El magisterio revolucionario

El monstruo sindical

¿Qué hacen los maestros de la disidente Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación? ¿Educar, enseñar, prepararse para ser mejores profesores? No precisamente. La suya es una lucha por el poder, por el control de más puestos en el Sindicato, por el dinero.

No hay nada más parecido a un representante de la burguesía que un representante del proletariado.
—Georges Sorel

Los otros socios de Elba Esther

Elba Esther Gordillo © José Luis Pescador

Los campamentos de miembros del magisterio en torno a la Secretaría de Educación Pública (SEP), en la Ciudad de México, datan de 1988. Desde entonces, al paso entre los tinglados puede percibirse un ambiente carnavalesco: música folclórica con retratos e iconografía marxista, caricaturas de gobernantes y de charros, cartones que identificaban la procedencia de los movilizados por regiones de Oaxaca y Chiapas, principalmente, y de sus secciones sindicales. Viven así una especie de comunismo primitivo en el que comparten alimentos, sanitarios, diversiones y parece que también la crianza de los hijos. Mantienen la igualdad de condiciones materiales, pero aún se percibe la preservación de la división del trabajo por género: las mujeres asignadas a las comisiones relativas a labores de cocina y lavado, y también la diferencia de jerarquía sindical: los líderes no comparten la misma suerte en las calles, sino que por sus ocupaciones propias de las negociaciones, se guarecen por ahí en algún otro lado, presumiblemente en condiciones mucho mejores.

Durante los días de campamento la principal actividad es marchar y protestar en algún punto de la ciudad más o menos distinto. Así fue en 1989 cuando lograron tumbar a su cacique y respuestas satisfactorias a sus peticiones: desde entonces Elba Esther Gordillo es la máxima dirigente del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Ella debe su nombramiento a los disidentes: los miembros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), para quienes los plantones nunca han sido eventuales en su desempeño profesional, sino prácticamente su trabajo mismo. Para ellos el activismo es un estilo de vida más que un recurso de protesta laboral, y es una práctica que llevan más de treinta años realizando. En su libro Entrada libre (1987) Carlos Monsiváis dedica un capítulo a “la disidencia magisterial”, donde da cuenta de su capacidad inventiva para componer himnos y parodias que entonan durante sus mítines, de “una vida comunitaria exhaustiva” y de sus festejos, anteriores incluso al episodio que atestigüé.

Sin embargo, los efectos de estas acciones pueden ser imprevisibles y paradójicos. De acuerdo con Ricardo Raphael, en su libro Los socios de Elba Esther, la maestra Gordillo había sido un personaje leal al régimen priista durante diecisiete años; “Conocía las vísceras del aparato sindical como pocas personas, había tomado suficiente distancia de (Carlos) Jonguitud Barrios como para asegurar que éste no podría continuar por medio de ella gobernando los asuntos magisteriales y, lo más relevante de todo, había entablado una relación de confianza con el grupo salinista a través de Manuel Camacho Solís”, cuando éste era jefe del Departamento del Distrito Federal y la maestra delegada en Gustavo A. Madero. De modo que, en buena medida, el gordillismo ha sido un resultado de la movilización de la CNTE, en una decisión tomada en Los Pinos el 22 de abril de 1989, y confirmada en el escritorio del secretario de Gobernación Fernando Gutiérrez Barrios. Por su parte, la Coordinadora, gracias a Elba Esther, ha recibido los beneficios que ha logrado para todo el gremio, especialmente la recuperación salarial.

CNTE vs. SNTE

El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) es la organización gremial que representa los intereses laborales de la gran mayoría de los profesores de enseñanza básica del país y a una parte importante de los de nivel medio superior. Con cerca de un millón y medio de afiliados, es el más grande de su tipo en América Latina. No es el único en el país ni afilia a todos los docentes, puesto que la mayoría de los que enseñan en escuelas privadas no forma parte de su base pero, por ser tan cuantioso el número de sus representados, la extensión y dispersión territorial que ocupan por toda la Federación y por algunas particularidades relativas al nivel de enseñanza e institución de adscripción, el sindicato se integra con 55 secciones, aunque nominalmente llegan hasta la 59 (no existen las que corresponden a los números 41, 43, 46 y 48), cada una de las cuales tiene su domicilio en la capital del estado que le corresponde.

Así, la CNTE no busca representación gremial (relacionada con una actividad laboral), sino ser un “sindicalismo de clase”. No le compete sólo lo relativo a su actividad profesional, sino todo —todo— lo que forme parte de la “lucha de clases”. Cualquier conflicto social, político o económico es de su incumbencia y, por lo tanto, imperativa su presencia activa.

El SNTE es una organización con diversas corrientes ideológicas, movimientos y filiaciones partidarias, algunas francamente alineadas o subordinadas a la dirigencia nacional, otras en constante tensión y algunas en abierta confrontación. Éstas últimas han venido identificándose a sí mismas desde hace más de tres décadas como Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE), que se define como “una organización de masas conformada por los trabajadores de la educación”, no como otro sindicato ni como una dirigencia distinta, sino como “un frente de clase, porque participan en ella trabajadores de la educación que aceptan el principio universal de lucha de clases”. Está integrada por “consejos centrales de lucha”, comisiones promotoras del movimiento, secciones y delegaciones nacionales, corrientes sindicales y las secciones 7 y 40 de Chiapas y 22 de Oaxaca, “quienes representan las fuerzas fundamentales consolidadas” en “su lucha es contra el charrismo (sic), la burguesía y su Estado” (VI Foro de la CNTE, “Balance de cinco años”).

Así, la CNTE no busca representación gremial (relacionada con una actividad laboral), sino ser un “sindicalismo de clase”. No le compete sólo lo relativo a su actividad profesional, sino todo —todo— lo que forme parte de la “lucha de clases”. Cualquier conflicto social, político o económico es de su incumbencia y, por lo tanto, imperativa su presencia activa. Su retórica, como sus actividades y objetivos, tiene menos que ver con la educación que con credos revolucionarios o manifiestos ideológicos: se refiere a sí misma como “magisterio insurgente”. El periódico de la Sección 22 de Oaxaca se llama Combativo y su estación de radio Plantón. Sin menoscabo para el discurso, su dirigencia se comporta a partir de los incentivos que corresponden a sus intereses pragmáticos: su fuerza está en el número de afiliados porque esto implica representación, capacidad de movilización y presión, y, sobre todo, más cuotas: más dinero. Sus demandas laborales, por lo tanto, van a estar siempre relacionadas con la creación de más plazas y al aumento salarial (más afiliados que ganan más igual a más cuotas, igual a más poder).

Educado para la revolución

Azael Santiago Chepi es, desde septiembre de 2008, el secretario general de la Sección 22 del SNTE. Nació en 1977 y tenía dos años cuando la insurgencia magisterial en Oaxaca emergió victoriosa contra los grupos del entonces líder nacional Carlos Jonguitud Barrios. Es, por lo tanto, un producto neto de un magisterio especializado en formar a niños y jóvenes como activistas, según repite la consigna desde hace décadas: “El maestro-luchando-también-está-educando”.

Se llama a sí mismo “magisterio democrático”, pero se encuentra muy lejos de lo que en la actualidad forma parte de una agenda democrática, para empezar con sus criterios de equidad de género: en el Consejo Ejecutivo Seccional de la 22 hay sólo cinco mujeres de un total de 33 dirigentes, no obstante que representan a un gremio mayoritariamente femenino en su base. Mucho menos reconoce la necesidad de hacer transparente el uso y destino de los recursos que recibe, ni de rendir cuentas por ellos ni de combatir la corrupción en su seno.

Para el profesor Erangelio Mendoza, quien fue secretario general de La Veintidós de 1992 a 1995, la corrupción al interior de esta sección no es un fenómeno nuevo. Por el contrario, “es un secreto a voces” que “ha estado presente en todos los niveles de dirección del movimiento y permea igualmente las bases”. Confirmó cómo se dan, se exigen, se asignan, se piden o se compran las plazas: “Si me toca ver por mi hijo, yo lo que no quiero es que camine o que sufra, entonces le invito una comida chingona al dirigente, o le digo: ‘Cuánto quieres, cabrón, pero dame una base’” (13 de mayo de 2010).

El líder anterior, Enrique Rueda Pacheco, tuvo que dimitir como secretario general en febrero de 2007, luego de que se filtró a la prensa que él y sus colaboradores cercanos recibieron dinero y vehículos del entonces gobernador, Ulises Ruiz Ortiz. Fue acusado por sus compañeros sindicalistas, pero no por corrupto, sino por vendido. Chepi, por su parte, aceptó de Ulises Ruiz un nuevo edificio como sede sindical, dado que era una vieja demanda del magisterio y, tan sólo durante 2009, más de 12 millones de pesos para “apoyos” que incluyen festejos y obsequios para tómbola de regalos, de los cuales no tienen obligación —ni voluntad— de comprobar su gasto, de acuerdo con el informe de resultados de la Cuenta Pública de la Auditoría Superior de la Federación correspondiente (Véase).

La movilización como magia

Una de las demandas más recurrentes, en un amplio pliego petitorio con diversas exigencias, es aumento salarial. Es el día 15 de mayo cuando se anuncia exactamente de cuánto es el aumento que se les otorga, pero esto no es logro de las movilizaciones del magisterio ni resultado de negociaciones que en ese momento se hayan realizado entre representantes sindicales y autoridades de la SEP, pues el incremento a las percepciones y prestaciones ya está negociado, calculado y asignado desde que se aprueba el PEF a final de diciembre de cada año. No importa cuántas marchas de maestros haya durante mayo, no hay otro dinero para pagarles que no sea el que se aprobó en diciembre. En el Presupuesto de Egresos de la Federación se señala que con las asignaciones especificadas se cubre la totalidad de las percepciones ordinarias y extraordinarias del personal docente. Y más adelante se señala que se incluyen los incrementos a ellas especificadas en un anexo específico en el Decreto del PEF.

Cabe destacar que la CNTE no pretende ser un sindicato independiente al SNTE, sino llegar a convertirse en su dirigencia nacional, puesto que es en su gigantesco tamaño donde está mucha de la fuerza en su capacidad de negociación y presión para lograr incrementos salariales, prestaciones, creación de plazas, nombramiento de comisionados y capacidad de imposición de autoridades educativas y demás funcionarios en espacios de poder en la función pública. Más tamaño, más poder, más dinero.

Esto quiere decir que el 15 de mayo sólo se realiza un acto protocolario en el que se escenifica lo que fue aprobado desde el mes de diciembre anterior, cuando realmente se resuelven los totales para aumentos salariales, prestaciones y creación de plazas sobre la base del Proyecto que Presenta el Ejecutivo. No hay posibilidad de elevar más los salarios a lo que allí se especificó, pues si cerca del 90 por ciento del gasto corriente de la SEP se destina a servicios personales no habría forma posible de que se dispusiera de todavía más recursos para aumentar las previsiones salariales. Las asignaciones para servicios personales tampoco pueden ser modificadas por las autoridades educativas o hacendarias porque podrían incurrir en una falta grave ante la Auditoría Superior de la Federación, pues su tarea es ejecutar el presupuesto como fue decretado y que la Cámara de Diputados debe constatar que así se haya cumplido cuando revisa la Cuenta de la Hacienda Pública de la Federación.

Con frecuencia los líderes sindicales hacen parecer a sus agremiados que los logros en aumento salarial son resultado de las movilizaciones. Actúan como chamanes al hacer creer que es la fe del trabajador en su líder, el sometimiento de su voluntad, lo que le ayuda a que le vaya mejor. Los líderes opositores, disidentes, hacen parecer que las conquistas del gremio se deben a su presión, cuando en realidad resultan en mayor medida del trabajo de la dirigencia institucional, de la líder nacional.

Unidos por la lana

De acuerdo con el Estatuto que rige a todos los miembros del SNTE, éstos “cubrirán por concepto de cuota sindical ordinaria, el 1% del total de su sueldo” (art. 18). Tanto esta cuota como la “extraordinaria” (aportaciones “voluntarias”) “deberán ser entregadas al Comité Ejecutivo Nacional (CEN)” (art. 21), que es el órgano permanente de gobierno con sede en la capital del país, y que tiene facultades para “asignar directamente” las “participaciones” a los comités ejecutivos de las secciones. El Estatuto no especifica criterios o lineamientos para estas asignaciones salvo que, “con base en el Presupuesto Anual de Ingresos y Egresos” (art. 24), se aprueban conforme lo decidan el propio CEN más los dirigentes de las secciones (Comité Nacional); el CEN también tiene la facultad de suspender el envío del dinero de las cuotas a las secciones cuando considere que “no se están cumpliendo los programas establecidos” o que se viola el propio estatuto (art. 79).

Cabe destacar que la CNTE no pretende ser un sindicato independiente al SNTE, sino llegar a convertirse en su dirigencia nacional, puesto que es en su gigantesco tamaño donde está mucha de la fuerza en su capacidad de negociación y presión para lograr incrementos salariales, prestaciones, creación de plazas, nombramiento de comisionados y capacidad de imposición de autoridades educativas y demás funcionarios en espacios de poder en la función pública. Más tamaño, más poder, más dinero.

El año pasado el Presupuesto de Egresos del país asignó para la función “Educación Básica” 319 mil 847 millones de pesos, de los cuales el 82.7 por ciento es para servicios personales. De modo que, sin considerar lo que corresponde a empleados de confianza y por honorarios, ni tampoco la asignación para educación media superior, el CEN del SNTE podría estar manejando 2 mil 600 millones de pesos. ¿Cuánto asigna a cada sección, a la 22 de Oaxaca, por ejemplo? Nunca se sabrá: esta información no es pública. ®

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Publicado en: Agosto 2012, Destacados, El fracaso de la educación

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