En el 68 AMLO era priista

Respuesta a un lector

¿Priista en qué sentido? No en el de militante formal, tampoco de militante informal, sino en el de “ciudadano” acrítico y conforme, pasivamente priista, a pesar de haber sabido de una matanza de estudiantes cometida por el PRI.

Retrato del joven AMLO de una credencial de 1973.

Un lector doblemente atento me pregunta cuáles son mis razones para decir en el texto previo que López Obrador estaba en el PRI en 1968, “porque tengo entendido que se afilió después”. Así es: hay razones. Más de una.

Primero, escribí estaba, solamente, no dije que AMLO estaba afiliado, y no hablé de una afiliación formal. Hay muchas maneras de estar. Por ejemplo, estar formalmente o informalmente dentro de algo. En segundo lugar, estar respecto a los partidos políticos nos lleva a los hechos de estar en contra o a favor y éste a los de la simpatía y la militancia, la cual no sólo puede ser formal. Se puede ser militante con credencial, es decir, formalizado u oficial, y ser militante sin credencial, pero efectivo o real. Es el militante informal, el que se identifica con los valores, intereses y aspiraciones partidistas y participa de algún modo y en alguna medida, pero constantemente, en las luchas permanentes del partido.

No estoy improvisando: a) es un dato poco conocido pero Cuauhtémoc Cárdenas nunca tuvo un carnet del PRI, ¿y quién podría dudar de que fue priista? Fue un militante informal (de él dije también, en el texto referido, sólo que estaba en el PRI, como sin duda estuvo). ¿Para qué registrarte formalmente en el partido hegemónico si eres hijo de Lázaro Cárdenas? Era absolutamente innecesaria y ociosa la formalización del hecho “genético” de su militancia; b) La distinción militancia formal–informal la he aplicado a obradoristas como John Ackerman. El doctor–doctor Ackerman es un militante informal del partido Morena. Es su militante aunque no tenga credencial que lo diga o no hayan dicho tal cosa en un oficio las autoridades partidistas. Dada la evidencia de sus palabras y acciones públicas, que Ackerman no tenga carnet del partido no significa que no sea militante morenista–obradorista, como el que tenga uno, dos o más doctorados no significa que sea un buen académico.

En tercer lugar, y sobre el caso de López Obrador, sostengo que estaba en el PRI cuando llegó la represión del inolvidable 2 de octubre en Tlatelolco. Estaba con el PRI como sistema sociopolítico. Esto también tiene que ver con que hace unas semanas releí el texto de Jorge Zepeda Patterson sobre AMLO publicado en el libro Los suspirantes (Planeta, 2005, pp. 9–37) y se me quedó grabado un párrafo:

Los adversarios políticos han querido ver este incidente [la muerte de un hermano de López Obrador] como algo similar a lo que sucedió en la infancia de Carlos Salinas, cuando una mujer del servicio doméstico fue muerta (sic) por la negligencia de dos niños que jugaban con armas. Los testigos afirman que en este caso se trató de un accidente a la vista de todos, provocado por la propia víctima (p. 12).

La redacción y algunas palabras me llamaron la atención. Mucho. El análisis puntual sobre el párrafo revela las intenciones de Zepeda: estúdiese la expresión “en este caso”, nótese el énfasis y la exclusión que representa, véase dónde está colocada, en qué parte de la oración a la que pertenece o precedida por cuáles palabras, y comprendida esa forma de escritura con ese orden se observa la sugerencia zepediana de que el otro caso —el de los Salinas— no fue un accidente, lo que viene preparado y reforzado con el uso antecedente de la palabra “negligencia”, que reserva para los niños Salinas y no aplica a los jóvenes López Obrador. Es una palabra que básicamente significa “descuido” pero que por su larga incorporación al léxico jurídico y abogadil suele comunicar —transmitir comúnmente— la sensación de irresponsabilidad moral al actuar y de merecer por ello ser responsabilizado o culpado moralmente. El párrafo de Zepeda es un artilugio lingüístico sumamente barato, pero invisible para muchos ojos. Esos ojos lo que “leyeron” fue la “sensación” que se les quería dar: “Los niños Salinas fueron malos, por NEGLIGENTES, en cambio AMLO y su hermano sólo fueron víctimas de un accidente, y si se cree o dice lo contrario es porque son enemigos del Peje”. Consta en varios artículos, y recientes, que no defiendo al presidente Salinas, tampoco defiendo su infancia; critico los procedimientos de Jorge Zepeda. Después de todo, no sabemos ni sabremos qué pasó realmente en ninguno de esos casos. Es posible que en ambos haya habido una negligencia, como simple descuido, que terminó por ser causa de un accidente —accidente no significa que no existe causa sino que la causa no es la intención de los directamente involucrados como protagonistas.

Se puede imputar priismo al AMLO joven. En el 68 no vive en el pueblo de Tepetitán sino en Villahermosa, capital no incomunicada, y está entrando a la preparatoria; recuérdese que antes y después del 68 hubo movimientos estudiantiles dentro y fuera de la Ciudad de México en los que participaron algunos estudiantes no universitarios.

Hecho ese análisis y dicho todo lo que digo arriba, encontré y encuentro una obviedad: si se puede, como hace Zepeda, o se pudiera, como hipótesis, imputar responsabilidad a unos niños por un hecho que necesariamente tiene al menos una dimensión accidental, se puede imputar identificación partidista a quien no es un niño. Bajo algunas condiciones. Se puede imputar priismo al AMLO joven. En el 68 no vive en el pueblo de Tepetitán sino en Villahermosa, capital no incomunicada, y está entrando a la preparatoria; recuérdese que antes y después del 68 hubo movimientos estudiantiles dentro y fuera de la Ciudad de México en los que participaron algunos estudiantes no universitarios. Pero no soy Zepeda y no estiro demasiado: ¿qué tipo de priismo tenía AMLO? ¿Priista en qué sentido? No en el de militante formal, tampoco de militante informal, sino en el de “ciudadano” acrítico y conforme, pasivamente priista, a pesar de haber sabido de una matanza de estudiantes cometida por el PRI urbanamente omnipresente. El hecho clave para poder afirmarlo es que AMLO se afilió después de la matanza, esto es, pasado poco tiempo se convirtió en militante y militante formal del PRI. Así que el joven Andrés Manuel no era en el 68 un “ciudadano” antipriista ni rompió el vínculo que se implica, el de la aceptación del status quo priista, pues de lo contrario no se hubiera afiliado al PRI tras la masacre, con la sangre estudiantil aún fresca.

Si a sabiendas y a pesar del 2 de octubre entra formalmente en el partido, hay opciones que debemos explorar: 1) ese año de 1968 carecía absolutamente de conciencia sociopolítica y después cambia y se afilia a un partido. Hay muchos casos así, pero ¿fue el de López Obrador? ¿Así nomás…? Antes de contestarse a usted mismo, recuerde: AMLO no se afilió ni al PAN ni al Partido Comunista, se afilió al PRI, no mucho tiempo después de la más famosa represión priista; 2) Carecía absolutamente de conciencia sociopolítica y después se afilia al PRI por absoluto oportunismo, lo que implicaría absoluto cinismo y por tanto un rechazo conciente a continuar una conciencia sociopolítica; 3) Carecía de la conciencia dicha y después se afilia por interés grillo, poco aprendizaje en la UNAM y confusión resultante; 4) En el 68 tiene algún tipo y algún grado de conciencia priista y tras la tragedia de Tlatelolco se hace militante formal del PRI por sus creencias anteriores y conservadas, quizá a pesar de la mayoría de la información unamita, y por interés político personal. No creo ni veo la veracidad de las opciones 1, 2 y 3. Y menos creo en lo que Zepeda parece querer creer (p. 14): el cuento de que López Obrador se endereza como estudiante y se politiza hacia la izquierda el 11 de septiembre de 1973, con la noticia del asesinato de Salvador Allende. La cuestión es patente: ¿De un día para otro se convierte en buen estudiante de la UNAM, buen ciudadano mexicano y hombre político de izquierda porque mataron al chileno Allende pero se afilia al PRI antidemocrático y de falsa izquierda que había reprimido y matado a estudiantes de la UNAM? Entonces, habría que decirlo, se volvió “bueno” pero el joven era medio idiota…

Repito las nuevas opciones, las resultantes del análisis: al afiliarse al PRI, ¿Andrés Manuel López Obrador era un cínico y oportunista absoluto? ¿Estaba idiotizado? ¿O era un priista reforzado formalizando su priismo?

López Obrador fue informalmente priista, primero, formalmente priista, después, renunció formalmente a su militancia, luego, y hoy es un priista cultural más.

¿Y qué es peor, ser militante del PRI durante la matanza del 68 y no renunciar al partido, o unirte oficialmente al PRI tras la matanza?

En síntesis taxonómica: dentro de y con los partidos se puede estar formal o informalmente. El estar con informalidad tiene dos tipos: la pasividad (asimilable a simpatía) y la militancia. Militante viene del latín militia, lucha, y para luchar, como en el caso de pensar, no se requiere ningún papelito. Así, hay dos tipos de militancia: formal e informal. La militancia informal es necesariamente muy activa, la militancia formal puede y suele serlo en general; pero también puede ser que alguien deje de luchar por un partido y no se dé de baja formalmente, con lo que surge una “militancia” formal pasiva o estancia formal pasiva, insisto, si no hay renuncia formal sino informal. Todos los tipos pueden ser abandonados y también pueden relacionarse en el tiempo. Se puede pasar de la informalidad pasiva a la militancia informal y de ésta a la militancia formal; se puede ir de la militancia formal a cualquier tipo de renuncia, y se puede llegar a la militancia formal desde la simpatía/pasividad informal sin hacer escala en la informalidad militante. Esto, precisamente, es lo que veo más cercano a la verdad del caso AMLO. Y eso dije.

López Obrador fue informalmente priista, primero, formalmente priista, después, renunció formalmente a su militancia, luego, y hoy es un priista cultural más. ®

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Publicado en: Política y sociedad

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