La corrupción NO es el gran mal de México

Tirar el dinero público a la basura

AMLO prometió recuperar 500 mil millones de pesos de la corrupción. No ha recuperado nada o sólo ha impedido que se siga robando en determinados rubros para que ahora se robe en otros.

Los sobres. Fotografía ambitojuridico.com

Quería escribir un artículo para desmentir la idea de que la corrupción relacionada con exacciones del presupuesto público es el mayor obstáculo al crecimiento económico y a la reducción de la desigualdad, pero no me alcanzó el tiempo para obtener los datos básicos. Presento mi idea: La corrupción en el sentido indicado no puede ser la causa de los grandes males económicos, sociales y morales del país porque alrededor de 80 por ciento del gasto público es gasto administrativo corriente (salarios, prestaciones, pensiones) y pagos de deuda externa e interna. Ahí las exacciones son marginales porque los rubros se cubren en su totalidad por obligación legal.

El 20 por ciento restante es gasto de inversión (infraestructura, empresas públicas). Ahí sí hay exacciones grandes pero es difícil hacerlas porque hay muchos controles. Hay que sobornar a muchos funcionarios para obtenerlas. Y los sobornos no merman el presupuesto público directamente. Son gastos de los interesados para obtener contratos de obras, servicios públicos y provisión al gobierno. Las sumas pueden parecer muy grandes para nuestra escala individual y familiar, pero son marginales respecto del presupuesto público total.

Con esto no justifico la corrupción, sólo digo que ésta no puede ser la causa del bajo crecimiento y la desigualdad. El bajo crecimiento se debe a la inversión privada insuficiente, y ésta se debe, en parte, a la inseguridad de las inversiones, y en parte al rentismo. La inseguridad de la inversión es obvia, y el rentismo tiene que ver con la preferencia por la inversión en valores nacionales y extranjeros.

No justifico la corrupción, sólo digo que ésta no puede ser la causa del bajo crecimiento y la desigualdad. El bajo crecimiento se debe a la inversión privada insuficiente, y ésta se debe, en parte, a la inseguridad de las inversiones, y en parte al rentismo.

Esto último está relacionado con la diferencia de la tasa de interés entre México y Estados Unidos. Los inversionistas prefieren comprar valores del gobierno mexicano, del Tesoro de Estados Unidos y de empresas extranjeras y mexicanas cotizadas en la bolsa de valores de Nueva York antes que invertir en empresas nacionales. Van a lo seguro.

La transformación de los inversionistas nacionales en rentistas es un factor de desigualdad muy grande porque el rentismo se transmite a los herederos. Este tema ha sido documentado para Europa por Thomas Piketty en El capital del siglo XXI. Su idea es que el valor de la renta en valores crece más que el valor de la producción, de modo que la desigualdad se va ensanchando conforme los gobiernos y las grandes empresas ofrecen más rendimientos y menos riesgos que las inversiones físicas directas. La concentración económica, que es la lógica de acumulación del capital, aumenta la desigualdad.

Esto no tiene que ver con la corrupción entendida como exacciones al presupuesto público de los gobiernos, pero se presta a la demagogia. Los problemas económicos no son fáciles de entender. De hecho, la mayoría de los economistas no los entienden, o si los entienden se hacen bolas al explicarlos. Esto se debe a que se sienten obligados a manejar muchas variables porque así lo exige su profesión científica, pero el lector se queda en ceros.

AMLO prometió recuperar 500 mil millones de pesos de la corrupción. No ha recuperado nada o sólo ha impedido que se siga robando en determinados rubros para que ahora se robe en otros. De todos modos está tirando el dinero público a la basura, así que su dirección del gasto está resultando igual o peor que si lo estuviera robando.

Pero la mayoría, que es la que manda en la democracia, no lo entiende, así que probablemente seguirá votando por él. La democracia iguala las cosas a la baja. Lo dijo Borges: “La democracia es un equívoco estadístico”. ®

—Me he propuesto escribir un artículo semanal para Replicante porque me identifico con las revistas marginales, valoro su esfuerzo editorial de muchos años y quiero mantener “caliente el brazo”, como decimos los beisbolistas.

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Publicado en: Política y sociedad

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