La educación popular en Latinoamérica

Paulo Freire y el olvido histórico

La educación popular promovida en América Latina durante la segunda mitad del siglo XX tiene una historia particular que, no obstante, permanece de soslayo en el registro de la educación y de la izquierda, lugar al que pertenece.

Estas cosas se dan en la historia y yo, Paulo Freire, no soy el dueño se la historia.

Paulo Freire

No existe una obra sumaria de la pedagogía latinoamericana. ¿O no hay pedagogía latinoamericana? Al menos la hay en Paulo Freire, quien detonó una práctica pedagógica acorde a la falta de alfabetización, a la pobreza y al autoritarismo latinoamericanos. Por su impulso a la educación popular principalmente en la segunda mitad del siglo XX, Paulo Freire es considerado el pedagogo de la liberación. Si bien Moacir Gadotti ha sintetizado la vida y obra del filósofo brasileño, además de alguna otra síntesis reciente (encabezada por su principal promotor, el canadiense Peter McLaren), la desatención histórica de Freire y su obra en el discurso pedagógico latinoamericano resulta un síntoma de la tensión ideológica que produjo, en las últimas décadas, la terminología de izquierda.

Uno de esos países temerosos a la jerga de izquierda resultó ser México, al menos durante las dos décadas del apogeo de la propaganda socialista. En México la modernización educativa al comienzo de los años noventa implicó que la Secretaría de Educación Pública (SEP) admitiera en su discurso teorías pedagógicas “nuevas”, aun cuando su aplicación todavía sigue siendo tarea inacabada. El constructivismo es un ejemplo (enfoque pedagógico que alude al contexto como recurso para el aprendizaje significativo, elementos también vigentes de la pedagogía freireana, aunque no los únicos).

El libro que define la pedagogía liberadora, puesta en marcha en la educación popular brasileña es Pedagogía del oprimido (difundido en México por la editorial Siglo XXI). Publicado en portugués en 1970, el libro sienta las bases de una alfabetización que integra lo político y en la noción de igualdad, sin autoritarismos ni paternalismos. En ella el conocimiento desecha la noción de contenido a depositar y su práctica resulta un ejercicio dialógico, integrado en el proyecto de transformación socio-política.

Cercano a la Iglesia y a la revolución socialista, Paulo Freire practicó durante décadas la pedagogía en que “reanudó eficazmente el enlace entre la educación y una política radical de lucha histórica”.1 Con su práctica pedagógica Freire resultó el intelectual más relevante para la educación latinoamericana del siglo XX. En Brasil —donde fue encarcelado por sus ideas— rehizo el programa de formación para adultos y en São Paulo fungió como secretario de Educación. Por su cercanía con el catolicismo, los grupos de reflexión cristiana (mejor conocidos como CEBs o comunidades eclesiales de base) tienen un gran parecido metodológico con su propuesta. Estas comunidades tuvieron gran éxito en Brasil y de ahí se extendieron al resto de Latinoamérica. En el caso de México, surgieron en 1967 aunque, en las dos o tres décadas de persecución de una jerarquía condescendiente con el antisocialismo gubernamental, disminuyeron casi hasta desaparecer.

Aunque la educación popular tiene la marca innegable de Freire, algunos autores han destacado su aporte en paralelo a las teorías de comunicación europeas,2 similares en aspectos como el diálogo. Freire también resultó un fundamento de lo que pedagogos en Estados Unidos han llamado pedagogía crítica, correspondiente a la izquierda posmoderna progresista.

Como pedagogía de contexto, esta educación popular resultó también integradora del arte y la cultura; una valoración de la identidad del pueblo por la que Freire declaraba profundo respeto. Según el anecdotario referido, la lectura y escritura representaban ocasión para reescribir o contar la propia versión de la historia.

No obstante su reconocimiento, la relevancia de Freire no ha repercutido significativamente en programas de educación para la transformación en países como México, semejante a Brasil en sus índices de pobreza. En México, los esfuerzos por difundir la experiencia de educación popular han llegado de asociaciones civiles o editoriales independientes. Por ejemplo, la compilación de experiencias de agentes de educación popular3 publicada por el Instituto Mexicano para el Desarrollo Comunitario representa un tipo de esfuerzo para el rescate de la memoria del pueblo marginal. Este tipo de documentos, escasos y de difícil adquisición, permite revisar las nociones fundamentales de la educación popular y su impulso y arraigo en diversos pueblos (comúnmente indígenas y campesinos), tales como cultura, política, economía, lucha. Para los gobiernos e iglesias, esta sarta bastaba para inferir la peligrosidad del enfoque liberador de la educación propagada también por misioneros y religiosas de una fe entonces contagiada de la preferencia por los pobres. Ser educador entre pobres era parte de la definición primordial de “compromiso”.

Paulo Freire se oponía a la existencia de clases. “Todos aprendemos de todos” era una de sus principales consignas donde la pedagogía se explica por analogía con la totalidad del mundo: ¿para qué leer? Para encontrar un lugar en el mundo participando. Ahí la acción política se convertía en herramienta. En la pedagogía liberadora la escritura también sería una reinvindicación, con su carga revolucionaria: no serviría sólo para comunicarse sino para profetizar —en el sentido bíblico de denuncia— los obstáculos al proyecto de una sociedad justa.

Como pedagogía de contexto, esta educación popular resultó también integradora del arte y la cultura; una valoración de la identidad del pueblo por la que Freire declaraba profundo respeto. Según el anecdotario referido, la lectura y escritura representaban ocasión para reescribir o contar la propia versión de la historia.

Aun con su filiación utópica, la integración armónica de la pedagogía liberadora ha significado uno de los acercamientos más eficaces a la educación, aun cuando siga siendo menospreciada. ®

Notas
1. P. Mc Laren (2001), El Che Guevara, Paulo Freire y la pedagogía de la revolución, México: Siglo XXI editores, p. 185.

2. Véase Ramón Flecha: “¿Por qué Paulo Freire es el principal pedagogo de la actual sociedad de la información?” en Ama Ma. Araujo Freire (coord.), La pedagogía de la liberación en Paulo Freire, Barcelona: Graó, 2004, p. 171.

3. C. Núñez (1990), Más sabe el pueblo… Anécdotas y testimonios de educadores populares latinoamericanos, México: IMDEC.

Compartir:

Publicado en: Agosto 2012, Destacados, El fracaso de la educación

Suscríbete gratis a Replicante:

Aquí puedes Replicar

¿Quieres contribuir a la discusión o a la reflexión? Publicaremos tu comentario si éste no es ofensivo o irrelevante. Replicante cree en la libertad y está contra la censura, pero no tiene la obligación de publicar expresiones de los lectores que resulten contrarias a la inteligencia y la sensibilidad. Si estás de acuerdo con esto, adelante.