El lesbicidio en Barracas

¿A dónde va a parar todo ese odio?

¿A dónde van a parar todos esos odios que nos lanzan políticos y militantes de la palabra —polémicamente llamada— libertad? A nuestros cuerpos, por supuesto, blancos eternos del odio y la crueldad de una sociedad empachada de rabias, gritos e insultos.

Todo ese odio…

Se acomoda, se inclina un poco, se apoya la mano en la boca y le pregunta: “¿Qué opinás del matrimonio igualitario?” Entonces no era vicepresidenta de la Argentina. De camisa blanca, impecable, pelo de peluquería, levanta un poco las cejas cuando responde: “Mirá, para mí estaba garantizado con la unión civil, yo te tengo que ser franca”. Quien pregunta es el periodista —abiertamente homosexual— Luis Novaresio, quien responde, Victoria Villarruel, que en ese mayo de 2023 desempeñaba el cargo de diputada nacional. Después hablará de consagración, de la palabra matrimonio en relación con la religión y esquivará el tema con la frase: “No me molesta, por qué habría de molestarme”. Sin decirlo dibuja una línea en la que ubica un tipo de unión para unos (heterosexuales) y un tipo de unión para los otros (todos aquellos fuera de la norma establecida).

¿Qué sucede con las palabras? ¿Qué pasa con lo que se dice y también con lo que no se dice? ¿Qué hace un pueblo con lo que se dice? Sin embargo, lo más importante es preguntarnos: ¿Qué hace un pueblo con lo que dicen sus representantes? Es fundamental no perder de vista que la violencia simbólica y la violencia material van de la mano. Las palabras que circulan en los medios de comunicación tradicionales y en las redes sociales llevan o incitan a la acción y tienen efectos en la vida de determinados sectores de la sociedad.

¿Qué hace un pueblo con lo que dicen sus representantes? Es fundamental no perder de vista que la violencia simbólica y la violencia material van de la mano. Las palabras que circulan en los medios de comunicación tradicionales y en las redes sociales llevan o incitan a la acción.

Un filósofo y lingüista que se trabaja hasta el cansancio en la educación superior —pero se ve que no alcanza— sostiene que la palabra es pura ideología, en ella se trazan las diferentes disputas y luchas entre distintos sectores. El lenguaje es un terreno donde se pone en juego el sentido.

Valentín Nikoláievich Voloshinov dice que “La palabra es capaz de registrar todas las fases transitorias imperceptibles y fugaces de las transformaciones sociales”. Además, sostiene que el tema, es decir, el contenido de lo que se dice forma parte del horizonte social de un grupo determinado y están ligados —siempre— a sus intereses ideológicos. Nada está librado al azar, nada es ingenuo. Siempre hay intención.

Otra vez, en el canal de La Nación+ Novaresio insiste: “Filosóficamente, ¿estás a favor del matrimonio igualitario?” Esta vez quien responde es Diana Mondino, actual ministra de Relaciones Exteriores; al igual que su compañera de bloque está de blanco, prolija como buena mujer de la derecha liberal, y con un rosario —de perlas blancas, blanquísimas— colgado del cuello. “Como liberal estoy de acuerdo con el proyecto de vida de cada uno”, comienza y, sin embargo, es el anticipo de un pero enorme. “Si vos preferís no bañarte y estar lleno de piojos es tu elección, listo, después no te quejes si hay alguien que no le gusta que tengas piojos”. Novaresio la frena, pero ella insiste: “Por eso hay algunas normas que para la convivencia social se tienen que poner”.

“Si vos preferís no bañarte y estar lleno de piojos es tu elección, listo, después no te quejes si hay alguien que no le gusta que tengas piojos”.

¿Cuáles son esas normas? ¿Por qué utiliza piojos —palabra que se asocia al contagio y, si hablamos de contagio, pensar en enfermedad está a la vuelta de la esquina? ¿Por qué pensó en ese ejemplo? Y, lo más importante, ¿por qué habla de elección? Será que otra vez la comunidad LGBTIQ+ tiene que salir a explicar que elegir no se elige nada con respecto a la sexualidad y que conviene hablar de orientación. Será que otra vez, como mujer y lesbiana, tengo que vestirme con el lenguaje técnico y salir a batallar peleas que ya considerábamos subsanadas. Será que Diana Mondino no sabe que “las normas” que aplican aquellos que les disgustan que tengamos piojos son éstas:

El 6 de mayo un hombre prendió fuego a cuatro mujeres lesbianas en el hotel donde compartían habitación en Barracas. Tras el atentado, Pamela Cobbas, Mercedes Roxana Figueroa y Andrea Amarante perdieron la vida. Sofía C. R., la cuarta víctima, continúa internada y luchando para recuperarse.

Mientras una a una de las mujeres a quienes prendieron fuego se iban muriendo y la última, todavía en el hospital, padece los dolores de la comunidad y la rabia de una sociedad alimentada a odio y crueldad, Nicolás Márquez, biógrafo del presidente Javier Milei, se expresaba impune en un programa de radio: “Hay conductas objetivamente sanas (en referencia a la heterosexualidad) y conductas objetivamente insanas (con respecto a la comunidad LGBTIQ+)”.

Además, habla de conductas autodestructivas, que los homosexuales viven en promedio veinticinco años menos que los heterosexuales, que tenemos más propensión a las drogas, más tendencia al suicidio, y que la comunidad representa el 80% de portadores de HIV. No menciona fuentes, no se sabe de dónde saca esos números, no verifica datos, no problematiza ni profundiza ninguna cuestión. Es el vómito por el vómito mismo.

El escritor británico George Orwell, conocido por obras como Rebelión en la granja y 1984, afirmaba que si el pensamiento corrompe el lenguaje, el lenguaje también puede corromper el pensamiento. Toda la historia de la humanidad demuestra que el decir ha sido más peligroso que las armas, incluso las ha precedido. Metáforas como las que utiliza Mondino, diferenciaciones como las que establece Villarruel, palabras como las que sentencia Márquez son argumentos que no distan de aquellos que fueron utilizados para crear al fascismo o al nazismo. Cada vez que un territorio determinado atraviesa profundas crisis económicas los sectores ligados al poder salen en busca de enemigos políticos que sirven como culpables de que los números no cierren. Proliferan discursos habilitantes de vejámenes y crímenes.

¿A dónde van a parar todos esos odios que nos lanzan políticos y militantes de la palabra —polémicamente llamada— libertad? A nuestros cuerpos, por supuesto, blancos eternos del odio y la crueldad de una sociedad empachada de rabias, gritos e insultos. Resistiremos, claro, como siempre con un dolor enorme clavado en el pecho, el recuerdo de todas nuestras víctimas, pero con la fuerza y el desparpajo de siempre. ®

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Publicado en: Política y sociedad

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