Diez variaciones sobre la violencia contra la mujer

La tristeza de los cítricos, de Liliana Blum

La prosa de Liliana Blum es tan pulcra que consigue transmitir la esencia de cada lugar. Uno lee las descripciones de estas mujeres y se identifica en el acto.

Liliana Blum. Fotografía tomada de Facebook.

Ser mujer no es sencillo. ¿Cómo tener un trabajo exitoso, emprender un negocio o encontrar el amor, mientras hay psicópatas sueltos en la calle dispuestos a secuestrar, violar y matar? Liliana Blum consiguió reunir todos estos elementos en La tristeza de los cítricos (Páginas de Espuma, 2019), un libro que compila diez cuentos que abordan la vida de diez mujeres en distintas situaciones.

A pesar de tratar temas sobre la violencia —que es para muchas es el pan de cada día en este país— el libro no tiene un sentido melodramático. Blum consigue brincar de la amargura de una violación hacia estampas llenas de comedia con una maestría que hace la transición de manera casi imperceptible.

La tristeza de los cítricos ronda entre lo ácido y dulce. La verdad es que no terminé la mitad de los cuentos. No porque sean malos, al contrario, son demasiado buenos. Demasiado reales. Las mujeres sobre las que escribe Liliana son madres de familia con un esposo inútil y amante más joven. Hijas abandonadas con un padre violador (que sigue violando). Novias de un hombre con una hija de otro matrimonio fallido. Mujeres secuestradas por bandas de enfermos y psicópatas. La adolescente. La emprendedora que sueña con casarse. La amante de un hombre casado. Ninguna de ellas consigue escapar de la violencia.

La hermana que se enreda en una aventura sexual con su cuñado. La solterona que intenta casarse con un cubano preso por intentar escapar de su isla y que ha quedado varado en Tamaulipas. La mesera que alucina con que Amparo Dávila (¿o Cristina Rivera Garza?) intenta quitarle el amor de su pretendiente.

El único cuento que está escrito desde una perspectiva masculina es “Madriguera”, la historia de Ricardo Stirner, un escritor fracasado con complejo de fuckboy, que envuelve mujeres y las enamora con el propósito de mudarse a vivir con ellas y pasarla de mantenido. Un vividor en el amplio sentido de la palabra.

A veces todas quisiéramos separar los temas de violencia de género de nuestra vida diaria. Es algo muy desgastante estar siempre alerta. Pero no se puede. A veces podemos mirar hacia otro lado. Ocuparnos de nuestro trabajo o de buscar el amor.

La prosa de Liliana Blum es tan pulcra que consigue transmitir la esencia de cada lugar. Uno lee las descripciones de estas mujeres y se identifica en el acto. Al final todas las mujeres queremos lo mismo. Encontrar el amor: ya sea en tu padre, en una pareja, en un marido. Ser exitosas. Ser felices. Al final todas las mujeres sufrimos por lo mismo: un sistema patriarcal que permite que cada día tengamos que compartir las imágenes de alguna amiga desaparecida.

“Debería separar los memes de las cosas serias”, me dijo un amigo luego de confrontar a otro por hacer un chiste sobre ser un violador en Facebook. Tal vez debería hacerlo. Dejar de tomarle importancia a bromas que utilizan el sufrimiento y la violencia con tal de divertir a un grupo de trastornados mentales. Pero es que ser mujer es una cosa tan difícil. Vivimos en una marea en la que intentamos cumplir nuestras aspiraciones y sueños personales mientras afrontamos la incertidumbre constante de que podríamos convertirnos en una estadística de las catorce mujeres violadas al día o de los 1,227 desaparecidas al año y terminar presa en una red de trata de blancas.

Me hubiera gustado ser hombre para leer este libro de otra forma. Para al menos poder acabarlo. Para creer que es ficción. O un chiste. O algo de lo que se puede tocar uno o dos días en la agenda de medios y luego dejar de hablar de ello para no incomodar.

A veces todas quisiéramos separar los temas de violencia de género de nuestra vida diaria. Es algo muy desgastante estar siempre alerta. Pero no se puede. A veces podemos mirar hacia otro lado. Ocuparnos de nuestro trabajo o de buscar el amor. Reírnos un poquito y seguir adelante. Pero, aunque no queramos verlo, la violencia sigue ahí. Y así vamos cada día, entre la felicidad y el miedo. Algo así es ser mujer. ®

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Publicado en: Éstos son nuestros papeles

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