Dramaturgia feminista

Todo el teatro de Carmina Narro

La dramaturga provee al teatro contemporáneo mexicano de una mirada realista y cruda; de un humor negro que invita a la reflexión sobre temas vigentes en la actualidad.

Carmina Narro, dramaturga.
[…] la física cuántica le es propia al teatro: realidades alternas, un tiempo no lineal…1
—Carmina Narro

El teatro es la imaginación literaria palpable, la exteriorización de escenas mentales expresadas al momento de su interpretación en vivo. Alumna de Héctor Mendoza, Vicente Leñero y Juan José Gurrola, entre otros distinguidos profesionales del teatro, Carmina Narro ―guionista, actriz, cuentista, directora, productora y dramaturga―, egresada del Núcleo de Estudios Teatrales, ha sido galardonada desde 1993 con el Premio Salvador Novo, mismo año en que obtuvo la Beca de Jóvenes Creadores del Fonca; el Premio Bravo a la Mejor Comedia del Año (1996); Dama de la Victoria (2013) y Arts House México (2014). El teatro reunido de Carmina Narro fue publicado por Ediciones El Milagro en dos tomos: Sin ganas de matar (2019) y Después de la ira (2019).

Su obra llama la atención por la creatividad escenográfica utilizada que, conjugada con la imaginación del público, logra transportar mediante los sentidos a una realidad puesta en escena. Hablar de Carmina Narro necesariamente implica hablar de un feminismo que levanta la voz sobre el escenario para remarcar las injusticias sociales, los abusos, el exceso patriarcal de poder a lo largo de la historia. Con astucia, Narro retrata la misoginia y el machismo recurrente en la cotidianidad; evoca con los diálogos de sus personajes un elocuente aplauso a la liberación femenina y a las minorías sexuales:

MARÍA JOSÉ: ―No sé por qué las niñas siempre quieren ser princesas, aun antes de saber hablar. Me lo debieron prohibir. Se lo debí prohibir a mi hija. Y los niños quieren ser héroes. Algo está muy mal desde el principio.2

La princesa como símbolo de encadenamiento se repite en Sonata de lluvia para ventana abierta: “A las mujeres nos deberían prohibir querer ser princesas”.3 En esta misma obra, que cierra con la atrocidad del feminicidio, la cuentista reformula conceptos arraigados en la sociedad mexicana, como la relación amorosa entre una mujer adulta y un joven, o el significado que puede llegar a tener un anillo de compromiso:

ELENA: ―Tú eres muy poco romántica.
ROBERTA: ―Me acuerdo cuando me enseñaste tu anillo de compromiso. Me lo mostraste como si fuera la mayor presea que te hubieran podido dar. “Habías sido elegida” y eso te daba una superioridad… o te salvaba de la lista de las “no amadas”. Como si el hecho de ser “amada” te volviera una mujer chingona… Y no… una sigue siendo la misma… No sé por qué de pronto un anillo de compromiso se te volvió un escudo… pero nunca para los golpes de tu prometido.4

Con diálogos crudos y directos la autora representa temas de los que poco se habla pero que están presentes en la actualidad.

En su teatro reunido aparecen frecuentemente personajes homosexuales que remiten ocasionalmente a Salvador Novo, por estar dotados de una irreverencia tanto astuta como justificada:

DOCTOR: ―Buenas tardes. Maestro Azcoitia, cada vez se ve usted más afeminado.
ADRIÁN: ―Favor que me hace, doctor.5

La guionista replantea y cuestiona los papeles de género a partir de situaciones concretas que evidencian un profundo conservadurismo en la sociedad; expuesta desde las ocupaciones de adultos hasta recuerdos de infancia relacionados con el juego, un juego estereotípico y limitante muy cercano a la realidad:

Flotan los juguetes que dejaron los niños en la alberca quieta. Oigo su barullo mientras los cambian sus mamás. ¿Por qué no entré a la alberca si yo también soy niña?
Una alberca con juguetes que flotan esparcidos entre el agua y el pasto que dejaron los niños. El agua está quieta y un poco turbia. Oigo su barullo en las recámaras mientras los cambian sus mamás. Y yo miro a la alberca, ahora quieta, a la que nunca entré.6

Lo que vuelve el teatro de Narro muy cercano a la realidad son los escenarios situacionales en los que se desenvuelven sus obras. Como ejemplo, el peso de la opinión de un docente por encima de la opinión del estudiante, aunado a discursos machistas como “Seguramente estás en tu etapa premenstrual”,7 que vuelven evidente la necesidad de la escritora por identificar los comportamientos misóginos para generar cuestionamientos en el público ―que se vuelve interlocutor de una conciencia social.

El humor negro es una herramienta a la que la dramaturga acude a lo largo de su obra. Siguiendo sobre la línea de situaciones cotidianas, hay en los personajes una marabunta de diálogos que enganchan al lector. Los personajes tienen vida por sí mismos, son personajes muy bien pensados que actúan dependiendo de las circunstancias. La envidia es abordada con maestría, con un sentido de realidad implícito, en Julio sin agosto, obra en la que el tiempo desempeña un papel fundamental, al igual que las genealogías y el tejido de conversaciones entre personajes que están vivos y muertos; la obra gira en torno a una pareja homosexual. Hay un asesinato, la manera en la que éste se lleva a cabo está implícito en las escenas anteriores y posteriores al crimen; esa responsabilidad adjudicada al lector, al público, resulta muy estratégica; Narro acude a la libertad imaginativa del espectador.

Ménage à trois, obra dedicada a las relaciones abiertas, es el esbozo de complicaciones provenientes de los celos en la pareja, o más bien, en una relación de más de dos personas. La interdisciplinariedad artística, común en el teatro de la directora, aparece con la obra plástica de Arturo Rivera como parte de la escenografía.

La coctelería es un factor presente en todas las obras de la escritora sinaloense, que hace pensar en ese recurso como un símbolo de rebelión en un ambiente en el que a la mujer se le prohíbe la ingesta de alcohol; es una especie de sello distintivo en el teatro de la autora, así como los personajes con orientación sexual disidente y la vulnerabilidad humana.

En Aplausos para Mariana hay entre líneas una preocupación de la dramaturga por evidenciar la existencia de la fluctuación del género, alejándose de la binariedad hombre–mujer, dotando de visibilidad un problema en la actualidad:

PABLO: ―Me encontré a Alexa, bueno a Rodrigo, bueno a eso. Ahora anda de pelirroja y con una chava.
MARIANA: ―¿Ya es Rodrigo otra vez?
PABLO: ―No, ahora es lesbiana. Está organizando una manifestación porque quieren que las dejen casarse.8

En esta misma obra la interacción con el público rebasa la interlocución: hay personajes en las bancas del teatro que sirven de apoyo para la representación trágica con la que finaliza. Los diálogos son contundentes, directos.

Químicos para el amor es una obra que muestra la versatilidad de la escritora. Es una obra compuesta por tres historias diferentes que tienen en común el recurso escenográfico de una mesa y varias sillas: en Aspirinas para los desahuciados se aborda el aborto como tema central; en Round de sombras, un final tan inesperado como trágico y aterrador, en el que la protagonista es bañada en ácido para ser desfigurada por Andrés, su violento agresor:

Forcejean un momento. Cuando pierde el conocimiento, Andrés la coloca cuidadosamente en la silla que para ese entonces tiene que estar de espaldas al público. Saca una cuerda que tiene debajo de la mesa y amarra sus manos y pies rápidamente. Se sienta en su silla viéndola un momento, toma un gran trago de vino. Se levanta y ágilmente toma el frasco de ácido y lo vierte en la cara de Julia, sin mirarla. Julia se retuerce como si gritara desgarradoramente, pero sólo escuchamos una nota aguda, sostenida. Trata de liberarse, pero es inútil. Va quedándose poco a poco quieta.
ANDRÉS: ―Vas a tener que entender que, estando así, yo soy el único que te puede querer todavía.
Poco a poco va bajando la luz. Oscuro.9

En Fuera de sí una escritora visceral acude a un restaurante, donde es víctima de desprecio por la mal interpretada soledad.

Carmina Narro provee al teatro contemporáneo mexicano de una mirada realista y cruda; de un humor negro que invita a la reflexión sobre temas vigentes, vistos desde una perspectiva de género que intenta deconstruir preceptos patriarcales no solamente en el escenario, sino en la vida misma. ®

Notas
1 Carmina Narro, Sin ganas de matar, México: El Milagro, 2019, p. 141.
2 Ibid., p. 317.
3 C. Narro, Después de la ira, México: El Milagro, 2019, p. 275.
4 Ibid., p. 284.
5 Narro, C., Sin ganas de matar, p. 48.
6 Ibid., p. 318.
7 Ibid., p. 64.
8 Narro, C., Después de la ira, p. 85.
9 Ibid., p. 214.

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Publicado en: Artes escénicas, Blogs

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