Jesús de Nazaret, el Cristo

Historia y misterio del hijo de Dios

¿Quién fue Jesús de Nazaret? En este documentado texto se mencionan las distintas fuentes cristianas e históricas que hablan de un profeta judío y de un rebelde cuyas enseñanzas tuvieron consecuencias en todo el mundo.

Litografía de Currier & Ives, 1849.

Las principales fuentes sobre la vida de Jesús son los evangelios sinópticos, algunos evangelios apócrifos, los Hechos de los Apóstoles, las Epístolas de los Apóstoles. Y algunas menciones en autores como Flavio Josefo, Tácito, Suetonio, Plinio el Joven…

Jesús: Yehōšua en hebreo (que significa «Dios salva». Así le es explicado a José el nombre del niño que va a nacer: «Le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados» (Mateo 1,21; cf. Hechos 4,12). Iso en arameo, Ieosous en griego.

Cristo: Christós en griego antiguo, Masíah en hebreo. Significa el ungido, el mesías.
Cabe señalar que el nacimiento y la infancia de Jesús sólo aparecen en Mateo y Lucas.

• Evangelio de Mateo

— María y José viven en Belén (aquí no aparece ningún viaje).
— María queda embarazada, José resuelve repudiarla por no ser hijo suyo, un ángel en sueños le avisa que es obra del Espíritu Santo y que será el Mesías.
— Unos magos de Oriente llegan a Jerusalén preguntando por el «rey de los judíos que acaba de nacer»; sin proponérselo alertan a Herodes, quien decide eliminar al posible rival, llegan a Belén y adoran al niño. Un ángel de nuevo visita a José en sueños y le advierte del peligro, la familia huye a Egipto y permanece allí hasta la muerte del monarca, por tercera vez el ángel en sueños le avisa y la familia regresa para instalarse en Nazaret.

• Evangelio de Lucas

— María y José viven en Nazaret. Aunque Nazaret es citada doce veces en los evangelios no es mencionada antes de la era cristiana ni por historiadores ni geógrafos, no aparece en el Antiguo Testamento ni en Flavio Josefo ni en Filón. Era un lugar insignificante, una pobre y oscura aldea perdida en los montes de la baja Galilea.
— Se entrelaza la historia de Jesús con Juan el Bautista, ya que su madre, Isabel, es pariente de María.
— El nacimiento de Jesús es notificado a María por el ángel Gabriel, en la Anunciación.
— El emperador romano ordena un censo y José debe viajar a Belén por ser oriundo de ahí.
— Jesús nace en Belén y es adorado por los pastores.
— Lucas escribe sobre la circuncisión de Jesús, sobre su presentación en el Templo y su encuentro con los doctores en el Templo de Jerusalén a los doce años en una visita en Pascua.

Los dos evangelios describen la genealogía de Jesús: la de Mateo desde Abraham y la de Lucas desde Adán. Las dos genealogías coinciden entre Abraham y David, pero difieren de ahí en adelante.

El Espíritu lo condujo al desierto donde ayunó cuarenta días y superó las tentaciones del Demonio. Después marchó a Galilea y se estableció en Cafarnaún, donde comenzó a predicar la llegada del Reino de Dios.

Atención: la concepción de Jesús de origen divino por obra del Espíritu Santo sólo se menciona —y de manera diferente— en Mateo y Lucas. No se menciona en Marcos y Juan.

Los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) describen el inicio de la vida pública de Jesús después de su bautismo en el Jordán por Juan el Bautista. El Espíritu lo condujo al desierto donde ayunó cuarenta días y superó las tentaciones del Demonio. Después marchó a Galilea y se estableció en Cafarnaún, donde comenzó a predicar la llegada del Reino de Dios.

Dice Ernest Renan en su Vida de Jesús: «Es revolucionario en el más alto grado; convoca a todos los hombres a un culto basado únicamente en la condición de hijos de Dios. Proclama los derechos del hombre, no los derechos del judío; la religión del hombre, no la religión del judío; la liberación del hombre, no la liberación del judío».

No hay uniformidad sobre cuánto tiempo duró la vida pública de Jesús. Los evangelios sinópticos mencionan sólo una fiesta de Pascua en la que Jesús fue sacrificado, mientras que el Evangelio de Juan menciona tres Pascuas, o sea tres años.

Los apóstoles

Del griego ‘enviados’. Los evangelios mencionan a doce pero no coinciden exactamente en los nombres. Simón–Pedro–Cefas y su hermano Andrés, Santiago el Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo–Leví el publicano; Santiago el de Alfeo y Tadeo; Simón el Zelote y Judas Iscariote.

Jesús predicó en la sinagogas y al aire libre donde las muchedumbres se congregaban para oírle. De entre sus discursos destaca el Sermón de la Montaña, que sólo aparece en Mateo. En el Sermón aparecen las ocho Bienaventuranzas y el Padre nuestro. En Lucas también aparece esa oración pero en otro contexto. El Sermón es el discurso más amplio de Jesús y en donde aparece mejor delineada su doctrina: la metáfora de la sal y la luz; la Antítesis de la Ley: contra el ojo por ojo y diente por diente del Antiguo Testamento contrapone el Ama a tus enemigos. La regla de oro: Haz a otros lo que quieres que te hagan a ti. Lo de Pide y recibirás, busca y encontrarás. El camino estrecho y difícil lleva a la vida, el amplio y fácil a la destrucción. Los falsos profetas, lobos con piel de oveja, y el por sus frutos los conoceréis. Quien siga estas palabras construirá sobre roca y sobrevivirá y quien no las sigue construye en arena y será destruido.

Entre las más conocidas están la parábola del sembrador, la del grano de mostaza, la del trigo y la cizaña, la de la oveja perdida, la de los obreros enviados a la viña, la de los dos hijos, la de los talentos, la del juicio final.

Utilizó parábolas: relatos figurados y simbólicos en los que por analogía o semejanza se deriva una enseñanza relativa a un tema que no es explícito, con fines didácticos o morales.

Las parábolas sólo aparecen en los evangelios sinópticos. Entre las más conocidas están la parábola del sembrador, la del grano de mostaza, la del trigo y la cizaña, la de la oveja perdida, la de los obreros enviados a la viña, la de los dos hijos, la de los talentos, la del juicio final. Dos de las más conocidas sólo aparecen en Lucas: la del buen samaritano y la del hijo pródigo.

El fotógrafo holandés Bas Uterwijk recreó con inteligencia artificial dos posibles rostros de Jesús a partir de imágenes como la de la Sábana Santa en Turín o el Salvador Mundi de Leonardo Da Vinci.

La originalidad del mensaje de Jesús es su énfasis en el amor a los enemigos, en la cercanía con los marginados, con los oprimidos, con los pecadores. El amparo en la misericordia de Dios.

Los evangelios enumeran veintisiete milagros, que abarcan: catorce curaciones de distintas enfermedades, cinco exorcismos, cinco prodigios varios (calmar una tempestad, caminar sobre las aguas, multiplicación de los panes y los peces, convertir el vino en agua, etc.) y tres resurrecciones.

Los evangelios dedican un importante porcentaje a los siete últimos días de la vida de Jesús.

— Entró a Jerusalén en lomos de un asno para festejar la Pascua, y fue recibido por una multitud, quien lo aclamó como hijo de David.
— Expulsó a los cambistas y a los mercaderes del Templo.
— La noche de Pascua cenó con los apóstoles, predijo que sería traicionado por uno de los apóstoles. Cenó pan y vino con la fórmula que se utiliza en el ritual de la comunión católica.
— Tras la cena se fue con sus discípulos a rezar al huerto de Getsemaní. Los discípulos se durmieron. Judas lo vendió por treinta monedas de plata a los sacerdotes y príncipes del Templo de Jerusalén. Lo identificó con el beso en la mejilla y fue arrestado.
— Tras su detención esa misma noche fue llevado al palacio del sumo sacerdote Caifás y fue juzgado ante el Sanedrín. Pedro, que había seguido a Jesús oculto entre los sirvientes, fue identificado y lo negó tres veces.
— A la mañana siguiente fue llevado ante el prefecto romano, Poncio Pilatos, quien no lo encontró culpable y ofreció a la multitud que escogiera la liberación de Jesús o un bandido, Barrabás. La multitud escogió que Jesús fuera crucificado. Pilatos se lavó simbólicamente las manos para expresar su inocencia ante la muerte de Jesús.
— Fue azotado, vestido con un manto rojo (el púrpura era el color símbolo de la realeza entre los romanos), le pusieron de burla una corona de espinas y una caña en la mano como cetro. Fue obligado a cargar la cruz en la que sería crucificado hasta el Gólgota. Lo ayudó Simón de Cirene.
— Tras ser crucificado los soldados se repartieron sus vestiduras. En la cruz pusieron un cartel: Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum (Jesús Nazareno Rey de los Judíos), el famoso INRI. Fue crucificado entre dos ladrones.
— Sus últimas palabras difieren en los evangelios. Según Marcos dijo ‘Elí, Elí, lemá sabactani’ (Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?).
— Un seguidor de Jesús, José de Arimatea pidió su cuerpo para sepultarlo en una caverna.
— Los cuatro evangelios dicen que Jesús resucitó de entre los muertos al tercer día y se apareció a sus discípulos en varias ocasiones.
— Nada más dos de los evangelios (Marcos y Lucas) relatan su ascensión a los cielos.
— Los relatos sobre Jesús resucitado varían según cada evangelio. En todas aparece María Magdalena como primer testigo de la resurrección. La tradición identifica a María Magdalena con la mujer adúltera que Jesús salva de la lapidación (Aquel que esté libre de culpa que arroje la primera piedra) que se menciona en el evangelio de Juan. Pero no hay mención explícita y específica de que sea la misma mujer en los textos.

Jesús histórico

Los historiadores no religiosos han opinado que es claro que Jesús fue crucificado el primer día de la fiesta de Pésaj (Pascua judía), el 15 de Nisán, por los romanos y por sedición, en el periodo de Poncio Pilatos, prefecto romano de Judea (26–36). La crucifixión era la pena habitual para los rebeldes. Una muerte larga y atroz. Por cierto, Jesús, según los evangelios, murió de manera muy rápida.

Otra evidencia sobre las inconsistencias de los evangelios es que en el Sanedrín nunca se realizaron juicios nocturnos, como el supuesto juicio de Jesús en el Palacio de Caifás, el sumo sacerdote.

También en el siglo IV se comenzó a celebrar en la Iglesia Católica Romana el nacimiento de Jesús en el 25 de diciembre. El solsticio de invierno, el día en que los romanos celebraban la fiesta del Sol Invictus, en medio de las Saturnalias.

Se adoptó la fecha de nacimiento de Jesús hasta  el siglo IV, según los cálculos erróneos del monje y astrónomo Dionisio el Exiguo, el Escita. Quien fijó la fecha de nacimiento en el 753 AUC (ab urbe condita – desde la fundación de Roma), que se declaró como el año 1 de la era cristiana. También en el siglo IV se comenzó a celebrar en la Iglesia Católica Romana el nacimiento de Jesús en el 25 de diciembre. El solsticio de invierno, el día en que los romanos celebraban la fiesta del Sol Invictus, en medio de las Saturnalias, las fiestas romanas que eran una mezcla entre navidad y carnaval pero en fuerte: se bebía y se comía mucho, los siervos y esclavos dejaban de trabajar, se daban regalos. Los católicos ortodoxos siempre han celebrado el nacimiento de Cristo el 6 de enero.

Fuentes cristianas

• Epístolas de Pablo de Tarso

La fuente más antigua que menciona a Jesús es la Primera Epístola de San Pablo a los Tesalonicenses, apenas unos veinte años después de su muerte. Las siete epístolas de Pablo de Tarso son las fuentes escritas más antiguas que se conservan sobre Jesús. Datadas entre los años 50 y 60. Aunque la tradición le atribuye a Pablo catorce epístolas, el consenso de los investigadores coincide que sólo siete provienen del mismo autor (Primera epístola a los Tesalonicenses, Epístola a los Filipenses, Epístola a los Gálatas, Primera y Segunda Epístola a los Corintios, Epístola a los Romanos —quizá la más importante— y Epístola a Filemón). Las epístolas son cartas y comunicados dirigidas a comunidades cristianas donde se tratan, sobre todo, aspectos doctrinales y teológicos. Se considera a Pablo de Tarso el verdadero fundador del cristianismo como religión autónoma, y gracias a él dejó de ser una más de la treintena de las sectas del judaísmo. Pablo hizo gran énfasis en el sentido sacrificial y redentor de la muerte y resurrección de Jesucristo.

• Los Evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas)

Suelen datarse entre los años 70 y 90. Fueron escritos en griego por autores que no tuvieron conocimiento directo de Jesús. El evangelio más antiguo es el de Marcos. Así que Mateo y Lucas son posteriores y utilizan como fuente a Marcos, y una segunda fuente llamada Q, por Quelle (fuente, en alemán), lo que explica lo que aparece en Mateo y Lucas pero no en Marcos. Al parecer, la Fuente Q contenía exclusivamente palabras de Jesús.
El Documento Q es anterior a la destrucción del Templo por los romanos (entre el 40 y 60) y coincide con el Evangelio apócrifo de Tomás. Se ha avanzado mucho en su reconstrucción. Los tres evangelios sinópticos fueron escritos en griego después de la destrucción del Templo (entre 70 y 80).

• El Evangelio de Juan

Escrito hacia el 90–100. Menos relacionado con la biografía de Jesús y más dedicado hacia una teología más desarrollada. Presenta a Jesús como un ser preexistente, substancialmente unido a Dios, enviado para salvar al género humano. Hace la primera descripción de la Trinidad. Relata pocos milagros (sólo siete). Describe escenas que no aparecen en los sinópticos, algunas muy conocidas, como las bodas de Caná o la resurrección de Lázaro.

• Los Evangelios apócrifos

Existen más de cincuenta textos distintos considerados como Evangelios apócrifos.

La mayor parte de los evangelios apócrifos fueron apartados del canon por ser muy tardíos (después del 150) y fantasiosos, aunque existen excepciones notables como —y especialmente— el Evangelio de Tomás, también el Evangelio de Egerton 2, el Evangelio secreto de Marcos, los Papiros de Oxirrinco y el Evangelio de Pedro.

El canon definitivo que excluyó a los evangelios apócrifos fue el hecho entre el 382 y el 405, por Jerónimo de Estridón (san Jerónimo, el patrono de los traductores) con la edición de la Vulgata: la primera traducción católica completa de la Biblia al latín, y considerada la única oficial por el Concilio de Trento. Para el Antiguo Testamento utilizó la llamada Septuaginta en griego, y para el Nuevo Testamento utilizó las más antiguas versiones originales en griego de los Evangelios, las Epístolas, los Hechos de los Apóstoles (atribuidos a Lucas evangelista) y el Apocalipsis.

Los apócrifos han ejercido una enorme influencia en la tradición y en la iconografía cristianas.
Entre las tradiciones conservadas que aparecen únicamente en los apócrifos se encuentran:

— Los nombres de los padres de María: Ana y Joaquín.
— La presentación de la virgen niña en el Templo.
— El número y los nombres de los Reyes Magos: Melchor, Gaspar y Baltazar.
— La presencia del asno y del buey en el pesebre.
— Los nombres y las historias del buen ladrón, Dimas, y el mal ladrón, Gestas.
— La historia de la Verónica en el Vía Crucis.
— El nombre de Longinos, el centurión que atravesó con la lanza el costado de Cristo.
— La primera sugerencia explícita de la virginidad perpetua de María (el Protoevangelio de Santiago).

Fuentes no cristianas sobre Jesús

• Fuentes judías

— Existen dos menciones sobre Cristo en las Antigüedades judías del historiador judío Flavio Josefo. El primero es el conocido como ‘testimonio flaviano’ (18, 63). Se considera que fue adulterado por interpolaciones posteriores de copistas cristianos. El segundo se encuentra en el 20, 200, y es considerado con un mayor grado de fidelidad. Trata sobre la lapidación de Santiago, identificado en el texto como hermano de Jesús, personaje mencionado también por Pablo de Tarso.

Flavio Josefo menciona mucho más a Juan el Bautista.

— Menciones en el Talmud, en el tratado Sanhedrin. En Sanh, 43, se dice que Yeshu fue colgado ‘la víspera de pascua’ por haber practicado la hechicería y por incitar a Israel a la apostasía.

• Fuentes romanas

— Plinio el Joven (comienzos del siglo II), en una carta al emperador Trajano, menciona a los cristianos que elevan cánticos a Cristo como los que se dedican a un dios (Epístolas 10:96).
— Tácito, en Anales (116–117), dice que Nerón después del incendio de Roma castiga a los partidarios de un tal Cristo que en época de Tiberio fue ajusticiado por Poncio Pilatos.
— Suetonio, en el 121, en la Vida de los Césares, menciona que el emperador Claudio expulsó de Roma a los judíos por sus hábitos escandalosos instigados por un tal Chrestus.

Influencia histórica de Jesús de Nazaret

Independientemente de que se sea creyente o no, la influencia de Jesús en el mundo es innegable.
En estricto sentido, el Jesús histórico fue un judío practicante hasta el último de sus días. Fue después de su muerte, y bajo el impulso de Pablo de Tarso, como el cristianismo pasó a ser una religión diferenciada del judaísmo.

Fue en el llamado Concilio apostólico de Jerusalén, fechado alrededor del año 50, unos veinte años después de la crucifixión, donde se debatió si los recientes y numerosos conversos deberían seguir y cumplir la estricta Ley de Moisés, con sus 613 preceptos, mandatos y prohibiciones que regulan la vida entera del judaísmo. La más problemática era la referente a la circuncisión.

Existe un gran número de diversas contradicciones entre los distintos evangelios canónicos, epístolas y hechos de los apóstoles, sobre cada una de las etapas de la vida de Jesús: desde su nacimiento, milagros, sermones, última cena, crucifixión, sepultura y resurrección.

En el concilio participaron Pablo de Tarso, Santiago el hermano de Jesús y varios apóstoles encabezados por Pedro. La resolución fue que los gentiles conversos no estaban obligados a cumplir toda la ley mosaica, especialmente la circuncisión (señal del pacto de Abraham con Dios), pero sí estaban obligados a cumplir los diez mandamientos de Moisés y los siete preceptos de Noé: 1. Prohibición de la idolatría. 2. Prohibición de la blasfemia. 3. Prohibición del asesinato. 4. Prohibición de las relaciones sexuales ilícitas. 5. Prohibido el robo. 6. Prohibición de comer animales vivos. 7. Se aceptan los juicios y las cortes que cumplan la ley.

Hay que señalar que existe un gran número de diversas contradicciones entre los distintos evangelios canónicos, epístolas y hechos de los apóstoles, sobre cada una de las etapas de la vida de Jesús: desde su nacimiento, milagros, sermones, última cena, crucifixión, sepultura y resurrección. Muchas. A pesar de esto, la imagen y figura del personaje es clara y diáfana.

Dice Paul Johnson en su Historia del Cristianismo:

La enseñanza de Jesús es más una serie de resplandores, o matrices, una colección de percepciones internas más que un código de doctrina […] No es una summa theologica, o siquiera una ética, sino la base a partir de la cual es posible organizar una serie infinita de summae. Inaugura una religión del diálogo, de la exploración y el experimento. Sus aspectos radicales se equilibran con salvedades conservadoras, hay una mezcla constante de legalismo y antinomianismo, y el eje se desplaza repetidas veces […] Parte de esta diversidad refleja el auténtico desconcierto de los discípulos, y la confusión de los compiladores evangélicos a quienes llegaron los recuerdos de aquéllos. Pero gran parte es esencialmente un elemento de la postura universalista de Jesús: lo que maravilla es que la personalidad que está detrás de la misión de ningún modo se fragmenta, y por lo contrario siempre está integrada y es fiel a su propio carácter. Jesús consigue ser todo para todos los hombres al mismo tiempo que permanece fiel a sí mismo…
Jesús tenía que transmitir una nueva doctrina —la salvación a través del amor, el sacrificio y la fe— pero hasta cierto punto tenía que presentarla con el atuendo de una reforma a la antigua […] … había venido a fundar un nuevo tipo de reino y a traer un mensaje de alegría y esperanza. ¿Cómo manifestar que su triunfo sería alcanzado a través de su propia muerte? No era una idea que atrajese al mundo antiguo; a ningún mundo […] estaba la paradoja fundamental de que la misión tenía que ser vindicada por su fracaso.

En la difusión y el éxito posterior del mensaje de Jesucristo tuvo una influencia decisiva Pablo de Tarso. Fue él quien propuso una revolución al concepto judaico de la relación del hombre con Dios y su sustitución por un nuevo sistema de salvación, a través de una teología determinista, sintetizada en la famosa Epístola a los Romanos. Melanchthon, el reformador y amigo de Lutero, dijo que era «un resumen de toda la doctrina cristiana». Está considerada como el más sugestivo de todos los documentos cristianos. Se ha dicho que motivó a reconsiderar la comprensión de su religión a algunos de los más importantes teólogos: modificó profundamente el pensamiento de Agustín de Hipona en los últimos años de su vida. Fue el detonador de la explosión de Lutero. La mayoría de las revoluciones teológicas cristianas comenzaron con esta epístola, como lo fue el caso del propio movimiento de Pablo de Tarso. Pablo creía en la libertad; para él el cristianismo era la única clase de libertad que importa, la liberación respecto a la ley y la entrega de la vida. Asociaba a la libertad con la verdad. Afirmó el derecho a pensar y a reflexionar hasta la conclusión definitiva. Afirmó el derecho a pensar en el cabal sentido helenístico, y por lo tanto demostró que la fe cristiana nada tiene que temer del poder del pensamiento.

Poco se señala, pero uno de los fundamentos del cristianismo es el libre albedrío. El mal es la ausencia de Dios, dijo el notorio paulista san Agustín de Hipona. El filósofo alemán contemporáneo Rüdiger Safranski tiene un libro que se llama El mal o el drama de la libertad, y en el título resume su indagación histórica sobre el origen del mal: el libre albedrío.

El cristianismo, de ser una secta judía perseguida —fundada por un oscuro profeta apocalíptico, sanador carismático, filósofo cínico, mesías judío y profeta del cambio social— pasó a convertirse en uno o dos siglos en una de las religiones más difundidas del entorno mediterráneo del Imperio romano.

Un suceso decisivo en su crecimiento fue la destrucción del Templo de Jerusalén y de Jerusalén misma, en el transcurso de la Primera Guerra Judeo–Romana (66–73) por Tito, el futuro emperador romano. La posterior diáspora judía por todos los rincones del Imperio Romano ‘liberó’ de manera forzada a los cristianos de su pertenencia a la religión hebrea y propició su desarrollo particular.

Este desarrollo se advierte de manera clara en el Jesús judío del Evangelio de Mateo y en su evolución al Cristo ‘cristiano’ del Evangelio de Juan, con una evolucionada teología paulista.

El cristianismo se separó del judaísmo, que lo consideró una herejía. Así, Esteban, diácono cristiano de Jerusalén, fue lapidado por blasfemia por órdenes del Sanedrín en el 34. Santiago el hermano de Jesús fue lapidado por orden del sumo sacerdote Ananías en el 69. Alrededor del año 85 en la liturgia de las sinagogas se incorporó la siguiente frase: «Que los nazarenos y los herejes sean destruidos rápidamente y apartados del libro de la vida». El castigo a la herejía fue una más de las herencias judías del cristianismo, y éste a su vez habría de devolverla, de manera muy rápida y con creces.

Desde la frase que según Mateo (27: 24–25) pronunciaron los judíos acusadores en el proceso a Jesús «¡Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!», hasta la oración por los judíos en el ritual de la misa del viernes santo que decía: «Oremos también por los pérfidos judíos para que el Señor Nuestro Dios quite el velo de sus corazones … ese pueblo obcecado … y salgan de sus tinieblas» (que fue modificada hasta una fecha tan reciente como el 2008, por Benedicto XVI), han pasado siglos de persecuciones, progromos y holocaustos de los cristianos a los judíos.

El cristianismo comenzó en un ámbito de confusión, controversia y cisma, así continuó en sus primeros años. Luego surgió gradualmente una Iglesia ortodoxa dominante, con una estructura eclesiástica visible, que vivió un proceso de selección natural, una supervivencia espiritual de los más aptos. Y, como suele suceder con este tipo de luchas, ésta no fue muy edificante.

El antiguo y gigantesco Serapeum de Alejandría en Egipto fue arrasado desde sus cimientos. Fue extinguido el fuego eterno del Templo de Vesta, en el Foro Romano, las vírgenes vestales fueron disueltas. Se cancelaron los últimos Juegos Olímpicos griegos después de los celebrados en el 393, que tenían más de mil años.

Otro hecho decisivo en la historia de la religión cristiana fue el Edicto de Milán, promulgado por el emperador Constantino en el 313, en el que se establecía la libertad de religión en el Imperio Romano y la subsecuente tolerancia al cristianismo. En ese tiempo, poco más de 10% de la población del imperio era cristiana. Sólo de 5 a 7 sobre 50 millones.

Para el 380 el emperador Teodosio promulgó el Edicto de Tesalónica, que convirtió al cristianismo en la religión oficial del Imperio Romano y promulgó la persecución de los herejes por el brazo secular.

No sólo fueron combatidas las herejías con la muerte, también fueron perseguidas las antiguas religiones, desde entonces llamadas paganas, porque el cristianismo predominaba en las ciudades y los que no eran cristianos vivían en el campo, en el pagus. Pagano era el ranchero, el campirano.

A partir de Teodosio el antiguo y gigantesco Serapeum de Alejandría en Egipto fue arrasado desde sus cimientos. Fue extinguido el fuego eterno del Templo de Vesta, en el Foro Romano, las vírgenes vestales fueron disueltas. Se cancelaron los últimos Juegos Olímpicos griegos después de los celebrados en el 393, que tenían más de mil años. Se acabó el cálculo de las fechas por Olimpiadas.

La Iglesia Católica es la última institución que queda del Imperio Romano. El título de Pontifex Maximus lo heredó el papa cedido por el propio emperador romano, Graciano el Joven, en el año 381. Las ínfulas, las dos tiras que cuelgan de la mitra de los obispos, originalmente eran las utilizadas por los sacerdotes romanos y las vestales. Constantino fue el creador del protocolo católico utilizado hasta principios del siglo XX. Él le dio el título de Su Ilustrísima que usaron los obispos hasta el siglo XX.

De las ambiguas parábolas de aquel oscuro predicador judío provino la religión con más seguidores en el mundo. En la segunda década del siglo XXI alrededor de un tercio de la población mundial es cristiana, cerca de 2,200 millones de personas.

¿A qué se debió tal éxito? Si no se es creyente es un enigma de difícil solución. Sólo se pueden aventurar hipótesis. ¿El cristianismo fue la primera religión humanista? Uno de sus misterios es que Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre. O sea, un hombre pudo ser Dios. Hasta el más despreciable de los esclavos compartía la humanidad de Cristo. El humanismo cristiano ha dominado el orbe. ¿Por cuánto tiempo?

Por último, sólo quiero añadir lo que dijo el insigne teólogo San Gregorio de Nisa (Capadocia, 330–365 dC): «Todo concepto de Dios es un simulacro». ®

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Publicado en: Apuntes y crónicas

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