Implosión, de Beatriz Canfield

Un proyecto de escultura expandida

En adelante, los explosivos únicamente deberían emplearse para jugar o para crear imágenes poéticas, implosiones estéticas.

Beatriz Canfield, artista visual mexicana y escultora de formación, dinamita con este trabajo los sólidos principios de la escultura, o lo que conocíamos como tal, llevando la disciplina a sus propios límites, de hecho muchas veces reduciéndola a cenizas, pero sin renunciar a las características esenciales de tan antiguo arte como la creación de volúmenes o la intervención del espacio.

En todo caso, el concepto escultórico de esta artista rebasa la mera representación objetual y requiere de otro tipo de puesta en escena.

Beatriz Canfield, 1

La práctica que propone Canfield obliga a la escultura a interactuar con otras manifestaciones, dando lugar a una práctica de escultura expandida, que precisa en el apartado procesual de explosivos, fotografía y video con tecnología 4k, para hacer finalmente de todo ello una instalación tanto del registro fotográfico y en video del proceso de la detonación como del estado del objeto/escultura tras la intervención de los explosivos, ruinas de la materia generadas por una práctica escultórica en tiempos de guerra, en un estado de sitio generalizado.

Como a los pintores que exaspera sólo el uso del pincel, a Beatriz Canfield el estatismo de la materia se le ha quedado pequeño para los niveles de experimentación a los que la quiere someter, con lo que dar el paso a una escultura procesual se convierte en este caso en una necesidad.

La artista con este trabajo explora las tensiones dialécticas de lo matérico y se rebela contra la quietud que se le supone a la escultura (que no sea cinética), como si el objeto por sí solo, desnudo en su plasticidad, fuera incapaz de decir más que lo que ya dice y las circunstancias apremiantes, de emergencia social, obligaran a decir mucho más, siempre con el objeto y sus posibilidades de transformación como eje central del discurso.

En esta suerte de desmaterialización, el objeto/escultura es transformado por medio de explosivos que afectan su volumen y estructura, quedando modificado parcialmente o en su totalidad. Este suceso, que provoca una variante de la materia, será el eje espectacular del acto creativo y la evolución del objeto como causa visual y sensorial, y a la vez de denuncia.

La escultura se convierte entonces en un acto procesual y performático, en algo que sucede, que posee sonoridad, electricidad y que explora la vulnerabilidad de los objetos, cuyo punto de inicio es un accidente controlado que detona y acelera todas las características físicas de un objeto para su azarosa destrucción, en una metáfora acerca de la ceguera de las bombas inteligentes que todo destruyen por igual, y no con fines estéticos, precisamente.

Beatriz Canfield, 2

Una de las obras claves de este viraje, de lo objetual a lo procesual, en el trabajo de Canfield, Aprés l’explotion (Suiza, 2014), pretendía plasmar en escultura lo que ocurre después de un ataque aéreo, el cráter que deja como huella el paso de una bomba.

Implosión, este conjunto de obras de escultura expandida que se nutre de transmutaciones aceleradas nos muestra la transitoriedad de la vida de los objetos y su finitud, comprimiendo el ciclo de su historia matérica y acelerando el proceso hacia su descomposición en ruinas de lo que alguna vez fueron y significaron.

Porque estas acciones también nos hablan del tiempo, de su incidencia y manipulación, y los estragos sobrevenidos, un hachazo en la historia matérica de maletas, llantas o paraguas, y otros objetos que poseen implicaciones personales. En estos casos, su detonación se convierte en un ritual de carácter íntimo, simbolizando cambios de ciclo personales.

Con estas explosiones Canfield acelera el paso del tiempo, que en condiciones normales sería el único causante de erosión del objeto, y precipita una brecha temporal en cuanto a su composición, ordenamiento y aspecto, dándoles una capa más de experiencia a cada uno de ellos. Y esa experiencia no es otra que el trauma de la explosión, que acaba con su integridad física, con un ciclo vital, al igual que las guerras dispersan y diluyen en la nada miles de vidas inocentes.

Beatriz Canfield, 3

Asistimos, pues, a un proceso de transmediación de la escultura, puesto que para apreciarla en su totalidad debemos recurrir al registro de lo que sucedió, al igual que ocurre con el performance, y remitirnos a la precisión y nitidez de las imágenes que nos proporciona la cámara y que nos acercan el momento poético de una creación efímera en expansión hasta sus últimas consecuencias de desintegración y reacomodo espacial.

Un hecho estético, que sucede en diferido, que supera la capacidad humana para ser captado en su totalidad, ya que solamente la tecnología nos permite acercarnos con detalle a ese instante congelado de la ola expansiva de fragmentos.

A través de estos procesos de detonación se hacen evidentes los procesos de la transitoriedad matérica de los objetos, y de paso la nuestra como seres humanos, provocados por esta explosiva poética de la transmutación matérica, reflejo de la violencia que nos circunda.

Beatriz Canfield, 4

Con esta escultura expandida de la detonación también queda patente que se pueden acelerar de manera voluntaria los estragos que de por sí ya causa el paso del tiempo. En adelante, los explosivos únicamente deberían emplearse para jugar o para crear imágenes poéticas, implosiones estéticas. ®

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Publicado en: Arte

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