El principio del corazón, de Blaise Pascal

“El corazón tiene razones que la razón no conoce”

“Es falso que seamos dignos de que los otros nos amen. Es injusto que lo pretendamos. Si naciéramos razonables e indiferentes, y conociéndonos a nosotros mismos y a los demás, no nos inclinaríamos a esto. Nacemos por tanto, con nuestra voluntad; nacemos, pues, injustos”.

Fotograma de la película Blaise Pascal (1972) de Roberto Rossellini.

Blaise Pascal (1623–1662) fue un matemático, filósofo, teólogo e inventor francés. Desde temprana edad dio indicios de una gran inteligencia, por lo que su padre Étienne Pascal no dejó que nadie lo instruyera. El padre, matemático, se convertiría en su único tutor.1 Fue un pensador que estuvo en constante búsqueda de la condición humana, muchas veces juzgando al ser humano de una ignorancia natural y otras dotándolo de una ignorancia sabia. Una ignorancia natural en la que el hombre huye de sí, y que al regresar a él y conocerse a sí mismo vuelve a la ignorancia, pero esta vez de una manera sabia.2

Es difícil tener un visión completa del pensamiento de Pascal, primero porque tuvo una vida corta, murió a los treinta y nueve años, y por el hecho de que sus apuntes, cartas y diarios personales fueron compilados para formar lo que conocemos como Pensées. Estos documentos serán colocados en el orden en que cada editorial lo considera pertinente. Por ello no habrá una consistencia en su pensamiento, lo que al momento de reflexionar e interpretarlo crea confusiones. Carlos Pujol,3 en la introducción del libro Pensamientos de la editorial Tellus, escribe:

[…] y en consecuencia estamos condenados a enfrentarnos con una especie de puzzle que cada cual organiza a su modo, haciendo destacar lo que le interesa, lo que juzga esencial, dejando en la sombra otros aspectos, estableciendo un orden que ilumina de forma muy variada las palabras ya de por sí a menudo oscuras, ambiguas, incompletas y carentes de acabado que escribió Pascal.4

Pareciera que al hablar de la figura de Blaise Pascal, al igual que de su obra, ésta estuviera fragmentada. Se habla de todos los documentos que dejó inconclusos, pero también de su compleja personalidad, quizás porque desde muy temprana edad fue arrastrado por sus enfermedades. Si bien la experiencia de su vida favoreció en él la reflexión sobre el corazón humano, así también avivó en él su defensa de la fe en sus últimos años, los cuales estarán presentes especialmente en los Pensamientos.

De la misma forma en que al ser matemático y físico conoció el método experimental, también conoció los límites de la razón. Entró en contacto con la filosofía cartesiana, con el escepticismo, el epicureísmo y el estoicismo. Como creyente, conoció el cristianismo severo del jansenismo.

De la misma forma en que al ser matemático y físico conoció el método experimental, también conoció los límites de la razón. Entró en contacto con la filosofía cartesiana, con el escepticismo, el epicureísmo y el estoicismo. Como creyente, conoció el cristianismo severo del jansenismo. Se había propuesto hacer una apología de la religión cristiana, aunque nunca lo logró.

Carlos Pujol afirma que Pascal fue un fracasado al quererle dar ese concepto apologético a su obra, y también dice:

Pero eso sí, unos y otros se desazonan ante este apologista patético que conmueve, agita, hace de aguijón trascendental, borra seguridades, agrieta las certidumbres de creer y no creer, empujándonos hacia una terrible oscuridad en la que reinan las “razones del corazón que la razón no entiende”.5

Más allá de todo, nunca dejó de ser un hombre que vivificó todas las ideas con las que estuvo en contacto hasta el punto de asumirlas en su propia persona y en su singularidad concreta. Uno no puede ser indiferente ante sus palabras, pues aunque no estemos de acuerdo nos hacen pensar y sobre todo nos invitan a reflexionar quiénes somos, a dónde vamos y de dónde venimos.

A continuación expondré los pensamientos que me parecen más significativos para poder entender lo que Pascal quería decirnos a través de su principio del corazón. Y, con base en ello, trataré de suponer en dónde podría ubicar el amor. Trataré, por tanto, de pensar si es posible que con el principio del corazón Pascal nos pueda ofrecer una manera de inferir el amor.

A diferencia de la propuesta cartesiana, para Pascal no podrán existir reglas que sólo pasen por la luz natural de la razón y que no nos hablen de la vida diaria. Por más cierta que sea la regla dirá que si se excluye de la vida, esa regla estaría incompleta o sería inútil. “Las únicas reglas universales son las leyes del país de las cosas ordinarias y la pluralidad en los demás”.6

Para Pascal el método de conocimiento siempre implica algo previo, un presupuesto. “Conocemos la verdad no solamente por la razón, sino también por el corazón”.7 El presupuesto que él propone es que es necesario saber de antemano para qué lo quiero, y este presupuesto no estará dado por la razón sino por el principio del corazón. Nosotros tendríamos que saber para qué queremos las cosas antes de utilizar la razón. Al final tendríamos una serie de reglas y por medio del principio del corazón escogeríamos las que nos parecen más relevantes.

Los principios se sienten, las proposiciones se concluyen, y todo con certeza, aunque por diferentes vías —y es también inútil y también ridículo que la razón exija al corazón pruebas de sus primeros principios, para quererlos y consentirlos, como sería ridículo que el corazón exigiera a la razón un sentimiento de todas las proposiciones que ella demuestra, para quererlas recibir.8

El principio del corazón nos proporciona sentido, construye la coherencia respecto de lo que queremos. Al ofrecernos sentido concibe narraciones, las cuales nos proporcionarán orden. La razón sólo es capaz de ofrecer descripciones, sólo fragmentos, no es capaz de estructurar totalidades, por lo que tenemos que conocer y aceptar los límites de la razón. El ser humano, dice Pascal, debe reflexionar, y al hacerlo se dará cuenta de las limitaciones que tiene de su conocimiento del mundo.

El principio del corazón me hace pensar en el amor. Distingo el amar en el momento en que el principio nos plantea hacer una búsqueda en el interior de nuestro ser para identificar lo que queremos. Si creemos saber lo que queremos, entonces ¿el amar se reducirá a buscar en el otro lo que nos conviene? ¿El otro sólo satisface nuestro querer?

Para Pascal, en la medida en que tengo claridad de qué es lo que quiero es como voy a poder llevar hasta las últimas consecuencias mi querer y seré responsable de mis actos. Sin embargo, lo que uno quiere es irracional y es entonces cuando interviene la voluntad. En este sentido, Pascal afirmaque “Es falso que seamos dignos de que los otros nos amen. Es injusto que lo pretendamos. Si naciéramos razonables e indiferentes, y conociéndonos a nosotros mismos y a los demás, no nos inclinaríamos a esto. Nacemos por tanto, con nuestra voluntad; nacemos, pues, injustos”.9

Asumimos pues que para Pascal el ser humano nace con una voluntad depravada, que sólo tiende al bien del cuerpo. Afirma que “No es vergonzoso que el hombre sucumba bajo el dolor, pero sí es vergonzoso sucumbir bajo el placer”.10 ¿De qué manera podremos confiar en el principio del corazón si no es algo que pase por la conciencia total, cómo podrá saber si está el ser humano conduciéndose de la mejor manera?

Para Pascal el ser humano nace con una voluntad depravada, que sólo tiende al bien del cuerpo. Afirma que “No es vergonzoso que el hombre sucumba bajo el dolor, pero sí es vergonzoso sucumbir bajo el placer”.

Para traducir el pensamiento de Pascal a nuestros días he tomado algunas ideas de pensadores contemporáneos. Sigmund Freud (1856–1939)11 decía que el odio es más antiguo que el amor.12 Será pertinente decir que nuestro impulso es odiar al otro, de la misma manera en que para Pascal era que nacemos injustos. ¿Sólo en la medida en que reconozco al otro entonces lo amo? ¿Sólo en la medida en que reconozco al otro entonces es que soy justo?

La célebre frase que utiliza Pascal para hacernos ver que somos vulnerables y que como seres racionales tenemos límites es “El corazón tiene razones que la razón no conoce”.13 Quizás ese conocimiento que la razón no puede tener lo tenga el corazón. Por tanto, así como el corazón siente a Dios y al final es lo que Pascal dirá que es la fe, podríamos de alguna manera tratar de sentir al otro y reconocerlo para entonces amarlo. Pero ¿cómo podríamos estar seguros de que el sentimiento que está suscitando el otro en mí es en realidad amor?

Otro punto que trata Pascal y que puede ayudarnos a identificar el sentimiento del amor en el principio del corazón es cuando habla de que no estamos satisfechos con la vida, y al no estarlo creemos encontrar en una idealización lo que nos hace falta: “No estamos contentos con la vida que tenemos en nosotros y en nuestro propio ser. Queremos vivir en la idea de los demás una vida imaginaria, y por eso nos esforzamos en las apariencias. Trabajamos incesantemente en embellecer y conservar nuestro ser imaginario y desdeñamos el verdadero”.14

Pareciera pues que eso es lo que nos pasa con el amor y con los otros. Cuando estamos enamorados le atribuimos al otro lo que esperamos de una pareja. Muchas veces lo que no tengo en mí trato de encontrarlo y quererlo en el otro. Pero ¿qué sucede cuando despierto de ese estado, que en ocasiones pareciera que estuviera en trance o hipnotizado? Nos esforzamos, como dice Pascal, de que suceda lo que en nuestro sueño imaginario existía. Sin embargo, “el amado es una imagen mágica de lo ya perdido”.15

“Cuando despierto miro al otro como sujeto. Aquél del que estoy enamorado no es un objeto en donde proyecto mis sueños. No hay correspondencia perfecta entre mi deseo y el suyo: me doy cuenta de su deseo. El otro emerge en lo que no se espera, en lo que no se quisiera. El otro difiere a mis expectativas”.16

Surge entonces en nosotros ese primer impulso al que Freud llama odio. Y es que al darnos cuenta de que el otro no puede cumplir mi deseo o lo que yo quiero, la experiencia del odio se hace presente al atribuir al otro la causa de mi desdicha. Para Pascal la cuestión es que el ser humano tiene una motivación, y ese estímulo surge precisamente del principio del corazón. Pero ¿qué pasa cuando la motivación que yo creía y que yo quería ya no existe, o mejor aún, nunca existió en realidad? Será muy descabellado pensar que el amor en realidad se ha vuelto imposible, que en realidad está condicionado sólo si lo que quiero o deseo lo obtengo del otro? “Freud decía que el psicoanálisis nos permite amar mejor: se historiza el amor y se sabe que es imposible. Empero hay que intentarlo una y otra vez, incansablemente. Ése es el deseo”.17

Si aceptamos que el otro no es la causa de mi mal, si descubrimos que el amor de mi fantasía o de mi sueños no existe, entonces será más genuino reconocer lo que quiero. Podré atribuirle el odio a mi dolor de existir, dándole al otro y a mi ser la posibilidad de generar un encuentro entre ambos. Un encuentro que estará en constante cambio. Volviendo a Pascal, al no ser siempre el mismo encuentro le dará sentido a la vida, porque no podemos dejar de elegir lo que queremos. Y al elegir tenemos que apostar por ello. “No hay amor completo porque el deseo es su posibilidad”,18 como tampoco hay deseo si no es por el principio del corazón.

¡Apostemos por el amor! ®

Referencias bibliográficas

Godínez Aldrete, Abraham, “Aprendiendo a amar. Ganar terreno al odio”, Replicante, 10 de febrero de 2012, consultado el 23 de abril de 2018.
Mendiola, Carlos, apuntes de la clase Análisis de textos: racionalismo y empirismo.
Pascal, Blaise, Pensamientos, tr. de Carlos Pujol, Madrid: Tellus, 1986.
Pascal, Blaise, Pensamientos, tr. de Mario Parajón, Madrid: Cátedra, 2008.
Pujol, Carlos, Fondo personal, Barcelona, consultado el 23 de abril de 2018.
Stanford Encyclopedia of Philosophy, Blaise Pascal, Stanford. Consultado el 24 de abril de 2018.

Notas

1 Stanford Encyclopedia of Philosophy, Blaise Pascal, Stanford.
2 Blaise Pascal, Pensamientos, tr. de Mario Parajón, Madrid: Cátedra, 2008, p. 62.
3 Carlos Pujol Jaumandreu (1936–2012) fue un hombre de letras que se acercó al hecho literario desde muchos y diversos caminos. Este humanista polígrafo fue poeta, novelista, aforista, traductor, crítico literario y editor, además de haber sido profesor universitario de literatura y escritor de artículos, prólogos y libros ensayísticos en el campo de los estudios literarios.
4 Blaise Pascal, Pensamientos, tr. de Carlos Pujol, 1986, p. 12.
5 Idem, p. 14.
6 Blaise Pascal, Pensamientos, tr. de Mario Parajón, p. 61.
7 Idem, p. 68.
8 Idem, p. 69.
9 Idem, p. 168.
10 Blaise Pascal, Pensamientos, tr. de Carlos Pujol, p. 141.
11 Sigmund Freud, médico neurólogo austriaco de origen judío, padre del psicoanálisis y una de las mayores figuras intelectuales del siglo XX.
12 Abraham Godínez Aldrete, “Aprendiendo a amar. Ganar terreno al odio”, Replicante.
13 Blaise Pascal, Pensamientos, tr. de Mario Parajón, p. 169.
14 Idem, p. 295.
15 Abraham Godínez Aldrete, “Aprendiendo a amar. Ganar terreno al odio”.
16 Ibídem.
17 Ibídem.
18 Ibídem.

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Publicado en: Ensayo

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