas, hoy, no se hayan posicionado en contra de la pensión alimenticia que refuerza estereotipos de género: el padre es el que tiene que pagar, la madre es la que se tiene que quedar con los hijos. El sistema de justicia y los mecanismos de prevención deben volver a la objetividad de la ciencia estadística que no sustenta las motivaciones de género.

—Nina, el ser humano no es bueno ni malo por naturaleza. Existen seres humanos falibles e imperfectos. Mi planteamiento es, si tu sufrimiento ha provenido mayormente de varones malos ¿por qué no escribir sobre ello?
—Es simple. Porque si hablara de los varones malos nadie me cuestionaría, recibiría apoyo y empatía. Un trato que jamás recibo por hablar de la violencia que también ejercen las mujeres. Cuando lo expongo recibo ataques, burlas, descalificaciones, críticas, insultos y amenazas. Es ahí cuando me doy cuenta de que estamos muy lejos de combatir la violencia en general si a las mismas víctimas les asignamos un valor diferente en razón de su sexo. Si el agresor es hombre entonces le sirve al discurso oficial y, por el contrario, si la agresora es mujer pone en peligro la narrativa. El feminismo busca ocultar la violencia que cometen las mujeres para beneficio único de las mujeres violentas. El silencio sólo beneficia a las agresoras. ¡Rompamos el silencio! Mi lucha es por un mundo en el que todas las víctimas sean importantes y que todos los agresores y agresoras sean llevados a la justicia y juzgados por sus acciones con independencia de su sexo.

No quería considerarme víctima de nada ni de nadie porque eso implicaba entregar mi poder personal a terceros. Yo estaba dispuesta a reconocer mis errores, aunque fuera doloroso hacerlo, y asumir la completa responsabilidad de mi vida, porque entendí que ésa era la única manera de llegar a convertirme en la mujer que siempre soñé ser.

Análisis crítico del feminismo actual.

—Compártenos ese momento de epifanía en el que tu padre pone en tus manos ¿qué cosa? y ¿cómo contribuyó ese objeto a salvar tu existencia?
—Las experiencias que viví durante mi infancia y adolescencia me llevaron a hacer elecciones de pareja sumamente destructivas. Fui madre en condiciones de violencia y vulnerabilidad y me encontraba en una espiral decadente de malas decisiones impulsadas por los traumas y las carencias emocionales con las que crecí. Fue mi padre quien me dio las herramientas necesarias para salir de ese torbellino. Él me dio una colección de libros, todos relacionados con la dependencia emocional, el amor sano y la inteligencia emocional. Leí todos esos libros uno tras otro. Siempre fui muy afecta a la lectura porque de niña era mi refugio, y como adulta joven fue mi salvavidas. Fue una etapa de mi vida en la que me encerré en mí misma y me dediqué a conocerme, a curar mis heridas, a volver sobre mis pasos y reconocer mis errores para hacerme responsable de ellos y mejorar. Fue como tomar un curso intensivo para madurar, para sanar mi alma y para tomar de nuevo las riendas de mi vida. No quería considerarme víctima de nada ni de nadie porque eso implicaba entregar mi poder personal a terceros. Yo estaba dispuesta a reconocer mis errores, aunque fuera doloroso hacerlo, y asumir la completa responsabilidad de mi vida, porque entendí que ésa era la única manera de llegar a convertirme en la mujer que siempre soñé ser.

El feminismo nunca hubiera podido hacer eso por mí, porque la victimización eterna que lo caracteriza sólo hubiera hecho más grandes mis heridas y hubiera buscado fuera de mí a quien responsabilizar de mi desdicha. Siempre me ha parecido gracioso cuando las feministas me dicen que “agarre un libro” cuando fue justamente eso, lo que me libró de acabar como ellas.

La lectura me salvó y ahora le devuelvo el apoyo escribiendo mi propia historia, mi visión del mundo, mis investigaciones y mis pensamientos para que otros puedan encontrar nuevos caminos de aprendizaje como yo encontré los míos. ®

Aquí puedes comprar Crónicas de una antifeminista.

Nina Mahsati en Instagram.

Compartir:

Publicado en: Libros y autores

Apóyanos:

Aquí puedes Replicar

¿Quieres contribuir a la discusión o a la reflexión? Publicaremos tu comentario si éste no es ofensivo o irrelevante. Replicante cree en la libertad y está contra la censura, pero no tiene la obligación de publicar expresiones de los lectores que resulten contrarias a la inteligencia y la sensibilidad. Si estás de acuerdo con esto, adelante.