El bravo de los vinos

El vino de los bravos, de Luis González de Alba

Los cuentos de González de Alba son de naturaleza erótica, en los que se narran ambientes de una Ciudad de México en los ochenta; los protagonistas atraviesan amoríos fugaces de una noche, encuentros que comienzan en un bar y que culminan en algún hotel de mala muerte.

Luis González de Alba, a fines de los años setenta.
[…] aún quedan los que no conmueven salvo por el bulto enorme que llevan entre las piernas como si fuera un gato adormecido, los de brazos perfectos, los de piernas de gladiador, los de hombros poderosos que bajan en triángulo hasta la cintura firme, los de nalgas pequeñas y duras como duraznos.1

A dos semanas del lamentable deceso del escritor Luis Zapata, quien falleció en la Ciudad de México el pasado 4 de noviembre, es importante resaltar a otro gran pionero de la literatura LGBTQ+, quien en la misma década que Zapata comenzó a publicar novelas.

El vino de los bravos vio la luz un 30 de julio de 1981, gracias a la Editorial Katún. Se trata de su primer y único libro de cuentos, y la primera de muchas publicaciones posteriores de su autoría que giran exclusivamente alrededor de la homosexualidad como eje central. Es un breve pero intenso libro de cuentos, cuatro sonetos de Miguel Ángel, uno de Shakespeare —traducidos por el propio González de Alba—, cerrando el libro con un breve e inigualable poema de su autoría, dedicado a Pepe Delgado.

Luis González de Alba, si bien es conocido por su activismo en el movimiento estudiantil de 1968, del cual se encarga de hablar a lo largo de tres de sus libros: Los días y los años (1971), Otros días, otros años (2008) y Tlatelolco aquella tarde (2016), merece también un enorme reconocimiento no sólo por su obra literaria vasta en novelas, así como en libros de divulgación científica, en los que muestra particular interés en la historia de México, física cuántica, orientación sexual y equidad de género. Particularmente su obra cuentística es poco conocida y harto difícil de encontrar. Tal fue su éxito en el mercado que afortunadamente Educal le hizo justicia con una nueva edición trece años después de haber salido a la venta por vez primera. Diez años después, en 2011, la editorial Booket publicó una tercera edición con cuentos inéditos.

González de Alba regresa con asiduidad a los centros nocturnos donde se respira el sudor y el amor entre hombres, la confusión que radica, ya sea en la necesidad de amar, o bien en la oscura naturaleza de ciertos lugares.

Los cuentos de González de Alba son de naturaleza erótica en su mayoría, en los que se narran ambientes de una Ciudad de México en los ochenta; los protagonistas de estas narraciones atraviesan amoríos fugaces de una noche, encuentros que comienzan en un bar y que culminan en algún hotel de mala muerte. Son relatos provocadores, mas no por eso dejan de ser encuentros íntimos, sentimentales y que engendran añoranzas.

En otro cuento se habla sobre la soledad y la lujuria, el inocente engaño, la mentira y la sorpresa del lector combinadas en una noche licenciosa.

González de Alba regresa con asiduidad a los centros nocturnos donde se respira el sudor y el amor entre hombres, la confusión que radica, ya sea en la necesidad de amar, o bien en la oscura naturaleza de ciertos lugares… la fugacidad de la felicidad, una engañosa alegría amorosa, la decepción fatal.

Un relato acerca de la masturbación, imágenes mentales que acontecen en el transcurso creativo de la imaginación, conjunto de contenidos eróticos para dar fin en el consabido objetivo carnal de la masturbación. González de Alba recorre escrupulosamente este proceso mental íntimo llevado de la mano de un personaje con ciertas cualidades moralmente “despreciativas”, tocando temas como el exhibicionismo y el sadismo, temas entonces poco experimentados en la literatura mexicana y no aceptados socialmente:

[…] se mira desde el coche en penumbra abriéndole la bragueta a un marino jovencito de bigotes rubios, bajándole los pantalones a un cantante de flamenco que podría cobrar a hombres y mujeres por permitirles contemplar sus labios, su nariz, sus cejas. ¿Cuánto pesas?2

González de Alba da cierta continuidad al estereotipo ocupacional propio del deseo homoerótico en el colectivo imaginario de la comunidad LGBTQ+ al hablar de marinos, soldados, estudiantes. Cabe mencionar que ciertas ocupaciones, como soldados o taxistas para Salvador Novo, marinos para Tom of Finland en las artes gráficas, charros y otras figuras de raíces mexicanas para Fabián Cháirez —recientemente polémico por su obra “La Revolución”, en la que muestra a un Emiliano Zapata feminizado—, Saturnino Herrán —un misterio saber si varios de sus personajes pintados eran hombres o mujeres, sin embargo profundamente cautivadores y con características erotizantes—, o en la fotografía decimonónica está Eugène Durieu y A. Calavas, quienes retrataban el desnudo masculino a partir de la imagen del hombre atleta, y a comienzos del siglo XX el alemán Wilhelm Von Gloeden, quien retrató a una innumerable cantidad de jóvenes sicilianos con los que recreaba el universo de la antigua Grecia, poblada de efebos desnudos, eróticamente capturados por su cámara. Y en sí, una infinidad de artistas gráficos y literarios que a través de la figura masculina, bajo determinadas ocupaciones, atribuyen al sexo masculino una carga erótica inimaginable. Hazaña que resulta difícil de lograr, frente a la publicidad predominante de modelos mujeres, siendo el sexo femenino a lo largo de los tres últimos siglos el centro de atención de halagos eróticos, desde los medios de comunicación, hasta las pláticas de banqueta.

La delicadeza prosística de González de Alba genera un diálogo irradiante, dejando al lector con intermitente suspenso en repetidas ocasiones, con esa sed de seguir leyendo el relato, con ganas de no querer que el cuento termine.

En la actualidad sigue siendo mal visto el reconocimiento de la belleza de un hombre heterosexual cisgénero proveniente de otro hombre heterosexual cisgénero, y con frecuencia se aclara: “No es que sea gay…”, para no atentar contra su frágil masculinidad, cosa que no sucede entre dos mujeres. Por esta razón, a través de ciertos oficios y ocupaciones, los artistas y escritores solían crear espacios con tintes dramatizados a su manera que permitieran demostrar la estética masculina de una manera justificable para la sociedad. Es decir, jugando y adaptando el estatuto conservador “es aceptable un hombre feminizado, siempre y cuando se pose sobre un escenario ―con fines teatralizados―, mas no en la vida real, porque entonces atentaría contra la moral” a su conveniencia, moldeando la figura del hombre a través de estas ocupaciones para poder dotarlo de un significante erótico. Y, por supuesto, también existieron quienes optaron por irrumpir en las buenas costumbres para mostrar su mundo del erotismo.

La delicadeza prosística de González de Alba genera un diálogo irradiante, dejando al lector con intermitente suspenso en repetidas ocasiones, con esa sed de seguir leyendo el relato, con ganas de no querer que el cuento termine.

En otro relato, González de Alba propone una Postdata que llevaría el Vampiro de la Colonia Roma, en la que da continuidad a la tan célebre novela de Luis Zapata, El vampiro de la colonia Roma (1979). Lleno está de picardía del tan conocido chacal, aquel hombre de endiosado cuerpo esculpido a base de trabajo rudo, de musculosos brazos radiantes del brillo del sol apabullante de mediodía, pectorales producto de la fuerza utilizada día a día por cargar cajas en la central de abastos, en el tianguis dominical o en algún lugar en donde abunda el trabajo proletario. Sólo que en esta ocasión Adonis García, protagonista de El vampiro de la colonia Roma, resurge en un consultorio médico recreando sus ya consabidas escenas livianas.

González de Alba muestra su lado más íntimo, apasionado y enamorado, haciendo hasta lo imposible con tal de tener a su alcance a su bello amante, quien lo acompañaría simbólicamente hasta su muerte.

Traduce fielmente sonetos de Miguel Ángel y Shakespeare, no sin antes argumentar —con la sencillez que tanto representa la obra de González de Alba— “¿Qué otra intención puedo tener sino la de ofrecerte lo que yo mismo no he podido escribir? Merecerías más y no estas atrevidas versiones de segunda mano”.3

El poema dedicado a Pepe Delgado, entrañable acompañante en ciertos momentos de su juventud, explaya el amor de la camaradería, quienes son los mismos amantes jóvenes y revolucionarios con ciertas nimias diferencias entre ellos, reconociendo las cualidades estéticas de cada uno. González de Alba muestra su lado más íntimo, apasionado y enamorado, haciendo hasta lo imposible con tal de tener a su alcance a su bello amante, quien lo acompañaría simbólicamente hasta su muerte, pues el día 2 de octubre de 2016, cuando González de Alba decidió quitarse la vida en su casa de Guadalajara a los 72 años de edad, abrazaba una fotografía de Pepe Delgado, su fiel acompañante, como deseando estar junto a él en los últimos minutos de su vida y en la posteridad.

El escritor no eligió esta fecha por casualidad. Esto ocurrió tras haber escrito varios tweets,4 el primero de ellos relacionado con su constante riña con Elena Poniatowska, a quien acusó de citarlo equivocadamente en su obra referente al movimiento del 68; en este tweet comparte su artículo publicado un día antes5 en el cual describe marcadas irregularidades en el contenido del libro más vendido de Poniatowska, La noche de Tlatelolco (1971) y en entrevistas posteriores realizadas a la escritora, en donde la información proporcionada dejaba en evidencia el desconocimiento de los hechos acontecidos durante la lamentable tarde de Tlatelolco, aquel 2 de octubre de 1968.

El vino de los bravos es un libro poco común por la naturaleza de su contenido, puesto que no es completamente de cuento ni de poesía, sino más bien una combinación de ambos géneros. Además, porque el eje central es el homoerotismo. Luis González de Alba fue un notable representante del movimiento estudiantil y, al mismo tiempo, un representante inigualable de la diversidad sexual, desafortunadamente un tanto perjudicado por figuras literarias más mediáticas. Sin embargo, la escritura de González de Alba queda para la historia de los estudiantes y de las minorías sexuales, acompañando a la comunidad LGBTQ+ con su inigualable prosa envolvente y sus apabullantes ideas revolucionarias y de justicia. Es un escritor que debiera ser leído por todo estudiante, principalmente si se tiene el deseo de lograr cambios sociales. ®

Notas

1 Luis González de Alba, El vino de los bravos. México: Editorial Katún, 1981, p. 57.

2 Ibid., p. 71.

3 Ibid., p. 96.

4 Milenio (2 de octubre de 2016), “Los últimos tuits de Luis González de Alba”.

5 Luis González de Alba (1 de octubre de 2016), “Los cocolazos”, Nexos.

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