Grégoire Prat o la posibilidad de la novela aforística

Una cita fuera de contexto es como una bala fuera de un fusil

Corina, el anagrama de Cioran es una novela en aforismos escrita en sus años universitarios. Se presenta en Replicante por vez primera en la lengua de Nicolás Gómez Dávila, de quien el autor se considera discípulo espiritual.

Fotografía de Dishan Lathiya.

Grégoire Prat (1977, Versalles) es un escritor nómada, ecléctico y fragmentario. Dividió su infancia entre China, Corea, Zaire y Versalles. Cursó estudios de grado y posgrado de filosofía en la Universidad de Nanterre (París X) mientras trabajaba como guardián de seguridad en el Palacio de Versalles. Allí conoció a un boliviano en el autoexilio que lo incitó a publicar sus aforismos narrativos, los dos fundaron en conjunto la editorial Freier Geist.

También encontró en el castillo de Luis XIV a Corina, una carismática joven rumana con la que lleva un amor platónico y en quien materializó su admiración por el filósofo Emil Cioran. Una vez obtenidos sus títulos universitarios se alistó en la Legión Extranjera francesa. Tras lograr la rigurosa selección renunció a la vida castrense en pocas semanas y se dedicó a la docencia, que lo lleva a residir en Bosnia Herzegovina, Martinica, Irak, Rusia y Arabia Saudita, donde radica en la actualidad.

Corina, el anagrama de Cioran (Freier Gesit, 2005) es una novela en aforismos escrita en sus años universitarios. Se presenta en Replicante por vez primera en la lengua de Nicolás Gómez Dávila, de quien el autor se considera discípulo espiritual.

Corina, el anagrama de Cioran

Grégoire Prat

Traducción: Guillermo de la Mora

Amorce

No tengas miedo del fin de los tiempos. La humanidad será eterna. Sólo las cosas bellas desaparecen.

Deseo de vivir. ¿Pleonasmo?

La vida: una herida sin cura definitiva, como la sífilis en el siglo XIX.

Me gusta cuando de una mirada nace una sonrisa. ¿Una sonrisa que acabe en palabras? Nunca lo he visto, pero creo en este gesto como en Dios.

Dios existe, no hay duda alguna. Ésta no es la pregunta. La pregunta y tortura es: ¿Quién es Dios? ¿Cuándo es Dios? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Para quién? ¿Por dónde? Esto puede durar horas. Estas preguntas son como las cabezas de Medusa y se sufre en el camino. Y cuando uno sufre, un segundo es un día y un día un año.

¿Será posible creer todavía en María, en las cosas increíbles?

Es necesario aprender a matar un hombre con un cuchillo remojado en cianuro. Con sólo un rasguño.

Aullar para dar miedo, porque se tiene miedo.

Irse de putas es como ir al kebab. Llenar el vacío con lo que se tiene a la mano. Indigestión psicogástrica. Breves dramas del hombre contemporáneo.

Cada vez que pienso en matar a alguien me imagino adoptando a sus hijos. La cólera desvanece.

Una cita fuera de contexto es como una bala fuera de un fusil. Inútil.

Querer que todo sirva: moral de lacayo. De siervo. De esclavo. Para quien es señor lo inútil es patria.

Al frecuentar a los grandes espíritus, de leerlos, a fuerza de citarlos, de comentarlos, de dialogar con ellos, uno termina por creerse invitado al Banquete. ¿Cómo anfitrión o como sirviente? ¿Servirle vino a Sócrates?

¿Cómo elevar al hombre sin que por ello pierdan sus pies contacto con el suelo? ¿Cómo alzar al hombre sin que por ello sus pies comiencen a agitarse de forma convulsiva, como los de un ahorcado?

Al frecuentar a los grandes espíritus, de leerlos, a fuerza de citarlos, de comentarlos, de dialogar con ellos, uno termina por creerse invitado al Banquete.

Todo lo que comienza también termina, he allí el máximo alivio.

Era un hombre tan despreciable que matarlo hubiera sido un homenaje.

Un francotirador debe tirar a un costado de su objetivo, anticipando su movimiento. Un acto de fe.

Rafaguear con una metralleta de alto calibre a nuestros contemporáneos sería un acto incluso cívico. Yo preferiría utilizar el picahielos.

Podría convertirme en el ser sobre el cual tantos ríos de tinta han corrido y carecería de atributos envidiables. Los tratados de metafísica deberían considerar la capacidad humana de bostezar.

El mejor argumento ontológico: una espigada eslava en paños menores.

¿Cómo conceptualizar el mal? El culo de una gringa de veinticinco años que pesa cinco veces su edad.

La escapatoria de este mundo es imposible, la tierra es redonda.

Estudié filosofía, pero en los cursos pensaba en duquesas y en champán.

En mi corazón sólo hay espacio para una mujer. Pero tengo mil corazones.

Cazar fantasmas con una red y mariposas con una kalashnikov.

El viento sobre los campos de colza, sobre el mar.

Ser maleable. Saber doblarse sin someterse. Flexible como la hoja de un florete.

Amo a los libros, pero algo en las librerías me hastía. Son para mí lo que los campos de rosas son para el Principito.

Cuando veo a una mujer atractiva con cola de caballo me vienen imágenes eróticas de posturas equinas. Placentera travesura de la imaginación que se esfuma en caso de que sea una posibilidad concreta.

No se puede vivir mucho tiempo sin amor, sólo se sobrevive. Amor propio: ¿tabla de salvación de un náufrago?

Las mujeres que pueden sublimar su neurosis en algo interesante son muy escasas, que puedan canalizar su histeria, nutrirse de su paranoia, fertilizar su angustia. Perlas raras que hacen de la vida una búsqueda y celebración.

Las columnas de una hoja de Excel, barrotes de una prisión.

Meter una puta a mi auto para vaciarme en ella, y terminar vacío.

¿Qué es Dios sino el acto de otorgarle un rostro al vacío, a personificar la nada?

¿Qué es el amor sino la personificación de la nada en Dios, y la transfiguración de Dios en el ser amado?

Ser libre no es ser uno mismo. Al contrario, es salir de uno mismo, convertirse en un extraño para sí.
Es necesario alienarse, encadenarse. ¿Pero a qué?

Furia y locura: dos buenas amigas con derecho.

A su paso, lamer el asfalto que sus pies han caminado es un homenaje razonable.

No se puede forzar el deseo, incluso en el amor. El amor no produce deseo, sino un deber abrumador.

Si se le puede acusar a alguien de mi muerte, seguramente se trata de un cadáver que yace ya desde hace mucho tiempo bajo tierra.

Virginidad hasta el matrimonio, ¿por qué no? Cuando uno se casa a los diecisiete años.

El mar enfurecido es bello cuando no se está dentro.

Me gustan los barcos cuando están atracados en el puerto, cerca de un bistró.

Me irrita que me pregunten lo que hago y a dónde voy. Esas son preguntas de policía. Me irritan.

La manuela, mujer sin gracia alguna.

Me irrita que me pregunten lo que hago y a dónde voy. Esas son preguntas de policía. Me irritan.

La liberación es un combate excitante, la libertad un hastío devastador.

La libertad no se es, se deviene.

Soy demasiado egoísta para ser celoso.

Soy el hombre jabón, la pasión resbala sobre mí.

Los senos soberbios tienen algo de autoritario, nos obligan a bajar la mirada.

Corina

Tú me amas de buena manera y yo te amo
Te amo sin bien alguno
Te amo mal sin duda
De manera inútil
Como un ahorcado con una erección.

Amo la locura, pero no estoy loco. La razón es mi mujer, la locura mi amante.

Antes

La mujer debe ser al hombre lo que el tesoro a un pirata: un sueño. Una mentira.

El amor es un ejercicio en soledad cuando se ama a alguien que no te ama, solitario cuando se ama recíprocamente, como en una fusión. El amor es un placer solitario, onanista, al alcance de todos.

Amo demasiado a la vida para amar al amor. ¡Que las putas románticas vayan a joder a otro lado! Isolda era una putita, Juliette una cualquiera y Bonnie una pendeja.

La pasión surge en cuatro ojos y termina en once varas: allí uno se sofoca.

La pasión amorosa es mórbida, salvo cuando es secundaria y proviene de una pasión creativa —como la música, la danza o la escritura. Cuando la mujer se vuelve una pasión posterior a una creación. Una pasión re–creativa.
No hay ningún desprecio en este comentario. La pausa es comúnmente el mejor momento de una jornada de trabajo.

“En el amor como en la guerra”, dice el refrán.

Es tiempo de hablar del amor de trincheras, del amor aéreo, del amor de usura, del amor curioso, del amor relámpago, del amor de seis días, del amor de cien años, del amor económico, del amor sucio, del amor frío, del amor eterno, etcétera.

La guerrilla es a la guerra lo que el libertinaje al amor. Surgir, atacar y desaparecer.

Amarse entre dos y permanecer a dos. Estar juntos sin herirse ni fundirse. ¿El amor verdadero?

¿Qué tipo de persona soy que prefiere las palabras a las cosas, las historias de amor al amor y los libros de aventuras a las aventuras?
Mi placer no es sexual sino textual.

Se hablará de mí continuamente en esta obra.
Si el “yo” le irrita cierre usted este libro, pues me gusta exhibirme.
Si el “yo” le intriga: permítase espiar como un curioso mirón.

Al menos Victor Hugo tenía razón cuando dijo: Cuando les hablo de mí, hablo de ti, insensato pensar que yo no soy tú.

Sodomizar vírgenes es preservar su castidad.

En un sueño le digo al verdugo, amigo mío: “No me pidas hacer tu trabajo, te toca a ti matarme, y a mí escaparme. Son las reglas del juego”.

¿Qué tipo de persona soy que prefiere las palabras a las cosas, las historias de amor al amor y los libros de aventuras a las aventuras?

Mi placer se encuentra en las palabras. No soy masoquista sino un hombre del ser.

La literatura: el arte de los males convertidos en palabras y malas palabras.

El libro embellece al mundo como la seda a la mujer.

Escribo y bebo. No es que escriba mejor cuando bebo, pero me da valor. Como un soldado antes del ataque. Yo, el escritor ruso, escribo en papel checheno.

Disfruto las historias sobre vecinos amables que se descubren finalmente como abominables asesinos en serie, pedófilos y pederastas polimorfos.

Los hombres han inventado la historia. Han inventado el tiempo vivido como un proceso orientado hacia el bien porque no soportaban la idea de lo cíclico y de la repetición. Si el ayer toma la misma importancia que pasado mañana, el ciclo se convierte en una rueda que termina por aplastarnos.

Pobre de mí. Mis días, la mitad de mis días, el tercio de mis días se reproduce al infinito. Como la metástasis de un cáncer celular. Ducha, café, lectura, comida, alcohol, puñeta, dormir, ducha, café, lectura, comida, alcohol, puñeta, dormir, ducha, café, lectura, comer, alcohol, puñeta, dormir…

¿Por qué tantas duchas calientes? ¿Por placer? ¿Por aburrimiento? ¿Por asco de mí mismo?

Cama vacía
Libido
Sudario
Para un hombre solitario.

Pasar los días llenando cafés me vacía.

Vivir también es perder el tiempo.

Encontrar cada día la fuerza de encontrar a alguien a quien ver, un libro que leer, un alcohol que tomar.

Me levanto lo más tarde posible. Todo el día espero la noche, para beber. Tengo miedo de que llegue el día en donde no tenga fuerza de esperar la noche. Para beber.

Cuando la vejiga está a punto de estallar, orinar se convierte en una liberación. ¿Consuelo de impotentes?

El viagra es a los hombres lo que el silicón a las mujeres: una prótesis.

Sumergirse en la áspera melancolía de la música serbocroata.

A mi lado, en el café, se encuentra una joven asiática. Sola y bella. Su mirada vacía. Triste. Me gustaría saber qué la hace sufrir. ¿Duelo? ¿Deudas? ¿Mal de amores? Posiblemente sufre porque nada la hace sufrir, ¿nostalgia latente de una pasión destructiva?

No sé por qué tengo tanto cariño por el sudeste asiático. Es posible que sea por el clima: cálido y húmedo, como una mujer.

Una rubia de actitud canina me ladra con su mirada.

Me gusta adivinar el tipo de ropa interior que lleva una mujer. Incluso la lencería más fina siempre deja un rastro. No existe el crimen perfecto.

Tener una mujer es perder otras mil. Tener mil mujeres es no tener ninguna. ¿Qué hacer?

El blanco es el color del que se rinde, la bandera de aquel que abdica. Las mujeres se casan de blanco.

La pareja es una prisión. El problema: es una prisión en la cual se puede estar muy bien. Calientitos y seguros. Como una pequeña isla en un océano turbulento.

Elodie y yo. Lo único que nos une es la inercia. Un enorme buque de carga cuyas calderas se encuentran apagadas desde hace tiempo pero que continúa su trayecto. Ya nadie maniobra los controles y se presiente una catástrofe inminente: un arrecife, un viento desfavorable, otro navío extraviado amenazando con colisionar… Vamos a la deriva, las bodegas están vacías, no hay peso en el casco, la línea de flote está demasiado alta, el combustible se ha mezclado con aire y el motor está por rendirse. En el mejor de los casos la embarcación encallará en alguna playa sin nombre, pero el hundimiento en altamar parece leerse en las estrellas. No hay botes salvavidas, hace tiempo que los hemos destruido. Nos quedan apenas unas barricas de ron, nos sirven de consuelo mientras los primeros signos de tempestad se aproximan. El barco ebrio.

El deseo se apaga en una pareja. Un proceso que en el mejor de los casos es lento pero certero, como los valles de roca prehistóricos. La costumbre vuelve al cónyuge invisible en términos eróticos. Hasta que un buen día, parece un extraño que duerme en nuestra cama. Al principio surge la extrañeza, incluso el miedo. Posteriormente, se vuelve un tanto excitante: ¡dormir con una desconocida! Toda una experiencia…

El deseo se apaga en una pareja. Un proceso que en el mejor de los casos es lento pero certero, como los valles de roca prehistóricos. La costumbre vuelve al cónyuge invisible en términos eróticos.

Después de grandes disputas llenas de odio en una pareja existe la poderosa posibilidad de reconciliación en la cama. Qué lástima que aquello que puede experimentarse en los individuos no pueda aplicarse para los pueblos. Pero ¿quién sabe? Tal vez Jerusalén un día auspiciará la orgía planetaria más grande de todos los tiempos.

Para ganarme la vida trabajo en el Castillo de Versalles. Soy un empleado temporal, vigilante de salas. Guardián del museo. Pagado por no hacer nada. Asalariado por aburrirme horas durante. Como una puta en una banqueta, sin clientes.

El aburrimiento es la madre del pensamiento.

Castillo de Versalles

Galería de los espejos.

Mi papel es el de impedir a los visitantes que atraviesen el cordón que separa la galería en dos zonas de visita distintas.
Comparto mi puesto con Ozren, un amigo bosnio cuyo hermano mayor combatió en Sarajevo.
A los 24 años, nuestra edad, su hermano ya era teniente y comandaba una treintena de hombres. No vigilaba un cordón, sino la colina de Trebevic. No vigilaba a turistas japoneses inofensivos sino a francotiradores serbios. Ni llaves, ni gafetes, ni pantalones de vestir, sino un fusil–metralleta en sus manos.
Es bello el progreso. Es bella la paz. Ella hace de mí, hombre de 24 años lleno de valor y energía, un jarrón de porcelana en la Galería de los espejos.

Se debería inventar una nueva categoría de crímenes. Los crímenes de paz. Habría que juzgar a los gobernantes que desperdician a la juventud, que los dejan morir de vuelta de una discoteca en una carretera anodina de campo. Llenos de alcohol en la sangre, vacíos de todo lo demás. O morir lentamente engordando frente al televisor, a la espera de un fallo renal.

¿A mí que puede importarme encontrar trabajo en una empresa? ¿O comprarme un auto? ¿Esquiar en las vacaciones de invierno? Se dice que vivimos en un país rico, pero eso es falso. Somos pobres. Nos hace falta lo esencial. Nos hace falta el fuego y la acción. Me hace falta el fuego y la acción.

“No flash, please!” Es mi empobrecido grito de guerra cotidiano en el Castillo de Versalles. Lucho en contra de los flashes en vez de esquivar ráfagas de metralleta.

Se cree apaciguar a la juventud fogosa a la que pertenezco con una trampa, llamada “lo virtual”. Ir a la guerra frente a una pantalla, he aquí lo que se ha inventado para dormirnos. Un día, el despertar será atroz.

La juventud es el periodo de la energía desbordante, de la violencia. No se trata de suprimirla o de dirigirla a un desagüe. Hay que canalizarla, esculpirla y domarla, como a un caballo salvaje. Trasformar la violencia en fuerza: emprender cabalgatas infinitas.

Mejor soldado raso en Kabul que profesor de secundaria.

El mundo está mal hecho, aunque es interesante. En la guerra se sueña con la paz y en la paz sobre la guerra.

Dios se aburría y creó al mundo, uno puede llegar a ser muy cruel cuando se aburre.

En Chechenia los rusos hacen explotar a quienes juzgan indeseables con un cinturón de explosivos. En las noticias anuncian que un terrorista realizó un atentado.
Una perversidad perfecta: agregar un crimen a la mentira, hacer de la víctima un culpable.

En Chechenia los rusos hacen explotar a quienes juzgan indeseables con un cinturón de explosivos. En las noticias anuncian que un terrorista realizó un atentado.

En Estados Unidos 300 mil personas mueren de obesidad cada año y 1.7 millones mueren de enfermedades relacionadas con el sobrepeso. A su vez, en África todavía existe la hambruna… Cosas por el estilo nos llevan a pensar que en caso de que exista alguna deidad que vigila el curso del mundo tiene un sentido del humor muy particular.

“Mujeres y niños primeros”, reza la consigna humanitaria ante un desastre natural o humano. ¿Qué dirían las militantes feministas al respecto? ¿Discriminación?

“What must a man do to be a man?” Una pregunta que es difícil de responder en nuestra época.
Leo el poema de Kipling, If, y encuentro una parte de la respuesta.
Para Kipling el hombre es aquel que puede hacerle frente a la adversidad.
¿Pero dónde se encuentra la adversidad en nuestra pacífica sociedad de consumo?

¿Cómo convertirse en un hombre en tiempos de paz? ¿Es posible ser otra cosa que un consumidor? ¿Hace falta buscar aventuras o peligros lejanos para convertirse en un hombre? Y aquel que se queda ¿Qué puede hacer? ¿Cuál es su valor? Pregúntenle a Houellebecq. Nadie habla mejor sobre los hombres que ya no lo son.

Soy un obrero y el Castillo es una fábrica. Trabajo en la industria turística que podría parecer una franquicia. Repito mil veces al día: “Toilets left and left again! ¡A la izquierda y a la izquierda! No flash, please! Pas de flash! Pas de flash s’il vous plait! ¡No se puede utilizar flash! Posez vos sacs dans la machine! Bags and cameras in the machine please! No problem for films! L’utilisation du téléphone portable est interdit dans le Château! No phone! Les toilettes après le porche à gauche! Toilets left and left again! Puis–je voir votre billet? Can I see your ticket? On ne touche pas! Don’t touche please! Il est interdit de manger dans le Château! No food please! Hall of Mirrors door A! Galerie de Glaces porte A, chambre de Roi port C…”. A veces, al final del día, la cabeza me da vueltas. Tengo ganas de vomitar. Me escondo detrás de un biombo o en un rincón. Me invade una risa nerviosa. Soy el único en los baños del personal y me río sin saber por qué.

Como colega tengo a una mujer que está loca, pero su locura es muy simpática. Ella me dice que Luis XIV le habla y le pide celebrar misa para el descanso de su alma. Lo más curioso es que además organizó esa misa. Le gusta aquel monarca muerto hace tres siglos. Ella es como una pitonisa dedicada a su culto: “Me ha enseñado todo lo que sé, le debo todo”.

Algunos imbéciles se indignan de la adquisición de una cómoda Luis XVI por parte del Castillo de Versalles. Decenas de millones de francos. Dicen que es un gasto inútil. ¿Es necesario recordarles que esto es apenas el salario de un futbolista profesional en un año de trabajo?

Estudiantes de secundaria saltan la barrera que bloquea el acceso a la capilla real. Suben al altar y bailan con los walkmans puestos. Intervengo. Los regaño y les pido que bajen de allí. Interpelo al profesor responsable/irresponsable —que me responde indignado: “Pero señor, sólo son niños”. ¿Cuándo descartaremos la insoportable tontería de la inocencia infantil? Es una mentira evidente. ¿Qué hace falta para probarlo? ¿Qué tal un small soldier angolés intoxicado de hashish, ansioso de vaciar su kalachnikov sobre un aldeano desprotegido? ¿Los niños delatores de Camboya? ¿La juventud hitleriana?

Decenas de millones de francos. Dicen que es un gasto inútil. ¿Es necesario recordarles que esto es apenas el salario de un futbolista profesional en un año de trabajo?

Con frecuencia se confunden los efectos con las causas. No es el niño que copia al adulto sino lo contrario. Las mujeres tienen hijos para poder continuar jugando a las muñecas. Los hombres hacen la guerra para poder jugar a los soldaditos.

Trabajo un día feriado en el Castillo. Gano mil francos,1 es decir, veinte entradas al cine, las obras completas de Schopenhauer, varias botellas de Saint–Émilión o cinco putas del bosque de Boulogne.2 Es estimulante saber lo que uno puede hacer con su trabajo.

Se denuncia continuamente a la prostitución. Se dice que las prostitutas son víctimas obligadas a vender su cuerpo. No siempre es el caso. Vender su cuerpo es un asiático que vende un riñón, es Cosette3 que vende sus dientes.
Chupar, o dejarse coger, por dinero, no es vender su cuerpo, es vender un servicio corporal: como el obrero, el campesino o el minero.
No hay que luchar contra la prostitución, sino contra la esclavitud. En todas sus manifestaciones, la sexual incluida.

A y B hablan de una película. Están entusiasmados. En esta película se ve el sexo erecto de un hombre. A y B ven allí un signo de rebelión. ¡Qué tontería!

¿Cómo podría ser rebelión si en el discurso contemporáneo sólo se escucha la letanía: sexo, sexo, sexo?
Aquello que toman por subversión yo lo llamo colaboración. Aquello que se llaman resistencia yo lo llamo fuga delante del enemigo. Deserción. Derrota. Traición. Y los desertores somos todos, la paz obliga.

Diarrea verbal en las bancas de universidad, dirigida y burocrática, baños públicos del pensamiento. Pensar para escribir artículos que nadie leerá, tesis que servirán para justificar títulos inertes y alimentar polillas.

Sueño con masacres, despierto con pereza. Menos mal…

Buena suerte amigos míos. Aporten trofeos como prueba de vuestras victorias: ojos, orejas, cueros cabelludos. Que una parte hable por el todo: “Pars pro toto”.
Sean metonímicos en su crueldad, es el principio de la política.

Una cruz en la culata de mi fusil. Un escapulario rodeará mi cuello. Un libro de Cioran en la mochila. Para ir de picnic, a cazar perdices.

Beber sangre caliente de la carótida recién degollada del toro. O mejor un poco de vino. Los ritos cristianos nos salvan de ciertos extravagantes (y divertidos) rituales.

El deseo de transgredir el primer mandamiento siempre me tienta. ¿Amarme a mí sobre todas las cosas? ¿A la mujer que me entrega su cuerpo y comparte su espíritu? ¿Al amigo que es otro yo? ¿Al próximo que admiro? Mejor es tomar la solución panteísta, resuelve todo de tajo.

Una cruz en la culata de mi fusil. Un escapulario rodeará mi cuello. Un libro de Cioran en la mochila. Para ir de picnic, a cazar perdices.

Ojalá hubiera más suicidios por gozo. En el cénit de la alegría, querer volar por una ventana. Abrirse el espíritu con una pólvora enrarecida. Nadar en mares demasiado azules. Borrachera de lo desconocido, voluntad loca por el todo. Matarse sin alegría es un asesinato.

¡La vida es bella!
Perdón, sé que exagero.
Pero en este momento lo es, mientras escribo esta breve frase.

Una mujer se encuentra conmigo y nada nos separa. Ningún maldito contraceptivo media entre nosotros.

¿El milagro está en la concepción o en el placer?

En estos instantes de plenitud solamente tengo una cosa por cierta: Dios existe. En estos instantes de plenitud sólo tengo una duda: ¿quién es Dios? ¿Qué es Dios? ¿Cuándo es Dios? ¿Cómo? ¿Por qué? ¿Por quién? ¿Por dónde? Pero decir “es Dios” es una redundancia, puesto que Dios es el Ser. Aun sin fe, queda la metafísica.

Deseos de polinizar el universo. Tener una descendencia numerosa. Ser un patriarca.

Quiero cientos de niños con miles de mujeres.

La felicidad es comunión. Unión sagrada. Unión de oro. No puede fundarse en un sacrificio. En la felicidad no hay víctimas. No necesita verter sangre o un cuerpo descompuesto de trofeo. La felicidad es extraña.

Por medio de la escritura hacer algo con el sufrimiento, transmutarlo. Hacer fructificar el dolor. No sé si soy un alquimista o un simple banquero.

Soy un escritor–lector. Por cada página escrita hay cien leídas. Algunas páginas son leídas directamente del libro del mundo. El mundo es un libro. Todo es logos.

Las historias de amor terminan mal. Piensen en Tristán, en Romeo, en Clyde… El amor es la muerte. ¿Por qué tantas personas se empecinan a encontrar el amor? ¿Por qué tantos candidatos se dirigen al suicidio?

Hay que caminar en el desierto como Moisés. Caminar hacia alguna tierra prometida inalcanzable. Desear el horizonte y el sol. Nunca llegar del todo. ®

Notas
1 Alrededor de 4,000 pesos mexicanos al día en el 2021 (N. del T.).
2 Célebre bosque parisino por su belleza diurna y su mercado sexual nocturno (N. del T.).
3 Personaje de la novela de Victor Hugo Los miserables.

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Publicado en: Libros y autores

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