El emo es más que el punk

Entrevista a Javier Ibarra, autor de La venganza de los nerds

Escribe y hace periodismo cultural y freelance de manera accidental. Una tragedia en tres acordes (2019) fue su primer libro de crónicas, y ahora presenta el fanzine La venganza de los Nerds (2020), que compila textos sobre géneros como el emo, el hardcore y el post–hardcore.

Portada del fanzine.

—¿Viste Revenge of the Nerds (1984) de Jeff Kanew (Goodnight Vagina), con Robert Carradine?

—La vi hace mucho tiempo, en mi época de estudiante. Sinceramente soy más de American pie, Superbad, Pineapple Express. También de The Office, en versión gringa. Sin embargo, no iba a titular al fanzine La venganza de McLovin o La venganza de Dwight Schrute. Lo que pasa es que la frase Revenge of the Nerds me gusta mucho cómo se escucha; va por completo con las noventa páginas del fanzine. De hecho, los perdedores, raros, ñoños y no populares siempre son más interesantes.

—¿Viene de ahí el título de tu nuevo libro en formato fanzine?

Lo tomé de un grupo estadounidense de Hardcore que se llamaba Takaru. Tocaron sólo como por tres años, y su canción “Revenge of the Nerds” venía incluida en el álbum There Can be Only None, de 2004. Quiero suponer que ellos tomaron el título de la movie. Lo que recuerdo es que primero oí la melodía y posteriormente descubrí que había una película de culto que se llamaba así. Mucha cultura pop la conocí gracias a la música que escuchaba todos los días en mi adolescencia.

—¿Cuáles son los recuerdos de tu niñez que más permean en tus textos?

—Más que de mi niñez, son de mi juventud, de cuando tenía dieciocho o diecinueve años. A esa edad tocaba la batería con Zarathustra Has Been Killed in the 70’s, banda con la que hacía ruido con mis amigos, en Monterrey, Nuevo León. Por lo tanto, Revenge of the Nerds es ese fanzine que no hice en aquel tiempo. Aún no escribía, tampoco entendía que esas vivencias repercutirían en la persona que soy ahora. Salir de tour a diferentes partes de México, tocar con bandas que admiraba, conocer gente de distintas partes del mundo a quienes también el punk/hardcore les dio una enseñanza para hacer otras cosas en el presente, se convirtieron en algo valioso, que al mismo tiempo me hacen saber que mi generación se está haciendo vieja.

Por eso era necesario encapsular ese pasado musical en Revenge of the Nerds. Hoy algunos de esos locos que conocí en los shows y me dejaron dormir en sus casas, aun cuando sólo nos conocíamos por Internet a consecuencia de tener los mismos gustos musicales. O, también aquellos otros que admiraba porque sus bandas me influenciaron y ayudaron a darme una identidad, y a quienes por fortuna pude entrevistar para que le dieran sentido al fanzine, es algo muy grato. De hecho, también llegó a ser gracioso y nostálgico para todos. Hoy la gran mayoría ya no están inmersos en la música DIY que nos obsesionó de adolescentes. Sin embargo, es gratificante darse cuenta de que ahora son dentistas, directores de orquestas sinfónicas, maestros, ilustradores, DJs, hacen stand up comedy, escriben, hacen arte, practican BMX profesionalmente, cuidan a sus hijas o hijos pequeños.

Lo que recuerdo es que primero oí la melodía y posteriormente descubrí que había una película de culto que se llamaba así. Mucha cultura pop la conocí gracias a la música que escuchaba todos los días en mi adolescencia.

—¿Cómo surge este fanzine en medio de la cuarentena?

—Por ansiedades y ocio. A todos el maldito coronavirus nos cambió la jugada. Quise centrarme en un proyecto, tomando en cuenta que no tenía trabajo, iba a estar encerrado y paranoico. Decidí reunir una serie de textos musicales con el mismo estilo, de los cuales la gran mayoría publiqué en medios del país desde 2016, aproximadamente. Traté de pulirlos lo mejor posible, escribí un par más y, de hecho, hasta diseñé la portada y todo el estilo del fanzine. Así podría decir que también aprendí un poco de diseño editorial. Mi idea era hacer una publicación yo solo, con el espíritu DIY.

—¿Escribir es un acto de supervivencia?

—Totalmente. Escribir, o reescribir Revenge of the Nerds durante el coronavirus, mientras sonaba Alton Ellis, Bad Bunny, Reversal of Man o HUM de fondo me dio la energía necesaria para que el fanzine tomara forma. Bien dijo alguna vez Fogwill qué se necesitaba para escribir: “Un 86% de rabia y un 14% de emociones confusas”.

—¿Por qué hacer una línea histórica entre el emo y el hardcore, hasta llegar a lo que conocemos hoy como post–hardcore?

—Porque la historia de estos subgéneros que derivaron del punk, a consecuencia de las etiquetas que se les han dado a través de los años, tienden a generar confusión. Mucha gente piensa que el emo es un invento de MTV, allá por la primera década del nuevo milenio, con bandas como My Chemical Romance cantándole al desamor, como si fueran unos hijos no deseados de Robert Smith. O que el hardcore sólo debe ser veloz, rabioso y con el porte de Henry Rollins en su etapa con Black Flag, cuando se ponía a golpear al público que iba a verlos tocar. Sin embargo, y donde podría decirse que el hardcore y el emo se fusionaron para que naciera el post–hardcore ocurrió en el verano de 1985, con la segunda ola de bandas de Washington DC que obtuvieron la etiqueta de “emocionales”, simplemente porque comenzaron a hacer música hardcore con letras más introspectivas. Las bandas, los personajes y las historias que están en Revenge of the Nerds fueron la escuela que dejó la Revolution Summer, como se le llamó a ese movimiento de 1985. A partir de esa época una vertiente del hardcore comenzó a ser más inteligente, artística e incluso hasta snob. Y la línea histórica que se encuentra en el fanzine parte de la década de los noventa hasta los primeros años del 2000, cuando algunas bandas de San Diego y otras partes de Estados Unidos, Europa y México desarrollaron un hardcore más caótico, lo cual era más emocional. Lograron ese sonido en gran parte por las bandas pertenecientes a Dischord Records, sello de Ian MacKaye de Minor Threat, Embrace y Fugazi.

—¿Llega un momento en que aspiramos a escribir algo peor?

—Aún no me llega, pero seguramente me pasará. Normalmente procuro aspirar a escribir de lo que me apasiona, me gusta y considero que podría ser interesante para amigos y desconocidos. Por ejemplo, quizá gracias a Revenge of the Nerds los que no conozcan a Guy Picciotto de Rites of Spring, One Last Wish, Fugazi, así se puedan dar cuenta que, gracias a su pasión, sus bailes y talento, se convirtió en el estandarte del “proto emo”. O que en los años noventa ser emo era lo mismo que vestirte como nerd, mientras lo distintivo era tener el mismo corte de cabello que Mr. Spock, protagonista de la serie Star Trek. Para mí eso es necesario archivarlo y compartirlo con la gente.

—¿Son estos géneros la verdadera música de “los olvidados, la música del más débil, los marginados de los marginados”, como escribió la revista Marvin?

—Considero que sí. Como te decía, Revenge of the Nerds se centra en la década de los noventa y los primeros años del 2000. En esa época el hardcore tomó tintes metaleros, con grupos que pertenecían a sellos que, sinceramente, ya no tenían tan marcado el espíritu del DIY, sino que estaban proponiendo otras cosas más “radicales” como el veganismo, el pensamiento straight Edge, lo Hare Krishna; pero a un nivel muy sectario. Viéndolo desde afuera, y por lo que he leído e investigado, ese tipo de bandas te decían cómo debías de ser y comportarte, ¿dónde quedaba tu identidad? Pero del otro lado, de la música del más débil y de marginados, había un movimiento juvenil completamente DIY, donde no se le pedía a nadie ser y pensar de cierta manera. Precisamente en ese submundo del hardcore es donde, para mí los más sinceros e interesantes personajes se desenvolvían. En el fanzine por lo mismo se plantea el hardcore inclasificable que se gestó en San Diego. También cómo Orchid se alejó de las etiquetas de cómo debía de ser una banda hardcore y comenzaron a hablar en sus canciones de posmodernismo, masculinidad, sexualidad, filosofía o literatura. Tampoco es que ellos hayan sido los primeros en hacer eso, pero lo que ocurrió es que en ese tiempo ellos y otras bandas le inyectaron un toque artístico y creativo al hardcore. Aparte, casi todos los grupos tocaron poco tiempo, grabaron pocos discos, pero dejaron un legado que siguen llevando a cabo diferentes proyectos alrededor del mundo.

Revenge of the Nerds se centra en la década de los noventa y los primeros años del 2000. En esa época el hardcore tomó tintes metaleros, con grupos que pertenecían a sellos que, sinceramente, ya no tenían tan marcado el espíritu del DIY, sino que estaban proponiendo otras cosas más “radicales”

Todo eso los hacía ser los outsiders de los outsiders. De ahí también la analogía de lo nerd con el hardcore que hay en las páginas del fanzine. Hasta Steve Aoki protagoniza Revenge of the Nerds, siendo un tipo raro, sin fama y gritando con su exbanda This Machine Kills.

—Háblame de la portada, con ese Paul Pfeiffer mirándonos a los ojos de manera retadora, antes de leer tus textos.

—Tal vez Paul Pfeiffer a.k.a. Marilyn Manson haya sido el primer nerd que vi en mi vida, mientras sintonizaba Los años maravillosos en el Canal 7. Su estética y personalidad encaja por completo con el contenido del fanzine. Lo único que hice fue agregarle el logotipo de “Portraits of Past” a su sudadera, que es una de mis bandas favoritas de esas épocas.

—Siempre has apostado por el DIY (Do It Yourself), ¿por qué tocar la puerta de la editorial El Salario del Miedo para la publicación de tu primer libro?

—Principalmente porque es una editorial que, antes de formar parte de ella, de convertirme en uno de sus monstruos, ya solía leer a sus autores y su editor. Recuerdo que la primera vez que vi sus libros los encontré algo fuera de lo común, en comparación con otras editoriales. Cuando comencé a publicar en medios de comunicación mis crónicas, perfiles, entrevistas, etcétera, pensé que los temas que me interesaban podían encajar con Producciones el Salario del Miedo. Entonces, cuando conocí a J.M. Servín viendo una final de la Champions League me di cuenta de que no veníamos de mundos tan diferentes. De hecho, la editorial tiene un estilo de trabajo muy DIY. Eso es algo que me gusta. Creo que por eso y otras cosas se pudo dar la publicación de mi primer libro, del que algunos piensan lo escribió el rapero español Kase O, ya que tenemos el mismo nombre.

—¿Qué tipo de textos y qué tipo de entrevistados habitan Revenge of the Nerds?

—Son trece textos entre reseñas de álbumes, entrevistas, crónicas o perfiles. Los entrevistados son personajes importantes dentro de estos asuntos de lo que también llamo hardcore ñoño: Jayson Green de Orchid, Matt Coplon de Reversal of Man, Mike Tylor de Pg. 99. También pude hablar con el escritor español Kiko Amat, de quien admiro mucho su trabajo. Con él toqué el tema del emo, ya que fue cuando estaba escribiendo su novela Antes del huracán y en su blog o en alguna entrevista, no recuerdo, dijo que estaba escuchando muchas bandas de ese estilo como Algernon Cadwllader o American Football. Tal vez lo que hay en Revenge of the Nerds sean muchas agrupaciones desconocidas, pero sinceramente hay toda una historia musical que vale la pena conocer.

—¿Cómo surge la relación con Ariel Pukacz, el editor de libros de música en Walden, quien escribe el prólogo de este fanzine?

—Nos conocimos a inicios de año en Venas Rotas, una tienda de discos ubicada en el centro histórico de la Ciudad de México. Fue curioso, porque antes de eso había leído algunas entrevistas que le hicieron por la publicación del libro No te debemos nada, que compila textos en español de la revista Punk Planet, por primera vez en español y gracias a Walden. Estaba en la tienda de discos porque había un evento de fanzines, donde unos amigos expondrían algunas de sus cosas. Ariel se acercó a donde estaba con algunos de mis cuates y, entre la charla, cuando oí su acento argentino, me dijo que tenía una editorial llamada Walden. Le comenté que justo trataba de contactarlo para hacer una entrevista sobre su proyecto. Después de eso nos tomamos unas cervezas, hablamos de cumbia villera, punk rock argentino, y nos dimos cuenta de que ambos amamos Dischord Records, la Revolution Summer, como también el hardcore noventero y de los primeros años del 2000. De hecho, ambos tenemos un tatuaje de Orchid. Era normal que, en algún momento, hiciéramos cosas. Somos de la misma edad y nos interesa hablar de nuestro presente, de nuestro pasado y principalmente de las cosas que nos gustan.

—¿El emo más que el punk?

—Sí, por completo. Soy más de Rites of Spring que de Sex Pistols. Aparte, Guy Picciotto tiene un estilo más chingón que el de Johnny Rotten.

—¿Qué estás escribiendo ahora?

—He estado muy interesado en la música rap, trap, reggaetón, dembow y merengue del momento, tratando de entender qué hay más allá de esas canciones que hablan de ser infiel, perrear, bellaquear y vender drogas, entre otras cosas. Hoy en día esos estilos se hacen en gran parte del mundo, y me llama la atención cómo cada artista o colectivo lo adapta a su país y habla de sus realidades. Tampoco haber hecho un fanzine de hardcore y que me interesen esos temas me hacen un falso, creo. Es 2020 y la música siempre es el reflejo de nuestra sociedad.

—¿Regresará Punkroutine?

—No, está más muerto que nada. Pero Punkroutine fue el fanzine que me forjó como escritor y periodista sin estudios.

—¿Qué nos depara el fin de la pandemia?

—Seguramente un caos, estrés, miedo; pero sobre todo más higiene. ®

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Publicado en: Música

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