Es el PRI pero peor

El obradorismo en tres resúmenes

Ahí está todo lo que es el movimiento de AMLO: simulación democrática, violación a la Constitución, militarización y mucha hambre de poder hegemónico. Es el otro PRI, más populista y abiertamente militarista —politizando y partidizando a las fuerzas militares.

Abiertamente militarista.

1

Las dos columnas principales del régimen del PRI fueron un presidente poderoso con independencia de la Constitución y un partido hegemónico subordinado a la presidencia de la república. Las dos columnas del partido hegemónico liderado por el presidente fueron el corporativismo y el sistema electoral. Las dos columnas del sistema electoral priista fueron el control gubernamental —i.e. priista– presidencialista— de la organización de las elecciones y la aplicación del principio de mayoría relativa en elecciones no competitivas y por eso no democráticas. Ese sistema electoral se puede describir con sencillez: no IFE, no INE, no representación proporcional.1

¿Qué proponen AMLO y el obradorismo? Que no haya Instituto Nacional Electoral ni representantes “plurinominales”. ¡Que mueran! Quieren que no exista lo que no existía en la era del Partido Revolucionario Institucional, por lo que quieren que exista algo como lo que existía con ese PRI. El sistema electoral que proponen los obradoristas es cualquiera que desee AMLO y lo que desea AMLO es lo del PRI clásico, el “dorado”: gobiernos de un solo partido que organizan ellos mismos elecciones en las que ningún otro partido consigue representación más o menos justa. No quieren y no proponen el sistema electoral de alguna democracia añeja y consolidada que por eso mismo no requiere un INE, tampoco el de alguna de las democracias más democráticas por ser más proporcionales. El obradorismo no es una nueva o próxima transición democrática ni una mera imitación del chavismo —aunque los diseñadores gráficos obradoristas parecen ser chavistas—, la falsa “cuarta transformación” es el intento de regresar a un régimen (como el) priista.

2

Una reunión partidista en torno a la farsa de revocación de mandato. Un acto político–electorero del partido oficial. Ahí, la presencia partidizada del secretario de Gobernación federal (tras el uso de su avión de campaña) y del militar que comanda la Guardia Nacional (¡con todo y el uniforme!). Un político que aunque sea político y militante del partido Morena no debería intervenir en esas reuniones, por el puesto que hoy ocupa y por algo que se llama constitucionalidad democrática, y un general que por ser militar activo no debería intervenir ni en esas reuniones de partido ni en ninguna otra actividad política. Ahí está todo lo que es el movimiento de López Obrador: simulación democrática, violación a la Constitución, militarización y mucha hambre de poder hegemónico. Es el otro PRI. Un PRI aun peor: más populista y abiertamente militarista —politizando y partidizando a las fuerzas militares y militarizando la política partidaria.

3

El obradorismo es cultura del retroceso político con retórica pacata de progreso democrático. Es el mayor retroceso en la cultura política mexicana durante este siglo —en el que no hubo ningún gran avance cultural en ningún partido.

La actitud y la conducta de los obradoristas sobre el jefe de su partido como presidente de la república, y viceversa, significan un regreso a la cultura priista–hiperpresidencialista de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado.

En otras palabras: ése es el nivel de su abyección. La gran abyección de los obradoristas. He ahí el costo sociocultural del obradorismo para este pobre país. ®

Nota

1 Los “diputados de partido” que se introdujeron en la década de los sesenta no alteraban la lógica mayoritaria, en este caso priista, del sistema; no introdujeron la lógica democrático–pluralista de la representación proporcional, que se introdujo hasta la reforma electoral de 1977 con la que se inicia la transición democrática o el gradual abandono del régimen autoritario del PRI hacia un régimen democrático. Si los pilares del priato eran el hiperpresidencialismo, el partido hegemónico y las elecciones priistas, la transición tenía que pasar por establecer un sistema de gobierno no hiperpresidencialista, pluralizar el sistema de partidos e impedir que el partido–gobierno (el PRI y cualquier otro) controlaran las elecciones. Por eso no le gusta la transición al presidente López Obrador…

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Publicado en: Política y sociedad

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