La izquierda y la derecha antisemitas

Arrojar a los judíos al mar

Israel no está contra los palestinos sino contra el fundamentalismo totalitario que ha hecho de la “causa palestina” una coartada y que se escuda entre la población civil para cometer ataques y atentados y lanzar misiles; pero eso no importa: el Estado judío simplemente no debe existir.

"El espíritu judío socava la salud del pueblo germano", cartel de la segunda mitad del siglo XIX.

«El espíritu judío socava la salud del pueblo germano», cartel de la segunda mitad del siglo XIX en Alemania.

Uno de los prejuicios más arraigados es el de que los judíos son dueños del mundo: de Wall Street y la banca internacional, de los principales diarios y los grandes medios electrónicos y hasta de la industria hollywoodense. Católicos, protestantes, nazis, comunistas y musulmanes los han culpado de toda clase de males, desde la muerte del hijo de Dios, la peste negra en la Europa medieval, el asesinato ritual de niños cristianos, el desplome de la economía alemana de entreguerras, el control de las finanzas mundiales y hasta el atentado contra las Torres Gemelas, entre otras atrocidades. Por esas calumnias han sido perseguidos, desterrados y asesinados, y seis millones de ellos fueron desintegrados en los campos de concentración nazis.

La Iglesia católica inventó el mito del crimen ritual para masacrar comunidades judías y creó la Inquisición para quemarlos y apropiarse de sus bienes; la policía del zar Nicolás II pergeñó Los protocolos de los sabios de Sión para demostrar la gran conspiración judía por la conquista del mundo. Mamotretos rebozantes de mentiras, calumnias y tonterías como Los protocolos…, Mi lucha, El judío internacional, de Henry Ford, y Derrota mundial, el best seller de Salvador Borrego, entre muchos más, encuentran aún hoy numerosos lectores seducidos por delirantes fantasías neonazis y antisemitas, las cuales son alimentadas por el eterno, lastimoso y casi irresoluble conflicto entre Israel y Palestina. La perversión ha llegado a los extremos de negar el Holocausto y de comparar la situación de los palestinos con la de los judíos en Auswichtz.

Es cierto que en Israel ha habido gobiernos de derecha con posiciones militaristas y expansionistas que no han favorecido la paz y el diálogo —y esto debe criticarse siempre—, pero es una verdad incontestable que esa pequeña democracia liberal está rodeada de naciones enemigas y de grupos terroristas que estarían felices si pudieran borrarla del mapa.

La situación en el Medio Oriente ha acicateado el odio hacia los judíos de sectores que defienden desde distintas posiciones la llamada “causa palestina”, sin preocuparse por analizar o ponderar los factores históricos y contemporáneos que han hecho de ese conflicto uno de los más complicados y posiblemente sin un desenlace satisfactorio a la vista —a menos que se vea como solución el lanzamiento de los judíos al mar, como quieren las organizaciones extremistas Hamas, Fatah y Hezbollah, o la destrucción total de “esa entidad sionista”, como lo ha expresado el presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad. Es cierto que en Israel ha habido gobiernos de derecha con posiciones militaristas y expansionistas que no han favorecido la paz y el diálogo —y esto debe criticarse siempre—, pero es una verdad incontestable que esa pequeña democracia liberal está rodeada de naciones enemigas y de grupos terroristas que estarían felices si pudieran borrarla del mapa.

Israel no está contra los palestinos sino contra el fundamentalismo totalitario que ha hecho de la “causa palestina” una coartada y que se escuda entre la población civil para cometer ataques y atentados y lanzar misiles; pero eso no importa: el Estado judío simplemente no debe existir.

El peligro judío...

El peligro judío…

En ese odio a Israel y a los judíos coinciden los sectores más atrasados de la izquierda falsamente progresista y la derecha internacionales, del Chomsky amigo de la dictadura castrista y del “socialismo del siglo XXI” al negacionista y neonazi francés Robert Faurisson, a quien un Chomsky desagradablemente parcial defendió “en nombre de la libertad de expresión y de la investigación histórica”. Esa ambigua defensa se publicó como prólogo al libro de Faurisson Mémoire en défense contre ceux qui m’accusent de falsifier l’histoire [París: La Vieille Taupe, 1980]. El pseudohistoriador francés niega también la existencia de las cámaras de gas en los campos de concentración y la existencia de Anna Frank, entre otros hechos, todo con fuentes risibles y dudosas [véase su archivo].

Edición española de Los Protocolos...

Edición española de Los Protocolos…

En México también coinciden radicales de izquierda y neonazis en la profesión del antisemitismo vulgar, al que Federico Engels calificó de ser “el socialismo de los imbéciles” en la Arbeiterzeitung del 9 de mayo de 1890. El “analista internacional” y columnista de La Jornada Alfredo Jalife-Rahme no pierde oportunidad para insultar a mexicanos de origen judío. En uno de sus artículos preguntó con insidia: “¿Propició la banca israelí-anglosajona la carnicería de Bombay con el fin de repatriar los capitales a Estados Unidos y revaluar artificialmente el dólar?” [7-XII-2008], al que esos mexicanos judíos respondieron con el desplegado “Contra el antisemitismo” [19-XII-2008]. Jalife los insultó una vez más y ofreció datos falsos que dio por buenos extraídos de medios satíricos como The Spoof, como después le aclaró burlonamente Adolfo Gilly en el mismo diario.

Israel, potencia intelectual, cultural y científica, es el país invitado de la próxima Feria del Libro de Guadalajara y ya hay voces que claman por el boicot. Si éstas pertenecen a las izquierdas o a las derechas histéricas es lo de menos, pues todas ellas comparten por igual la estupidez y la ignorancia de la sinrazón. ®

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Publicado en: Insolencia, Julio 2013

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