Carlos Alvarado y el progresivo mexicano

Evocación desde “la lejanía” regiomontana

Nos entristece mucho a los que fuimos influidos por esta camada de música mexicana la muerte de Carlos Alvarado, que ahora se une a la lista de rockeros progresivos mexicanos fallecidos en los últimos años.

De pie, Carlos Alvarado. A la izquierda, Jorge Reyes, del grupo Chac Mool. Foto © Universal Music.

He dicho por ahí y por allá que la importancia del rock progresivo mexicano radica en cuatro cosas.

1. En medio de la prohibición del rock en este país se arriesgaron a crear músicas diversas y abrieron los oídos y las mentes a las posibilidades artísticas del rock, con lo que se dio un paso para que en México se fuese dando una apertura a estos y otros sonidos, beneficiándoce todos los rockeros, sobre todo porque se entendió que el rock mexicano era ya cultura mexicana. Esto llevó el rock precisamente a espacios como universidades, librerías, museos, galerías de arte y de esa manera se legitimó; salió del hoyo fonki para pasar a formar parte de la oferta cultural, primero de la Ciudad de México y luego de otras ciudades.

2. Que los progresivos mexicanos no sólo fueron a buscar audiencias que los escucharan, almas gemelas que estuvieran interesados en esos sonidos, sino que formaron a sus públicos. Los ejemplos los tenemos en los casos de Walter Schmidt como periodista y del recién fallecido Carlos Alvarado (1951–2019), como vendedor de discos y videos en el Tianguis del Chopo.

3. Sus producciones. Los progres mexicanos trabajaron arduamente para grabar discos como se pudiera: en las horas muertas de los estudios, a escondidas de los dueños, sobre cintas regrabadas una y otra vez o en masters que debían de borrarse una vez que se mandaran a prensar las grabaciones. Es por eso que no hay prácticamente ningún disco de rock progresivo mexicano de los años setenta y ochenta del que haya un master para de ahí mejorar y renovar el sonido, como sucede con la música en otros lares.

4. Como consecuencia de esto, los progresivos mexicanos contribuyeron mucho a la gestación de una cultura independiente en México; no sólo crearon su música sino que imaginaron caminos no transitados para que ésta pudiese divulgarse en el país y en el extranjero. En eso también fueron pioneros: conectaron con iniciativas del mundo, compañías de discos y distribuidoras para que el progre mexicano fuese considerado parte del movimiento internacional. Hoy, en países como Grecia, según me contaba mi amigo melómano Joseal Macedo, las tiendas de discos tienen hasta una sección especial para el rock progresivo mexicano.

Hoy podemos escuchar estos discos y pensar que quizá no son tan interesantes como pensábamos, o que están mal grabados, que son copias de los sonidos que hicieron tales o cuales bandas europeas, etc. Pero perdemos el punto, la verdad es que en casi todos los discos del rock progresivo mexicano hay algo genuino, una búsqueda de autenticidad, un desmarque de lo ya intentado en otros lugares y una perspectiva seria de incidir en la música, pero, sobre todo, de representar una parte de la creación local, un compromiso por que esta música fuese claramente una aportación mexicana a la cultura sónica del mundo.

Qué bellos y siempre sorpresivos álbumes son esas rarezas de Flüght, Rolando Chía, Nazca, el primer Arturo Meza y Knol Voldarepet y, por supuesto, los emblemáticos de Decibel, Iconoclasta, varios momentos de Chac Mool. La grandiosa Banda Elástica. Ahora finalmente se ha editado el disco pendiente de El Queso Sagrado y hace tiempo se pudieron oír las grabaciones recopiladas de Música y Contra Cultura. De ahí hasta los discos quizás más populares como los de Jorge Reyes de electrónica y sonidos prehispánicos, que trascendieron en el mundo. El progresivo mexicano no ha dejado de ser significativo, sólo hay que tener oídos dispuestos a escucharlo.

Una quinta y más personal relevancia del rock progresivo mexicano sería el ejemplo que supuso para otros músicos de otros ámbitos, en mi caso el regiomontano, pero sé que lo mismo me dirán Robert Proco y Sergio Torres con respecto a Tijuana y el Profesor Juan Antonio de Guadalajara. En aquellos ochenta, leer de rock progresivo mexicano, mexperimental music y otros sonidos underground en revistas nacionales como Conecte y Sonido prendió la mecha y el ansia de hacer música se apoderó de algunos de nosotros. Hay que explicarle a las nuevas audiencias que en aquel momento decidir hacerse músico y armarse de valor y de dinero para equiparse y ponerse a componer “música rara” era prácticamente un suicidio. La familia te iba a fustigar, tus amigos no agarrarían la onda, no había realmente ninguna esperanza que la pudieras tocar en vivo y menos grabar, pero aquel ejemplo mostraba que se podía hacer camino al andar.

Nos entristece mucho justo a los influidos por esta camada de música mexicana la muerte de Carlos Alvarado, que ahora se une a la lista de rockeros progresivos mexicanos muertos en los últimos años: Jorge Reyes, el Capitán Pijama y, por qué no, Illy Bleeding, quien, aunque punk, tiene mucho que ver con esta generación. Yo sigo soñando con poder algún día hacer una serie de TV para Netflix o similares que hable del Rock Progresivo Mexicano, con mayúsculas, y saldar la deuda que tenemos con estos músicos,1 porque si hoy tenemos una nutrida escena de música independiente y heterodoxa, una parte sustancial de ello se lo debemos a que esta gente existió en México. ®

Nota
1 En Inglaterra saldrá este año un libro que supone una reconsideración crítica de la escena del rock progresivo británico, A New Day Yesterday, de Mike Barnes, el cual incluso antes de ser publicado ha creado ya un debate en la prensa musical británica, sobre todo porque después de un periodo de desvaloración del rock progresivo en el plano mundial, vuelve a comprenderse su aportación y la importancia de su herencia en la música de hoy.

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Publicado en: Música

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