fragmentos de una realidad inconexa, II

que de hecho se cae a pedazos

las ideologías son tan pegadizas como ineficaces, aunque sin duda infectan. mientras tanto, el sacrosanto reducto de nuestro cuerpo es gobernado febrilmente por bacterias en golosa y fraternal anarquía.

Rubén Bonet en una azotea tapatía. Foto de Facebook.

no hay vida que no dependa de un relato.

el desapego a la historia como fuente de inspiración.

la vida en el confinamiento nos ha arrojado de manera implacable a una realidad cotidiana sin subterfugios, enfrentados a nosotros mismos con la limitada ventana al mundo de nuestra calle y a lo sumo un par de cuadras más, y por otro lado la de las redes sociales y la información digital.

dos mundos que coexisten pero no se tocan.

cómo conjugar libertad individual y pandemia?

un importante daño neurológico en todo caso.

la realidad es un concepto tan amplio que incluso alberga todas las posibilidades de la ficción.

la sabiduría no se encuentra más en los tratados de filosofía sino en las finas evoluciones del látex. las muñecas hinchables, sin demasiada algarabía, ya anunciaban este funesto y distante presente. un erotismo de la ausencia, de la lejanía emocional, sin intrépidos y suculentos intercambios microbianos.

la vieja normalidad no era más que un triste simulacro. ahora transitamos hacia otro igual de triste pero más desgarbado.

hablar de cubrebocas ya es soez.

el absurdo impone una vez más su indescifrable lógica.

el poder y los diferentes dispositivos de represión para mantenerlo a toda costa. el capital al servicio de la perpetuación del sistema de privilegios.

escribir para señalar por contraposición el absurdo ya no tiene sentido porque las dinámicas de vida señaladas están cayendo por sí mismas, autofagocitándose con estrépito. una parte del escenario se mueve. otra se desploma y se cae a pedazos. como en los temblores, habrá que ir buscando el quicio de seguridad.

la alarma sísmica lleva rato sonando.

malos tiempos para la lírica pero peores para la improvisación y la salvaje deriva.

hay veces que uno tiene ganas de escribir y otras ninguna. aunque la intención siempre ronda como una amenaza, una suave esquizofrenia que tarde o temprano encara el estupor del pensamiento contra la pantalla.

compatibilizamos nuestras rutinas en una autoescenificación sin público compartiendo el espacio ilusorio de las redes sociales y el mundo digital, esa falsa realidad aumentada. entre un presente viscoso, cotidiano y reconocible hasta el aburrimiento del que no podemos escapar y ese fluido e inestable ente digital paralelo y amorfo.

encontrarse con la nada de uno mismo y ni aun así reconocerse. mucho menos hallar una salida digna al personaje, exaltación fútil y gratuita.

no sabemos si lo aprendido hasta este punto de la historia nos servirá para el futuro. tampoco sabemos si habrá futuro, o historia. la única buena noticia es que a lo mejor tampoco hay humanidad.

para generar este pensamiento se han tenido que movilizar millones de bacterias. grandes ignoradas de la biología y el reino animal, reclaman su lugar en el mundo de las ideas.

la humanidad se postula como una potente y prometedora infección cósmica. una desviación delirante de la biología, pobre universo! desdichados alienígenas, ustedes también desearán no haber nacido!

hay veces que uno tiene ganas de escribir y otras ninguna. aunque la intención siempre ronda como una amenaza, una suave esquizofrenia que tarde o temprano encara el estupor del pensamiento contra la pantalla.

por una literatura más mental, indetectable al lenguaje.

una vida dedicada a la economía de la atención.

una escritura que no ordena nada, no explica nada, no alivia en absoluto y se funde en el vértigo del transcurrir del tiempo como quien surfea una ola grande sin saber nadar.

las futuras utopías tendrán que ver básicamente con el silencio. ®

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Publicado en: Apuntes y crónicas

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