En 1987 el autor llegó a vivir y trabajar en Nueva York, donde empezó a colaborar con revistas y estudios. Una vez lo llamaron para tomar las fotografías de un concierto de Tin Machine en The Ritz, el nuevo proyecto de David Bowie.

Antes de irme a Nueva York, después de volver de Londres, conocí a Enrique Badulescu, que llegaba de pasar una temporada en Europa y Nueva York. Se notaba su pasión, entrega y genialidad; era un excelente fotógrafo que había trabajado en Alemania y empezaba a tener éxito en aquella ciudad. Carlos Somonte y yo teníamos EnCamera en México y le prestamos el estudio para que hiciera algunas fotografías.
Mis amigos me hicieron una fiesta de despedida, pues me iría a vivir a Nueva York. Allá llamé a Enrique y me dio una lista de datos, entre agencias de modelos, laboratorios y de otros fotógrafos, como el de Isabel Snider, una fantástica fotógrafa suiza de gran éxito. Ella me pasó otra lista de laboratorios, lugares que rentaban de equipo y de clientes potenciales. La industria de la música era una gran fuente de ingresos, las compañías gastaban mucho en la producción de fotografías de sus artistas.

Isabel me dio el contacto de Henry Márquez, de EMI Records, era el director creativo.
En esos días la compañías discográficas producían una gran cantidad de artistas todo el tiempo, unos cinco al mes, y todos pasaban por el mismo mecanismo de marketing. Esperaban tener éxito con alguno de ellos y recuperar la inversión de todos, una fórmula que funcionaba y era muy exitosa; si a esto se agrega lo que sería el retorno en publishing, performance y conciertos en vivo, todo esto antes del CD y el digital streaming, que cambió todo.
A los pocos meses de haber llegado me contrataron para hacer un editorial para Savvy Magazine, para lo que elegí usar gels de color verde, y fue un gran éxito. En esos días conseguí una cita para mostrar mi portafolio en EMI, a manera de “drop off”: lo dejé un miércoles y pasé a recogerlo al otro día.

Mientras esperaba salió un chico alto que me sonrió, muy amable, y después salió la secretaria de Henri Márquez con la tarjeta de este chico, que era un diseñador inglés y trabajaba con Márquez. Le llamó la atención que yo había estudiado en Londres.
Lo llamé y me dio una cita en su estudio, en la calle 22, cerca del Flatiron Building; era un loft espacioso con muchos escritorios, y al fondo estaba su departamento. Él ya era muy exitoso en Nueva York.

Le gustaron las fotografías que hice para Savvy con los geles verdes y me recomendó con Rick, uno de sus diseñadores.
Pocas semanas después le comisionaron a Roger Gorman y Reiner Design el lanzamiento del hijo de Chris Ocasek, fundador de The Cars, que se llamaba Ric Ocasek; el álbum se llamaba Glamour Camp y el tema iba perfectamente con mi estilo.

Nos dieron un jugoso presupuesto con casting de una excelente modelo, el mejor estudio, maquillista, peinador, estilista… Fue todo un éxito, y los resultados fueron excelentes.
Ahí empezó una gran relación con Roger, quien me comisionó proyectos durante varias décadas, hizo que mi carrera creciera exponencialmente en Nueva York.
Bowie
David Bowie había decidido volver a la escena musical, reinventado. Volvía con un grupo de hard rock, todos vestidos muy elegantemente de negro, que se llamaba Tin Machine; un cuarteto muy exitoso. Cuando lanzaron este proyecto comisionaron al director de videos ingles Julian Temple, que había dirigido recientemente un video de los Rolling Stones en México.

En Nueva York había un teatro de conciertos que se llamaba The Ritz, en la calle 12, que cambió de nombre muchas veces. Decidieron recrear un concierto en vivo de Tin Machine, con extras y público, incluyendo punks con accesorios metálicos en la cabeza que hacían slam sobre el escenario; todo un caos controlado. Fue una experiencia fantástica, maravillosa y muy bien pagada.
Había una cláusula muy importante: yo tenía que entregarles todos los rollos procesados con diapositivas y hojas de contacto, lo que significó páginas enteras de faxes, los cuales al recibir cortábamos y firmábamos y faxeábamos de regreso.
Ironicamente, algunos años después, al pasar al laboratorio US Color, uno de mis empleados favoritos, Romeo, me dijo que había encontrado unos clip tests de diapositivas y blanco y negro que yo había tomado. Cuál fue mi sorpresa al encontrar que eran clip tests de aquel shoot con David Bowie en el Ritz. Mandé montar los clips y así pude recuperar una serie de diapositivas y negativos de blanco y negro.
Volviendo al shoot
Era un gran contrato. Bowie y Tin Machine tocaron y filmaron todo el álbum con extras, sets y una gran dirección, con grúas, iluminación, etc. Yo estaba con mi amigo y asistente en esos días, John Wells, qepd.


Hubo un break para comer. En el segundo piso del teatro había una sección solamente para los miembros del crew, el director y nosotros dos, que éramos de photo stills. Me llamó la atención que había una pequeña fila para servirse y David Bowie estaba formado. El director de producción se le acercó y le dijo: “David, tú no tienes que hacer fila”, y él le dijo que estaba bien, que era corta. Yo hice la fila con John y nos sentamos a comer en unas butacas. Después de comer y dejar los platos nos sentamos de nuevo, entonces se acercó David Bowie y se sentó junto a nosotros. Me atreví a decirle: “Mi esposa creció en Beckenham,en Londres”, y él me dijo: “Mi barrio”, y sonrió. Años después me crucé con él en el estudio de Reiner Design y me dio la mano, estaba con su mujer, Imán.
Años después él se mudó a la calle Lafayette, fue mi vecino hasta que falleció en enero de 2016. ®
