El humanismo crítico y los males del pasado

La amenaza totalitaria hoy

Los humanistas saben que el hombre no es necesariamente bueno, los males del siglo XX hicieron que los humanistas contemporáneos afirmasen su fe en la capacidad humana de actuar libremente, en la fuerza de la voluntad, para bien o para mal. Pero lo más alarmante de las atrocidades cometidas por el hombre durante el siglo XX es que se dieran aspirando al bien, no al mal.

Quienes disfrutan de la tecnología sólo pueden resistirse a lo regresivo: las limitaciones de la tecnología deben ser expuestas, afirmaba Paul Virilio en una entrevista realizada por David Dufresne. Cuando surgió el primer ordenador sus creadores dijeron que sería la mejor de las cosas, pero que también podría ser la peor. Salíamos de un periodo totalitario y la ciencia de los ordenadores en sí misma, a través del nacimiento del ordenador, sirvió en la lucha contra el totalitarismo, según Virilio. Pero los científicos de la computación de ese tiempo nos advirtieron que este nuevo poder no debería convertirse en un poder “cibernético”, un nuevo y peor totalitarismo.

Parece que Internet no nos traerá la democracia perfecta e infinita. “Los multimedia nos enfrentan a un problema: ¿podremos encontrar una democracia del tiempo real, del live, de la inmediatez y de la ubicuidad? Aquellos que se apresuran a afirmarlo no son muy serios.”1 En Ciudad Pánico Virilio habla de la militarización de la ciencia y del afán de algunos medios por hacer perder la percepción de lo verdadero y lo falso, lo justo y lo injusto, de lo real y lo virtual.2

A continuación partiremos del humanismo latente en la obra de Tzvetan Todorov para, realizando un breve recorrido por ella —y con el apoyo de otros autores— revisar el problema del totalitarismo y por qué hoy en día es común la visión de John Gray sobre la humanidad como una especie voraz y devastadora, ocupada en aniquilar otras formas de vida mientras destruye su medio ambiente natural.3

Salíamos de un periodo totalitario y la ciencia de los ordenadores en sí misma, a través del nacimiento del ordenador, sirvió en la lucha contra el totalitarismo, según Virilio. Pero los científicos de la computación de ese tiempo nos advirtieron que este nuevo poder no debería convertirse en un poder “cibernético”, un nuevo y peor totalitarismo.

En La vida en común, ensayo que nos llama a reflexionar a través de un diálogo entre filosofía y psicoanálisis, el historiador, crítico y filósofo búlgaro Tzvetan Todorov capta nuestra atención con un curioso análisis sobre la cuestión del reconocimiento y diversos tipos de coexistencia. Según él, que parte de un humanismo crítico, la avidez de reconocimiento que ya no trata de esconder la humanidad es un arma de doble filo, poderosa y peligrosa. Los humanistas saben que el hombre no es necesariamente bueno, los males del siglo XX hicieron que los humanistas contemporáneos (Primo Levi, Vassili Grossman, Germaine Tillion, Romain Gary…) afirmasen su fe en la capacidad humana de actuar libremente, en la fuerza de la voluntad, para bien o para mal. Pero, de hecho, lo más alarmante de las atrocidades cometidas por el hombre durante el siglo XX es que se dieran aspirando al bien, no al mal. Para Carlo Mongardini, en la sociedad actual, sometida a una crisis general de las formas políticas que caracterizaron históricamente la modernidad, se da el caldo de cultivo idóneo para una nueva instrumentalización política y cultural, pues nuevas formas de totalitarismo buscan su legitimación.4 Es, por lo tanto, muy triste comprobar que, entrados en el siglo XXI, la memoria sólo parece haber conseguido perpetuar las buenas intenciones ante nuevos desastres humanos.

En Memoria del mal, tentación del bien Todorov fija su mirada en el siglo XX no como un especialista de éste, sino como un escritor que trata de comprender una cierta unidad temporal que lo envuelve, como un testigo afectado que emprende un viaje a través del tiempo accesible a la memoria del individuo. El autor es consciente de que cada cual pone de relieve un hecho concreto (a su vez localizado en un espacio concreto) en tanto representativo del siglo pasado. Para él, el acontecimiento capital fue la aparición de un mal nuevo, un régimen político inédito, el totalitarismo. En Europa, hoy en día, se ha desvanecido, pero no ocurre lo mismo en el resto de continentes y sus secuelas siguen causando efecto. La obra comienza con un análisis del enfrentamiento entre el totalitarismo y su constantemente enemiga, la democracia. Europa será el ojo del huracán en ese ensayo, pues no conoció un totalitarismo sino dos; el comunismo y el fascismo. Esas contraposiciones constituyen el primer tema de la indagación. El segundo viene dado por éste, puesto que esos acontecimientos pertenecen esencialmente al pasado y únicamente sobreviven entre nosotros gracias a la memoria. El tercer tiempo de la reflexión será la luz que arrojan los dos primeros sobre el presente. El hilo de estas meditationes sobre el bien y el mal políticos del siglo XX es el recuerdo y la consideración de algunos destinos individuales que estuvieron marcados por la experiencia del totalitarismo pero que supieron resistirse a él. Así, Todorov nos animará a luchar por el presente, soportando el pasado, ofreciéndonos el ejemplo de algunos individuos que habiendo sufrido el mal totalitario más violento supieron conservar, a pesar de ello, su humanidad.

En ética y en política todos los avances pueden perderse rápidamente, en un abrir y cerrar de ojos, casi sin que nadie se aperciba de ello. Por lo tanto, estamos de acuerdo con Mongardini en que “mientras que en ciencia y en tecnología el avance acumulativo humano no sólo es posible sino que también real (es un hecho), en ética y en política es, en buena medida, un mito”.

En el epílogo Todorov identifica tres posibles amenazas que parecen confirmarse a medida que nos adentramos en este nuevo siglo. La primera es el populismo, el nacionalismo (nosotros matizaríamos: nacionalismo excluyente), la política de la identidad excesiva, que reacciona contra —todo aspecto de— la globalización, contra la Unión Europea o contra el laicismo, crispándose sobre los valores identitarios o religiosos. La segunda es la deriva moralizante, o la tentación del bien, donde la política imperial se pretende un medio para imponer el bien en el mundo entero; identifica un eje del mal, se autoproclaman los jefes de la misión y por fin el bien se impone por doquier. La tercera amenaza es la deriva instrumental, que simplemente estriba en que los países democráticos olvidan los fines para centrarse en los medios. El mejor ejemplo de eso es la atención exclusiva a la economía, al éxito, cuando la economía es sólo un medio para mejorar la vida de las sociedades. Estos tres problemas que enumera Todorov componen la perversión política que, sin duda, amenaza al siglo XXI, “ya que la multiplicidad de los procesos sociales, su aceleración y la diferenciación de los centros de poder social no permiten ni una visión unitaria ni la posibilidad de definir una dirección política de gobierno”.5

En ética y en política todos los avances pueden perderse rápidamente, en un abrir y cerrar de ojos, casi sin que nadie se aperciba de ello. Por lo tanto, estamos de acuerdo con Mongardini en que “mientras que en ciencia y en tecnología el avance acumulativo humano no sólo es posible sino que también real (es un hecho), en ética y en política es, en buena medida, un mito”.6 ®

Bibliografía

S. Freud, El malestar en la cultura, Madrid: Alianza Editorial, 1990.
J. Gray, Tecnología, progreso y el impacto humano sobre la Tierra, Barcelona: Katz, 2008.
J. Glover, Humanidad e inhumanidad: una historia moral del siglo XX, Madrid: Cátedra, 2001.
S. P. Huntington, ¿Choque de civilizaciones?, Madrid: Tecnos, 2006.
C. Mongardini, Miedo y sociedad, Madrid: Alianza Editorial, 2007.
T. Todorov, La vida en común: Ensayo de antropología general, Madrid: Taurus, 1995.
________, Memoria del mal, tentación del bien, Barcelona: Península, 2002.
________, El nuevo desorden mundial, Barcelona: Península, 2003.
P. Virilio, El cibermundo, la política de lo peor, Madrid: Cátedra, 1997.
________, Ciudad Pánico, Buenos Aires: Libros del Zorzal, 2006.

Notas

1 P. Virilio, El Cibermundo, la política de lo peor, p. 20.
2 Cf. Virilio, Ciudad Pánico, p. 50.
3 Cf. J. Gray, Tecnología, progreso y el impacto humano sobre la Tierra.
4 Cf. C. Mongardini, Miedo y Sociedad.
5 C. Mongardini, Miedo y sociedad, p. 80.
6 J. Gray, Tecnología, progreso y el impacto humano sobre la Tierra, p. 21.

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Publicado en: Destacados, El mal, Octubre 2011

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