Jugando tenis con Sting

En Villa Salviati, Italia

El oficio de fotógrafo a veces depara sorpresas extraordinarias, como la que nos cuenta César Vera en esta crónica, de cuando conoció a Sting y hasta jugó tenis con él en una finca italiana en las colinas de Florencia.

Sting en la Villa Salviati. Fotografía de César Vera.

A fines de los ochenta el formato de CD era algo novedoso y popular, por su funcionalidad y excelente calidad sonora. Yo me compré en Canal Street un portátil que monté sobre una base de cuello de ganso metálica empotrada en la pared y lo conecté a dos bocinas excelentes portátiles amplificadas que sacó Bose en esos años.

Uno de mis CDs favoritos era el disco de Sting que traía la canción “I am an Englishman in Nueva York”, con la que me identifiqué mucho, pues la letra estaba dedicada al poeta gay inglés Quentin Crisp, que vivió en la calle Bowery, al lado de Elizabeth Street. En Nueva York. La letra era universal.

Unos años antes había visto a Police en el Hotel de México. Los boletos habían costado carísimos. Tengo fotos de ese concierto.

Sting era parte de mi vida y de mis inicios en Nueva York.

Años después hice un viaje a Milán. Una agente neoyorquina me recomendó, pues yo ya tenía éxito haciendo fotos de música. Me aventuré a ir al departamento de una modelo que estaba vacío.

Conocía varias agencias, y una modelo me pidió que le hiciera fotos para Vogue México.

Así conocí al dueño de la agencia Nepo Baby, el italiano Guido Cassagrande, de Milán, que tenía la agencia de modelos más grande en la ciudad.

Me invitó a regresar y quedarme con él en su casa. En Milán tenía un departamento aparte, con un loft donde podía quedarme. Ese fin de semana me invitó a su villa, cerca de la costa y de Pisa, lo que fue una experiencia muy agradable: viajar en su BMW con dos modelos y otra fotógrafa estadounidense.

Guido me caía muy bien, entendía de fotografía. Con él pasé dos temporadas que fueron muy productivas para mí. Hice contactos que me sirvieron en Nueva York, pues el nivel estético y la calidad y el estilo de la fotografía que se produce en Milán es de los más altos del mundo; para mí fue un gran aprendizaje.

Milán es una ciudad diseñada para tomar fotografías. Las principales editoriales italianas tienen oficinas en esa hermosa ciudad. Rizzoli, Mondadori Amica, Grazzia, etc.; ahí se produce una buena parte del contenido para sus revistas, por lo que hay una industria para cada aspecto de la producción: casting, modelos, ropa, editoras de moda, fotógrafos, estudios, laboratorios de retoque, catering, equipo… que atienden también las Semanas de la Moda. Milán es el epicentro.

Tuve la oportunidad de trabajar en uno de los estudios de Rizzoli, que estaba completamente abastecido con luces y reflectores, ya montados y listos para disparar, y así varios estudios separados con grandes cortinas negras; los cicloramas blancos, las mesas de maquillaje y vestuario, todo perfecto.

A las afueras de Milán había una bodega de artículos de fotografía, como el B&H en Nueva York, donde puse la orden de mi película que ellos mandarían al estudio, igual con el laboratorio para procesar la película.

Así fue como en el casting conocí a Guido, y posteriormente en la sesión de fotos editoriales para Vogue que hice con una de las modelos.

En la finca de Guido Cassagrande también estaba su primo, que nos contaba que su tía había rentado su Villa de Verano, la Villa Salviati, a Sting. Una amiga de Guido era amiga de Sting, así que un día nos invitó a visitarlo, ya había hablado con él. Paola Paparelle era una hermosa italiana que tocaba el oboe y había tocado en uno de los álbumes de Sting.

Llegamos al castillo. Había un estudio montado especialmente para Sting, muy completo, con un salón de ensayos y el primer impresor de CD que había visto. Ese CD se llamo Soul Cages.

Sting estaba tranquilo, en un break. Le comenté lo hermosa que me parecía “I am an Englishman in New York”. Él tomó la guitarra y me enseñó los acordes, y a coro cantamos una estrofa; se deutvo, sonrió y me dijo: “You can sing!” Memorias difíciles olvidar…

La visita fue muy breve. Hablé con su esposa, Trudie, que estaba embarazada. Me dijo que la canción estaba basada en el poeta gay inglés Quentin Crisp, y que de hecho vivía en la calle de Bowery, a un lado de Elizabeth Street; prometieron visitar a Guido en su finca en la cima de la colina.

Llegamos a las canchas, que eran de arcilla, y a Sting y mí nos tocó ser parejas en un partido de dobles contra Guido y Paola. Fueron sets muy divertidos que nos ganaron fácilmente.

Días después llegaron a la la finca de Guido, en un Land Rover, con sus dos hijos pequeños. También estaba Paola, y Guido sugirió que jugáramos tenis; tenía raquetas, pelotas y vespas disponibles para manejar al fondo de la colina, donde estaban las canchas.

Me tocó viajar con Sting como pasajero, manejaba bien la Vespa. Llegamos a las canchas, que eran de arcilla, y a Sting y mí nos tocó ser parejas en un partido de dobles contra Guido y Paola. Fueron sets muy divertidos que nos ganaron fácilmente. Subimos de nuevo a la finca para tomar limonadas y a conocer a la mamá de Guido, una señora de la extinta realeza italiana.

En la terraza Sting me dijo que podía hacerle fotos, también a su esposa y sus hijos. Llevaba mi Nikon; fue la oportunidad de mi vida para una imagen memorable.

A la hora de volver a su castillo se percató de que su Land Rover no tenía batería, así que acercamos un auto y le pasamos corriente. Sting me confesó que nunca había tenido un auto nuevo. Se despidió muy amablemente de mí y se marchó a su castillo en la Villa Salviati. Era 1991. ®

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Publicado en: Apuntes y crónicas

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