Elena Garro, 23 aniversario luctuoso y fin de un imperio

“Explicaciones a Elena en la montaña”

La chica desea que su madre le narre su historia gloriosa, llena de batallas y de héroes legendarios; su exuberante vegetación y sus insólitas ciudades; es decir, anhela conocer sus mitos, sus volcanes. Pero la madre responde con una respuesta sabia y trágica.

Elena Garro y Helena Paz. Fotografía de Héctor García.

El 23 aniversario luctuoso de Elena Garro (11 de diciembre de 1916–22 de agosto de 1998) se entrelaza con el medio siglo de la caída de la gran Tenochtitlan (13 de agosto de 1521–13 de agosto de 2021).

Hoy recordamos ambos eventos a través de uno de los poemas de la escritora: “Explicaciones a Elena en la montaña”. Aunque el texto no está fechado, la polígrafa lo construyó durante el periodo en el que vivió en París, al lado de su esposo Octavio Paz y de su hija Helena, de mediados de los años cuarenta a principios de los cincuenta.

Sabemos que madre e hija utilizaron indistintamente su nombre con “h” y sin ella. En esta composición la autora describe el momento en que la pequeña Elena le pregunta sobre México, su país de origen, pues contaba con cinco años cuando salió de su tierra natal. Ella, al igual que su progenitora, acompañaron al poeta y ensayista en su carrera diplomática.

En el texto Garro indica que se encuentran en un país montañoso, posiblemente en los Pirineos franceses o en algún sitio de Suiza, lugares donde solían pasar las vacaciones. La vista de las montañas despierta la curiosidad de la niña, quien seguramente había escuchado los relatos de su mamá acerca de México, ese lugar lejano en su memoria. La chica desea que su madre le narre su historia gloriosa, llena de batallas y de héroes legendarios; su exuberante vegetación y sus insólitas ciudades; es decir, anhela conocer sus mitos, sus volcanes (y nosotros pensamos en el Popocatépetl y en la Itztaccíhuatl). Pero la madre, en lugar de alimentar la sed de conocimiento de su hija, responde con una respuesta sabia y trágica:

Explicaciones a Elena en la montaña

Escribes de la montaña de los niños
y pides que te diga cómo es tu país.
Las moscas aplastadas de tu letra
han llegado volando,
curiosas, exigentes de nombres de ciudades,
de héroes, de batallas, de flores, de volcanes.
No tengo nada que decirte:
Hernán Cortés llegó hablando
en una lengua que nadie conocía.1

En los últimos dos versos Elena Garro condensa nuestra historia, el antes y el después del arribo de los españoles a Mesoamérica y finalmente a la gran Tenochtitlan, el corazón del imperio azteca. El antes hace referencia a una cosmovisión distinta a la de los conquistadores, que no supieron ni quisieron comprender y, por lo tanto, buscaron su aniquilación para imponer la suya, y el después, el derrumbe de una civilización que se convirtió en el virreinato de la Nueva España, una colonia más del imperio español.

Efectivamente, Hernán Cortés, símbolo del pensamiento europeo, del ave de rapiña, hablaba otra lengua y tenía otro dios: el oro, la plata, las riquezas materiales. Los antiguos mexicanos que se unieron a él para derrotar al imperio azteca, su opresor, no comprendieron su lengua, su ambición, su propósito, su racismo. En una entrevista de 1964, la escritora afirmó:

México es un país extraordinario, con un destino brillante, frustrado por una casta colonial de funcionarios. La Historia de México se ha quedado inmóvil porque la psicología del funcionario es la misma desde la Colonia. Hay que acabar con ella. Y la política, por ende, no es una política de ciudadanos, sino de colonos de nosotros mismos.2

La autora remarca que, a pesar de la brutalidad del choque y del saqueo, los pueblos originarios han resistido el paso de los siglos, pero nada ha cambiado desde el México Independiente (1821), pues los mexicanos mestizos se han convertido en opresores de su propia raíz indígena.

Hoy recordamos a Elena Garro y el poder deconstructor de su palabra. Así, sin miramientos, sin diatribas, sintética y punzante, en “Explicaciones a Elena en la montaña” nos revela una cicatriz que sangra; que no cierra en tanto la marginación impuesta por los conquistadores a los subyugados continúe vigente; mientras no reconozcamos nuestros orígenes prehispánicos y los pueblos originarios vivan en la explotación y la miseria. Mientras eso suceda, México seguirá hablando la lengua de Hernán Cortés, y las alabanzas y las descripciones de Tenochtitlan y la grandeza de las otras culturas serán sólo una postura política y un espectáculo para los turistas. ®

Notas
1 Garro, Elena, “Explicaciones a Elena en la montaña”, Cristales de tiempo. Poemas inéditos, Monterrey: UANL, 2016, p. 126.
2 BHU, “¿Qué espera usted de Gustavo Díaz Ordaz. Elena Garro”, en Rosas Lopátegui, Patricia, Diálogos con Elena Garro. Entrevistas y otros textos, México: Gedisa, 2020, vol. 1, p. 186.

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Publicado en: Ensayo

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